SJ Abarca

La Piedra que mató a Dios


Agradecimientos: Federico Zamora, Miguel Arguedas, Rand Rusell, Silvia Ríos, Janin Bustillo, Nicholas Schawps. Este libro no hubiese sido posible sin las obras, debates y charlas de Richard Dawkins, Brian Greene, Sam Harris, Lawrence Krauss, Stephen Hawkins, Carl Sagan, Christopher Hitchens, Victor Stenger, Michael Shermer, Bart Ehrman, James Randi y Bruce M. Hood, todos ellos han sido una gran fuente de inspiración.
 

Las opiniones expresadas en este libro son propias del autor y no necesariamente reflejan la posición oficial de los grupos de estudio especializados en los campos mencionados, ni la de ningún otro grupo local o internacional que represente el ámbito tratado.

Con la intención de promover el humanismo secular, la libertad de pensamiento, el derecho a escoger una vida sin religiones y el pensamiento crítico, es que se concede el derecho de copiar y distribuir este libro de manera no comercial. Esta licencia de libre distribución requiere que se mencione la fuente si es reproducido parcialmente en otros textos.

 

También por el autor:
El Universo que somos
Editorial SL, 2013. ISBN-978-9968-673-69-3

Sitios oficiales:

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Comentarios y contacto:
sjaviercr@hotmail.com

 


 

 
 

 

 

 

 

 

 

A la memoria de Joel Antonio (2013-2015)

Para no olvidar su corta vida truncada

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Indice

PREFACIO.. 10

Capítulo 1. 13

Dioses arriba, humanos abajo. 13

Sobrenaturalidad. 15

El Dios de las grietas. 16

1.      Evolución humana. 18

2.      Origen de la consciencia. 19

3.      Origen del universo. 19

4.      Origen de la vida. 20

5.      El equilibrio de las leyes físicas. 21

6.      Dios está presente en todos nosotros. 22

7.      La ciencia no lo sabe todo. 22

La Luna, la Tierra y el Sol 23

El sentimiento irracional 26

1.      El padre ateo en una familia mixta. 27

2.      El policía de leyes ambiguas. 28

3.      El sicólogo con paciente de creencia inversa. 28

Blanco, negro, gris. 30

Superhéroes. 31

La humanidad humana. 33

Evidencia supernatural 36

1.      Experiencias cercanas a la muerte. 36

2.      Milagros médicos. 38

3.      Necromancia. 41

Capítulo 2. 43

Una historia de historias. 43

La limonada sagrada. 43

Religiones. 45

Hinduismo. 47

Budismo. 48

Judaísmo. 49

Islam.. 50

Cristianismo. 52

La Biblia. 53

Jesús y los evangelios. 57

Grupos cristianos. 63

1.      La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. 63

2.      Testigos de Jehová. 64

3.      La Iglesia del Señor Jesús con señales posteriores: 64

El religioso desnudo. 65

Capítulo 3. 67

Súper villanos y el lado oscuro. 67

La maldad en vinyl 67

El nombre del mal 69

La espada, la cruz y la hoguera. 73

Teodicea. 74

Opción 4. 78

El verdadero Diablo. 79

La trampa del tiempo. 83

Capítulo 4. 86

El dragón en el garaje. 86

La taza de té espacial 86

Lo difícil de no creer. 88

Matando dragones. 90

1.      Evolución humana. 91

2.      Consciencia. 92

3.      Origen del universo. 93

4.      Origen de la vida. 94

5.      El equilibrio de las leyes físicas. 95

6.      Dios está presente en todos nosotros. 95

7.      La ciencia no lo sabe todo. 97

Cómo entrenar a tu dragón. 98

Capítulo 5. 103

El mundo ilusorio. 103

Exposición reiterada. 104

Dinámica de grupos. 105

La gabardina del asesino. 108

Influencia social 111

1.      Reciprocidad. 112

2.      Compromiso y consistencia. 113

3.      Consenso social 114

4.      Simpatía. 115

5.      Autoridad. 117

6.      Escasez. 120

El viaje a Abilene. 121

Pareidolia. 123

Un mundo de gente. 125

El hoyo de conejo. 129

Capítulo 6. 132

La ciencia de lo imposible. 132

El extraño cuerpo divino. 134

Limitaciones naturales. 136

El fin de la vida. 139

El problema de las escalas. 141

El problema del infinito. 142

El fin del final 145

Multi-vidas. 146

El mundo cuántico. 148

El fantasma en la máquina. 156

Fantasmas y espíritus. 159

Extraterrestres. 161

Capítulo 7. 166

Un rudo despertar. 166

La buena religión. 167

El derecho a creer. 169

El problema de creer en Dios. 171

El problema de creer en religiones. 171

El problema de creer en lo sobrenatural 174

El tope. 178

NOTAS. 184

REFERENCIAS. 193

 

 

 


 

PREFACIO

Hace unos 75.000 años en lo que hoy llamamos la caverna Blombos en la costa de Suráfrica vivió uno de nuestros antepasados de la Edad de Piedra Intermedia. No conocemos su sexo ni su edad y apenas podemos especular si ya había desarrollado algún tipo de lenguaje. Sabemos que en esa época nuestros antepasados de las cavernas tenían la habilidad de confeccionar herramientas rústicas para la cacería, lo cual demuestra que poseían al menos un pensamiento abstracto rudimentario, pero no sabemos mayor cosa sobre la extensión del mismo, sobre su comportamiento social o sobre sus tradiciones, no dejaron pinturas en las paredes, estatuillas, ni nada que pudiera indicar en detalle su visión de la vida.

Su historia hubiese pasado totalmente desapercibida si no fuese porque hizo algo inusual para su época. Un día tomó una piedra y comenzó a grabarla usando otra piedra afilada, haciéndole marcas hacia arriba, abajo y diagonalmente, hasta que le dibujó toscamente una serie de figuras semi-geométricas. Aunque esto no nos parezca una gran hazaña en la actualidad, son los primeros registros de tal actividad. Lo más interesante es que este humano no lo hizo porque necesitara afilar la piedra, obtener polvo o cortar algo; no estaba fabricando nada, alistando sus alimentos, ni escribiendo un mensaje tampoco.R1 Lo hizo porque algo nuevo apareció en su mente ese día: ideas y símbolos que de alguna manera querían salir de su cabeza sin ningún motivo aparente.

Es posible que haya llevado la piedra fuera de la oscura cueva para verla bien con la luz del día, ahí, en ese momento junto al mar en medio del mundo de hace casi 100.000 años atrás se detuvo un momento a ver con detalle los garabatos que acababa de hacer preguntándose ¿por qué los hizo?. Quizás incluso pensó que alguien -o algo- tuvo que haberlo impulsado a hacerlo, como si no quisiera admitir que la extraña idea de grabar una piedra sin motivo pudiera ser totalmente suya.

Miles de años después los seres humanos que le siguieron –ahora dispersos por el planeta, empezaron a practicar rituales de cacería, ceremonias fúnebres, a dejar pinturas rupestres en las paredes de sus cuevas y a crear artefactos que hoy nos indican con mayor detalle cómo eran sus vidas. Pero no es sino hasta épocas relativamente modernas (unos 5.000 años atrás) que empezamos a descubrir textos sobre divinidades e ideas religiosas. Las representaciones más antiguas de deidades son de quizás hace unos 6.000 años.

Hoy conocemos con mucho detalle cómo han cambiado las religiones, cultos, grupos espiritualistas y sus respectivos dioses, especialmente en los últimos 3.000 años. Pero ¿qué sucedió luego de aquél momento cuando el hombre de Blombos hizo su piedra especial? ¿Por qué los pueblos emergentes poco a poco fueron llenándose de todo tipo de historias sobre espíritus, fantasmas, dioses, demonios y la creencia de que hay una vida después de la muerte? Quizás aquellos humanos primitivos idearon tales cosas como una medida para evitar que los atrevidos jóvenes salieran de sus cuevas a cazar por las noches para impresionar una damisela con su acto de valentía (supongo que esto nunca cambia no importa cuántos miles de años pasen), o quizás los inventaron porque creían de que un volcán estaba vivo y por tanto tenía una personalidad invisible, o porque las estrellas, el Sol y la Luna formaban todo tipo de figuras y patrones que no podían ser más que símbolos hechos por seres superiores a ellos, deduciendo que estos dominaban el mundo y que nosotros únicamente estábamos de paso tratando de agradarles para poder vivir un día más.

Por la razón que fuese el asunto empezó a transformarse drásticamente cuando el mundo se enrumbó hacia una era pre-moderna. Carentes de nociones científicas sobre nuestra procedencia, no nos percatamos que nuestros orígenes ajustaron nuestro cerebro a lo largo de cientos de miles de años (quizás por más tiempo) a creer en cosas que no existen y que nos dejaron muy propensos a todo tipo de miedos irracionales. Hace miles de años la magia, la suerte, los hechizos, los malos espíritus, los milagros y las historias de monstruos, gigantes y fantasmas, no eran tema de debate, eran la norma y parte de un folklore donde prácticamente cualquier persona dentro de su grupo social las aceptaba como ciertas sin cuestionarlo. Decir lo contrario era ser considerado un loco, o peor aún un hereje, seguido de su respectivo castigo.

Poco a poco ideas religiosas, principios espirituales, cultos, trances con drogas sicodélicas, rituales a espíritus, amuletos y estatuas de dioses de panteones fueron surgiendo en todo lado, algunas veces chocando contra otras de otros pueblos y en ocasiones mezclándose para producir una corriente nueva con nuevos dioses adaptados a los modos de vida locales. Así sucedió progresivamente por miles de años…hasta ahora.

Dichosamente el panorama ha empezado a cambiar gracias a la filosofía, la lógica, la ciencia, la sociedad globalizada interconectada y los nuevos descubrimientos, gracias a esto los seres humanos modernos hemos empezado a cuestionar todo lo que tenga que ver con religiones, dioses y demonios, sobre todo aquellos que son ajenos a nuestro grupo social. Este es el pensar de las nuevas generaciones, el espíritu de la época, el Zeitgeist del siglo que vivimos: cuestionar todo. De eso se trata este libro.

Pensar y discutir sobre si existe algún Ser Superior –Dios si se quiere- es a mi parecer algo sencillo de hacer, pero irrelevante si no se adjunta al panorama completo de lo paranormal y sobrenatural. Es por ello que este libro apuesta a algo un poco diferente, lo que realmente nos cuesta hacer, y para lo que necesitamos esta nueva revolución de pensamiento, es tratar de entender todo lo demás sobrenatural que nos legaron nuestros antepasados y que no está escrito en libros sagrados o plasmado en estatuas divinas. Por ejemplo, muchas personas pueden abandonar la creencia de que existe Dios, pero son muy pocas las que entre estas a la vez niegan que exista la buena suerte, o que dejen de tenerle miedo a los fantasmas o nieguen también que OVNIS de otros planetas visitan la Tierra en secreto. Nadie puede tampoco ignorar el hecho de que todos, creyentes y no-creyentes por igual, somos seres con sentimientos e instintos que son el principal motor detrás de nuestras decisiones diarias. Este es el enfoque que sobresale en este libro y que lo diferencia de otros similares: todo está relacionado y para entender el asunto espiritual debe verse el panorama completo como una sola cosa, no podemos hablar de Dios sin hablar de dragones, ni hablar de milagros médicos sin hablar de seres de otros planetas que secuestran granjeros para hacer experimentos, etc. Aprovechar esta mezcla nos permitirá analizar nuestra primitiva herencia mental y estudiar por qué la gente hace y cree en cosas extrañas sin sentido, aun cuando muchas veces están lúcidamente conscientes de que están haciendo cosas sin sentido.

La fórmula que utilizo es considerada por muchos creyentes en Dios como peligrosa. Quizás por este infundado temor es que en muchas ocasiones he oído que lo mejor es seguir creyendo sólo por fe ciega, que no podemos entender la mente de Dios, que nada puede cambiar el parecer de quien ya cree en algo, que de todas maneras todos tenemos el derecho a creer lo que queramos y que es mejor ignorar el asunto. Peligroso o no, basados en la fe o en la evidencia, el tema ya no puede ser ignorado. Poco a poco las bancas de iglesias se han ido vaciando y proliferan las canas entre los que continúan asistiendo, esto es tan inevitable como el hecho de que los monstruos se están convirtiendo en simpáticos juguetes para niños y el que la vida secular crece con más fuerza en cada nueva generación.

Las religiones que nuestros antepasados fundaron han dominado muchos aspectos de las sociedades por miles de años, a estas se les concedió el poder para construir y destruir imperios. Hace unos siglos el poder de la Iglesia Católica era soberano sobre Europa y las Américas, hoy el Islam todavía sigue imponiendo drásticas reglas religiosas a millones de sus seguidores, y el hinduismo/budismo ha pasado a ser el sincretismo(nota 1) de la nueva generación “New Age” que insiste en que con dioses o sin ellos somos seres espirituales en busca de la iluminación y el despertar.

Cientos de miles de años han pasado y la idea de lo divino persiste gracias a que nuestros ancestros permitieron que se introdujera en lugares donde nunca debió estar. Las religiones siguen permeándose en las decisiones políticas de los gobiernos, llegando a justificar incluso la decapitación de quienes se manifiesten en su contra como si aún viviésemos en barbáricas épocas medievales, y aunque se han esforzado por esconder la verdad ya no pueden esconder todas las ideas de quienes por cientos de años han alzado su voz y su ciencia para demostrar la “peligrosa” idea de que no hay nada que temer, de que estar solos sin dioses ni demonios es algo que podemos sobrevivir y que de hecho nos hará mejores seres humanos, el mundo no sucumbirá ante una “época caótica ateísta sin moral” como algunos líderes religiosos quieren hacerlo parecer, sino todo lo contrario. Con todos estos asuntos lidiaremos en la segunda mitad de la lectura.

El tema que nos espera es complicado y controversial, en parte porque todos tenemos nuestra opinión al respecto cuando se trata de asuntos espirituales y de cosas sobrenaturales. Esto lo entiendo porque he vivido ambos lados del tema. Por más de 30 años fui un católico promedio, uno más entre los 500 millones de cristianos que hay en Latinoamérica y el Caribe, donde la religión fue establecida a mano dura por misioneros de otro continente hace cientos de años. Ahora que mi opinión sobre lo divino y lo sobrenatural es totalmente diferente, veo que ambos lados de la moneda parecen estar equivocados, uno porque cree sin cuestionar y el otro porque critica duramente al primero por la misma razón, sin considerar el papel que juega su propia humanidad en asuntos espirituales.

Este libro es para los tres tipos de creyentes: el que vive con Dios a su lado (o lo que considere un Ser o fuerza superior) encontrará una gran cantidad de razones para que cuestione –si se lo propone- lo que existe y lo que no; quien escoge el camino del pensamiento lógico es invitado a ver en sí mismo las raíces del pensamiento sobrenatural, y para el agnóstico que no cree ni deja de creer hasta que alguna idea religiosa influencia su vida o la de sus familiares en maneras con las que desacuerda. A pesar de que los tres tienen ideas contradictorias hay una cosa en la que deben concordar, y este será nuestro punto de partida en esta travesía: si hay algo evidente es que la existencia de Dios no es evidente.

 

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Capítulo 1
Dioses arriba, humanos abajo

“Cuando crees en cosas que no entiendes, sufres, la superstición no es lo correcto, no, no, no.” – Stevie Wonder, letra de Superstición (canción)

Mi abuela –en paz descanse- era de esas señoras a la antigua que creían en incontables supersticiones e historias de espantos. Supongo que algunas las inventó ella misma muy creativamente, otras quizá se las contaron sus vecinos o amigos y la mayoría las heredó sin querer de generaciones anteriores de hace 100 o 200 años, cuando no había ni siquiera electricidad o acceso a medicinas efectivas y solo unos pocos podían costear el lujo de una educación institucional.

Desde hacer cruces con sal en la entrada de la casa cuando hay rayerías hasta no meterse al mar en la Semana Santa para no convertirse en sirena, el reportorio de supersticiones era bastante variado. De niño pasé mucho tiempo con mi abuela y llegué a creer algunas de las historias y supersticiones que la rodeaban. En sus últimas décadas la tecnología intentó invadir su sencilla vida con televisores de plasma, TV por cable, internet y teléfonos celulares, lamentablemente para cuando estas cosas llegaron a su vida ella fue víctima del Alzheimer, una de las enfermedades más crueles que existen. Su memoria empezó a fallarle poco a poco, sus intereses y cosas de agrado se desvanecieron y su amada familia se borró como un retrato de acuarela bajo el agua a pesar de que siempre estuvieron a su lado hasta el final, cuando eventualmente la enfermedad cobró su vida.

No creo que mi abuela haya aceptado en ningún momento que sus supersticiones y creencias estaban equivocadas, nunca tuve el interés de tratar de convencerla de eso tampoco, ni siquiera cuando siendo un adulto dejé de creer en sus historias, rituales y amuletos, por dos sencillas razones: Primero no quería ser un mal nieto y sonar grosero, y segundo porque ahora entiendo bien que ella tenía razón, todo eso sobrenatural y extraño realmente existe y funciona, al menos desde su punto de vista. Estoy seguro que aun si el Alzheimer no le hubiera desgastado su mente como lo hizo, o si incluso con una máquina del tiempo el yo de hoy pudiera tener una conversación con ella cuando tenía mi edad, no hubiera podido convencerla de que la mayoría de las cosas que creía estaban equivocadas, por la misma razón que aprendí pasando muchos días a su lado: las cosas sobrenaturales tienen sentido y el que las cree difícilmente deja de creerlas, y aun si lo hace filtra sus creencias para no dejar de creer en las que siente más reales para sí mismo.

La mayoría de los que creen en lo sobrenatural lo hacen por esa simple razón: tiene sentido.

Pareciera que con estos párrafos iniciales me estoy disparando en el pie y que apenas empezando la lectura he dicho que lo sobrenatural tiene sentido y que de alguna manera existe, caso cerrado. Pero no me refiero al sentido científico, reduccionista, cuestionador o investigativo riguroso, me refiero al sentido simple, inseparable e innato de todo humano. Este sentido es muchísimas veces más dominante en el actuar cotidiano que la lógica, consideremos por ejemplo:

¿Por qué creemos que escogiendo el número de la lotería vamos a ganar el premio mayor, si sabemos que la tómbola saca números al azar?
¿Por qué sentimos que alguien nos está mirando a nuestras espaldas, si no tenemos ojos en la nuca?
¿Por qué si tosemos o escupimos sobre nuestra propia comida ya no la comemos, si de todas maneras iba hacia nuestra boca y garganta?
¿Por qué no encontramos a nuestros hijos/hijas/padres/madres/hermanos/hermanas sexualmente deseables cuando son realmente atractivos?
¿Por qué le hablamos a los personajes que vemos televisión si bien sabemos que no pueden oírnos?
¿Por qué amamos a nuestros hijos no-nacidos en el vientre materno si no los vemos, no los oímos ni interactuamos con ellos?
¿Por qué somos fieles seguidores de algún tipo de superhéroe, robot indestructible, revolucionarios del espacio, exploradores de otros mundos, o de animales y criaturas que viven emocionantes aventuras en historietas y películas, aun cuando sabemos que no existen y que todos van en contra de lo que conocemos del mundo real y de nuestras propias creencias?

La respuesta es porque de alguna manera lo sobrenatural tiene sentido muy en nuestros adentros y algunos aspectos de la mente humana vienen pre-moldeadas de fábrica para ayudarnos a sobrevivir. En nuestro instinto y sentimientos creemos que ya sabemos de antemano qué cosas son ciertas, cuáles no lo son, cuáles nos afectan y a cuáles estamos abiertos a explicaciones externas. Nuestra lógica innata ante estos asuntos es sencilla pero circular: si algo parece explicar un problema esa debe ser la solución, aunque ese algo represente un problema a la vez al no poderse explicar lógicamente.

Este tipo de creencia no es simple ignorancia, siempre ha sido así en los seres humanos, incluso actualmente aquellos con mucha educación y rodeados de personas escépticas creen en cosas sobrenaturales de alguna u otra manera. Para ellos existe la “evidencia” de que estas creencias son ciertas a través de experiencias que han vivido o les han ocurrido a otras personas que conocen y en las que confían. En el ámbito religioso me atrevo a decir que una gran parte de los creyentes en Dios (o el ser espiritual supremo de su preferencia) se aferran a su convicción porque de alguna manera “sienten” que tal Ser existe, o porque han tenido una experiencia que de alguna manera les ha revelado su existencia a un nivel de vivencia meramente personal, en resumen lo hacen porque tienen fe.

“Ver para creer” dice un dicho popular. Cuando creemos en algo sobrenatural y en algún momento de nuestra vida nos sucede -o al menos eso creemos- confirmamos lo que ya de por sí sospechábamos desde antes, después de ese momento difícilmente alguien nos va a convencer de lo contrario. “La creencia se obtiene rápida y naturalmente, el escepticismo es lento y antinatural, y la mayoría de las personas tienen poca tolerancia hacia lo ambiguo. El principio científico de que una afirmación es falsa hasta que se pruebe lo contrario, va en contra de nuestra tendencia natural de aceptar como cierto lo que podemos comprender rápidamente” es un acertado comentario al respecto del autor Michael Shermer (refiriéndose a las conjeturas del filósofo Spinoza).R2

Cuando alguien que cree en los OVNIs ve un OVNI en el cielo un día, en algún lugar alejado estando solo (por lo general este es el escenario donde tales cosas suceden), ya difícilmente va a convencerse de que los OVNIs no existen. Si creemos en fantasmas y un día nos parece ver uno subiendo las escaleras, eso confirma lo que ya creíamos desde antes. Cuando pensamos en alguien y de repente nos llega un mensaje o una llamada de esa persona, no lo vemos como una coincidencia sino como un tipo de “conexión”.

Muchos creen en lo sobrenatural porque han tenido experiencias donde alguien -o algo- los asusta de alguna manera, buena o mala. Les halan las cobijas, les provocan un frío en el cuerpo, hacen sonidos, mueven objetos o hasta hablan con ellos. Obviamente para este tipo de personas esto es algo que en realidad sucede, no importa lo que diga la ciencia, ni los escépticos, ni las explicaciones lógicas ni las pruebas en contra, sencillamente a ellos mismos -o a alguien de mucha confianza y credibilidad- les sucedió, y por tanto tiene que ser de alguna manera cierto. Como diría mi abuela: “si hace como pato y camina como pato, tiene que ser un pato”.

En gran parte por esto es que el creyente de cosas tan extrañas como fantasmas, duendes, amuletos, milagros y todo lo paranormal similar, cree en esas cosas. Para ellos todo eso tiene sentido. Este complejo mecanismo crea un aspecto difícil de debatir porque es de esos pocos temas en lógica donde el tema de discusión es mutuamente excluyente, el creer en lo sobrenatural tiene un carácter dual: por un lado la explicación tiene sentido y por el otro no se apega a hechos comprobables.

Aclaro que no trato de convencer a nadie de que lo que sienten está mal. Ser humano es ser un animal con sentimientos y esto es inseparable de nuestra misma naturaleza, es de hecho lo que últimamente nos hace realmente especiales entre los otros animales. Pero una vez que se entiende por qué se cree, es decir por qué parece totalmente normal el creer en cosas tan fantásticas, es cuando se debe tomar el siguiente paso, el cual es uno muy personal hacia entender esos sentimientos y percatarse de lo que realmente existe y lo que no, indiferentemente de cómo nos sentimos al respecto.

Sobrenaturalidad

Antes de hablar de Dios uno debiera de definir a qué exactamente se refiere con “Dios”, muchas veces he topado con personas que creen que los temas sobre Dios excluyen lo que ellos entienden por Dios y que por tanto no les son relevantes. Indiferentemente de lo que una persona o grupo escoja para definir a su Dios lo cierto es que todos deben admitir que este debe de considerarse un ente sobrenatural. Aun si le catalogamos como el creador de todo lo que existe -incluido lo sobrenatural, su naturaleza por definición es igual que aquella de otros entes que de igual manera son indetectables, pero que se admiten como reales y que interactúan con seres humanos en un mundo de cosas materiales regidas por leyes naturales. Ser sobrenatural es de hecho parte del carácter divino implícito en toda deidad, buena o mala.

Esta es una de las ideas erróneas que muchos creyentes tienen de los no-creyentes, asumen que estos últimos se enfrascan en batallas campales para demostrar que no existe Dios porque tienen alguna agenda personal, como un rencor por un milagro no concedido o algo similar, o peor aún, los consideran parte del plan de las fuerzas oscuras para tentarlos hacia el mal del ateísmo y desviarlos del camino correcto. En realidad por definición el no-creyente riguroso cuestiona la existencia no sólo de Dios, sino también la de todo lo que sea de origen sobrenatural: fantasmas, OVNIs, chupacabras, duendes, hombres lobo, Supermán, telequinesis, astrología, espíritus chocarreros, reencarnación, milagros, sirenas, dioses, diosas, demonios, el Diablo, etc.

Hay también creyentes y no-creyentes “selectivos” sobre lo sobrenatural, estos creen en algunas cosas pero no en otras, por ejemplo aquellos que creen que Dios no existe pero que los fantasmas sí, o aquellos que creen que Dios sí existe pero que piensan que creer en hombres lobo es una tontería.

Un grupo más extraño es al que pertenecen quienes se denominan agnósticos que “ni creen ni dejan de creer”. Para ellos la existencia de cualquier cosa sobrenatural -Dios incluido- es algo que no se puede probar ni des-probar, o que sencillamente está más allá del entendimiento humano. Básicamente balancean en la cuerda floja a un Dios hipotético que de todas maneras es irrelevante en nuestras vidas desde su punto de vista.

Por el bien de simplificar la lectura de aquí en adelante cuando haga referencia a lo sobrenatural debe de entenderse como todo el conjunto de entes que se creen existen pero que no son comprensibles por la ciencia (de aquí el “sobre” en sobrenatural), también incluye aquellas acciones, rituales y disciplinas que se supone producen resultados que la ciencia no puede explicar a cabalidad. Lo sobrenatural, a menos que se mencione explícitamente, excluye los mecanismos de seudo-ciencias (por ejemplo aroma terapia, homeopatía, yoga, limpieza de chakras, etc.), y de hechos no explicables por la ciencia pero que surgen partiendo de postulados de origen científico reconocido (como la energía y masa oscura del universo, aspectos de mecánica cuántica, etc.). En resumen cada vez que se mencione lo sobrenatural (paranormal es otro sinónimo que intercambio ocasionalmente) puede hacerse la idea de cosas similares a la lista anterior.

Nota: En muchas ocasiones se hará referencia específica a Dios (mayúscula) refiriéndose al del Islam, Catolicismo/Cristianismo y Judaísmo. En otras será dios (en minúscula) refiriéndose a la posición teística de un ser divino en particular (ver la nota 13 para otras convencionalidades). La definición de sobrenatural usada de aquí en adelante incluye ambos tipos.

El Dios de las grietas

Aunque no lo pareciera, por lo general no discuto temas de religión a menos que se me pida mi opinión al respecto, aunque reconozco que de vez en cuando me uno a algún grupo de Facebook o algún foro en internet con el único propósito de poner en aprietos a sus miembros tratando de que den explicaciones comprensibles y lógicas sobre lo que defienden. Sorprendentemente por lo general termino expulsado de esos grupos no sin antes llevarme algunos insultos destacando mi ignorancia y arrogancia, y digo sorprendentemente porque los grupos a los que me uno no son grupos religiosos, sino lo contrario, son grupos anti-religiosos, ateístas o de comunidades escépticas. La razón por la que termino exiliado de esos dominios digitales es porque contrario a llegar a menospreciar, insultar o tratar de ignorantes a los creyentes (lo cual lamentablemente es bastante común en dichos grupos) llego a defender la religión, la existencia de Dios y su relación con las cosas incomprensibles por la ciencia. Lo hago no porque sea en realidad un militante creyente o un fanático religioso (lo cual es evidente considerando el tema de este libro), sino porque considero que muchos quienes no son creyentes están menos preparados para defender su posición que algunos religiosos preparados, o dicho de otra manera: un no-creyente sin preparación difícilmente puede tener la ventaja en un debate ante un religioso muy estudiado, y viceversa.

Tanto creyentes como no-creyentes en lo divino deberían por lo menos dedicar una parte significativa de su tiempo a estudiar a fondo lo que creen o no. Deben estar preparados para exponer su tesis de vida en la mesa cuando el momento llega y, sobre todo, deben de echar mano a otros recursos que no sean solamente el “porque sí” o “porque eso es lo que siento”.

Cuando se trata de debates de este tipo algo es claro: demandan un cierto grado de tolerancia y flexibilidad. Aquella parte que no admita en algún momento que no sabe algo es la parte que lleva las de perder. Pensar que se sabe todo sobre un tema es precisamente la base de todo pensamiento fundamentalista, prepotente y altruista, de los cuales por lo general la humanidad no termina con nada útil. Quienes proponen una línea de pensamiento que solamente ofrece respuestas y no preguntas, no son verdaderos creyentes en la fe que predican -o en la falta de la misma. Este tipo de adeptos son “cruzados” radicales, fundamentalistas buscando excusas que satisfagan sus propios intereses al imponer una verdad hecha para destruir y no para convencer de su causa con la razón, a la vez que aclare las dudas que esta genere.

Existen todo tipo de debates cuando se toca el tema de la existencia de Dios. Los pasajeros de unos pocos minutos en conversaciones casuales con extraños, aquellos más alargados con amigos y familiares, hasta los realmente intensos que pueden incluso llevar a documentales, películas, libros, cátedras universitarias, foros académicos y reformas a la ley de un país. Hay lugares donde este tipo de debate ni siquiera se pueden llevar a cabo, pues quien se arriesgue a cuestionar el dogma local puede terminar en serios problemas para consigo o su familia, podría incluso llevarlo a la muerte. Queda claro que este es un tema realmente serio.

Las discusiones más interesantes no se tratan sobre si la religión X es más válida que la religión Y, o sobre si la religión Z es la correcta, en parte porque el no-creyente puede desestimar todo simplemente diciendo que no reconoce la autoridad divina de ninguna figura religiosa ni la veracidad de textos por revelación sobrenatural, pero sobre todo debido al problema inherente en las religiones de que sus orígenes hace miles de años no están debidamente documentados ni pueden comprobarse históricamente, lo cual deja a sus adeptos y detractores inmersos en un debate histórico sobre lo que realmente sucedió, o lo que quiso o no decir el autor en cierto texto. En gran medida esta es la causa de que los debates más serios sobre el tema rápidamente sean desviados por ambas partes de los temas históricos-interpretativos de textos religiosos, a la clásica lucha intelectual sobre si existe Dios o no. Este es un punto vital, es el momento donde los que niegan la existencia de Dios recurren a todo tipo de razonamientos científicos y a la mediación de la lógica. Y como en debates serios aludir a la fe ciega no es ni armadura ni escudo y menos arma eficaz contra tales increpancias en apariencia bien fundadas de sus opositores, los creyentes recurren a “reciclar” parte de ese mismo raciocinio acusador a su favor, y es de aquí que salen los mejores puntos a favor de la existencia de Dios.

Es notorio en las mejores de estas discusiones como el proselitismo religioso(nota 2) ha debido modernizarse, en parte porque al momento de fundarse un movimiento religioso este no contempla los posibles cambios en la sociedad local de sus adeptos a largo plazo, mucho menos los cambios globales multidisciplinarios. Es por ello que sus seguidores de cientos o miles de años después (suponiendo que tal religión sobrevive tanto tiempo) no le restan validez a lo sacro de sus pilares esbozados cientos de generaciones antes, pero sí esperan que su religión cambie y se adapte a los nuevos tiempos, lo cual es extraño considerando que sus fundadores no tenían en mente crear algo que fuese siempre cambiante.

Considerando que la mayor parte de este libro se concentra en armar un caso alrededor de la inexistencia de lo sobrenatural, creo justo dedicar parte de esta sección inicial a presentar siete argumentos que considero son los mejores a favor de la existencia de Dios que presentan hoy en día los más cultos y educados de sus expositores.

Por cuestiones prácticas algunos términos a continuación son mencionados sin definirlos previamente, sin embargo serán debidamente delineados en capítulos posteriores cuando se analicen de nuevo los temas con mayor detalle. Además aclaro, solo para delinear algo de imparcialidad, que los argumentos que siguen han sido condensados en gran medida y no deben de considerarse su mejor exposición sobre el tema.

1.      Evolución humana

La Teoría de Evolución por Selección Natural propuesta por Charles Darwin en su famoso libro “El Origen de las Especies” de 1859 es considerada el pilar de la teoría biológica evolutiva actual.

En resumen una especie animal parece surgir a partir de otra, a través de la acumulación constante de pequeñas mutaciones a lo largo de millones de años y las diferencias entre ambas se deben al tipo de adaptaciones indispensables para sobrevivir en su cambiante ambiente local, por tanto todas las especies están relacionadas entre sí, apuntando a que en el inicio tuvo que existir un ancestro común de todas. El ser humano no es excepción y debe de provenir –según la teoría- de otras especies diferentes al humano actual, no puede ser un animal que se haya creado espontáneamente de la nada con todas sus características biológicas, y aunque Darwin no lo haya dicho textualmente, su teoría implica que el ser humano no fue creado por ningún tipo de deidad, contradiciendo el origen divino del ser humano planteado por todas las religiones.

El problema con esta teoría yace en que las pruebas parecen no ser contundentes (razón por la cual se le sigue llamando una “teoría” y por la cual algunos grupos cristianos han luchado para que no se enseñe como un hecho reconocido científicamente en colegios y escuelas), sobre todo las del llamado registro fósil de restos de homínidos que se suponen son ancestros de los humanos actuales. De algunas de estas supuestas especies solamente se han encontrado un diente, un fragmento de cráneo o un dedo. La cantidad de huesos encontrados de supuestos ancestros humanos apenas podrían llenar un ataúd, son tan pocos que podrían ponerse todos juntos sobre una mesa de billar.

Además cuando se comparan los cráneos reconstruidos en orden cronológico hay enormes diferencias entre una especie y otra. Pasan de ser muy grandes a medir apenas la mitad en la especie siguiente, para medir el doble en la que sigue, como si no provinieran de la misma especie. Peor aún, no hay evidencia alguna de cambios intermedios por millones de años (faltan los llamados “eslabones perdidos”) y pareciera que algunas especies diferentes vivieron en la misma época. Hay especies que en un momento los científicos dicen ser antepasados de los humanos para luego decir que no están relacionadas del todo y que simplemente desaparecieron.

La evolución tampoco puede explicar algunos rasgos de personalidad ni comportamientos de los humanos, como su desmedida maldad que no es paralela con ninguna otra especie, por ejemplo un mono bien podría defenderse de un ataque matando a un atacante de otro grupo, pero no va a reclutar ejércitos de monos y a fabricar aparatos para deshacerse de toda la aldea de monos rivales de un solo golpe. Tampoco explica ciertos aspectos fisiológicos como el por qué no tenemos cabello en todo el cuerpo como nuestros supuestos parientes primates.

En síntesis la evolución del ser humano según lo establecido por Darwin es una teoría llena de baches que la existencia de Dios llena sin problema y que en muchas circunstancias tampoco contradice.

2.      Origen de la consciencia

La teoría evolutiva tampoco puede explicar por qué pensamos de la manera que lo hacemos, es decir siendo conscientes de que somos seres humanos, de que tenemos sentimientos complejos y de que podemos pensar que estamos pensando.

Somos seres muy diferentes al resto de criaturas vivas en este planeta, tenemos consciencia de lo que somos, creamos un orden moral para el bien común, nos expresamos en formas artísticas de todo tipo y tenemos la capacidad de explorar en teoría y práctica el universo. Nada en la ciencia moderna puede explicar certeramente de donde surgen o cómo funcionan en detalle estas cualidades de la personalidad humana (no hay una rama de la física matemática dedicada a explicar la teoría de la mente), somos la única especie entre millones de especies diferentes que puede pensar en Dios.

Esta diferenciación entre nosotros y cualquier otro ser vivo no puede atribuírsele a nada físico. La neurología no conoce de un lugar en el cerebro responsable por generar nuestra consciencia; hay incluso seres vivos (gusanos, algunos insectos, medusas, bacterias, otros) que no tienen un cerebro y ciertamente parecen sobrevivir sin problemas, el resto de animales que sí tienen cerebros -incluso muy similares a los nuestros como los de los primates- tampoco piensan como nosotros.

Esta característica es exclusiva de los seres humanos lo cual es evidencia de que tenemos un lugar especial en el mundo y el universo, no podemos pensar en una cualidad que apunte más a ser producto de creación divina que la mente humana.

3.      Origen del universo

El consenso actual en la comunidad astrofísica es que el universo -y por tanto todo lo demás que somos capaces de observar a nuestro alrededor- se originó a partir de un inimaginable estallido de energía que creó galaxias, estrellas, planetas y todo lo que hay en ellos. Según los datos todo proviene de algo extremadamente pequeño, más pequeño incluso que la más pequeña sub-partícula atómica, que estalló de repente en lo que denominan el Big Bang.

Esto concuerda con muchísimos relatos religiosos sobre el origen del universo y de la vida, pero sobre todo indica claramente que algo, o mejor dicho alguien (pues posee una voluntad propia para crear adrede) tuvo que dar inicio a esa situación en primer lugar. Tuvo que existir una causa inicial que desencadenara los efectos posteriores y por tanto un causante de la misma. ¿De qué otra manera se explica el origen de lo que sea que estalló (y me refiero de esa manera pues los astrofísicos no saben qué es lo que estalló) sino porque fue el producto de un ser primordial eterno? Dios mismo tuvo que crear el universo sino ¿cómo puede surgir algo de la nada? No puede haber una creación ex nihilo –es decir de la nada- pues ciertamente de la nada, nada sale.

4.      Origen de la vida

El universo está lleno de átomos que juntos conforman una multitud de elementos químicos que a su vez se combinan para formar moléculas de todo tipo, esta es la ciencia de la química. Nada de esto contradice la existencia de Dios, estas son las maneras en que lo divino se manifiesta en un perfecto actuar. La ciencia es el instrumento para descubrir y admirar cómo trabaja Su poderío.

Todo en el universo está hecho de átomos, pero ¿por qué y cómo un grupo de átomos cobra vida?

Una ameba es un ser hecho de una sola célula la cual a su vez está hecha de elementos químicos hechos de átomos, es el organismo vivo más sencillo y sin embargo nada en la ciencia puede decir por qué una ameba se mueve, busca alimento y se reproduce, los átomos no hacen ese tipo de cosas. Un lápiz tiene miles de millones de veces más átomos que una ameba y nunca vemos un lápiz “vivo”. Y si se trata de información genética, consideremos que el ser humano tiene alrededor de 2.9 billones de pares en su genoma, la Ameba dubia (Polychaos dubium) tiene 670 billones de pares, es decir tiene 200 veces más código genético que un humano y sin embargo biológicamente la ameba no es más compleja que un ser humano.

Los orígenes de la vida en la Tierra indican que se originó a partir de una serie de elementos químicos que eventualmente crearon seres con códigos genéticos sencillos del tipo ARN, que luego morfaron a códigos duplicadores mucho más complejos del tipo ADN y de ahí hay un salto a formas de vida multicelulares sencillas, para luego estallar súbitamente en una enorme cantidad de seres vivos complejos en lo que se conoce como la inexplicable “Explosión Cámbrica” de hace 540 millones de años.

¿Por qué y cómo un grupo de átomos cobra vida? Debe ser por gracia de Dios pues no hay como más explicarlo. Podemos colocar todos los elementos químicos que conforman una bacteria en un plato de Petri (un plato de vidrio esterilizado) en un laboratorio y no importa cómo se manipulen, estos no se convierten nunca en una bacteria. ¿Cuál es la combinación ideal para que X cantidad de átomos de Carbono se unan con Y cantidad de átomos de Hidrógeno y con Z cantidad de otros tipos de átomos para que estos produzcan un ser vivo? Ni en química ni en biología existe tal fórmula. El salto de un grupo de elementos químicos a un ser vivo nadie lo puede explicar, a menos que aceptemos que un Dios omnipotente es el creador de la vida y en especial el de la vida humana, la cual es totalmente diferente a todas las especies que existen y han existido.

5.      El equilibrio de las leyes físicas

La ciencia ha sobrepasado todas las expectativas de nuestro entendimiento de la naturaleza y el universo en que vivimos gracias al descubrimiento de diversas leyes físicas, como aquellas que surgen del electromagnetismo, la gravedad y las fuerzas en el interior de los átomos.

Todo tipo de telescopios instalados en tierra y en sondas espaciales nos han mostrado el panorama de un universo vasto, lleno de cientos de miles de millones de galaxias, estrellas y planetas. El estudio del átomo ha llevado a comprender enormemente el comportamiento de los elementos químicos y su relación con eventos macroscópicos como la formación de estrellas y agujeros negros. Pero más impresionante es el hecho que el actuar científico indica que las leyes físicas que gobiernan el universo parecen estar en perfecto equilibrio para que los seres humanos existan.

Por ejemplo:

Si la fuerza nuclear que junta los quarks (un componente de los átomos) del núcleo del átomo variara en tan solo un 0.5%, el proceso de crear los elementos químicos no ocurriría.
Si los protones (otra partícula atómica) fueran apenas 0.2% más pesados de lo que son, desestabilizarían los átomos.
Si existieran más de 3 dimensiones espaciales con las mismas escalas de las que conocemos, la fuerza de gravedad no permitiría órbitas elípticas estables en sistemas solares como el nuestro, imposibilitando la vida como la conocemos.
Si la fuerza de gravedad variara (siendo más fuerte o débil) por solo una parte en 1:1040 (una diminuta fracción) las estrellas -como el Sol del cual depende la vida en la Tierra- tampoco podrían formarse.

Y así sucesivamente con muchas variables que gobiernan y rigen los mecanismos del universo. Si estas por alguna razón fueran diferentes a como lo son, la historia de nuestro universo y por tanto la nuestra, sería otra, o de hecho, ninguna.

Todo se encuentra en un perfecto equilibrio. Una sola pequeña variación en cualquiera de las leyes físicas y naturales evitaría que existieran los seres humanos en este planeta, y sin embargo contra las gigantescas posibilidades de encontrarse en ese delicado balance, así son. Las posibilidades de que no puedan existir los seres humanos son mucho más grandes que las posibilidades de que sí existan, es de hecho casi improbable que nuestro existir sea posible si no fuese por la creación perfectamente equilibrada del universo, nuestro planeta y nosotros mismos, eso solo puede ser obra de un Ser Supremo.

El universo fue diseñado para que podamos existir. Esto es evidente en lo perfecto y sincrónico de los sistemas naturales. Todo ha sido puesto en este mundo para nosotros sin otro propósito más que el de maravillarnos con la obra de Dios para entender su plan de vida a través de esta.

6.      Dios está presente en todos nosotros

No importa el lugar ni la época, las personas siempre saben -o al menos sospechan- que hay algo superior a ellos, algo divino que rige el mundo y sus vidas.

A pesar de que no todos concuerden en un nombre o enseñanzas específicas, la mayoría cree que algo divino existe, su callada voz interna (el alma para algunos) se comunica con algo que les indica lo que está bien y lo que está mal. Esto es señal inequívoca de que hay un Ser Supremo detrás de nuestro sentimiento de rectitud y moral, un Dios creador al cual debemos respetar y venerar.

 Desde el hermoso plumaje del pavorreal macho, celajes de atardeceres que nos roban el aliento, bancos de corales llenos de coloridos peces, conchas marinas con bellas simetrías, hermosas flores, hasta arco iris y auroras boreales; la naturaleza está llena de elementos cargados de un claro orden y una belleza que no pueden ser otra cosa más que el diseño de un Ser Superior (una concha no puede diseñar otra concha).

Ninguna civilización conocida ha estado exenta de este pensamiento, de hecho si no fuese por nuestro intrínseco contacto con lo divino no podríamos existir como sociedad pues es gracias a esto que podemos distinguir entre lo moralmente correcto y lo que no lo es. Sin una naturaleza divina no existirían sentimientos como la misericordia, la gracia, el sacrificio, la renunciación a placeres, la fidelidad, la honestidad, la amistad, el arrepentimiento o la apreciación de las artes, por mencionar algunos.

7.      La ciencia no lo sabe todo

Una nueva corriente de reduccionismo positivista trata de imponer la idea de que la ciencia es el instrumento que dice cuales cosas son ciertas y cuales no lo son. Los ateos, agnósticos y escépticos basan sus opiniones sobre Dios en la falta de evidencia científica sobre el mismo. Sin embargo la herramienta que usan no es perfecta, la ciencia comete errores y no lo sabe todo, siempre hay lugar para aprender, es un proceso en constante cambio donde un día se tiene una teoría y al siguiente hay otra diferente sobre la misma idea.

Por ejemplo, la gravedad era entendida de una manera por los antiguos griegos (los objetos más grandes pesados aceleran proporcionalmente según Aristóteles), de otra en el siglo XVI (los objetos aceleran de la misma manera sin importar su peso según Galileo), de otra en el siglo XVII (la gravedad es una fuerza aplicada mediante una relación cuadrática inversa entre peso y distancia según Newton), de otra en el siglo XX (la gravedad es el resultado de objetos que curvan el espacio-tiempo tridimensional de acuerdo con Einstein), y aun así en el presente siglo XXI todavía no explica fenómenos como la aparente expansión del universo o los accionares gravitacionales de las partículas del átomo. En resumen, la gravedad sigue siendo una teoría en proceso, lo mismo que otras como la Evolución y el magnetismo (ej. el fenómeno de superconductividad).

Otro ejemplo es el caso de la entropía del universo, la ciencia indica que este tiende hacia el desorden (según la Segunda Ley de la Termodinámica) y sin embargo es evidente que nuestro planeta está cargado de seres y acciones naturales de sorprendente orden y complejidad, la geología muestra cómo el planeta se ha formado partiendo de estados caóticos (periodos glaciares, erupciones de volcanes, tormentas de meteoritos, etc.) a formas mucho más estables, siendo la mejor muestra el estado actual del planeta con su enorme biodiversidad en armonía con sistemas ecológicos auto-sostenibles. Esto no parece estar de acuerdo con un universo que se mueve al azar con una tendencia hacia el caos y el desorden, muy al contrario parece ser obra de un creador con un plan de creación definido. Si existe un reloj, ciertamente debe existir un relojero.

La ciencia no tiene todas las respuestas sobre todos los fenómenos naturales (si fuese así tendríamos entre otras cosas vacunas para todas las enfermedades existentes y fuentes de energía limpia inagotables), algunas teorías modernas están plagadas de hechos sin explicación en consenso (como ciertos comportamientos de la mecánica cuántica) y hay eventos fuera de su alcance (como decir exactamente qué sucede dentro de un agujero negro espacial o encontrar un moderno avión de pasajeros perdido en el mar) (nota 3). La ciencia tampoco puede explicar qué existe después de la muerte pues está excluida de los actuares sobrenaturales, no hay experimentos que se puedan realizar para probar que no existe nada después de la muerte y de la misma manera no puede probar rotundamente que Dios no existe aun si no existe evidencia científica al respecto.

 

Estos siete argumentos anteriores son a mi parecer las mejores posiciones para defender la existencia de Dios, existen muchas otros, muchos de los cuales serán analizados de una u otra manera más adelante.

 

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La Luna, la Tierra y el Sol

En los niños encontramos el reflejo de nuestra humanidad de manera sencilla y libre de prejuicios. Es curioso como cuando se les pide que dibujen un paisaje, al Sol le dibujan ojos y una gran sonrisa. Por lo general nadie le dice al niño que al Sol le falta la sonrisa. Los niños de cierta edad usualmente la dibujan sin que nadie se los diga. El concepto que un niño pequeño tiene del Sol es que está vivo y que durante el día los sigue a todo lado dónde vayan, les da calor y mientras esté ahí no hay oscuridad. El Sol es para ellos un tipo de “amigo” que se mueve en el cielo y que parece ser bueno con todos, por lo que no es sorprendente que lo dibujen con una sonrisa. Esto es bastante inofensivo de pequeños pero al crecer nos damos cuenta que no todo era como lo creíamos de niños; aprendemos que las apariencias engañan.

De Revolutionibus Orbium Coelestium es latín que significa “sobre el movimiento de las esferas celestes” y es el título del libro de 1543 por Copérnico,(nota 4) donde detalla una nueva teoría sobre el movimiento del Sol, diciendo en resumen que aunque en apariencia el Sol se mueve en el cielo de Este a Oeste, en realidad no se mueve sino que es la Tierra la que gira alrededor del Sol.

Copérnico no fue el primero en tener esa idea pero sí el primero en presentarla adjunta a mecanismos y formulaciones comprobatorias para los eruditos de su época. Antes de 1543 el consenso general era que nuestro planeta era el centro del universo (en ese momento el universo era únicamente lo que podían ver en el cielo) y que por tanto el Sol se movía alrededor de la Tierra.

Los científicos de épocas anteriores a Copérnico –basados más en líneas de razonamiento filosofales que científicas a como las conocemos hoy día- no eran personas ignorantes, locos, ni tontos; muy al contrario eran muy estudiados y dedicados a tiempo completo a entender la naturaleza; en sus hombros caía el enorme trabajo de tratar de explicar las cosas en una época donde los libros eran escasos (quienes podrían leer eran privilegiados) y todas las causas naturales eran prácticamente desconocidas.

El caso del movimiento del Sol era relativamente fácil de explicar, dado que las estrellas rotan alrededor de la Tierra y que este no parece moverse de ninguna manera, era evidente que las estrellas y el Sol giraba alrededor de la Tierra, lo cual concuerda con la diaria observación de que sale por el Este y se mueve en el cielo lentamente hasta ocultarse por el Oeste.

Además de que era evidente lo que sucedía con la Tierra y el Sol, también existía un modelo matemático elaborado por el astrónomo Claudio Tolomeo que respaldaba el hecho elegantemente con gráficos y ecuaciones. Incluso la Biblia lo respaldaba diciendo “…el orbe está seguro, no vacila” (Salmos 93:1)(nota 5).

Actualmente hay libros llenos de formulaciones modernas que todavía respaldan -según sus autores- que el Sol se mueve alrededor de la Tierra.R3 Encuestas recientes (2007 y 2011) indican que el 32% de los rusos y 1 de cada 5 estadounidenses siguen creyendo que es el Sol el que se mueve en el cielo y no la Tierra alrededor del Sol. R4

¿Por qué estuvieron tan seguros por miles de años los astrónomos de que el Sol se movía alrededor de la Tierra? ¿Por qué aún hoy existen personas que se aferran a esa idea a pesar de que los concordantes modelos matemáticos y equipos electrónicos astronómicos modernos indican claramente que eso no sucede? Por la misma razón de la premisa sobre lo sobrenatural: es evidente.

Es bastante claro para cualquier persona que el Sol se mueve en el cielo, de la misma manera que es evidente que la Tierra no se mueve pues no sentimos ni vemos que se mueva para nada, menos que gire a unos 1.600 km/h. Es casi seguro que si se explica en detalle el complejo modelo de Tolomeo a alguien que nunca ha oído del modelo moderno, no va a dudar que el Sol se mueve alrededor de la Tierra, la lógica y la ciencia expuesta parecerían confirmarlo.

Algo similar sucedió con el modelo de la Tierra plana. ¿Qué acaso si la Tierra fuera redonda no implica que millones de personas al otro lado del planeta se encuentran de cabeza y ninguno reporta sentirlo?
¿Y si la luna también gira sobre su eje entonces por qué siempre vemos el mismo lado de la luna? (nota 6)
¿Por qué si la Tierra gira tan rápido no hay una constante ráfaga de viento, ni vemos las estrellas moverse rápidamente en el cielo?
Todas estas son preguntas válidas. Un modelo geocéntrico y una Tierra plana parecen ser las mejores explicaciones, aún para muchos hoy en día.

Imaginemos por un momento la monumental tarea y el coraje de Galileo Galilei en 1610 al enfrentarse con los astrónomos más prominentes de su época y de la rigurosa Inquisición católica bajo el Papa Pablo V, que por cosas más insignificantes ordenaba torturar y matar a sus fieles. Según Galileo el Sol no se mueve, sus datos y observaciones así lo respaldan (apoyándose parcialmente en el trabajo de Copérnico), no importa lo que digan las religiones ni los seguidores de Tolomeo ni lo que vea la gente en todo el mundo todos los días, sencillamente no es cierto –diría él.

Tal monumental e irreverente discurso por poco le cuesta la vida a Galileo, en su lugar debió vivir los últimos 9 años de su vida en arresto domiciliario, sus libros fueron considerados heréticos y por tanto prohibidos. La leyenda dice que Galileo luego de su sentencia increpó a sus acusadores refiriéndose a que es la Tierra la que gira con la frase “y sin embargo se mueve”.

Galileo fue víctima de uno de los actuares más antiguos del ser humano: considerar primero los efectos y si es necesario buscar la causa.

La naturaleza humana nos mantiene pendientes de las cosas que nos afectan constantemente con el propósito de que esas cosas no nos afecten negativamente, después de todo nuestro propósito como seres vivos es primordialmente, pues, seguir viviendo.

Si llueve repentinamente nuestros pensamientos pueden ser “se va a mojar mi ropa, mi auto o mi perro” o bien “no tengo una sombrilla y si me mojo me puedo enfermar”, difícilmente nuestro pensamiento inicial será “el vapor de agua condensado en la atmósfera se ha hecho tan denso que la gravedad ha empezado a hacer que caiga al suelo en forma de gotas de lluvia”. Aquí consideramos primero el efecto, luego la causa si es necesario. Claro está que si nuestra casa, barco o auto se empieza a inundar, nuestro pensamiento se torna más al lado de la causa tornándose en cosas como “cuándo estimo que va a dejar de llover”, “cómo hago para evitar que el agua siga entrando”, “cómo escapo para no ahogarme”, “cómo evito que esto vuelva a suceder”.

Es hermoso ver a la distancia las coloridas erupciones de un volcán por la noche, pero si vivimos cerca y la lava empieza a incendiar nuestra casa, el romanticismo de la escena se torna en pánico que nos obliga a tomar acciones inmediatas para salvaguardar nuestra vida.

Algo similar sucedió con muchas creencias antiguas que indicaban que el comportamiento de la naturaleza (los efectos) estaba ligado a algo que hacía o no un pueblo (las causas). Por ejemplo, una civilización de hace mil años podría pensar que una plaga de ratas está matando a todos los hijos primogénitos de la aldea por culpa de haber ofendido a sus dioses por no haber brindado un sacrificio de cabra esa semana. Si la lógica hubiese sido buscar primero la causa quizás determinarían que no pudieron hacer un sacrificio porque las cabras murieron repentinamente por comer una hierba venenosa, y como fueron puestas en una fosa de desperdicios eso atrajo ratas que se multiplicaron rápidamente, mismas que portaban pulgas que transmiten enfermedades a humanos, y que como los hijos primogénitos de la aldea son quienes duermen en las hamacas más cercanas al suelo estos fueron los que se infectaron y murieron. Aun incluso si el líder espiritual –el chamán- de la tribu supiera que las muertes se deben a ratas que transmiten una enfermedad, para él la pregunta ya no sería qué causa las muertes sino ¿por qué las ratas vinieron a matar a mi pueblo en particular? ¿En qué hemos fallado para que los dioses nos hayan mandado tan horrible plaga?, cayendo en el extraño argumento circular de que aunque la causa precede al efecto, debe haber una causa para la causa. Para evitar caer en este tipo de deducciones utilizamos la lógica, pero como en el ejemplo anterior cuando se trata de cuestiones sobrenaturales la lógica pasa en muchas ocasiones a segundo plano cediendo terreno a lo que creemos que las cosas deberían ser.

Volviendo al tema de la Tierra y el Sol, la pregunta inquisidora hacia Galileo era y sigue siendo válida: ¿Cómo algo que parece cierto por observación y que además todos lo creen cierto puede no serlo?

El caso del geocentrismo es uno de los mejores y más sencillos ejemplos de cómo algo que parece cierto a todas luces, puede no serlo cuando se somete al riguroso escrutinio de sus causas, no de sus efectos. En este caso siendo la presunción inicial que la Tierra debe ser el centro del universo porque así lo dispone una religión, una idea ilógica pero aceptada por el simple hecho de que nos hace especiales ante los ojos del Creador de todo lo que existe.

Galileo lidió con las bases de lo que hoy llamamos el Método Científico, en este caso aplicado a las leyes físicas “clásicas” donde las causas preceden los efectos (también llamado el Principio de Causalidad). Las causas en el caso del geocentrismo no fueron lo suficientemente contundentes para convencer y sobrepasar los evidentes efectos, que de por sí estaban respaldados por el mandato divino del catolicismo imperante. Bien pudo Galileo argumentar en su defensa retando a los astrónomos presentes en su juicio: “¿Qué evita el que el Sol choque con la Tierra?” “¿Por qué la luna no se cae?” “¿Cuando no vemos el Sol, dónde está?” “¿Qué diferencia hace en los humanos una noche con luna nueva a una con luna llena? Si ninguna, entonces ¿por qué existen ambas?”, o mejor aún “si Dios quiso que fuésemos el centro del universo ¿Para qué hizo también las estrellas, la luna y otros planetas si en nada afectan nuestras vidas? Bien pudiésemos ser el centro del universo sin ninguna de esas cosas.”

Galileo, junto con Copérnico y muchos pensadores de su época, entendió que los efectos pueden ayudar a explicar sus causas. Por ejemplo, si analizamos un reloj antiguo en detalle, es decir los sonidos que produce, el movimiento de las manecillas, los intervalos del péndulo, podríamos ofrecer una explicación de lo que creemos existe dentro del reloj sin necesidad de mirar dentro.

Este es el corazón del quehacer científico, demostrar el actuar de las cosas aun cuando este contradiga lo que en apariencia es cierto, o lo que el pensar religioso o las creencias sobrenaturales den por hecho. En el caso de los precursores de este pensar, la lección es que debemos sobreponernos a la tentación de guiarnos por las apariencias; debemos aprender a cuestionar y a preguntarnos qué es realmente lo que sucede.

El sentimiento irracional

“Estamos dispuestos a absolverte [de los cargos] si aquí frente a nosotros, con un corazón sincero y con fe desmedida solemnemente renuncias, maldices y detestas tus errores y herejías…”,(nota 7) se le dijo a Galileo durante su juicio, cosa que rehusó rotundamente. A Galileo se le pidió que mintiera para salvar su vida, y aunque la mayoría de nosotros ciertamente mentiríamos para salvar la nuestra, él no lo hizo (quizás en parte porque en ese momento tenía casi 70 años y la expectativa de vida era alrededor de 40). Aun ante tal acto insolente de coraje dudo que Galileo no dijera una mentira en toda su vida.

Todos mentimos. Decimos “mentiras blancas” que no tienen mayor incidencia como decir que no estamos en la casa aunque lo estemos para poder descansar sin visitas, o decir que nos gusta mucho una comida para no herir los sentimientos de quien la preparó. Otras las usamos para obtener un beneficio como una pareja, un trabajo, un favor o un préstamo y existen mentiras con consecuencias devastadoras como las de políticos de países inestables sobre sus programas nucleares.

La mentira no es una cualidad que se glorifique ni se motive en ninguna religión (por ejemplo en la católica el 8vo mandamiento es contra la mentira). Una persona mentirosa es por definición una en la que no se puede confiar lo que dice y sin embargo todos somos de alguna u otra medida mentirosos.

No hay humano con uso de razón que no haya dicho una mentira alguna vez en su vida. Similarmente existen otras cualidades que tampoco pueden removerse de las personas: sentir amor, odio, felicidad, tristeza, ser compasivo, curioso, etc.

La mentira y el engaño es parte innata del ser humano, no el producto de la genialidad de un demonio.

No existe un ateo sin sentimientos, ni un creyente que no mienta. Ambos viven en una sociedad mixta donde su visión de la vida y sus filosofías personales conviven con las de otros aunque sean opuestas.

Esta dicotomía presenta problema en toda creencia espiritual o religiosa, pues a pesar de ser imposible no mentir de vez en cuando, ninguna de ellas exalta la mentira sino todo lo contrario. Para ejemplificarlo veamos a continuación tres casos hipotéticos:

1.      El padre ateo en una familia mixta

Una pareja tiene un hijo(a) de unos 5-6 años al que aman con toda su energía, lo han cuidado desde antes de su nacimiento y por el cual darían hasta su propia vida.

De repente sin mayor sospecha el pequeño se enferma y pocas semanas después los doctores les comunican a los padres que tiene cáncer maligno y que le quedan únicamente un par de meses de vida, y ese es el mejor pronóstico si se somete a dolorosos tratamientos diarios. El padre del niño(a) es ateo pero la madre es creyente en una vida después de la muerte. Cuando el niño pregunta “¿qué va a pasar cuando me muera?” la madre lo conforta diciéndole que irá a un lugar especial donde no hay dolor, familiares fallecidos le esperan y donde se volverán a reunir algún día. El niño encuentra regocijo, sonríe y cree en las palabras reconfortantes de su madre. Pero ¿qué debe decir el padre? Si dice lo que realmente cree sería algo como “tus órganos van a dejar de funcionar y cuando tu cerebro no funcione ya no serás nada, no vas a poder oír, ver, ni pensar, ni hacer nada nunca más. Vamos a ponerte en una caja de madera y a enterrarla 3 metros bajo tierra donde tu cuerpo se pudrirá lentamente. Estarás como dormido para siempre y nunca nos verás más a nosotros ni a nadie más, así es la vida”. Esas son palabras desgarradoras para decirlas a cualquiera en su lecho de muerte, sobre todo a un hijo de 5 años con cáncer terminal. Si las dice probablemente nunca vaya a perdonarse por haberlo hecho aunque para el padre esa sea la verdad.

El padre tiene una difícil decisión que tomar, puede decir lo que cree hiriendo al niño y asimismo emocionalmente, o por otro lado puede mentir y decir algo similar a lo que dice la madre, lo cual pondría una sonrisa en la abatida cara de su hijo y en la suya a la vez, es una pequeña mentira blanca pues no afecta nada ni a nadie más que a sí mismo. Es de hecho una auto-mentira a favor del bienestar mental de su hijo, y ¿cuál padre -ateo o no ateo- no quiere lo mejor para sus hijos? Nadie le va a oír o saberlo y aunque lo hicieran no van a juzgarlo por haber mentido sobre sus principios, tampoco va a cambiar el hecho de que siga siendo ateo aún después del fallecimiento de su hijo, entonces ¿debe mentir el padre y admitir que existe una vida benevolente y eterna después de la muerte? (nota 8)

2.      El policía de leyes ambiguas

Un policía u oficial de tránsito tiene un profundo arraigo a su religión evangélica, él ha sido criado basado en valores bíblicos y de la misma manera ha criado a sus hijos.

Un día, supongamos un Viernes Santo, topa con un chofer que lleva el radio sonando a todo volumen con música cargada de mensajes racistas y ve una calcomanía en la compuerta que dice “Satán es mi copiloto”. Cuando le pide al conductor detenerse nota que lleva una camiseta de un oscuro grupo de heavy metal con una cruz invertida y la leyenda “muerte a Jesús”, en el asiento trasero logra ver un puñado de DVD’s pornográficos.

El oficial está en un predicamento personal pues su trabajo consiste en hacer respetar la Ley de Tránsito, no los 10 mandamientos bíblicos, y en este caso el individuo que detuvo no está infringiendo la ley de ninguna manera. ¿Debe de ignorar sus creencias y dejar ir al conductor? ¿Debe insinuarle que se una a alguna iglesia? ¿O debe buscar alguna manera para poder hacerle una boleta de infracción y así castigar al pecaminoso conductor? eso lo haría sentirse mejor y a la vez honra sus creencias de la manera que puede. O bien puede mentirse a sí mismo y hacer el trabajo para el que se le contrató (mismo que personas como el conductor pagan con sus impuestos) y hacer respetar la ley acordada por la sociedad, no la dictada por su religión.

3.      El sicólogo con paciente de creencia inversa

A diferencia de la mayoría de carreras universitarias, la sicología es una donde las creencias del profesional tienen gran influencia en cómo la practica.

Cierto día un sicólogo no-creyente recibe un paciente que le dice que Dios le habla todas las noches y a pesar de ello no le concede el deseo de que su esposa vuelva a la casa. El profesional respeta la religiosidad de su paciente, siente que Dios es solo un elemento donde está transfiriendo la culpa de su problema y trata el asunto sin hacer referencia a que Dios no tiene nada que ver con su problema, es decir miente sobre sus convicciones por el bien del paciente. Más tarde recibe otro paciente que le dice que su mamá muerta le habla todas las noches, lo insulta y le dice que se haga daño. ¿Debe de decirle que los muertos no hablan ni tienen intenciones para con él? ¿En cuál caso debe tratar el asunto como un delirio cuando el paciente indica que habla con seres sobrenaturales y estos afectan su forma de vida?

En un polo opuesto un sicólogo cristiano recibe un paciente no-creyente que dice que se siente al borde del suicidio pues su vida no tiene sentido y se encuentra solo. ¿Debe aludir a lo sobrenatural, es decir a Dios, como una herramienta para que el paciente busque una motivación espiritual en su vida que lo haga sentir mejor? Como profesional debe de evitar dar soluciones sobrenaturales para problemas de la vida real, pero como persona sus ideales religiosos parecen una herramienta para solventar algunos problemas de sus pacientes.

Lo ideal en estos casos es que ambos, paciente y profesional, tengan una ideología espiritual parecida. De lo contrario es necesario que en algún momento el sicólogo se mienta asimismo por el bienestar de sus pacientes.

 

En estos tres ejemplos anteriores y en otros similares los involucrados deben afrontar pruebas emocionales pues la línea entre lados opuestos de sus convicciones es muy delgada, tanto que deja entrever que la espiritualidad o la religiosidad son ideas humanas que chocan con otras ideas humanas, si realmente fuesen dictadas por seres celestiales llenos de sabiduría no serían tan polémicas y contradictorias. Aquí el elemento catalizador del cambio son nuestras emociones, son prioridad en nuestras vidas sin importar que estas contradigan lo que dicte la lógica, mantener el balance entre ambas cosas es asunto cotidiano y gran parte de lo que nos hace humanos conscientes.

Los sentimientos son constantemente contradictorios. Por ejemplo, un paracaidista encuentra placentero el lanzarse al vacío desde un avión, grita de alegría a pesar de que su cuerpo encuentre totalmente peligroso y antinatural el hecho de caer 3.000 metros en picada a 200 km/h, su vida no depende de sus acciones pues nada puede evitar que siga cayendo, sino de que el paracaídas abra y funcione como debe. Estaría mucho más seguro si evita lanzarse y permanece en tierra firme y sin embargo en contra de lo que la lógica dicta disfruta el paracaidismo. Como muchos otros deportes extremos el paracaidismo es muestra de actos donde nuestras emociones se interponen a la lógica y al instinto de sobrevivencia.

En el caso del amor y el odio también vemos como la razón no puede fácilmente sobreponerse a las pasiones. Una relación de pareja disfuncional llena de abusos, mentiras y engaños claramente debe terminar cuanto antes y sin embargo conocemos de primera mano muchísimas parejas que viven de esa manera por años simplemente porque una de las partes sigue enamorado. Amigos y parientes fuera de la relación pueden claramente ver que es ilógico que sigan juntos, pero una de las partes se ciega a la razón y se excusa diciendo que le ama, que sabe que va a cambiar o que simplemente ya se acostumbró a vivir de esa manera. Este es otro tipo de razonamientos ilógico.

La hipocresía es por definición caer adrede en la mentira. Muchas personas dicen que todos los seres vivos merecen respeto a la vez que comen una hamburguesa con embutidos hecho de 3 tipos de animales diferentes que sufrieron para satisfacer su apetito. Otros están en contra de la deforestación y escriben discursos en su contra sentados en un escritorio de madera, usando un lápiz de madera, escribiendo en papel derivado de árboles, al calor de una chimenea quemando madera.

¿Cuántas personas devolverían un bolso lleno de dinero que se encuentran en la calle si alguien pone un anuncio en el periódico buscándolo?

Lloramos, reímos y nos enojamos con personajes de una película, telenovela o libro aun cuando bien sabemos que son actores en un escenario falso siguiendo un guion ficticio de algo que nunca sucedió, no obstante el sentimiento es real.

Sin sentimientos no podríamos considerarnos humanos, están ahí sin importar nuestras creencias, religiones o si creemos en Dios o no. Son parte de lo que nos impulsa a ir en contra de la lógica en todo tipo de situaciones cotidianas.

La mentira está entrelazada en nuestras vidas, un mundo sin mentiras es imposible. Reto a cualquier persona creyente o no-creyente a vivir su vida sin decir una sola mentira.

Blanco, negro, gris

Muchas veces he oído a ateos diciéndoles a creyentes que deben dejar de creer porque es tonto que lo hagan, insinuando entre líneas que el creer en Dios y lo sobrenatural es producto de su ignorancia, proponiendo al final que hay una salida al problema si simplemente dejan de creer. Similarmente he oído creyentes preguntándoles a ateos que por qué tienen tanto enojo con Dios, que aunque no crea en Dios a este sí le importa él, que quizá las cosas no andan bien en su vida por falta de Dios y que siempre hay tiempo para congregarse, aceptarlo y volver al camino divino para salvar su alma de manera que viva eternamente.

Aunque ambas partes por lo general no concuerden, hasta cierto punto los dos tienen razón, pues ambos son similarmente selectivos en lo que deciden creer. Un ateo puede mofarse del creyente que usa un rosario alrededor de su cuello, y este en respuesta puede increpar la admiración del no-creyente en el Hombre Araña pues lleva una camiseta con su dibujo, es debatible si en esa zona gris uno se siente más real que el otro.

Por convicción los musulmanes no comen cerdo (son impuros), los hindús no comen vacas (son sagradas) mientras que los católicos comen ambos (son sabrosos). Para los Testigos de Jehová las transfusiones de sangre son prohibidas, ciertos grupos evangélicos prohíben ir a las discotecas, los musulmanes deben limpiarse el trasero sólo con la mano izquierda, los judíos mutilan a sus recién nacidos practicando una circuncisión y estos dos últimos grupos tienen una plegaria que se recita luego de defecar.(nota 9)

A pesar de tales distinciones (es negro o es blanco), los grupos están en el mismo bando en una serie de temas que los afectan por igual (las áreas grises).

Creyentes y no-creyentes admiten concordantemente que la pobreza es algo malo y debe de solucionarse, que se debe encontrar una cura contra el cáncer, que la explotación sexual de niños es inaceptable y que toda persona tiene derecho a la educación básica y al agua limpia, entre otras cosas. No solo comparten sus ideales para crear un futuro global mejor sino que también comparten muchos de sus miedos sin importar si son cristianos, judíos, taoístas, ateos, etc., ya que el hecho de ser humano implica además que nuestra mente está predispuesta a una serie de desórdenes (de ansiedad, compulsivos, depresivos), siendo uno de los más comunes las fobias.

No importa si una persona es el líder de una iglesia, el profeta de una religión, el Papa católico, el Dalai Lama, Hitler, Genghis Khan o Michael Jackson, todos pueden creer en dioses diferentes o no creer en ninguno y al final del día todos tienen un miedo natural a alguna cosa en común: sea a las arañas, serpientes, las alturas, la oscuridad, los espacios cerrados, los temblores, la gravedad (Barofobia), al pelo (Quetofobia) o a los viernes 13 (Paraskavedekatriafobia).(nota 10)

Este tipo de miedos son en ocasiones irracionales cuando no representan una amenaza constante e inminente a la integridad física. Por ejemplo el miedo a las serpientes es muy común alrededor del mundo, incluso en países como Irlanda y Nueva Zelanda donde no hay serpientes. Tampoco existen especies venenosas de serpientes ni arañas en el Reino Unido (Irlanda, Inglaterra, Escocia y Gales) y siguen siendo fobias muy populares ahí. En contraste con esto no estamos tan predispuestos a temerle a los automóviles o a los cigarrillos a pesar de que estos causan muchas más muertes en todo el mundo que las serpientes, escorpiones o arañas. Tanto ateos como creyentes son seres humanos, miembros de una sociedad y una época que los predispone a todo tipo de miedos irracionales.

 

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Superhéroes

¿Qué tienen en común El Zorro, Drácula, Batman, Superman, Darth Vader, Magneto y los clérigos católicos? Todos usan capas.

Nuestros brazos y piernas son extremadamente útiles para lo que hacemos diariamente y sin embargo constantemente ignoramos cuán perfectas son estas herramientas naturales. No solo nos permiten maniobrar y manipular objetos sino que también sirven para hacer cosas para las que no fueron diseñadas por la naturaleza, por ejemplo andar en bicicleta, escribir o jugar tenis.

La naturaleza está llena de animales e insectos que tienen extremidades similares a las nuestras, algunas les permiten brincar muy alto, correr muy rápido o tener fuerzas increíbles para su tamaño. Otros las tienen en forma de alas que les permiten volar. No es sorprendente que civilizaciones antiguas se inspiraran en esas características de otras especies y las adaptaran a su folklore, creando una mitología llena de historias de “súper humanos” que pueden sobrepasar en velocidad y fuerza a la persona promedio, pudiendo algunos incluso volar con y sin alas (o capas).

Los niños son particularmente asiduos de este tipo relatos de súper humanos que actualmente se presentan en forma de superhéroes, criaturas mutantes, extraterrestres y villanos que abundan en comics, figurines, disfraces y películas. Nunca antes ha existido tanto apogeo por los superhéroes y villanos de comics y caricaturas como en los últimos 40 años.

Nos encanta admirar tales cualidades súper humanas de poderes y fuerzas especiales, sin embargo en la realidad la mayoría de las veces cuando un humano de carne y hueso nace con habilidades y condiciones físicas extremas, como tener 4 brazos y 4 piernas(nota 11), ser muy alto, tener un sobre desarrollo mental o enormes brazos, representa más un problema que una ventaja pues acarrea una serie de dificultades para mezclarse socialmente, criar una familia, utilizar espacios diseñados para el ciudadano promedio y pueden ocasionarles problemas de salud que pudieran incluso llevarlos a una muerte prematura.

Todos desearíamos tener habilidades físicas especiales para vivir mejor, si Dios bien pudo proveernos de algunas de ellas entonces:

¿Por qué no tenemos alas? Ciertamente nos facilitarían nuestro viaje diario al trabajo y podríamos visitar lugares remotos con facilidad.
¿Por qué no somos muy fuertes? Esto eliminaría mucha de la peligrosa maquinaria pesada que usamos.
¿Dónde está nuestra visión nocturna? Si pudiésemos ver en la oscuridad no dependeríamos tanto de dispositivos como linternas o lámparas, podríamos incluso caminar seguros por bosques escabrosos si nos perdiéramos en la noche.

Todas estas cualidades dignas de superhéroes parecen ser de mucha utilidad y sin embargo no las tenemos por una sencilla razón: en realidad no las necesitamos. Con esto me refiero a que nuestra especie no las necesita para sobrevivir, prueba de ello es que estamos aquí hoy día sin tenerlas, si fuesen absolutamente necesarias tendríamos todo ese tipo de poderes y otras características especiales.

Irónicamente no tenemos esas habilidades pero sí otras particularidades que en apariencia no necesitamos: ¿Quién necesita uñas largas que hay que estar cortando constantemente, o bello en axilas y en los dedos de los pies?, ¿Para qué cargamos un ombligo que luego de nacer no sirve de nada, o pezones masculinos?, ¿Cuál es la función del apéndice y las muelas cordales si únicamente nos dan dolores? Nada de esto parece ser la obra de un Ser Supremo (aunque si tuviésemos alas quizás nos pareceríamos un poco a los ángeles), más parece que nuestro cuerpo no es obra de una creación espontánea divina, sino el resultado de una especie creada por la naturaleza a través de millones de años de prueba y error sobre las adaptaciones que sirven y no sirven para nuestra sobrevivencia. Este es el principio de la Teoría de la Evolución por Selección Natural, uno que explica de mejor manera el por qué somos como somos sin invocar una creación divina.

Por otro lado podríamos asumir que Dios creó el orden natural con el propósito de que este mismo creara eventualmente seres humanos. Pero si esto fuese cierto ¿por qué la mayoría del planeta está cubierta de agua donde no podemos vivir? Claro está que un tercio del planeta es tierra firme donde sí podemos vivir, esto gracias a las placas tectónicas y la actividad volcánica que causan que exista tierra firme. Sin embargo son estas mismas placas tectónicas y actividad volcánica natural la que causa que millones de personas (bebés, niños, adultos y ancianos por igual) mueran todos los años aplastados en terrible agonía. ¿Es acaso Dios tan perfecto para crear la naturaleza que nos creó a nosotros, pero no tan perfecto para poder crear un mundo sin placas tectónicas ni volcanes?

¿Por qué respiramos? Es algo tan normal que nunca pensamos al respecto. Si no respirásemos podríamos vivir en montañas muy altas, o pescar en ríos y mares con mayor facilidad y hasta los viajes espaciales serían más sencillos si no tuviésemos que cargar el oxígeno a bordo, sin contar que se salvarían miles de vidas cada año de personas que se asfixian accidentalmente de una u otra manera. El por qué respiramos tiene una respuesta biológica, no una teológica.

Dios aparentemente creó una especie sumamente frágil en un planeta sumamente hostil. Tendríamos que ser todos como Supermán para poder sobrevivir los constantes embates de la naturaleza, pero no lo somos, somos seres humanos, un simple tropiezo en la ducha puede poner fin a nuestras vidas en un segundo. Esto no parece tener un propósito, menos un diseño en su trasfondo.

En los superhéroes de hoy en día admiramos una persona que pueda combatir el mal y la injusticia, alguien que tenga los poderes sobrenaturales que se necesitan para salvar a otros, que nos cuide cuando los humanos comunes no pueden, que vuele con alas como las de un ángel o que tenga una capa de autoridad. Alguien como el Mago de Oz que concede deseos y milagros. Lamentablemente justo como en el cuento cuando Dorothy vista al todo supremo mago en Oz, Toto -su perro- descubre que tras la cortina que lo tapa existe una persona común, más pequeña que lo normal, moviendo palancas y usando megáfonos para tratar de convencer a quienes le buscan de que hay alguien más grande que ellos que todo lo sabe y lo puede, un mago poderoso, un superhéroe personal que siempre está ahí y que acude a todo llamado, aunque a la hora de la verdad tanta grandiosidad no es más que espejos y humo que esconden el truco.

La humanidad humana

Bob Marley es sin duda el ícono de una generación de Rastafaris y amantes del reggae roots. Sus constantes referencias a Africa e islas caribeñas de población negra hacen eco en sus raíces negras. Sin embargo Bob Marley no era negro de padre y madre, su padre era blanco, un destacado británico que a los 60 años tuvo por novia a su madre -una joven negra jamaiquina de 17. Bob era mulato y fue Rastafari casi toda su vida, y digo casi porque eventualmente Marley fue bautizado católico lo cual se nota en referencias a Jesús en algunos de sus temas.

Los Rastafari son seguidores del Príncipe (“Ras”) Tafari (Makonnen/Haile Selassie I), quien fuese emperador de Etiopía, a quien consideran y veneran como la encarnación de Dios en la Tierra.

El reggae roots –incluido el de Marley- contiene regularmente referencias a Babilonia o Babylon (quizás inspiradas en las hechas en Biblia) ciudad que para ellos es un símbolo de lo profano, doblego político y del capitalismo materialista, una idea muy lejana a la realidad de una ciudad que legó a la humanidad grandes enseñanzas sobre matemáticas, astronomía y medicina. Tan importante fue el legado de Babilonia y su rey Nabucodonosor II (adorador del dios Marduk) que cuando Saddam Hussein se dedicó a reconstruir sus ruinas en lo que hoy es Iraq, hizo inscribir en muchos de los ladrillos “Esto fue construido por Saddam Hussein, hijo de Nabucodonosor para gloria de Iraq”.

Ni ser el rey de la gran Babilonia, ni erigir estatuas en cada esquina o poner su rostro en billetes y en toda fachada de edificio de gobierno como lo hizo Saddam Hussein, ni tener millones de fanáticos y una enorme fortuna como la tuvo Marley, evita que al final de los años se muestre una verdad irrefutable de nuestra naturaleza: todos debemos morir. Nadie vive para siempre.

No lamento la muerte de Hussein en lo mínimo, pero por su papel como músico, compositor y persona de gran influencia social sí lamento la repentina muerte de Bob Marley, sobre todo porque aunque técnicamente lo que mató a Bob fue el cáncer, su muerte fue consecuencia de no haber reconocido su humanidad dejando de lado sus creencias espirituales para atender su enfermedad adecuadamente. Cuando doctores de renombrados hospitales le sugirieron cortar el dedo infectado del pie, Marley se rehusó siguiendo el consejo religioso de los Rastafaris que le acompañaban regularmente. En contra de todo raciocinio, y aun cuando tenía suficiente dinero para costear la mejor atención médica posible, dejó el hospital y se internó en una clínica holística (es decir dedicada a tratar aspectos mentales y no solo de salud física) para optar por un tratamiento a base de remedios naturales y pseudocientíficos sin fundamento. Bob murió poco tiempo luego de ingresar.

A pesar de tener unos largos dreadlocks naturales (“natty dreads” como el título de uno de sus discos), que para los Rastas es casi un pecado mortal cortarlos y que incluso en su canción “Time will tell” canta “Jah nunca le daría su poder a un calvo”, Bob tuvo que cortar todos sus dreads a los 35 años cuando el cáncer lo doblegó. Contrario a la tradición rasta, Marley murió sin cabello.

Si sus influencias religiosas no se hubiesen antepuesto a la razón, probablemente todavía estaría escribiendo canciones y esparciendo sus mensajes por todo el mundo.

Hasta donde la historia de la humanidad se ha podido registrar todos los seres humanos de este planeta han sido, pues…humanos. Aquellos que no comparten las típicas características biológicas de un ser humano son llamados por otros nombres en la mitología (ángeles, minotauros, dioses, demonios y recientemente superhéroes).

Por lo general las religiones tienden a darle un carácter divino a algunos seres humanos luego de muertos cuando -obviamente- su divinidad no puede ser comprobada (como en el caso de los promulgados santos y santas). De vez en cuando surge alguna persona auto-proclamándose tener divinidad,(nota 12) el caso más común de estos son los reyes, faraones y emperadores que son como dioses ante los ojos de sus súbditos, lo cual no es más que otra maniobra política para ejercer su poder con pocos cuestionamientos.

De todos los que se han proclamado divinos, ninguno ha reaparecido nunca más después de su muerte. Considerando los 100 mil millones de seres humanos que han caminado en este planeta, la cantidad de estos que se han denominado ser un dios encarnado son realmente pocos y la mayoría de ellos lo hicieron en épocas muy antiguas. Este extraño fenómeno de personalidad no ha desaparecido del todo, solo que en la actualidad quienes se proclamen criaturas divinas es más probable que terminen bajo tratamiento sicológico en lugar de en altares con sus nombres.

Jesús, Mahoma y Buda son tres figuras emblemáticas y sumamente exaltadas, sorprendentemente ninguno de ellos se hizo llamar así mismos Dios, ellos se denominaban profetas, es decir seres humanos predicando un nuevo mensaje divino revelado únicamente a ellos. María la madre de Jesús tampoco dijo nunca que ella fuese una Virgen sagrada, de hecho es admirable como en América Latina el catolicismo convirtió a María en una figura de culto casi tan popular como Jesús, aun cuando no existen referencias bíblicas sobre ningún hecho (en realidad no se sabe prácticamente nada de ella históricamente hablando) que le pueda acreditar como figura divina para merecer su status actual, excluyendo claro, su papel como progenitora biológica de Jesús. Ninguno de ellos en realidad pensaba en sí mismo como seres divinos, espiritualmente especiales o carismáticos quizás, pero no divinos.

El Jesús histórico es identificado como un predicador apocalíptico judío de clase baja del pueblo rural de Galilea que fue crucificado por autoridades romanas debido a crímenes contra el Estado (básicamente por auto declararse Rey de los judíos). Aparte de esto no se sabe prácticamente nada sobre la mayor parte de la vida de Jesús (su ministerio según los evangelios se analiza en el capítulo siguiente).

En la Biblia solo en unas pocas ocasiones Jesús se refiera a sí mismo como un ser divino y cuando lo hace es diciendo que Dios es su Padre (se asume que al ser su hijo por tanto también hereda divinidad pero no necesariamente ser Dios mismo), en otras ocasiones dice “Yo soy”, “la Palabra es Dios…y la Palabra se hizo carne” “el Padre y yo somos uno…”, tales referencias aparecen solamente en el evangelio de Juan (el último en ser escrito y el de corte más teológico que narrativo), no hay citas en Lucas, Mateo o Marcos sobre Jesús proclamándose ser Dios encarnado aparte de las referencias que Jesús hace sobre “El Hijo del hombre” en tercera persona, y aunque algunos interpretan al “Hijo del hombre” como referencia a asimismo, cuando se lee detenidamente está claro que Jesús se refiere a un ser divino que no es él (Marcos 8:38).R5

No existe ningún pasaje donde Jesús literalmente dijera “yo soy Dios”, si él así lo pensaba ¿cómo es que la mayoría del Nuevo Testamento no incluye referencias claras al respecto siendo de absoluta importancia para exaltar su divinidad? Lo más probable es que las pocas referencias al respecto en el evangelio de Juan (que por cierto no fue escrito por Juan pues se escribió unos 100 años luego de la muerte de Jesús por una fuente desconocida)(nota 13) se hayan incluido luego de su muerte para esparcir el cristianismo en el primer siglo.

La mayoría de los historiadores concuerdan en que Jesús existió, fue enjuiciado y murió crucificado, por cuestiones académicas rechazan su resurrección como un hecho histórico. Como cualquier humano las funciones biológicas básicas cesan luego de episodios violentos como una crucifixión. A pesar de que la Biblia menciona detalles de su muerte, no menciona el curioso hecho de que lo más probable haya sido que Jesús fuese crucificado desnudo y que su cuerpo se haya descompuesto lentamente clavado en la cruz antes de ser bajado, pues esta era la práctica común en crucifixiones romanas de la época, aparte de matar al condenado el proceso era llevado a cabo para servir de ejemplo grotesco y humillador a toda la comunidad. Por mi parte no he visto crucifijos donde Jesús se encuentre totalmente desnudo, supongo que cargar y adorar imágenes de personas desnudas no es algo con lo que la mayoría de la gente se sienta cómoda, a pesar de que la desnudez es la estampa más clara de nuestra humanidad, quizás por esto la figura de Jesús crucificado usualmente le representa cubriendo sus genitales, indicando muy sutilmente que su divinidad merece respeto, o que no era tan humano como el resto.

Mahoma, fundador del Islam, tampoco se declaró a sí mismo Dios sino profeta (el último de los profetas), él mismo reconoce a Jesús como un profeta más pero sin concederle ninguna divinidad. Mahoma, a diferencia de Jesús, se acompañaba de escribas a quienes les pedía tomar nota de sus palabras que –según él- provenían directamente de Dios (Alá en su caso).

Mahoma era una persona, un ser humano como cualquier otro que no hacía milagros como los descritos por Jesús, su vida está relativamente bien documentada (no solo en los libros claves del Islam, Sunnah y Hadith, sino también en referencias externas). Están registrados muchos detalles sobre sus gustos, matrimonios, participación en guerras, actividades políticas y sobre su muerte, ninguno de los relatos indican que Mahoma se pensara a sí mismo Dios sino solamente un humano iluminado por Dios.

Buda no es un nombre de pila, es el término para “el iluminado”, su nombre era Siddhārtha Gautama y nació mucho antes que Jesús o Mahoma (de hecho parte de sus enseñanzas se reflejan en ellos). Buda tampoco se auto-proclamó como Dios o algún tipo de ser divino.

Si se examina la vida de profetas religiosos, emperadores, reyes o personalidades famosas no hay razón para deducir que ellos hayan sido una versión encarnada de Dios ni algún tipo de figura divina, al menos desde un punto de vista histórico. Todos vivieron de acuerdo a las reglas naturales de este planeta y llegado su momento murieron como es de esperarse de cualquier persona.

Evidencia supernatural

“Si crees en el poder de la magia todo es una fantasía, si necesitas creer en alguien sólo pretende creer en mí…” – Alan Parsons Project, letra de Don’t answer me (canción).

De momento he tratado de mostrar el lado humano que todos tenemos y su relación con algunos orígenes de la creencia en lo sobrenatural. No ha sido un estudio riguroso y detallado al respecto ya que ese es uno de los objetivos generales que espero se logre al final de la lectura total de esta obra, aún queda mucho camino por recorrer.

Algo que uno pudiera inferir de momento es que nada de lo que se ha dicho en realidad desmiente que exista lo sobrenatural. Hasta ahora no creo que haya convencido a nadie de que no existe Dios, lo cual es de esperarse pues muy pocas personas terminan de leer un libro, oír historias, ver un documental, debate o película y dejan de repente de creer en lo sobrenatural.

A pesar de que son muchas las razones sobre por qué prevalece la creencia en un Ser Divino y en el más allá, cuatro sobresalen: la vivencia en un mundo complejo que nos asombra con su belleza, experiencias cercanas a la muerte, milagros médicos, y el contacto con los muertos. Sobre la primera ya he hablado un poco y lo retomaré más adelante, así que analicemos un poco las otras tres.

1.      Experiencias cercanas a la muerte

Robin Williams fue un famoso actor que murió apenas unas semanas antes de escribir estas palabras. Se suicidó tras perder su batalla con la depresión (no por nada es la enfermedad #1 causante de incapacidad en el mundo según la OMS).R6 Una película de Williams es “Más allá de los sueños” en la cual su personaje al morir va a al Cielo y descubre todas las cosas maravillosas que puede hacer ahí, un problema surge cuando su esposa se suicida y un ángel le indica que las personas que se suicidan van al infierno (lo cual al parecer en la vida real no le preocupó mucho a Williams) así que decide sacarla de allí a toda costa. La película es bastante gráfica sobre cómo es el Cielo(nota 14), básicamente un lugar donde los deseos se hacen realidad y la gente es constantemente feliz.

Hay muchas películas, libros y testimonios de personas de todo estrato que aseguran haber ido por un breve momento al Cielo, es decir personas que estuvieron clínicamente muertos por unos momentos, tuvieron una experiencia espiritual que les llevó al Cielo y “resucitaron” para contar su historia. Popularmente son descritos como experiencias extra-corporales, cercanas a la muerte o viajes astrales. Estos relatos son calificados por muchos como evidencia de que existe el Cielo, o al menos algo “más allá” luego de esta vida.

En su misma definición yace la explicación de qué sucede con estas experiencias, obviamente no son relatos de personas que murieron pues de lo contrario no podrían contar el relato, sino de aquellas que estuvieron muy cercanas a morir. Son relatos de personas que tras un evento traumático -como un grave accidente- sus funciones vitales quedaron casi nulas, aunque no totalmente pues registraban algún tipo de actividad cerebral.

Es sumamente importante analizar el asunto partiendo del aspecto fisiológico, no del vivencial. Todo inicia en la cabeza.

El cerebro es el órgano menos entendido de nuestro cuerpo, no obstante sabemos que nuestra percepción del mundo es ultimadamente producto de la actividad del cerebro y no de las manos, las piernas o ningún otro órgano o extremidad. Nuestro cerebro recopila la información suministrada por el sistema nervioso y la traduce en lo que percibimos del mundo.

Una posible explicación sobre las experiencias cercanas a la muerte es que el cerebro en el momento crítico a punto de colapsar crea un estado surrealista que genera experiencias similares a las percibidas en estados de consciencia alterada, como los causados por esfuerzos físicos extremos, sueños o alucinaciones inducidas por drogas psicodélicas.

Uno de los casos más famosos es el contado en el libro “Prueba del Cielo” de un aclamado neurocirujano que estando al borde de la muerte estuvo -según él- por un corto tiempo en el Cielo. En su versión el Cielo tiene nubes rosadas, existen seres translúcidos y hay millones de mariposas gigantes cuyas alas están cargadas de gente que vuela sobre ellas acompañadas de ángeles de ojos azules.

Similarmente hay muchos otros relatos donde los pacientes una vez recuperados reportan haber visto e interactuado con familiares fallecidos, ven luces al final de un túnel, oyen sonidos maravillosos, conversan con ángeles, seres de luz o hasta con el mismo Jesús (lo cual es un problema para los budistas o hindúes que no tienen relación espiritual con Jesús).

¿Pero qué hay de los relatos sobre el infierno? Al parecer la enorme mayoría de estos relatos son sobre un lugar placentero, entonces ¿es que existe el Cielo pero no el infierno? ¿O es que la mayoría de quienes reportan estas experiencias son merecedoras del Cielo? Este patrón empieza a revelar un problema ontológico que se une al estadístico si consideramos que todos los días millones de personas alrededor del mundo son puestas bajo anestesia total, miles sufren graves accidentes cerebrales o enfermedades similares a aquellas sufridas por quienes reportan experiencias cercanas a la muerte, y sin embargo solo una pequeñísima cantidad de ellos reportan tales experiencias, convirtiendo este fenómeno en la excepción y no la norma.

Otro problema con estos reportes de visitas al Cielo no es solo que están basados en recuentos de experiencias personales subjetivas, ni que podamos reproducir las mismas experiencias por otros medios como aplicando campos electromagnéticos localizados al cerebro o el uso de drogas, el principal problema yace en el Cielo mismo, pues al igual que los fantasmas y todo lo sobrenatural es algo que no concuerda con nada que dicte la lógica, raciocinio o la ciencia. Bien podríamos preguntar: ¿De qué están hechas las nubes en ese lugar? ¿Qué respira la gente? ¿Crecen las uñas de las manos ahí? Si no son cuerpos biológicos ¿qué son y cómo funcionan? Si es un lugar con leyes diferentes a nuestro planeta, es decir fuera del espacio-tiempo, entonces cuáles reglas aplican a dicho lugar, o mejor aún: ¿qué es el “anti-espacio-tiempo” si se afirma que el Cielo existe ahí? (Retornaremos a este tema en particular en el capítulo 6 cuando se analice el Problema del Infinito).

Estas experiencias no son nada nuevo, lidian con el milenario dilema filosófico de la conexión entre mente y cuerpo: si se vive una experiencia extra-corporal ¿cómo es que el recuento de la experiencia se hace posteriormente por medio del cuerpo?

En estos recuentos se presupone que “algo” sale del cuerpo para viajar al Cielo y luego regresa al cuerpo, todo esto representa un enorme problema filosofal, científico y hasta teológico. Las experiencias cercanas a la muerte generan para los escépticos más preguntas que respuestas.

Bien se podría decir que estas experiencias, que más parecen cuentos de hadas, lejos de ser evidencia de que existe el Cielo son más bien evidencia de que el cerebro en condiciones de estrés específicas es capaz de crear estados mentales surrealistas similares a los que vivimos en sueños, o a aquellos causados por estímulos electro-químicos causados por drogas, lo cual dicho sea de paso es el campo de estudio de una reciente rama de la neurología llamada Neuroteología.

2.      Milagros médicos

Durante los años 60‘s en un hospital de Nueva York algunos pacientes que estuvieron en estado catatónico por décadas (debido a un ataque de Encefalitis Letárgica), comenzaron repentinamente a recuperarse; algunos se recuperaron hasta el punto de volver a una vida normal. Esta es una historia real de recuperaciones que bien podrían llamarse “milagrosas”. Tanta atención recibió el caso que en 1990 salió la película Despertares basada en estos hechos y protagonizada por no otro que Robin Williams. En este increíble caso la mejoría de los pacientes se debía a la administración de una droga experimental (llamada L-DOPA) y no a un milagro divino.

Hay sin embargo muchísimos casos donde un paciente se recupera de una grave enfermedad sin que sus doctores puedan identificar la razón de su cura. Algunos de ellos reportan ser sanados en contra de todos los pronósticos médicos de males tan agresivos como cáncer, tumores, atrofias musculares, impotencia, cegueras y otras complicaciones serias. Ante su sorpresiva recuperación muchos de estos pacientes atribuyen el hecho como un milagro hecho por Dios (o una Virgen, Santo, amuleto o brujería) pues -según ellos- un poder divino hizo lo que la ciencia no podía hacer para curarlos, por tanto no solo existe un Ser Divino sino que además este tiene un propósito específico para la persona pues se tomó la molestia de sanarlo milagrosamente. (nota 15)

Cuando tenía unos 13 años una enfermedad de extraña procedencia me envió al hospital donde permanecí por un una semana haciendo las pruebas respectivas. Mi cama de hospital se llenó de estampas de Vírgenes y santos milagrosos, mi devota familia elevó un sinnúmero de oraciones pidiendo por mi salud. Dichosamente todo salió bien. Luego de mi recuperación mi familia mencionaba el episodio como un milagro realizado específicamente por la Virgen de los Angeles a quien mi padre le ofrendó en la Iglesia respectiva no solo oraciones, sino también su cadena de oro. Oro por milagros, no es un mal trato. Luego de tanta sugestión en poco tiempo llegué a la conclusión de que efectivamente seguía vivo gracias a un milagro de la Virgen, así que como es costumbre en muestra de agradecimiento hice la peregrinación de 25 kilómetros hacia la Basílica de los Angeles en cinco ocasiones, donde me regocijaba trayendo de vuelta “agua bendita” de los manantiales de la Iglesia a mi casa, luego la esparcía bendiciendo todas las habitaciones (aquellos lectores que no son de Costa Rica pueden conocer un poco más respecto a esta tradición en la nota #16 en la sección final de notas(nota 16) ).

En la Basílica de los Angeles, casi todas sus paredes se encuentran llenas de objetos ofrendados por feligreses que recibieron un milagro médico. Hay figuras de todo tipo: riñones, corazones, cabezas, piernas, muletas, andaderas, anteojos, etc. Hay tantos objetos de reportes milagrosos que se dice que la mayoría se encuentran en las bodegas de la Basílica y no en exhibición, la cantidad no me parece exagerada considerando que casi dos millones de personas realizan la caminata todos los años para agradecer por algún tipo de milagro o favor concedido.

Costa Rica no es solo el hogar de esta milagrosa Virgen, es también el lugar donde una mujer reportó haber sido sanada de una aneurisma cerebral incurable gracias a la intervención divina del entonces fallecido Papa Juan Pablo II. La atribución de este “milagro” al beato Papa hizo posible que se le canonizara como un Santo de la Iglesia Católica. Historias similares existen por todo Latino América.

Los milagros médicos parecen seguir un conjunto de normativas:

No ocurren sin ser solicitados. Se solicitan por medio de la oración y/u ofrendas por el enfermo o por cualquier persona en cualquier lugar directa o indirectamente.
No son producto del azar. Son prueba de que Dios puede hacer lo que la ciencia no puede (es omnipotente) directamente o a través de delegados como Vírgenes, santos, brujos e incluso pastores de iglesias que imponen sus manos directamente o que rezan a miles de kilómetros de distancia del enfermo.
Pueden curar cualquier enfermedad (pues nada es imposible para Dios), pero contradictoriamente tienen algunas limitaciones: no se aceptan peticiones para hacer que crezca una pierna, un brazo, un dedo, un riñón, ni un ojo. En fin, ningún acto que involucre el aparecer repentino de un órgano faltante. Ver que a alguien le crezca un brazo que ha perdido sin duda sería un milagro que convencería al mundo, lamentablemente esto no sucede nunca.
Resucitar a los muertos, cambiar de ADN, de tipo de sangre o transferir la mente a un cuerpo ajeno sano tampoco está en la lista de lo que se puede conceder milagrosamente por la oración.

Extrañamente los milagros médicos parecen no ser siempre producto de la oración en petición de intervención divina por la salud de una persona. Hay milagros que les suceden a ateos, agnósticos, asesinos, adoradores de diosas que cortan cabezas e incluso a personas que no rezan por el milagro. Tampoco suceden en la mayoría de las calamidades médicas pues miles de millones de pacientes religiosos con graves enfermedades no sanan repentinamente sin explicación, solo una pequeñísima parte de estas afligidas personas reportan una recuperación que la ciencia médica no puede explicar a cabalidad.

Estas estadísticas hacen suponer que si los milagros médicos en realidad suceden por gracia divina es muestra de que quien los realiza es un Dios que es favoritista, pues sana a unos pocos mientras deja morir en enorme sufrimiento a la mayoría de quienes oran por un milagro, sean niños, jóvenes o ancianos por igual. Muestra de esto son los 6 millones de judíos (el pueblo favorito de Yahvé -el dios católico) que rezaban día y noche en los campos de concentración Nazi clamando por su libertad y salud, sin embargo la mayoría fueron asesinados en masa y otros torturados horriblemente en experimentos médicos que los contaminaron de todo tipo de enfermedades. También hubo una enorme escasez de milagros durante las pandemias de cólera, malaria, peste bubónica y tuberculosis que arrasaron con millones de personas religiosas, muchas sin duda de buen corazón y de una fe inquebrantable, y ni qué decir de los Papas, pastores, cardenales, curas, santos y mártires que murieron de una enfermedad sin que el milagro llegara al rescate a pesar de su íntimo contacto con Dios.

Quien cree en milagros pone toda la balanza a su favor pues encuentra fácil atribuírselos a Dios cuando suceden (Dios le sanó), extrañamente no llegan a la misma conclusión cuando no suceden (Dios no quiso sanar), ni cuando la enfermedad apareció en primer lugar (Dios me enfermó).

Hay una mejor explicación para los milagros médicos: el enfermo sana temporalmente debido a la autosugestión, la enfermedad era sicosomática, la cura provino de causas naturales, son coincidencias o en raras ocasiones son excepciones biológicas.

Consideremos que el cuerpo humano es una máquina especializada en auto-repararse y sobrevivir, aun así estamos propensos a sufrir enfermedades que comprometen la vida. La medicina, la tecnología y la ciencia en general tratan de buscar mejores maneras para tratar las condiciones que afligen el cuerpo humano (gracias a lo cual tenemos vacunas), pero no toda enfermedad tiene cura, al menos por ahora. Existen virus enigmáticos como el que causa el SIDA, ébola o la malaria, hay agentes cancerígenos que resisten la quimioterapia, etc. Aún lidiamos con una gran cantidad de padecimientos cuya cura es desconocida, dichosamente hoy en día estos son una minoría gracias a la medicina moderna.

Considerando todo lo anterior no es sorprendente que de vez en cuando, en raras ocasiones, una enfermedad se cure sin que la ciencia lo pueda explicar, sea porque no se conocía bien la enfermedad causante del mal ni de ninguna cura relacionada, o porque el cuerpo del paciente encontró de alguna manera como reponerse de dicho padecimiento. No hay nada milagroso en esto a menos que se defina un milagro como la increíble posibilidad de que algo muy poco probable suceda, en cuyo caso cada vez que cambio emisoras en la radio y casualmente oigo la misma canción que está sonando en otra emisora, o ganar la lotería, o el que un avión nos caiga encima, sería por definición también un milagro.

Un error en el que caen muchos de quienes creen en los milagros es obviar todo lo que aconteció antes de que el enfermo sanara, por ejemplo este pudo haber estado por mucho tiempo bajo una estricta dieta, régimen de ejercicio o reposo y en control médico, sin embargo si este sana “milagrosamente” luego de una serie de oraciones, es posible que ahora quienes oraron por ello –incluso el enfermo- olviden todo lo anterior y atribuyan la mejoría al poder de la oración cuando en realidad quizás fue producto de otro factor precedente. Es como tener un terrible dolor de cabeza, tomar dos aspirinas para aliviarlo, luego de quince minutos decir una plegaria pidiendo que la migraña desaparezca y si sucede en ese momento atribuírselo a Dios, olvidando que hace quince minutos se tomaron dos aspirinas.

Los milagros médicos son por definición excepciones de una prognosis médica, son situaciones excepcionales que no le suceden a todo aquel que lo solicite e incluso es a veces al contrario, no son prueba de que exista una divinidad actuando a favor de una persona, de serlo más bien acarrea un enorme problema pues reflejaría que dicha divinidad tiene favoritismo y prefiere sanar a un asesino en serie que no pide por su recuperación, que a un niño con cáncer terminal por el cual hay cadenas de oraciones internacionales.

3.      Necromancia

La comunicación con los muertos es llamada necromancia (del latín necromantīa y éste del griego νεκρομαντεία: unión de necros “muerto” y mantīa “adivinación”). En sus diversas variaciones es para muchos otra prueba de que existe el más allá.

Hugo Chávez (el polémico ex-presidente de Venezuela) quien usualmente usaba slogans como “Cristo apoya la Revolución”, murió en Marzo del 2013. Su sucesor Nicolás Maduro, dijo en Abril del mismo año que Chávez se había comunicado con él por medio de la figura de un “pajarito chiquitico” (literalmente) que le dijo “hoy arranca la campaña, vayan a la victoria!”.

Historias como esta de comunicación de presidentes desde la tumba se encuentran en directa relación con la creencia en fantasmas, y por tanto acarrean el mismo problema: si alguien creen en fantasmas probablemente cree en todo lo sobrenatural también.

Mucha gente acude a brujos, médiums y espiritistas para que estos se comuniquen con familiares, parejas y amigos fallecidos (nadie parece querer hablar con el pirata Barba Negra para preguntarle dónde escondió sus tesoros), la mayoría de las veces el mensaje transmitido es algo como “te extraño, te amo y todo va a estar bien” o algunas otras palabras de apoyo moral y consuelo del ahora fallecido.

Otros practican la necromancia desde la comodidad de su casa con sus amigos mediante el famoso juego de la Guija (actualmente una marca propiedad de Hasbro, la fábrica de juguetes que hace los de Transformers y la Guerra de las Galaxias entre otros). En este juego (y digo juego porque se vende como tal) una simple tabla con letras sirve de conducto que abre un portal hacia el reino de los muertos que deletrean –con las mismas faltas de ortografía de quienes lo juegan- mensajes del más allá. Quienes utilizan la Guija caen en lo que es conocido como el Efecto Ideomotor donde la sugestión hace mover piezas sin que nadie parezca hacerlo voluntariamente, no es sorprendente que si se les vendan los ojos a los participantes los mensajes dejan de tener sentido.

Quienes frecuentan brujos o espiritistas encuentran sorprendente que puedan atinar ciertos problemas de pareja, de familia, de dinero o de salud que les aquejan, como si fuese prueba de que están realmente en contacto con un mundo espiritual, ante lo cual cabe preguntarse ¿quién no tiene problemas de pareja, de familia, de dinero o de salud?

Hay mucha gente que constantemente asegura hablar con muertos, espíritus no familiares y con personajes -pajaritos por ejemplo- que incluso se les aparecen a menudo para decirles algo. A estas personas actualmente se les diagnostica como esquizofrénicos y luego de empezar un tratamiento con la respectiva medicación dejan de recibir estos encuentros y mensajes. Quienes no son diagnosticados con alguna enfermedad mental y aseguran que sus habilidades para la necromancia son reales, no tienen otra prueba más que su palabra pues solamente ellos oyen, ven e interactúan con los espíritus (más al respecto en el capítulo 6).

Todos los esfuerzos por recolectar pruebas científicas que respalden dichos eventos han sido hasta el momento fallidos, y no han sido pocos pues por al menos 40 años se han aplicado todo tipo de tecnologías y métodos para hacerlo sin que hasta el momento haya evidencia contundente al respecto.

Otra prueba indirecta de que tales eventos no suceden es el Millonario Desafío Paranormal que ofrece la Fundación Educacional James Randi (JREF). Se trata de un concurso que ofrece un millón de dólares a quien pueda probar y reproducir en un ambiente controlado algún evento paranormal. El desafío de Randi ha estado vigente desde 1964 y aunque unas mil personas han aplicado la mayoría se retira antes de iniciar las pruebas, del resto ninguna ha logrado probar sus supuestos poderes. Lo cual deja la duda de ¿por qué tantos brujos, videntes y adivinos que hay en el mundo no aplican al concurso? Debe ser que no necesitan el dinero… eso debe ser.

 

Poco a poco vamos saltando barreras intelectuales. Al inicio de la lectura se presentaron algunas de las razones más comunes por la que la gente cree en Dios, luego un breve repaso nos recordó que todos -hasta los auto-aclamados divinos- somos seres humanos con limitaciones de todo tipo, y ahora recién he presentado otras tres razones por las cuales muchos insisten que lo sobrenatural existe, esta vez sin embargo siendo menos condescendientes con sus expositores.

A Dorothy le bastaron dos golpes de talones para abandonar su mundo de fantasía. Lamentablemente no es tan sencillo para quienes no somos personajes en una novela, por lo que a este viaje le quedan 6 capítulos más antes de regresar de Oz.


 

Capítulo 2
Una historia de historias

“No le temas a un ejército de leones liderados por una oveja, témele a un ejército de ovejas lideradas por un león.” –Proverbio Arabe

En la novela Las Crónicas de Narnia se cuenta la historia del león Aslan, rey de las bestias e incluso de un pueblo entero, con gran sabiduría y benevolencia, que se sacrificará hasta la muerte por sus seguidores para luego resucitar. Su historia se parece un poco a la de Jesús porque fue escrita por C.S. Lewis quien no solo es un famoso escritor de novelas sino uno de los apologistas(nota 17) cristianos más citados. Lewis supo abstenerse de relatos religiosos directos en sus novelas, quizás porque su estilo literario estuvo parcialmente basado en el mismo de otras novelas contemporáneas como la saga El Señor de los Anillos, la cual prácticamente no hace ninguna referencia religiosa en su texto. No es casualidad pues su autor J.R. Tolkien era además un buen amigo de C.S. Lewis, tan amigo que convenció a Lewis a convertirse al cristianismo.

Tolkien y Lewis comparten no solo su religión sino una fascinante cualidad literaria: el poder imaginar seres, lugares y situaciones maravillosas donde una persona especial puede cambiar el destino de todo un territorio, aun si esto implica grandes y sangrientas batallas basadas. Algo similar hacen las religiones, mas no en novelas ficticias sino en la vida real.

La limonada sagrada

Un dicho popular dice “si la vida te da limones, haz limonada”, pero cuando se trata de religiones me parece que sería “si Dios te da limones, haz café”.

He conocido muchas personas de variados tipos de religiones con diversos niveles de fervor. Una cosa que puedo decir es que prácticamente ninguno de ellos conoce los detalles de los orígenes de su religión. Convenientemente practican la versión contemporánea de sus ideales religiosos (aunque algunos incluso niegan que su congregación pertenezca a alguna religión) dejando de lado algunas prácticas que aunque sean mandato en sus escritos sagrados, no parecen apegarse a su estilo de vida.

Los pueblos modernos independientes dictan sus costumbres, políticas internas y economías. Esperan que la tecnología, el entretenimiento, y los productos que consumen se adapten a ellos y no al contrario. No es sorprendente que los pueblos hayan hecho paulatinamente algo similar con las religiones adaptándolas ligeramente a sus cambiantes estilos de vida. Es en parte por esto que existen divisiones doctrinales dentro de una misma religión.

Del catolicismo se ramifican el Cristianismo, Evangelismo, Ortodoxos, Testigos de Jehová, Adventistas, Pentecostales, Luteranos, Mormones y otros. En el Islam hay denominaciones Sunni (~85%), Shia (~15%, la mayoría en Irán) y otras menores. En el Hinduismo existen las corrientes del Shivaísmo, Shaktismo, Vaisnavismo, y Smarta entre muchas otras. De igual manera sucede en prácticamente todas las demás religiones. Algunas denominaciones difieren tanto entre ellas –aun siendo de una misma religión- que es difícil entender cómo todas pretenden hacer una limonada sagrada cuando no todas son frutos del mismo árbol.

En mi caso, cuando sentí la necesidad de conocer a fondo mi religión para consolidar apropiadamente mi fe, hice lo que me pareció lógico en ese momento y matriculé la carrera universitaria de Teología. Durante el primer año me sentí abrumado por la cantidad de datos históricos sobre la Biblia y otra literatura religiosa. ¿Quién escribió qué, cuándo, por qué, en qué lenguaje, bajo qué contexto y qué estaba el autor(es) tratando de decir? También los temas sobre la fe y la moral de puntos de vista de lo que Dios quiere, lo que los feligreses quieren, lo que la Iglesia quiere, la relación entre los principales escritores y filósofos teológicos, y todo lo espiritual relacionado al tema como ángeles, santos, demonios, trilogías divinas y por sobretodo el dios de las religiones Abrahamicas (Judaísmo, Islam y Cristianismo) con repasos de otras deidades.

No podía dejar de pensar cada vez que me sentaba en el aula que mis profesores –académicos bien estudiados- estaban diciendo entre líneas que hay todo tipo de problemas desde un punto de vista histórico en todas las religiones y en las enseñanzas de los principales profetas que las fundaron. Hoy recuerdo esos días y pienso que si hubiese sido no-creyente entonces, hubiese podido comprender de mejor manera lo que se me estaba enseñando. Estaba recibiendo los hechos históricos con detalles sobre lingüística, la exégesis bíblica, la interpretación de la jerarquía católica (incluido el punto de vista de los pontífices, laicos y de filósofos), es decir que de alguna manera la carrera me estaba dando todos los “limones” pero me decía que no hiciera limonada. El asunto era como armar un rompecabezas tratando de seguir una fotografía diferente a la de la portada de la caja, era como tratar de hacer café con limones.

Eventualmente abandoné la carrera de Teología para concentrarme en otra un poco más comercial, no obstante por algún tiempo continué estudiando Teología por mi cuenta, la gran mayoría de lo que he aprendido desde entonces se encuentra en este libro.

En mi juventud visité diversas iglesias católicas y evangélicas, oí una cantidad similar de prédicas y discursos de pastores, curas, seminaristas, monjas, auto-denominados apóstoles, predicadores callejeros en parques y de los que van de puerta en puerta. Aunque admiraba su vocación y facilidad para predicar, una cosa siempre me molestó de ellos: ¿Por qué nunca se hablaba en términos de una correcta apologética que incluyera el trasfondo histórico de sus libros sagrados? ¿Por qué no mencionaban problemas tan importantes como el dilema del más allá, el origen del universo, la paradoja del infinito, teodicea, y los detalles contradictorios de sus propias religiones? Todos eran buenos para citar convenientes pasajes bíblicos fuera de contexto y la mayoría de sus discursos eran sobre los problemas personales de sus seguidores (pareja, salud, dinero y unión familiar generalmente) y sobre la unidad de sus congregaciones, son más discursos de apoyo moral mezclados con sicología básica para afrentar las circunstancias adversas de la vida cotidiana, que estudios rigurosos de sus textos sagrados.

La razón detrás de todo esto es algo incómoda. Resulta que muchos predicadores son de hecho personas bien estudiadas en sus libros sagrados (la Biblia, Corán, Torá, Libro de Mormón, etc.) y saben de los baches, contradicciones y pasajes sin sentido que existen en dichos textos. Sin embargo no los mencionan a sus feligreses por variadas razones: no quieren agitar las aguas, evitan el debate filosofal, piensan que sus congregaciones no podrían entender esos temas adecuadamente, o simplemente asumen –acertadamente- que los fieles no quieren oír de esos temas pues la mayoría se congrega para lidiar con sus problemas cotidianos inmediatos.

Creo que muchos líderes espirituales realmente no creen lo que predican, son más inteligentes que eso. Esto no se limita únicamente a predicadores, muchos políticos probablemente son ateístas de convicción que se ven forzados a disfrazar sus ideales bajo el velo espiritual para obtener los votos y el apoyo que necesitan. Le invito a que averigüe cuál presidente de cualquier país del Continente Americano de cualquier época se ha denominado abiertamente ateo en campaña (asumo que ninguno, si lo hubiese agradezco comparta el dato para colocar una nota de erratas). No creo que esto asombre demasiado pues los políticos son el tipo de personas que saben bien cómo hacer una limonada de palabras aunque les den naranjas, fresas, manzanas o café.

En este capítulo aprenderemos muchos detalles sobre los orígenes de las religiones y sus escritos sagrados que la mayoría de los líderes religiosos tratan de ignorar, el material es tan claro que ni siquiera será necesario tener un debate al respecto.

Religiones

“Las religiones son la manera del ser humano de tratar de entender la mente de Dios.” No recuerdo dónde oí esta frase pero me suena directo al punto de este capítulo.

El famoso filósofo Bertrand Russell resume la principal razón del porqué alguien pertenece a cierta religión aludiendo que “la religión que alguien acepta es la de la comunidad donde vive”.R7 Lo cual concuerda con el hecho de que si se nace actualmente en algún país de América es muy probable que la religión que profese una persona sea la católica/cristiana, si nace en Medio Oriente sea probablemente judío o musulmán, en Oriente sería más común que fuese budista o taoísta, en India predominan los hinduistas, si una persona hubiese nacido en la Grecia antigua creería en Zeus y sus poderosos aliados del Monte Olimpo, y si viviera en la época de los Mayas u Olmecas en Centroamérica creería en un tipo de deidad en forma de serpiente emplumada. No es difícil notar un patrón.

 

 

 

Quetzalcóatl (en náhuatl: quetzalcōātl, “serpiente hermosa” quetzalli, hermoso, cōātl, “serpiente”) es uno de los dioses de la cultura mesoamericana, llegando a considerarse como el dios principal del panteón prehispánico.

 

El dios tiene varias etapas, primero como deidad olmeca, tolteca, maya como Kukulcán y más tarde en el grupo de los dioses aztecas.

A través de la historia el ser humano ha creado todo tipo de religiones y credos. Estos se diferencian por sus creencias, rituales y las características de sus deidades. En este campo hay literalmente todo tipo de tradiciones: comer corazones humanos, tener sexo con infantes, matar animales violentamente, quemar vivas a mujeres vírgenes, mutilarse el cuerpo, morir de hambre, vestir en opulencia, andar desnudo, matar a sus propios hijos con piedras, o hacer largas caminatas buscando la gracia de divinidades.

Aunque no lo pareciera los creyentes también son en gran parte ateos (mejor dicho anti-deístas), pues ellos tampoco creen en los dioses de otras religiones sino que solo creen en uno: el suyo que es el único y verdadero. Los ateos comparten la misma idea pero simplemente creen en uno menos.

No falta variedad entre seres divinos, los hay de piedra, con cuernos, alados, con 4 brazos, inmortales, con bizarros impulsos sexuales, hombres, mujeres, mitad hombre mitad animal, omnipotentes, omnipresentes, que viven en planetas, las nubes, altas montañas, profundidades del mar o combinaciones de todo lo anterior incluso en una misma religión.

Christopher Hitchens –conocido autor humanista- alegaba que esta variedad se debe a que las religiones fueron hechas en determinados momentos con el fin de que sus seguidores se sintieran bien. El problema –aduce Hitchens- es que bajo esa misma premisa cualquier cosa que haga a alguien sentirse bien debería ser igualmente aceptable, como las drogas y los comportamientos sadísticos.R8

Brevemente repasaré algunos datos sobre las principales religiones actuales desde una perspectiva diferente a la usual, los datos que listo a continuación no son los más destacables de las religiones, son de hecho los detalles que muchas veces sus líderes y seguidores tratan de esconder.

Antes de entrar en detalles me parece adecuado recalcar un punto que será recurrente: si Dios no existe, nada de lo que las religiones pasadas o presentes hayan dicho, hecho o sostengan, absolutamente nada de lo que profesen tiene sentido (mucho menos la abrumadora cantidad de injusticias y muertes en guerras sagradas), sin importar lo que digan sus escritos sagrados o no. Todas las religiones se basan en el principio fundamental de que existe lo sobrenatural, incluyendo usualmente uno o varios dioses de algún tipo, esta es la piedra angular que sostiene todo. Si lo sobrenatural no existe, nada de lo que diga una religión, sin importar su relación con el ser humano, tiene fundamento alguno.

Hinduismo

La palabra “Hinduismo” es usada para denominar al conjunto de la enorme cantidad de variaciones religiosas en India, es un término moderno (fue acuñada por europeos en el siglo XIX) que erróneamente hace creer que el Hinduismo es una sola religión cuando en realidad son muchas. Hay variaciones politeístas, monoteístas y hasta ateístas (Carvaka).

Usualmente se le asocia con prácticas de desarrollo espiritual, ayunos, vegetarianismo, meditación y Kamasutra (mi favorita), y aunque también se le asocia con el pacifismo no fue sino hasta 1920 que se prohibió la práctica del Sati que consiste en que las viudas se quemen vivas en la hoguera hecha para cremar a sus maridos difuntos.

Otra práctica es la de Brahmacharya que es una etapa de estudio donde la persona se abstiene de tener relaciones sexuales. Gandhi era muy partidario de esta práctica y para probar su celibato ocasionalmente dormía junto a jóvenes mujeres desnudas en su cama incluyendo la hija de su sobrina.

La idea de que la vaca es sagrada en el hinduismo no es del todo atinada, pues aunque es vista como un animal de reverencia, no todos los hindúes son vegetarianos ni amigables con los animales, prueba de esto es el popular y sangriento festival Gadhimai en honor a la diosa del mismo nombre, durante el cual unos 500.000 animales (búfalos de agua, ratas, aves de corral, cerdos, cabras) son sacrificados.

Los que sí son vegetarianos se lo toman muy en serio, sobre todo aquellos que consideran al cerdo un animal impuro. Se lo toman tan en serio que cuando algunos se dieron cuenta que el ejército inglés estaba lubricando sus armas mediante el uso de cartuchos recubiertos con grasa de cerdo, esto fue considerado como un sacrilegio imperdonable que justificó en parte la Rebelión India de 1957 contra los ingleses, donde murieron miles (algunos citan cientos de miles) de soldados y civiles de ambos bandos. Quién pensaría que la grasa de cerdo no solo es mala para el colesterol sino que también puede fomentar guerras por fanatismos religiosos.

En las versiones politeístas del Hinduismo hay tantas deidades que no se sabe el número exacto, algunas fuentes citan cientos de miles, de ellos dos dioses populares son Visnú y su avatar Krishna.

 Aunque no tan famosas como Visnú mis diosas favoritas del hinduismo son:

Chinnamasta: Una diosa que se auto-decapitó. De los 3 chorros de sangre que brotan de su cuello se alimentan su propia cabeza que sostiene en una mano y dos de sus sirvientes, mientras se para sobre una pareja que tiene relaciones sexuales.
Kali: Una bella diosa azul de cuatro brazos con ojos cargados de ira que viste un collar de calaveras y un taparrabo hecho de brazos cercenados. En una de sus manos muestra un cuchillo ensangrentado y en otra la cabeza que acaba de cortar a uno de sus adversarios mientras se para desafiante sobre el cuerpo de Shiva, quien sostiene una cobra a punto de morder.

Ambas diosas son dignas, a mi parecer, de estar en la portada de un disco de heavy metal o de algún personaje macabro del videojuego Mortal Kombat.

Chinnamasta

Kali

 

En resumen el Hinduismo es una colección de creencias muy variadas, incluso contradictorias. Es difícil para un hindú definir exactamente cuáles son sus creencias referentes a sus dioses, escritos, tradiciones y filosofía de vida correspondiente. Al igual que en otras religiones es prácticamente imposible leer a cabalidad (me refiero en traducciones aceptables, catalogados correctamente y con comentarios a pie de página) la enorme cantidad de libros y escritos considerados sagrados en el Hinduismo.

Muchos hindús se han convertido al Islam (razón por la cual los Indios musulmanes decidieron hacer su propio país en lo que hoy es Pakistán), quizás por considerarle una religión más ordenada y sencilla de entender, o porque es más fácil servir a un solo dios que a cientos.

 

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Budismo

Por muchos años me pregunté cómo los budistas podían adorar un Buda obeso y calvo que siempre se representaba sentado sin hacer más cosa, supuse en algún momento que debía ser por la graciosa sonrisa que siempre tenía en todas las imágenes que veía. Luego me di cuenta de mi doble error: ni los budistas lo adoran, ¡ni tampoco es ese el Buda de los budistas! El gordito simpático es Bu-Dai, una de las formas de Maitreya (el supuesto buda del futuro).

La confusión ocurre porque “Buda” no es el nombre de una persona, Buda –etimológicamente hablando- significa “el iluminado”, y a quien por lo general se refieren con la palabra es a Siddartha Gautama, nombre del sabio que vivió alrededor del año 500 A.C.,(nota 18) considerado como el fundador del budismo.

El budismo comparte muchas ideologías del hinduismo, en parte porque ambas corrientes proceden de las tradiciones de los Davidianos y los Arrianos que fundaron sus regiones originarias.

La disputa sobre si Buda nació en India o en Nepal ha creado enormes disputas (China reclamaba el Tíbet como parte territorial suya), hoy se considera Nepal como el lugar de nacimiento de Buda y en la región de los Himalayas se encuentra la corriente budista más famosa: los Tibetanos, siendo el más popular de ellos el Dalai Lama, figura controversial que incluso ha afirmado que “La realidad del mundo actual es que basar la ética en religiones ya no es adecuado”, en esto concuerdo con él.

El budismo es otra de las religiones complejas que tienen muchas variaciones, y aunque siguen una línea de pensamiento parecida a la del hinduismo en asuntos como que el “Atman es Brahman o el concepto del Karma, en realidad es una religión no-deísta, aunque esto suene como a un oxímoron, lo que significa es que no requiere alabanza a ningún dios, es decir que el Buda no es ningún dios sino solo una persona (un humano normal) iluminada espiritualmente. Por esta razón es que el budismo es generalmente considerado más como una filosofía de vida que como una religión.

Judaísmo

Una diferencia clave entre el judaísmo y las religiones de su época y antes de esta, es que aludía al concepto del monoteísmo, es decir que solo hay un Dios (por esto el primer mandamiento bíblico exhorta a que se dejen de adorar otros dioses).

El judaísmo es una de las religiones de los antiguos pueblos hebreos e Israelitas; es parte de las religiones “Abrahamicas” que incluyen al Cristianismo y al Islam pues las tres tienen orígenes comunes desde Abraham. Igual que en todas las religiones hay diferentes denominaciones de judaísmo, sin embargo comparten particularidades como:

Sus miembros deben cortar el prepucio de su pene (brit milah), lo cual le convierte en una de las pocas religiones actuales que pide como prerrequisito mutilar el órgano sexual.
Respetar el Sabbath, es decir evitar una gran cantidad de actividades el día sábado (por esto “sábado” se llama así pues se refiere al Sabbath).
Comer sólo cierto tipo de comida según tradiciones milenarias siguiendo una dieta llamada Kosher. Sin embargo ese tipo de dieta es tan radical que por lo general la mayoría de judíos no la siguen al pie de la letra (¿quién quiere comer sólo lo que se comía hace miles de años?).
Adoradores de Adonai, o en hebreo antiguo Yhaveh (escrito YHWH pues el hebreo antiguo usado en la Biblia no tiene vocales), otra palabra para dios en este lenguaje es Elohim, el cual es un dios adorado desde antes de los tiempos de Abraham junto con dioses como Baal, El y Asherah en regiones adyacentes incluyendo el politeístico Egipto.
Un judío debe tener padres judíos.(nota 19) Esta sería mi cualidad favorita si me viera forzado a escoger alguna ya que significa que es de las pocas religiones que no andan tratando de convencer a nadie de que se conviertan a su religión. No hay judíos repartiendo panfletos o tocando las puertas de las casas, no existe ninguna “radio judía 105.3 FM” pidiendo donativos (al menos ninguna que yo conozca). Por más que alguien desee convertirse al judaísmo es casi imposible volverse judío sin padres judíos, lo cual para mí es un punto a favor del judaísmo, no por razones teológicas sino de urbanismo.

Actualmente la mayoría de los judíos viven en Israel en las tierras que consideran sagradas y prometidas a su pueblo desde épocas bíblicas. Pero estas tierras (incluida claro la famosa Jerusalén) no siempre fueron exclusivas de judíos sino habitadas asimismo por musulmanes y cristianos que también las consideraban como suyas y sagradas. Esta disputa por tierras “sagradas” ha generado millones de muertos en incontables batallas y genocidios que continúan en nuestra época en el conflicto Palestina-Israel. Dios al parecer sigue ensañado con las violentas guerras del pueblo judío miles de años luego del Exodo, recordándonos su bien merecido título “El SEÑOR es un hombre de guerra” (Exodo 15:3).

Islam

¿Cuál es la primera idea que se le viene a la mente cuando se menciona el Islam? Antes de saltar a la próxima línea recuerde su respuesta.

Estos son mis candidatos: guerra, terroristas, árabes, arena, medio oriente, gente de rodillas con la frente en el suelo, turbantes, decapitaciones, sandalias. Espero que mi estereotipada lista de descripciones del Islam no haya coincidido en ningún término con su primer pensamiento al respecto. Y si lo ha hecho es porque esta es la visión preconcebida del Islam que popular y equivocadamente se tiene en países fuera del medio oriente, incluyendo Latino América.

El Islam tiene casi dos mil millones de seguidores, un 23% de la población del mundo es musulmán (musulmanes son los que practican el Islam) y se encuentran dispersos alrededor del mundo, la mayoría en Africa, Indonesia y el Medio Oriente. Y aunque el catolicismo sigue siendo la religión más popular, el Islam crece a un ritmo más acelerado.R9

Mahoma es el profeta y fundador del Islam, es considerado el mensajero de Dios y el último profeta (admite que hubieron otros antes, como Jesús y Abraham).

En esta religión Dios es llamado Alá(nota 20) y se considera el único Dios verdadero, aunque es esencialmente el mismo Elohim/Yaveh de los judíos y cristianos pero en otro contexto teológico.

El Islam reconoce algunas partes de la Biblia, sin embargo su libro sagrado es el Corán, este fue escrito –dictado mejor dicho- alrededor del año 600 D.C. por Mahoma inspirado por Dios a través del ángel Gabriel.

Otros escritos sagrados son la Hadith y la Sharia que son literatura sobre normas de convivencia y reglas sociales. Estos contienen polémicas leyes sobre todo tipo de actividades cotidianas y de jurisprudencia, en algunos países (Estados Islámicos como Arabia Saudita) estas son las únicas leyes que rigen en aspectos sociales por encima de la norma aceptada alrededor del mundo.

Algunos ejemplos de la ley islámica:

Azotar a quienes tomen bebidas alcohólicas o practiquen juegos de azar.
A los ladrones se les corta el brazo
Golpear a las esposas desobedientes es aceptado (Hadith: 2127 describe el episodio de Mahoma golpeando a una de sus esposas). En algunos casos se utiliza ácido para desfigurar el rostro de las esposas desobedientes.
Las mujeres que tengan relaciones sexuales pre-maritales pueden ser castigadas con brutales azotes y relaciones adúlteras con la muerte por apedreamiento.
Musulmanes que decidan dejar de serlo, o aquellos que critiquen a Mahoma o el Corán, pueden ser condenados a muerte (le sugiero que tome en cuenta este detalle si está considerando convertirse al Islam).
El testimonio de una mujer únicamente cuenta como la mitad contra el de un hombre.
El homosexualismo puede ser condenado con cárcel o incluso la muerte.
Las mujeres no pueden divorciarse.
El Corán indica que el hombre tiene derecho a 4 esposas (aparentemente la regla no aplica para quien la escribió pues Mahoma tuvo unas 13).
El matrimonio con niñas es permitido. De hecho una de las esposas de Mahoma, Ashia, tenía 6 años cuando se casaron y las relaciones sexuales se iniciaron cuando ella tenía 9 (Sahih al-Bukhari, 7:62:64).

El Corán es un libro difícil de leer (a pesar de que es mucho más pequeño que la Biblia y el Talmud judío), de estudiar y hasta de entender aun para los árabes. Se recita por medio de cantos y prácticamente se necesita el veredicto de eruditos para obtener consenso en el significado de sus 114 párrafos (Suras). Los musulmanes le consideran un libro perfecto (aunque no está ordenado cronológicamente), imposible de haberse podido escribir por humanos y que no debe ser traducido ni recitado en otro idioma (Dios en esta religión tiene un marcado favoritismo por el idioma árabe).

El Corán no está exento de pasajes problemáticos. En diversas partes se discute el tema de cómo tratar a los esclavos y las maneras de comerciarlos o explotarlos sexualmente (Corán 4:36,4:92,23:5-6,24:31,24:58,33:25-26,33:50,33:55), aunque quizás el más famoso sea el caso de los llamados “versos satánicos” pertenecientes a Sūra an-Najm: 19-20 que se dice contenía un párrafo donde Mahoma exaltaba la divinidad de 3 famosas diosas de los Mecanos, a quien estaba tratando de convertir al Islam mostrando apertura religiosa. El párrafo en cuestión fue removido del Corán, o al menos en torno a esta presunción gira la polémica actual al respecto. Como nota, los Mecanos fueron eventualmente convertidos a la fuerza al Islam, de la misma manera que muchos otros pueblos fueron obligados por la espada a dejar sus dioses para adorar al único Alá.

El Corán en forma similar a otros libros religiosos antiguos está cargado de relatos sobrenaturales y de mitología. Hay ángeles de todo tipo, un paradisíaco Cielo (Jannah), un infierno (Jahannam), un lugar intermedio entre ambos (Barzakh), y un demonio o La Bestia (Dabbat al-Ard) que aparecerá en los finales del mundo, esta criatura tiene “la cabeza como la de un toro, los ojos como los de un cerdo, orejas como las de un elefante, cuernos como los de un venado, cuello como el de un avestruz, pecho como el de un león, colores como los de un tigre, caderas como las de un gato, cola como la de un carnero y piernas como la de un camello”.R10 También incluye relatos fantásticos sobre la creación del mundo en seis etapas, la historia de Adán y Eva, y la del diluvio con todo y Noé y su barca llena de animales. También hay historias extrañas como las de Salomón hablando con hormigas (Sura An-Naml 27:18-19), una donde el Sol cae al final de la tarde dentro de un pozo lodoso (Sura 18:86), y en otra Mahoma hace un viaje de Meca a Jerusalén, y luego al Cielo para hablar personalmente con Alá (donde de paso saluda a Adán, Moisés y Jesús) en un caballo volador (Sahih Bukhari | Al-Isra). Esta última historia no es solo fantasiosa sino peligrosa, pues todavía hoy muchos musulmanes consideran que Jerusalén es su tierra prometida debido a ese viaje.

Una creencia muy particular del Islam es la de la existencia de los “Jinn”, extraños seres que no son ni humanos ni ángeles pero que tienen voluntad propia, son invisibles (convenientemente), hechos de fuego que no crea humo y los hay voladores con alas, parecidos a serpientes y perros, entre otros.R11

El Islam reconoce a Jesús como un profeta, por tanto se le considera un musulmán. A diferencia del cristianismo no reconoce que Jesús haya muerto tras la crucifixión y menos aún que haya resucitado. Sin embargo sí esperan que Jesús regrese a la Tierra, aunque esta vez será para librar una campal batalla contra el Anticristo (“el falso profeta”) y para destruir dos tribus (Gog y Magog) mediante gusanos asesinos que se les clavarán en la nuca.R12 Posteriormente Jesús será el líder mundial por 40 años, luego de los que morirá -de nuevo- y será sepultado junto a Mahoma en la tumba vacía que se encuentra actualmente en Meca, Arabia Saudita, para este propósito.

Cristianismo

Nota: Es necesario hacer una previa distinción entre catolicismo y cristianismo. El Catolicismo se asocia con la institución de la Iglesia Apostólica Romana y su jerarquía de Papas, Obispos, Cardenales y demás, junto con los rituales litúrgicos que la caracterizan. El Cristianismo se refiere a cultos que exaltan a Jesús-Cristo como un ser divino (la palabra Cristo viene de “Mesías”) y por lo general se refiere a denominaciones protestantes/evangélicas que no se rigen bajo los estatutos de la Iglesia Católica. En la medida de lo posible trataré de utilizar los términos correctos de las tantas denominaciones católicas y cristianas, cuando omita el detalle o en caso de no quedar totalmente claro a que credo me refiero debe entenderse que se alude a una religión creyente en la veracidad de la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento).

Finalmente arribamos a la religión más popular de América gracias a su traída por los españoles y otros colonizadores europeos hace unos 500 años. Con un aproximado del 33% de quienes profesan una religión es la que tiene más seguidores en el mundo. Con ella debemos mencionar sus dos pilares principales: la Biblia y Jesús de Nazaret.

El Catolicismo es un tema enorme. Es imposible resumir los más de 3 mil años de historia desde su fundación hasta hoy en día en unos cuantos párrafos. La Biblia menciona miles de episodios donde nombra miles de personas de todo tipo, solamente en el Antiguo Testamento se mencionan alrededor de 600 mandamientos y ordenanzas.R13

La cantidad de datos históricos relevantes, variaciones de cultos antiguos y contemporáneos, diversas interpretaciones exégetas de las tantas traducciones existentes y la convulsa historia de la Iglesia Católica, dificultan que pueda desarrollar este tema de la manera que quizás me hubiese gustado, sin embargo a continuación resalto algunos aspectos claves.

Aclaro que no trato de hacer un apartado sobre la historia de las religiones del mundo, este es un libro sobre la existencia o no de lo sobrenatural, por lo tanto no pretendo que lo que mencione sobre el cristianismo -o ninguna otra religión en particular- sea la última palabra al respecto.

La Biblia

Lamentablemente no hay menciones de robots en la Biblia, aunque esto se compensa con otros relatos sobre cosas realmente increíbles. Algunos ejemplos son:

Monstruos y dragones:

Behemot: un extraño animal con cola que es casi indestructible y se asemeja a un dinosaurio (Job 40:15-24)
Leviatán: un tipo de serpiente marina gigante mezclada con dragón que escupe fuego, y contra la cual Dios gana una pelea cuando le corta la cabeza para luego darle el cuerpo a aldeanos para que se alimenten (un mito que probablemente es copia de la serpiente Lotan del pueblo Ugarita) (Job 40-41, Salmos 74, Salmos 104, Isaías 27).

Súper humanos:

Sansón mata a mil hombres con la quijada de un burro (Jueces 15:16).
Elías corre más rápido que una carroza tirada por caballos (1 Reyes 18:46).
Gigantes de diferentes tamaños (Números 13:33, Deuteronomio 2:10-11, Josué 12:4 [KJ], Amos 2:9), algunos de ellos producto de sexo entre ángeles y humanos (Génesis 6:2-4).
Y por supuesto Jesús que camina sobre agua, levanta muertos, convierte pan en vino y todos sus otros milagros.

Seres sobrenaturales:

Aunque el cristianismo es una religión monoteísta hay menciones de todo tipo de ángeles, demonios, querubines, serafines y espíritus (como Jesús transfigurado y el “Hijo del hombre”), algunos de ellos son considerados casi tan divinos como Dios mismo, en particular el Espíritu Santo, un ser que no es ser ni Dios pero es parte de Dios y está envestido en la figura de Jesús. Los tres elementos: Dios (el Padre), Espíritu Santo (¿?) y Jesús (el hijo) son referidos en nuestra época como la Santísima Trinidad, es decir tres divinidades en una sola (casi al estilo del Hinduismo), una idea respaldada por 1 Juan 5:7-8, un texto que fue prácticamente incluido a la fuerza en Biblias modernas (no estaba en la Vulgata en Latín de Jerome y el consenso la descarta como una parte original en 1 Juan) en un episodio de presión de la Iglesia Católica por afirmar la Trinidad en el acto conocido como la Coma Joánica. El tema es tan complejo que en teología cristiana hay todo un campo de estudio dedicado a esto: la neumatología.

El catolicismo va más allá y rinde culto no solo a la Trinidad (3 dioses en 1) sino que agrega la devoción a santos y Vírgenes en su homilía (aunque esto no es mencionado en la Biblia), razón por la cual muchos no-católicos pudieran entender esta religión como politeísta.

Reglas drásticas:

Los defensores de los animales y los vegetarianos católicos/cristianos ciertamente tendrán problemas explicando cómo su fe no concuerda con la enorme cantidad de sacrificios de animales que se hacen y se solicitan en la Biblia (como el de todos los ahogados a propósito con el diluvio de 40 días), la cual contradictoriamente en ocasiones dice que a Dios le gusta el dulce olor a carne a la parrilla (Génesis 8:21) y en otras que no hacen falta los sacrificios animales (Salmos 51:16, Isaías 66:3, Salmos 40:6).

La menstruación era un verdadero problema para las mujeres en los tiempos bíblicos, pues no se veía como algo normal y natural sino como algo sucio e impuro. Levítico 15 tiene una extensa lista de reglas del comportamiento que debe tener una mujer cuando anda con su periodo: quien la toque será impuro, en lo que siente es impuro, en lo que se acueste es impuro, incluso quien toque las sillas donde se sienta debe bañarse y considerarse impuro por el resto del día (Lev. 15: 19-30).

Dios condena apedrear a muerte a los hijos rebeldes, glotones y borrachos (Deuteronomio 21:18-21), también a las mujeres que se casen no siendo vírgenes (Deuteronomio 22:21), en el versículo siguiente también a las personas casadas que comentan adulterio, y en los dos versículos siguientes se mandan apedrear las mujeres vírgenes que estando comprometidas sean abusadas por extraños.

Literalmente los hombres homosexuales deben morir (Levítico 20:13).

Hechiceros:

Aunque la mayoría se mencionan solo brevemente (por lo general en forma de desprecio y como adoradores de otros dioses de la época) existe la historia del hechicero más famoso del mundo: Moisés. A él tanto judíos como cristianos le atribuyen los primeros cinco libros de la Biblia (el Pentateuco).

Nacido producto del incesto entre Amram y Jochebed la hija de su padre (Ex.6:20) huyó de Egipto luego de asesinar brutalmente a un egipcio en medio de una pelea (a pesar de que esto contradice el mandamiento #13 que él mismo entregó a su pueblo), lo que le convirtió en un asesino en fuga que no recibió castigo por su homicidio. Eventualmente regresó a Egipto para imponer las 10 extrañas plagas mandadas por Dios contra los egipcios.

Moisés tiene en su poder un poderoso báculo (un tipo de bastón) con el que abre el Mar Rojo en dos, transforma el río Nilo en sangre, golpea una roca de la que brota agua, y el cual al tirarlo al suelo se convierte en una serpiente que come serpientes en el famoso duelo de magos contra los del Faraón. Tan poderoso es su báculo mágico que el Islam dice que “la Bestia” vendrá a separar los justos de los infieles usando la vara de Moisés.

Otros eventos sobrenaturales:

El recuento de la formación del universo y la Tierra -animales y humanos incluidos- en 6 días
Diluvios por 40 días que destruyeron toda la vida en el planeta
Mares que se separan a la mitad
El Sol se detiene (Josué 10:13)
Burros que hablan (Números 22:28)
Arbustos que hablan
Peces que escupen monedas (Mateo 17:24-27)
Serpientes que hablan
Lluvias de azufre y fuego (como en la destrucción de Sodoma y Gomorra)
Tres días de oscuridad total (una de las plagas contra los egipcios)
Personas que se convierten en pilares de sal (Génesis 19:26)

Incestos:

Las dos hijas del anciano Lot lo embriagan para tener sexo con él, producto del cuál tienen hijos (Génesis 19:30).
Abraham se casa con su hermana Sara (Génesis 12:10-20, Génesis 20).
Amnon con su hermana (2 Samuel 13:22)
Y los incestos no mencionados pero supuestos de la descendencia directa de Adán y Eva (como la esposa de Caín).

Actos grotescos:

Saúl le pide a David que para poder casarse con su hija debe traerle 100 prepucios, es decir mutilar 100 penes (1 Samuel 18: 25-27).
Comida cocinada con excremento humano (Ezequiel 4: 12).
Jesús maldice un árbol de higos por no tener higos cuando se le antojaron (aun cuando sabía que no era temporada de higos) (Marcos 11: 12-14).
Elías invoca en nombre de Dios a dos osos salvajes para que hagan pedazos a 42 niños que se burlaban de su calvicie (2 Reyes 2:23-25).
Potentes hombres con pene como el de un asno y semen como el de un caballo (Ezequiel 23:20).
Jesús hace que cerdos sean poseídos por demonios (Mateo 8:28-34).
Dios le recuerda a Moisés que es El quien hace a propósito a los mudos, sordos y ciegos (Exodo 4:11).
Toda persona que trabaje en el día sábado debe ser asesinada (Exodo 31:15).
 Dios indica quienes no pueden rendirle culto: “Ni ciego, ni cojo, ni uno que tenga el rostro desfigurado, o extremidad deformados, ni hombre que tenga pie quebrado o mano quebrada, o jorobado, o enano, o que tuviere nube en el ojo, o que tenga sarna, o empeine, o que tenga los testículo dañados.” (Levítico 21:18-20).
Y entre los eventos más extraños está el de Dios maldiciendo y untando excremento en la cara a quienes no den honor a su nombre (Malaquías 2:3).

Homicidios y masacres:

Para terminar este pequeño resumen de algunas historias fantásticas, grotescas o inmorales, he de mencionar algunos de los muchísimos homicidios que se describen en la Biblia:(nota 21)

Dios le indica a Moisés que hacer con los Medianitas: “Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Hostigad a los madianitas y heridlos (Números 25:16-17)… Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón (Números 31:7)… Y los hijos de Israel tomaron cautivas a las mujeres de Madián y a sus pequeños; y saquearon todo su ganado, todos sus rebaños y todos sus bienes. Después prendieron fuego a todas las ciudades donde habitaban y a todos sus campamentos (Números 31:9-10)…[Moisés dice] Ahora pues, matad a todo varón entre los niños, y matad a toda mujer que haya conocido varón acostándose con él. Pero a todas las jóvenes que no hayan conocido varón acostándose con él, las dejaréis con vida para vosotros” (Números 31:17-18).
Dios asesina todos los niños primogénitos de Egipto (Exodo 12:29).
Moisés ordena a los Levitas asesinar a 3000 israelitas en un solo día, sin importar si alguno de ellos es su hermano, amigo o vecino (Exodo 32:27).
Dios remata los sobrevivientes de una batalla con enormes piedras que tira desde el cielo (Josué 10:11).
12.000 soldados (los hijos de Israel) matan a todos los habitantes de Jabes-galaad para conseguir mujeres vírgenes para sus soldados, luego de matar hombres, mujeres casadas y sus hijos, secuestraron las 400 vírgenes que encontraron (Jueces 21:10), pero no eran suficientes para todos (Jueces 21:16), así que fueron a un festival a secuestrar toda mujer virgen que encontraran (Jueces 21:21).
Dios envía leones a matar a los habitantes de un pueblo porque no le temían (2 reyes 17:25).
Una plegaria que raramente escucho en sermones: “Bienaventurado el que tomará y estrellará tus niños contra las piedras” (Salmos 137:9).
Dios le dice a toda la congregación que apedree hasta la muerte a un campesino que se encontraba recogiendo leña (probablemente para cocinar o calentar la casa de su familia) en el día de reposo (Números 15:32-36).
Y para concluir este es el discurso de guerra de Dios: “Martillo me sois, y armas de guerra; y por medio de ti quebrantaré gentes, y por medio de ti desharé reinos; Y por tu medio quebrantaré caballos y sus cabalgadores, y por medio de ti quebrantaré carros y los que en ellos suben; contigo destruiré hombres y mujeres, contigo destruiré viejos y niños, y contigo destruiré jóvenes y doncellas. También quebrantaré por medio de ti al pastor y a su manada: quebrantaré por tu medio á labradores y sus yuntas; y duques y príncipes quebrantaré por medio de ti” (Jeremías 51:20-24).

Estas menciones de muertes, asesinatos, violaciones, infanticidios, ejecuciones, emboscadas, reglas morales absurdas, secuestros y genocidios, son apenas una breve mención de los que se encuentran en la Biblia, hay muchas otras historias similares por doquier.

Hay quienes quisieran refutar algunos de los pasajes anteriores diciendo que están citados fuera de contexto o que se dicen metafóricamente, ante lo cual le invito a que tome su Biblia y lea los pasajes detenidamente y juzgue por usted mismo qué es lo que dice. Para muchos la Biblia es la fiel palabra de Dios mismo y sin embargo la gran mayoría de católicos y cristianos no la han leído detenidamente de principio a fin. Irónicamente muchos sí han leído otros libros completos, incluso más voluminosos, de otros autores. Al parecer cuando Dios escribe un libro es menos interesante que cuando J.K. Rowling o J.R.R. Tolkien escribe uno.

En forma similar habrá quienes reclamen que solamente cito las partes oscuras, violentas y malas de la Biblia y que omito las partes llenas de bondad y mensajes positivos. Pero ¿por qué deberían de citarse solamente los pasajes “buenos”? Cada vez que un cristiano o judío -y en parte hasta un musulmán- dice que la Biblia es “la palabra de Dios” no solo está validando la autenticidad de las partes con mensajes positivos, sino que a la vez también exalta y valida todas las historias violentas, fantásticas y grotescas que se encuentran ahí. A menos claro que se evite hablar de esas partes en cultos, misas, seminarios, retiros espirituales, cadenas de oración y estudios bíblicos, esta es la solución de muchos predicadores y seguidores, no niegan que tales historias estén en la Biblia, sencillamente las manipulan o ignoran hasta donde sea posible.

Como hemos visto en relatos de otras religiones, la Biblia no es única en muchos de sus pasajes pues incluye todo tipo de historias que eran parte de religiones de la época o de mucho antes. También hay escritos de otras religiones que tienen similitudes con el concepto bíblico de la creación del mundo (incluidos el Cielo y el infierno) y los seres vivos, terminando en su destrucción apocalíptica.(nota 22)

El Antiguo Testamento bien pudiera ser descrito en una sola palabra como… Antiguo! Tanto así que si alguna persona promedio de nuestra época pudiese de alguna manera viajar en el tiempo hacia los desiertos del medio oriente en la época del Antiguo Testamento, muy probablemente sería ejecutada bajo cargos de herejía por la manera en que se viste, por su dieta, por lo que piensa sobre política, economía, sexo, o por hablar de astronomía, medicina o biología del siglo XXI. ¿Te gustaría viajar en el tiempo para conocer a Jesús, Moisés o Noé? Considéralo de nuevo porque muy probablemente sus seguidores no permitirían que regreses con vida del viaje.

En La Biblia no se menciona durante milenios el concepto de un Cielo donde la gente buena era mimada en un lugar paradisiaco, ni el de un infierno donde por siempre se viviera torturado por demonios, (nota 23) el Antiguo Testamento tampoco define con detalle al Diablo como un ser rival a Dios con poderes sobrenaturales. Es hasta el Nuevo Testamento donde hay un cambio radical en el tipo de escritura y teología. Todo cambió y una nueva teología surgió gracias a la aparición de la persona más famosa en la historia de la humanidad: Jesús.

Jesús y los evangelios

“No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada.” – Jesús (Mateo 10:34)

En un viaje de negocios a Carolina del Norte, E.U., mi auto se averió. Como era rentado, la compañía mandó una grúa para recogerlo y llevarme hasta el aeropuerto donde me esperaba otro para remplazarlo. Al entrar a la cabina de la grúa la encontré llena de postales con mensajes bíblicos, crucifijos y una Biblia entre el asiento de mi sureño chofer y el mío. Por casi una hora el recorrido fue un incómodo silencio, eventualmente decidí romper el hielo diciéndole “Se nota que eres una persona muy religiosa”, a lo cual respondió: “En realidad no, pero soy un gran seguidor de Jesús”. Luego de charlar un poco me percaté de que al parecer al chofer no le interesaba nada de la Biblia más que las enseñanzas de Jesús. Luego confirmé qué tan común es ese pensar en la zona cuando al abrir una gaveta del cuarto del hotel encontré una pequeña copia del Nuevo Testamento, lo que me recordó muchas ocasiones similares en hoteles de otros lugares donde encontré el pequeño libro azul (cortesía de la organización evangélica Gedeones). En los hoteles que todavía practican esto, usualmente no dejan una Biblia completa a los huéspedes, sino únicamente la parte de la Biblia que habla de Jesús (junto con Salmos y Proverbios usualmente).

Antes de hablar de Jesús debo decir que de hecho me gustan algunas cosas de él: nunca celebró la navidad ni la Pascua, no usaba crucifijos alrededor del cuello y le decía a sus seguidores que se sacaran los ojos y se arrancaran los brazos si estos los hacían pecar. (Mateo 5:29-30)

La mayoría de lo que se sabe sobre la vida y ministerio de Jesús proviene de los tres evangelios sinópticos(nota 24) de Mateo, Marcos y Lucas, junto con el evangelio de Juan (el cual no es considerado sinóptico pues es considerablemente diferente a los otros tres). Ni Marcos ni Lucas eran parte de los 12 apóstoles, lo cual en realidad en este caso es irrelevante pues en realidad no se sabe quien escribió ninguno de los evangelios. Ninguno identifica quién es el autor y fue hasta mucho después de escritos que los primeros cristianos los empezaron a llamar los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Quienes los escribieron no presenciaron ninguna de las cosas que supuestamente Jesús hizo o dijo, esto por cuanto, muy probablemente, ni los apóstoles ni los seguidores cercanos a Jesús sabían ni leer ni escribir, y porque fueron escritos hasta unos 65 años luego de su muerte, además no se escribieron en Arameo (el idioma de Jesús) sino en Griego (es decir no tenemos copia de las palabras originales ni tampoco idea de quién hizo las primeras traducciones para evaluar la exactitud de la misma), lo cual es señal de que fueron escritos por personas con tradiciones muy diferentes a las de Jesús, en un lugar muy lejano de la antigua Palestina donde ocurrieron los supuestos eventos.

La historia de Jesús no es del todo la única, existen escritos antiguos no-hebreos sobre relatos de profetas nacidos de mujeres vírgenes, hijos producto de la relación de un dios con una mujer humana (Hércules por ejemplo), personas iluminadas que resucitan muertos, y semi-dioses que mueren y resucitan al tercer día.(nota 25)

Los evangelios llegan hasta nosotros luego de décadas de haber existido sólo en tradiciones orales, es decir que una persona lo contó a otra que lo contó a otra y este a otra, quizás incluso en diferentes ciudades, hasta que finalmente alguien lo suficientemente educado como para ser letrado decidió escribir la historia que escuchó. Usualmente las historias orales varían cuando se relatan por mucho tiempo entre muchas personas, como en los juegos de niños que juegan al “teléfono descompuesto” y se pasan una frase de un lado a otro para oírla cambiada al final. En el caso de las historias sobre Jesús, pasaron por una larga cadena de personas durante un lapso de tiempo muy prolongado. No sería sorprendente que las copias -y por tanto los evangelios actuales- no sean del todo exactas entre lo que relatan y los hechos que realmente ocurrieron.

Aun si se ignora este importante dato sobre la tradición oral y sus autores anónimos, hay un hecho más preocupante: no siempre concuerdan.(nota 26)

A pesar de que los cuatro evangelios son muy similares -sobre todo entre los sinópticos- hay cosas que solo se dicen en uno o en dos, así mismo hay historias que se contradicen al contar un mismo hecho (considérense los diversos relatos de su bautismo, crucifixión y resurrección). Los eruditos del Nuevo Testamento que lo han estudiado por cientos de años incluso cuestionan que ciertas partes hayan sido escritas por el autor original, algunas según su criterio fueron añadidas durante el largo proceso de copiar las copias.

No hay un texto completo original de ninguno de los evangelios, lo que hay son fragmentos de manuscritos de distintas eras (separadas algunas por cientos de años) que son copias uno del otro hechas en distintos lugares y en distintos lenguajes como Griego, Latín, Sirio, Eslávico, Etíope y Armenio, es decir muchas son traducciones (o traducciones de traducciones) hechas por diversos escribas con estilos de escritura diferentes. No hubo un texto del Nuevo Testamento completo en griego hasta el siglo XVI (es decir 1500 años luego de los hechos).

El Nuevo Testamento actual es una recopilación de unos 25.000 manuscritosR14 que son copias de copias de copias de copias de copias de copias de copias de copias, etc. El detalle con estos manuscritos es que aunque son copias uno del otro no siempre son iguales. Existen diferencias entre estos, algunas pequeñas como faltas de ortografía y otras enormes como mencionar mal un lugar o el nombre de una persona. Para ponerlo en perspectiva, considere que hay más diferencias entre las copias que letras en todo el texto completo del Nuevo Testamento.

Considerando lo anterior, es notorio que difícilmente desde un punto de vista histórico se puedan rastrear las palabras y hechos atribuidos a Jesús hasta él mismo. Probablemente Jesús sí dijo e hizo muchas de las cosas que el Nuevo Testamento indica, pero hay que considerar que las tradiciones orales sobre Jesús que luego fueron escritas, las originaron seguidores de un nuevo tipo de cristianismo que surgió algunas décadas luego de su muerte, quienes como bien se puede asumir, tendrían una agenda personal sobre cómo exaltar la divinidad de Jesús.

Un caso ejemplar son los escritos del apóstol Pablo (quien por cierto tampoco fue uno de los 12 apóstoles, y de hecho nunca conoció a Jesús en persona), quien fundó las primeras iglesias cristianas y escribió 14 de los 27 libros del Nuevo Testamento. Los escritos de Pablo (epístolas en forma de cartas, algunas escritas por sus asistentes como Tercio identificado en Romanos 16:22) son el inicio de la cristología, es decir de la teología cristiana que define a Jesús como el Hijo de Dios que vino a salvar al mundo prometiendo vida eterna (o fuego infernal para quienes no lo acepten).

Es difícil considerar los evangelios como textos fieles a las palabras y hechos de Jesús, pero aun si se aceptan como tales, retratan a Jesús como una persona diferente al humano perfecto que actualmente se exalta. Algunas de sus creencias y manifestaciones son típicas de un joven judío habitante de Galilea durante el primer siglo C.E., y otras son propias de un mesías apocalíptico que se consideraba ungido por Dios (mas no Dios encarnado), por ejemplo:

Creía que el fin del mundo, es decir el día del juicio final, iba a suceder en menos de 100 años, no miles de años después (Mateo 16:28, 24:34; Lucas 9:27).
No estaba seguro de qué pensaban sus seguidores sobre quién era él (Lucas 9:20).
Su consejo para acceder a la vida eterna es dejar el hogar, las propiedades y la familia en su nombre (Mateo 19:29).
Hablaba en parábolas para confundir a la gente y así hacer que se condenen solos, mejor dicho “…para que no se conviertan y les sean perdonados sus pecados” (Marcos 4:12). En varias ocasiones ni sus mismos discípulos entendían sus extrañas parábolas (Marcos 7:17).
Quien no esté bautizado (unos 5 mil millones de seres humanos actualmente) será condenado (Marcos 16:16). Y también quien no crea en su mensaje (Marcos 16:16).
Se enoja cuando exaltan a su madre -la Virgen María- refutando que ella no es bendecida “…al contrario, dichosos son los que oyen la palabra de Dios” (Lucas 11:27-28).
Tenía la extraña y casi caníbal idea de “…que si no comen la carne del Hijo del Hombre y beben Su sangre, no tienen vida en ustedes” (Juan 6:53).
Dice que quien crea en él puede realizar todos sus mismos milagros y pedir cualquier cosa (Juan 14:12-13). Sin embargo 2.000 años después no hay casos comprobados de nadie que haya hecho milagros semejantes. Tampoco se le da todo a quien lo pida, sino que lo digan aquellos que mueren de hambre, porque la comida -a diferencia del Maná de Moisés- no cae del cielo por más que recen por ella.
Quien crea en él puede tomar cualquier veneno mortal sin problema (Marcos 16:18).
A pesar de ser crucificado, está inmune de la maldición de Dios sobre aquellos que cuelgan de maderos (Deuteronomio 21:22-23).
Indica que al esclavo (o siervo, del Griego doulos también palabra para “esclavo”) que sabía la voluntad de su amo y no la hizo se le azote mucho (Lucas 12:47), y al esclavo que aunque no la sabía tampoco la hizo se le azote también… pero un poco menos (Lucas 12:48). En contraste no hay citas de Jesús hablando en contra de la esclavitud (o el aborto, anticonceptivos, explotación infantil, eutanasia, erradicación de pobreza, uso de drogas…).
Amenaza con atar una piedra de molino al cuello y tirar al mar a quienes “hagan tropezar” a sus discípulos (Marcos 9:42).

Me pregunto cuántos seguidores de Jesús están dispuestos a seguir todas sus enseñanzas al pie de la letra, en cuyo caso deben vender todo y abandonar su familia, tomar veneno para probar su fe, apoyar la esclavitud y dejar que lo abusen cuanto quieran dando la otra mejilla siempre, aunque en ocasiones puede tirar a sus detractores al mar atados y cargados de piedras en los bolsillos.

Algo común en sermones y prédicas sobre Jesús es el constante recuento sobre su terrible sufrimiento horas antes de su muerte y que esto lo hizo voluntariamente pensando en nosotros (2.000 años después). Basta con entrar en una iglesia católica y ver las ilustraciones de las estaciones del Viacrucis, o alguna película sobre su crucifixión como la famosa “Pasión de Cristo” de Mel Gibson, para que nuestro sentido de solidaridad hacia el dolor ajeno se dispare ante tanta imagen sangrienta al ver la agonía de Jesús clavado en la cruz (¿será que si en lugar de una cruz hubiese sido ejecutado con una guillotina los católicos llevarían guillotinas colgando de sus cuellos en lugar de crucifijos?).

El sufrimiento y muerte de Jesús fue eventualmente considerado por sus seguidores no como el castigo del imperio romano hacia un ciudadano que alteraba la paz proclamándose a sí mismo Rey de los Judíos, sino como el hecho primordial que trae salvación a todas las personas de todas las épocas futuras. Su muerte para ellos crea el avenimiento -es decir la reconciliación- entre los hombres y Dios, trae el perdón de los pecados y es la puerta a la vida eterna. Esta idea es el eje central en la doctrina cristiana, la cual acarrea un clásico problema teológico sobre si la salvación se obtiene solamente mediante la fe en Cristo, o por acciones para agradar a Dios (la Biblia es contradictoria en este aspecto).

Una y otra vez en las prédicas católicas y cristianas se recuerda el doloroso sufrimiento de Jesús desde el juicio hasta su eventual y agonizante muerte. Sin embargo el sufrimiento de Jesús no es el peor sufrimiento que un ser humano haya recibido, aunque ciertamente debió ser extremadamente doloroso, muchísimas personas han sufrido peores torturas, sin el beneficio posterior de que por ello sean proclamados salvadores de la humanidad.

Entre los incontables casos de terribles agonías se encuentra el de Mansur Al-Hallaj (alrededor del año 900 D.C.), un místico persa que creía estar en unión con Dios de manera que él y Dios eran lo mismo (similar a lo que decía Jesús), por lo cual se le ejecutó en público cortándole las piernas, los brazos, la lengua y finalmente la cabeza, posteriormente sus restos fueron quemados (quizás para evitar peregrinaciones a su tumba o que fuesen robados y lo declararan resucitado).

Muchos otros mártires, la mayoría cristianos protestantes y católicos opositores a la jerarquía real de las épocas medievales, fueron sentenciados al proceso establecido por la pena capital de la época: ser arrastrados por un caballo, ahorcados hasta casi el punto de la muerte por asfixia, luego cortarles el pene y testículos, abrirles el abdomen para exponer los intestinos frente a sus ojos, para finalmente cortarles la cabeza y descuartizarlos, sus restos eran esparcidos por la ciudad como señal de advertencia.

 

 

 

 

Algunas de las tantas maneras de tortura de las épocas medievales se ilustran en este dibujo.

 

Muchas otras técnicas y dispositivos de crueldad fueron usados para castigar criminales, herejes y subversivos al gobierno.

 

Cientos de religiosos murieron de maneras atrocesR15 y el conteo que existe solo incluye los casos documentados, bien podemos imaginar que otros tantos miles murieron de maneras terribles bajo cargos similares -incluso menores- a los imputados a Jesús, algunos quizás por defender las enseñanzas de él.

Su nombre a como es ícono de salvación también lo ha sido de sufrimiento, desde el inicio. Jesús nace y todos los bebés de un pueblo son asesinados solamente por eso. Según el Evangelio de Mateo apenas recién nacido Jesús su sola presencia causó la muerte de todos los bebés en Belén luego que los Reyes Magos le comentaran a Herodes que el nuevo Rey de los Judíos (INRI) nacería ahí (¿qué no podía Yahveh salvar a esos inocentes bebés? ¿Era la muerte de ellos parte de su plan con Jesús?).

Está claro para muchos historiadores que Jesús tenía hermanos (lo cual implica que María tuvo relaciones sexuales en varias ocasiones), el ejemplo más claro es Santiago “el justo” que se menciona en los evangelios literalmente como el hermano de Jesús (Marcos 6:3, Mateo 13:55-56, Gálatas 1:19, Juan 7:3, 1 Corintios 9:5).

Uno que definitivamente no era pariente suyo fue el chino Hong Xiuquan, quien fuese el fundador de un movimiento llamado “El Reino Celestial de Taiping” en el sur de China. Hong lideró una rebelión entre 1850 y 1864 donde murieron 20 millones de personas, la mayoría civiles, luego de que supuestamente recibió visiones divinas donde se le auto-reveló que él era el hermano menor de JesúsR16, causando más torturas y muertes en el nombre del Señor. En mi opinión Hong en lugar de provocar la muerte de 20 millones de personas en su cruzada religiosa, debió hacer lo mismo que Arnold Potter, un líder mormón que aseguraba que Jesús había entrado en su cuerpo y que para probarlo se lanzó de un risco con la intención de ascender al Cielo como Jesús. En lugar de esto, murió en la caída y fue enterrado el mismo día, dicho sea de paso no resucitó tampoco.

El relato de la muerte de Jesús no es único, ni tampoco todas sus enseñanzas. Hay una gran dosis de pensamiento judío-helenístico, Asceta, Jainista y Cinista en ellas. No es de extrañar que tales influencias se hayan dado considerando por ejemplo que el centro de filosofía Cínica en la época de Jesús era la ciudad de Gadara, que quedaba a tan solo un día de distancia a pie desde Nazaret. Otro ejemplo es una enseñanza del Brahmanismo/Vedismo (~ 300 B.C.E.) que dice “Esta es la totalidad del Dharma [deber]: No le hagas a otros lo que cause dolor si te lo hacen a ti” (Mahabharata, 5:1517), una frase muy similar a la “regla de oro” de Jesús en Mateo 7:12.

A todo esto se añade el hecho de que Jesús era seguidor del movimiento de Juan el Bautista, quien tenía influencias ascéticas (movimientos que buscan purificar el alma mediante estrictos códigos morales) provenientes de los Esenios, estos eran una secta judía cuya filosofía giraba en torno a un apocalipsis, inmersión a la fe por bautismo, celibato y renuncia a lo material, aspectos que se reflejan en la filosofía de Jesús.

De manera personal tengo cierta admiración por Jesús, mas no por su ministerio sino porque me parece que era el tipo de persona que tenía las agallas suficientes para decir las cosas en público como las creía, aun sabiendo las posibles consecuencias. Es evidente que fue una persona de un gran carisma, capaz de hacer que multitudes lo siguieran, y que su círculo de amigos continuara con su legado luego de su muerte. Aunque no creo que él supiera que se convertiría en la persona más famosa de toda la humanidad. Su nombre –en diversos idiomas y variaciones- sigue siendo escogido para millones de recién nacidos alrededor del mundo. Muchos han hallado en él paz espiritual, otros al contrario han encontrado la muerte de manera violenta al defenderlo.

Me parece que el Jesús exaltado al nivel de Dios mismo, el hacedor de increíbles milagros, el resucitado de entre los muertos según los evangelios, es un retrato exagerado de la figura histórica real.

Nunca sabremos lo que opinaría actualmente Jesús sobre la evolución de su popular ministerio y las muertes que en su nombre se han producido. A pesar del criticismo sobre la veracidad histórica de su vida y sus enseñanzas, miles de millones de personas lo han aceptado como su Salvador personal, y todavía siguen sus pasos 2.000 años después. Quizás aunque la verdad está expuesta y sea accesible, la mayoría adopta la posición del famoso novelista ruso Dostoyevsky: “Si alguien me pudiera probar que Cristo está por fuera de la verdad, y si realmente la verdad excluyera a Cristo, preferiría permanecer con Cristo que con la verdad”.

 

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Grupos cristianos

Aclaro nuevamente que este libro no debe considerarse militante en contra de ninguna religión, movimiento espiritualista o grupo de creyentes de ningún tipo de credo en específico. Deliberadamente excluyo las incontables religiones, cultos y sectas de grupos aborígenes minoritarios alrededor del mundo. Trato en la medida de lo posible y tanto como el contexto lo permita de ser equitativo, mostrando incluso el lado opuesto a los temas que se exponen cuando lo considero necesario. Dicho esto he aquí tres grupos protestantes evangélicos que no podía dejar de mencionar.

1.      La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Mejor conocidos como los mormones. La historia sobre su fundación y su texto sagrado es realmente original, por decir lo menos.

Su fundador Joseph Smith ocasionalmente se dedicaba a buscar tesoros usando “piedras filosofales” o cristales que funcionaban como un tipo de bola de cristal mágica.R17

En 1823 el ángel Moroni (hijo del profeta Mormón que a los 15 años fuera visitado por Jesús 300 años después de su muerte) se le apareció a Smith cerca de su casa en Nueva York, E.U., indicándole dónde se hallaba escondido un libro hecho de tabletas de oro escrito en un tipo de lenguaje egipcio no tradicional. Smith encontró las tabletas junto con un par de “piedras reveladoras” llamadas Urim y Thummim, una especie de compás hecho por Dios (Liahona) y otros extraños artefactos. Con ardua dedicación tradujo las tabletas de oro metiendo la cabeza en un sombrero en el que tenía una piedra reveladora, convirtiéndolo en un tipo de aparato traductor de egipcio antiguo no-tradicional al inglés. Ayudado por las piedras Urim y Thummim que usaba en unos anteojos que colgaban de una placa que llevaba al pecho, obtuvo revelaciones que sumadas a la traducción del sombrero permitieron compilar el Libro del Mormón el cual es la base del popular movimiento religioso actual.

Lamentablemente no hay como validar tan fantástica historia pues –convenientemente- Smith devolvió los artefactos al ángel Moroni; o al menos esa es la historia detrás de la historia.

Un incidente memorable ocurrió en 1830, cuando Joseph Smith dijo a sus seguidores que Jesús regresaría pronto en un pueblo de Missouri y que por tanto esas tierras debían ser de ellos acusando a sus ocupantes como enemigos. Semejante revelación causó una revuelta que llevó a una guerra civil en 1838 entre miles de mormones y los habitantes de Missouri. Smith fue asesinado por una muchedumbre cuando se encontraba encarcelado bajo cargos de desorden público.

Los mormones han sido desde su fundación abiertamente un grupo que acepta la poligamia (Smith tuvo unas 30 esposas)R18, aunque después de 1890 solo unas pocas sectas siguen con la tradición.

2.      Testigos de Jehová

Lo que inició como un pequeño grupo de estudio bíblico con la publicación Atalaya en 1879 es ahora un movimiento con millones de seguidores. A pesar de la enorme cantidad de “testigos” sus estatutos dicen que solamente 144.000 de ellos serán llevados al Cielo al lado de Dios y Cristo, el resto podrán optar por vivir eternamente en una especie de paraíso aquí en la Tierra.

Ningún otro movimiento religioso ha causado tanto revuelo escatológico(nota 27) -seguidos de cerca por los primeros grupos Adventistas- pues han predicho el fin del mundo (o la venida del Reino de Dios mejor dicho) en diversas ocasiones y obviamente fallado en todas las predicciones. La cantidad de veces que públicamente han anunciado el fin del mundo son demasiadas para listarlas sin aburrir al lector, pero si gusta estudiarlas, las más controversiales fueron las predichas para los años 1914, 1918, 1925 y 1975.

Los Testigos de Jehová son regidos por una organización legal en Nueva York, su sociedad incluso adquirió una mansión en California para dar posada a los profetas Abraham, Moisés, David, Isaías y Jesús cuando resucitaran en alguna de las fechas predichas. La propiedad se vendió en 1948 cuando ninguno de los profetas resucitó para habitarla.

En 1960 la sociedad impuso que todos sus miembros debían predicar puerta a puerta al menos 60 horas al mes, práctica que algunos continúan a la fecha, aunque quizás su práctica más controversial es la doctrina introducida en 1945 sobre asuntos relacionados con sangre: no aceptan transfusiones ni pueden donar sangre, ni siquiera en casos cuando sus vidas o la de familiares están en inminente peligro.

Su libro oficial es la Biblia, sin embargo es una Biblia traducida a su manera (la Traducción del Nuevo Mundo) por traductores anónimos que la sociedad no está dispuesta a revelar, siendo así que difiere en muchas partes con las traducciones aceptadas de la Biblia (aunque siendo un poco justo al respecto muchas Biblias difieren de otras y no hay ninguna “oficial”).

3.      La Iglesia del Señor Jesús con señales posteriores:

En algunos lugares rurales de las montañas Apalaches, E.U., existen iglesias que se toman bastante en serio la cita de Jesús resucitado en Marcos 16:17-18 (nota 28) “…en mi nombre… tomarán serpientes en las manos, y aunque beban algo mortífero no les hará daño...”. En estas iglesias los asistentes manipulan serpientes venenosas que se encuentran en el púlpito, los más osados pueden beber veneno de serpiente si lo desean.

A la fecha hay 60 casos documentados de miembros de estas iglesias de origen Pentecostal que fallecieron por mordeduras de las serpientes.

Dichosamente el autor de Marcos no vivía cerca de un mar cargado de Ballenas Asesinas (Orcas), no quisiera imaginarme a estos fieles tirándose en estanques de gigantes acuarios.

El religioso desnudo

Después de este breve repaso por las principales religiones del mundo le invito a hacerse las siguientes preguntas:

¿Leerías textualmente los pasajes sangrientos y grotescos de la Biblia a tus hijos pequeños?
¿Estarías dispuesto a hacer todo, absolutamente todo lo que mandan tus libros sagrados?
¿Aceptas que la palabra de Dios se obtiene usando anteojos hechos con piedras reveladoras mirando dentro de un sombrero?
¿Castigarías con latigazos a una adolescente por caminar sola en la calle?
¿Dejarías a tus niñas dormir desnudas con hombres adultos?
¿Apoyas la matanza anual de 500.000 animales en un solo ritual para honrar un ser supremo?
¿Dejarías a tu hija de 6 años casarse con un señor?
¿Tomarías veneno de serpiente?
¿Te bañas cada vez que tocas una silla donde se sentó una mujer con su periodo menstrual?
¿Matarías a tu mejor amigo porque decide cambiar su religión?
¿Dejarías morir a tu hijo(a), padre, madre, hermano(a) porque te rehúsas a donarles sangre luego de un accidente?
¿Seguirías una estricta y excéntrica dieta igual a la de personas de hace 3000 años?
¿Le rendirías culto a un dios de cuatro brazos que se regocija cortando partes humanas en baños de sangre?

Si la respuesta a todas esas preguntas fue no, en realidad no eres un buen seguidor de tu religión. De alguna manera has hecho que tu religión se adapte a tú forma moderna de vida, aun si eso implica cambiar radicalmente las enseñanzas fundadoras de la religión que profesas. Dicho de otra manera lo que tienes actualmente, suponiendo que eres una persona religiosa por supuesto, es una “religión a la medida” de la manera que te gusta y has hecho lo mismo con tú Dios el cual has adaptado a tu modo de vida cuando debería ser al contrario.

¿Por qué debe ser una religión la adecuada y no la otra? Esta es una de las interrogantes claves mencionadas en el capítulo anterior.

Cuando se es miembro de un grupo religioso es sencillo ver las fallas lógicas de las otras religiones, incluso catalogarlas como descabelladas o barbáricas, pero es una cuestión de perspectiva pues desde el punto de vista de quienes profesan las otras religiones es la de uno la equivocada y extraña. En contraste, el punto de vista de quien no profesa ninguna es claro: ¡todas son igualmente extrañas y descabelladas! Y ninguna más válida que otra.

Justo como en la historia de Hans Christian Andersen donde un Emperador compra un costoso traje que es supuestamente invisible para los tontos, al no poder verlo ni él ni sus seguidores pretenden que sí lo ven para no ser juzgados ignorantes por los demás. Así que el Emperador anda desnudo creyendo que viste un traje y se pasea así por las calles de su reino sin que nadie diga nada al respecto. No se percata de que ha sido engañado hasta que un inocente niño grita "¡el Emperador anda desnudo!”.

Las religiones son la historia de creencias de pueblos antiguos, su variedad es señal de que han sido inventadas por personas de carne y hueso, no por seres divinos. Quienes insisten en que su libro sagrado es producto de Dios y que es una copia textual de sus palabras, deben muchas explicaciones ante la enorme cantidad de baches y problemas que esas palabras crean. Dichosamente hoy contamos con toda la información necesaria para entender el panorama completo, vivimos una época donde podemos realmente vestirnos de inteligencia, no hay necesidad de andar desnudos en ignorancia.


Capítulo 3
Súper villanos y el lado oscuro

“Bismillah! No te vamos a dejar ir, nunca te vamos a dejar ir…Belcebú tiene un Diablo apartado para mí…” – Queen, letra de Rapsodia Bohemia (canción).

Bismillah es parte de la frase recitaba por musulmanes antes de las Suras (capítulos) del Corán, significa “en el nombre de Dios”.

Para los no musulmanes la frase es más popular por ser parte de la pegajosa letra de la opereta-rock Rapsodia Bohemia del grupo Queen, compuesta por su extrovertido cantante Freddy Mercury. El apellido original de Freddy no es Mercury sino Bulsara, Freddy lo cambió y optó por el nombre del famoso dios del panteón romano Mercurio que entre otras cosas guiaba las almas hacia el inframundo. La familia Bulsara tiene sus raíces en los Parsis, un grupo Persa miembro de la religión Zoroastrismo. Freddy Mercury era prácticante de esta milenaria pero inusual religión fundada por el filósofo Zoroastro (alrededor del 600 A.C.) y que aún tiene seguidores.

Una peculiaridad de esta religión es que Zoroastro consolidó los dioses persas –buenos y malos- en una deidad benigna (Ahura Mazda) y otra maligna (Angra Mainyu). De su nueva religión consolidada surge una de las primeras figuras diabólicas que tiene demonios bajo su control y que pelea con el dios bueno en la típica lucha de titanes del bien contra el mal. Si el Diablo tuviese un certificado de nacimiento tendría por fecha y lugar aquellos del Zoroastrismo.

Es aquí, en la parte más “oscura” de este libro donde encontramos al némesis de Dios: el Diablo. Y adjunto a él, uno de los principales problemas filosóficos y teológicos sobre el origen de la maldad.

La maldad en vinyl

Actualmente soy el tipo de persona escéptica. No encuentro evidencia que valide al Diablo, demonios, espíritus malignos, ni fuerzas negativas. De hecho le tengo más temor a los seres humanos, los cuales siempre hacen cosas terriblemente brutales, que a los demonios que nunca veo haciendo maldades similares, a menos claro que uno piense que los humanos hacen lo malo que hacen porque los demonios los obligan a hacerlo, lo cual tampoco creo posible por las razones presentadas en este capítulo.

A pesar de mi incredulidad hacia el Diablo no hace mucho que constantemente se me etiquetaba de diabólico, aunque en su momento no fue nada agradable tal descripción hoy el asunto me parece irónico y hasta divertido. La historia de cómo esto sucedió es la misma por la que muchos de mis amigos pasaron en su momento.

A mediados de los 1980’s, siendo un joven adolescente trabajé en épocas de vacaciones y en algunos ratos libres vendiendo discos de acetato y KCTs en la tienda de un tío. Hoy ambos medios han sido remplazados por la música en formatos digitales -como el MP3- no sin antes pasar por la etapa de los discos compactos. Una de las particularidades de los discos en acetato L.P. (“Long Play”) es que eran muy grandes y por lo tanto permitían elaborar grandes portadas que no pasaban desapercibidas con facilidad, estas constantemente atraían las miradas de los transeúntes que pasaban frente a la tienda. Recuerdo los geniales artes en portadas de discos de Santana, Boston, E.L.P., y Led Zeppelin, entre otros. Pero las portadas que realmente me eran llamativas eran las de grupos de heavy metal: Iron Maiden, Judas Priest, Metallica, Scorpions, Megadeth… obras de arte en mi opinión, algunas hechas por famosos artistas como H.R. Giger y Boris Vallejo.

En cuestión de un par de años, ayudado por el fácil acceso a los discos y un grupo de amigos de gustos similares, me había convertido en un verdadero fanático del heavy metal. Mi primer “walkman” (un toca KCT portátil) se convirtió en mi inseparable compañero de recreos y travesías de autobús, donde las estridentes notas metaleras me brindaban enormes ratos de placer, aunque no pasó mucho tiempo antes de que me trajeran también una serie de problemas familiares y sociales, pues aparentemente estaba cayendo en la trampa del demonio. ¡El Diablo estaba tratando de poseerme al ritmo del heavy metal!, o al menos eso era lo que me decían.

El avance del heavy metal en los 80’s y su creciente número de fanáticos dio hincapié a que grupos cristianos se protestaran en contra del mismo, argumentando que las portadas, vestimentas, escenografías y las letras de las canciones eran dedicadas al culto a Satán (al parecer el Diablo no es partidario de la salsa ni del merengue). No solo argumentaban que las letras de las canciones tenían mensajes demoniacos, sino que también se difundía el oscuro mensaje al subconsciente de los adolescentes mediante el uso de “mensajes subliminales” escondidos, que se revelaban al tocar los discos en reversa (lo cual era fácil de hacer con un disco de acetato). Fue así como Los Beatles, Pink Floyd, Led Zeppelin, E.L.O, Styx y hasta Queen terminaron siendo etiquetados como satánicos al difundir supuestos mensajes diabólicos ocultos en sus grabaciones (dicho sea de paso, no los hay).

Siendo un joven “metalero” en un país Latinoamericano no escapé a la crítica de la época. Mis KCTs terminaban constantemente en la basura, confiscados por la directora del colegio o desapareciendo misteriosamente de mi casa. Tuve reuniones con consejeros y curas, me vi forzado a cortarme el cabello para poder graduarme, fui arrestado varias veces por la sencilla razón de estar en un concierto “clandestino”, y mi jacket llena de parches y dibujos de mis grupos favoritos siempre hacían que la gente no quisiera sentarse a mi lado, con excepción claro de otros fanáticos del heavy que por el contrario buscaban con quien intercambiar material y recortes de revistas. Ninguno de estos últimos me comentó absolutamente nada sobre ir a misas negras, sacrificar bebés, tomar sangre de gallinas o cosas extrañas. Solamente éramos adolescentes rebeldes disfrutando de la candencia de la estridente música heavy.

Dichosamente los tiempos han cambiado y los “metaleros” actuales no son perseguidos ni criticados como en los 80’s. El pelo largo, los aretes en todos lados y la popularidad de los tatuajes no distinguen a un fanático del rock de uno del reggae hoy en día. Eventualmente mis amigos rockeros terminaron siendo en su mayoría profesionales estudiados como doctores y profesores, otros son padres de familia ejemplares y hasta religiosos, ninguno sucumbió ante las garras de Satán, con excepción quizás de unos dos o tres que terminaron siendo abogados.

Para sentirme de alguna manera retribuido por el señalamiento como “satánico” que por muchos años me increparon, he tenido la suerte de ver en vivo a las más feroces y controversiales bandas de heavy metal del mundo aquí mismo en mi país (de hecho he sido telonero de un par de ellas con mi grupo de colegio), mismo que alguna vez reprimió fuertemente dichas bandas y sus seguidores “satánicos”. Como no creo en el Karma, lo llamaré ironía.

El nombre del mal

“Si me conoces ten algo de cortesía, algo de simpatía y algo de gusto. Usa tus bien aprendidos modales o destruiré tu alma. Es un gusto conocerte, espero que hayas adivinado mi nombre…” –Los Rolling Stones, letra de Simpatía por el Diablo (canción)

Parte el frenesí anti heavy metal se debe a que la gente lo asocia con una idea estereotipada del Diablo:

Tiene nombre: Satán, Satanás, Lucifer, El Enemigo, Belcebú, el Príncipe de las Tinieblas, el Pisuicas, etc.
En su apariencia física: tiene cuernos, cola, dientes puntiagudos, patas de cabra y usa un tridente. A veces se parece a un dragón o a Drácula pero con cuernos.
En su apariencia como espíritu: huele mal, es oscuro, tenebroso, rodeado de fuego, aparece y desaparece de la nada.
En lo que desea: que pequemos, hagamos el mal, que le adoremos y que no sigamos ninguna religión.
En quién es: el enemigo de Dios, un ángel caído renegado, la fuerza maligna en el mundo.

Ante esta descripción que ha estado en vigencia por siglos desde épocas medievales, es de notar que la figura del Diablo se parece muchísimo a la de muchos supervillanos de los comics de hoy en día.

De hecho la figura del Diablo ha cambiado tanto en los últimos 100 años que actualmente en lugar de ser un ente maligno que no debe mencionarse y menos alabarse, su figura y la de seres similares se comercializa hoy en todo tipo de películas y video juegos (Hell Boy, Legion, Resident Evil, Doom, Heretic, Constantine, etc.). Satán está actualmente a la altura de vampiros, zombis, alienígenas malévolos, licántropos y todo tipo de monstruos en versiones tenebrosas y caricaturescas graciosas que adornan casas de espanto en ferias, camisetas, cuadernos, figurines, llaveros y todo tipo de artículos para niños, jóvenes y adultos por igual.

Las pocas bandas de heavy metal que quieren enfocarse a difundir mensajes oscuros, sangrientos y diabólicos ya no lo hacen con disimulo, ahora son explícitamente abiertas en su mensaje en las portadas y letras de sus canciones, la censura al respecto sin embargo, es ahora prácticamente nula. Hace unos 20 años todo esto les hubiera parecido a los religiosos fundamentalistas como que el mismísimo Satanás era el amo y soberano del mundo.

Aun con los cambios generacionales y con la comercialización de lo “demoníaco” en forma de juguetes y películas, la idea de que el Diablo existe sigue muy latente entre los católicos, cristianos y musulmanes. Una razón por la que siguen creyendo que existe es sencilla: Dios también existe para ellos. Mientras exista Dios debe de existir un anti-Dios, el supervillano enemigo, una figura contraria que haga las cosas malas, pues por definición Dios únicamente hace las buenas.

Si no existiera el Diablo pero sí Dios, entonces sería muy difícil explicar por qué muchas cosas malas suceden, pero existiendo el Diablo es fácil deducir que Dios tiene un adversario y que existe la “raíz de todos los males”, alguien de un poderío similar pero opuesto, que hace cosas malas para obstaculizar nuestro camino al Cielo o para presentarnos retos de fe. En el término favorito de los pentecostales: El Enemigo.

Antes de Zoroastro el concepto del Diablo era casi abstracto. No existía una figura de supervillano con poderes rivales a los de Dios, ni siquiera el Antiguo Testamento revela una figura de ese tipo, lo cual es en parte la razón por la cual los judíos no creen en una figura folklórica del demonio tampoco.(nota 29)

Hace unos miles de años las religiones eran todas politeístas y adoraban a una multitud de dioses, algunos buenos y otros no tanto. No hacía falta tener una figura malvada cuando algunos dioses tenían un mal carácter. Los egipcios por ejemplo no tenían un concepto del demonio, solamente de dioses que se enojaban de vez en cuando causando estragos entre los mortales. Los griegos por su lado tenían a Hades el dios de la muerte, que no era particularmente malvado pero dominaba el inframundo, luego se le asoció con Plutón y eventualmente su nombre se relacionó más con el nombre del inframundo mismo que con una deidad.

Entre judíos, hindúes, taoístas, budistas y otros grupos religiosos no existe la figura del Diablo como un ser causante del mal en la tierra con poderes similares a los de Dios, tentador, con cuernos y olores a azufre. Este tipo de Diablo es el resultado de un largo proceso de cambios sobre lo que principalmente los cristianos pensaban sobre su apariencia, nombres, procedencia y poderes. Estos grupos entienden que el verdadero enemigo del hombre es el hombre mismo.

Brevemente menciono cuatro de mis demonios favoritos:

Lucifer:

Nombre atribuido en la Biblia. A pesar de la enorme popularidad de este nombre en realidad en la Biblia Hebrea es un hapax legomenon, es decir, es una palabra que solo se menciona una vez en un texto (Isaías 14:12). Lucifer significa “estrella de la mañana”, o simplemente el planeta Venus (este regularmente brilla similar a una estrella por las mañanas). Las referencias en la Biblia a la “estrella de la mañana” -es decir a Lucifer- son confusas y variadas. Incluso Jesús se llama así mismo Lucifer en Apocalipsis 22:16, literalmente Jesús es Lucifer en este pasaje.

En latín Lucifer es sustantivo de Phosphorus del cual se deriva la palabra fósforo en español, misma que usamos para el elemento químico que produce un intenso brillo y que se usa en los cerillos comerciales para encender fuegos. Si nos apegamos a la creencia, cada vez que usamos la palabra fósforo estamos haciendo una referencia directa al mismo Diablo.

En lo personal “estrella de la mañana” me suena bastante poético, tanto que si hubiese tenido una hija me hubiese gustado llamarla Lucía Fernanda, solo para decirle de cariño Luci-Fer, ya que ella sería mi estrella favorita.

Satán/Satanás:

El nombre personal más popular del Diablo es en realidad un sustantivo de un verbo que significa “oponerse / obstruir”, mencionado en hebreo con el artículo “ha” para “Ha-Satan o literalmente “el acusador” o “el adversario”. Con este significado es que la palabra Satán se usa en muchas ocasiones en la Biblia, no como un nombre personal hacia una figura demoniaca sino como una persona normal que acusa o que se encuentra en contra de Dios.

La asociación de Satán con el Diablo folclórico es una evolución posterior del cristianismo, sobre todo exaltada durante la época medieval.

Malebranches:

Este no es uno en particular sino un grupo de demonios cuyo trabajo en el infierno es mantener a los condenados dentro de un pozo de brea hirviendo. Los Malebranches están documentados en diversas demonologías que datan de hace cientos de años y en la cultura popular sus nombres se usan para personajes de algunos video juegos.

Son de mis favoritos porque a pesar de ser demonios documentados, en realidad fueron inventados por Dante Alighieri en su obra la Divina Comedia. Su popularidad es un reflejo de cómo un demonio puede ser meramente una invención humana y aun así terminar siendo aceptado como real entre la gente solo por haber ganado fama (algo similar sucedió con el libro ficticio de magia negra Necronomicón).

Dabbat al-Ard:

Aunque ya lo mencioné en el capítulo anterior me parece adecuado listarlo de nuevo aquí, no por sus aludidas intenciones demoniacas sino por su colorida apariencia. Según el Islam este demonio tiene la cabeza como la de un toro, los ojos como los de un cerdo, orejas como las de un elefante, cuernos como los de un venado, cuello como el de un avestruz, pecho como el de un león, colores como los de un tigre, caderas como las de un gato, cola como la de un carnero y piernas como la de un camello. No tengo idea si el famoso escritor H.G. Wells se inspiró en esta bestia para su novela “La Isla del Doctor Moreau” pero algunas de sus creaciones en la isla resuenan a esta fantástica bestia.

 

El Diablo en cualquiera de sus nombres o formas, es el complemento de algunas religiones para balancear el bien y el mal. Antes de que apareciera esta figura, lo bueno y lo malo eran ambos causados por una sola deidad que podía ser buena o mala. En el caso de las religiones abrahamicas inicialmente el asunto era sencillo: algo bueno pasa = Dios está complacido, algo malo pasa = Dios está enojado. Allí no hay un Diablo haciendo el mal sino Dios mismo de mal humor castigando a su pueblo (un ejemplo clarísimo de su mal carácter vengativo se encuentra en Deuteronomio 28).

En algunos pueblos politeísticos precolombinos de América existía una idea similar aunque más radical, cuando un fenómeno natural destruía cosechas o traía muertes a sus pueblos, era señal de que uno de los dioses estaba enfurecido, para apaciguarle se le ofrecían todo tipo de sacrificios, incluso algunos de seres humanos en sangrientos rituales.

Desde épocas ancestrales hasta hoy día, en tiempos de guerra los combatientes se encomiendan a su dios para poder derrotar al enemigo, es decir que el acto de matar seres humanos de maneras brutales en batalla se le encomienda por oración hacia un dios, no hacia un demonio. Este principio aplica para muchísimos pueblos de la antigüedad donde el mal era infringido por dioses o por seres humanos, no era producto del actuar un demonio.

La colorida figura demoniaca como la conocemos ahora es producto de la evolución social de una invención relativamente reciente de las religiones, sobre todo del cristianismo.

Hay otra razón por la cual el Diablo fue paulatinamente creado por los hombres (no por dioses): su existencia permite abrir un portal hacia el mundo de lo oculto.

Tarot, Guija, vudú, lectura de manos, bolas de cristal, embrujos, hechizos, pócimas, amuletos de suerte, magia negra, astrología y las demás artimañas de charlatanes profesionales bajo títulos de profesores, adivinos, chamanes, brujos gitanos y otros, son el resultado de la creencia en ese portal abierto por el Diablo y sus secuaces demonios y espíritus. La creencia en el Diablo acarrea consigo la creencia en lo “oculto”, es decir en actuares demoniacos con intenciones malignas para con los seres humanos. Los servicios de brujos ofrecen maneras de engañar al mal por medio de rutas alternas de modo que una persona pueda cambiar su suerte de mala a buena, o bien para cambiar la de una tercera de buena a mala.

Un recordatorio de la popularidad de estas prácticas, sobre todo en pueblos costeros y las islas del caribe, se me presentó cuando encontré un pequeño mercado de artículos para santeros y brujos en el pleno corazón de La Habana en Cuba (lo recuerdo bien pues se encuentra entre dos calles de nombre adecuado: Muralla con Dragones). Cuba es un país interesante en asuntos espirituales, pues de sus más de 11 millones habitantes alrededor del 40% o no profesan ninguna religión, o son parte de la tradición de santería que mezcla las religiones del medio oriente con las de Africa.

La creencia en la brujería, que se considera la manipulación controlada de la suerte por ciertas personas “místicas”, es parte de lo sobrenatural. Es una que todavía tiene mucha fuerza en América Latina y el Caribe, donde millones de personas desesperadas en busca de una solución rápida a sus problemas personales, le dan su dinero a charlatanes que se anuncian abiertamente en periódicos y estaciones de radio, ellos son de los pocos que se benefician gracias a la arraigada creencia en el Diablo y en los espíritus de la mala fortuna.

Dichosamente algo que hemos aprendido con el tiempo es que para nuestra enorme suerte, los demonios los hacemos nosotros. Desde los descritos en Malleus Maleficarum(nota 30) que poseen a las mujeres y las hacen hablar en lenguas, hasta los más vanos que nos hacen desperdiciar nuestro poco tiempo libre en cosas irrelevantes para evitarnos construir una vida que valga la pena vivir antes de morir irremediablemente. Todos ellos creados por humanos, e irónicamente, peleando contra sus némesis espirituales en forma de dioses similares pero con ideales opuestos, dioses que son otro invento humano, una trampa más de las que inventamos y nos imponemos a nosotros mismos.

 

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La espada, la cruz y la hoguera

Un trillado discurso en temas religiosos es el de la cacería de brujas en épocas medievales, la Inquisición Católica y las Cruzadas (guerras santas).

Por interesante que sea el tema, decido no repasar esta parte de la historia religiosa en mayor detalle, no por falta de interés ni relevancia (no está faltante de historias espeluznantes para recalcar la injusta barbarie de nuestros antepasados medievales), sino porque considero que muchos de los lectores son como yo, a quienes los trasfondos históricos plagados de nombres y fechas nos aburren fácilmente. Evitar mirar las cosas malas del pasado es una virtud que poseemos para poder lidiar con el presente y el futuro, lo hacemos con mayor facilidad si se tratan de hechos que no nos sucedieron en carne propia. Para nadie es sorpresa que pasamos más preocupados por lo que nos afecta en nuestra vida actual, que por lo que le pasó a miles de personas hace cientos o miles de años atrás. De todas maneras, aunque quisiéramos, no podemos cambiar el pasado ni borrar los horrores cometidos, en este caso en nombre de la fe. Pero sí debemos aprender de esos errores cometidos y moldear nuestro futuro teniendo en cuenta las experiencias personales y colectivas pasadas. No podemos permitir que una etapa de oscurantismo y fanatismo similar se repita en nuestros días, al punto de que una religión controle las leyes de un pueblo.

En la Europa de hace unos 500 años ya el Diablo y sus secuaces estaban bien definidos. Tenían nombres, formas, jerarquías y propósitos. Y aunque a todos se les concebía como entes malignos, una de las principales ideas que desató la construcción de cámaras de tortura, hogueras, horcas y guillotinas tiene que ver con los ángeles, no con el culto a los demonios. La cacería de brujas, herejes y adoradores del Diablo se debió a que aparentemente los ángeles no estaban haciendo su trabajo combatiendo el mal adecuadamente, y por lo tanto los hombres debían hacerlo. El humano no solo era un hijo de Dios, ahora era también un soldado terrenal combatiendo sus enemigos.

Las mujeres deberían sentirse particularmente indignadas con el Diablo. Por cientos de años fueron consideradas como ser más susceptibles a las posesiones demoniacas (notoriamente la mayoría de películas de terror siguen siendo sobre demonios que poseen a las mujeres), por lo que ante cualquier sospecha de brujería eran quemadas vivas. Aquellas acusadas que negaban ser brujas también eran quemadas pues negar la brujería era igualmente considerado el actuar del Diablo. Una suerte similar corrieron los esquizofrénicos y otros enfermos mentales pues sus alucinaciones y balbuceos eran una clara señal de que estaban siendo poseídos por demonios. La cura religiosa de entonces no era basada en sicología ni siquiatría, la de ellos era más sencilla: cortarles la cabeza. No dudo que les pareciera efectiva, pues difícilmente alguien tiene alucinaciones o balbucea frases sin sentido si no tiene cabeza.

Los siglos XVI y XVII son realmente una vergüenza en la historia del catolicismo, y evidencia de lo que sucede si se toma al Diablo demasiado en serio. He visitado castillos y monasterios medievales en Europa y aunque al principio se tiene una abrumadora sensación de agrado, el panorama cambia cuando uno ingresa a sus calabozos, cuartos de penitencia y salas de armas. Es curioso porque uno ve a los visitantes sacando fotos y videos con sus teléfonos celulares y no se imagina que si esas personas viajaran en el tiempo 500 años a ese mismo castillo con sus teléfonos llenos de música rock, fotos y videos, serían llevados a los mismos calabozos para ser torturados y luego ejecutados por la posesión de tales aparatos “satánicos” según la creencia de la época.

La lección que debemos recordar para nuestro futuro es que hay una gran diferencia entre lo que es verdad, lo que parece ser verdad y lo que creemos que es la verdad. A la verdad no le importa lo que nosotros creemos o nos parece. Al Sol no le interesa si nos parece que se mueve en el cielo, ni a la Tierra le importa si creemos que es plana; son como son no porque nosotros lo digamos, sino por como las leyes naturales lo dicten. Similarmente el Diablo no solo por tener popularidad, nombre propio, apariencia y propósito aparente debe ser real, bajo este precepto los supervillanos de los comics serían igualmente reales, pero tampoco lo son.

Satanás no es un enemigo, no es una persona ni un espíritu del mal. Es una idea, un concepto humano para justificar el mal que hay en el mundo. Lamentablemente su nombre ha causado enorme cantidad de dolor y pérdida de vidas humanas. A pesar de ello el Diablo imaginario (no porque tenga nombre lo hace real) no ha causado tantas guerras, atrocidades, muertes ni injusticias que las causadas directa e indirectamente por Jesús, Mahoma y otros profetas reales de carne y hueso.

El diablo moderno ha empezado a cambiar de nuevo, como siempre lo ha hecho, su figura ya parte de juguetes y de historias de entretenimiento. Hace unos siglos mencionar su nombre era correr el riesgo de terminar en la guillotina, hoy los niños se visten de espantos en fiestas de disfraces y reciben dulces y halagos entre más cercano sea su parecido a pequeños demonios.

El inmenso poder imaginario que le conferimos a Satán, no rivaliza con las preocupaciones cotidianas que realmente nos causan daño y que combatimos sin parar. Nos preocupamos mucho más por nuestros problemas de salud, de dinero, trabajo y de familia que por los calderos ardientes que el Señor de las Tinieblas tiene para las almas pecadoras.

He dicho varias veces que el que cree en cosas como el Diablo probablemente cree en todo lo sobrenatural también, similarmente el que no cree en el Diablo debería tratar de encontrar en su escepticismo al respecto la raíz para dudar de que todo lo que como él tampoco tiene sentido.

Teodicea

Dioses de mal carácter, espíritus causantes de discordia (ej. ah-satán), demonios de mala suerte, bestias apocalípticas, ángeles caídos que incitan al pecado, fuerzas energéticas negativas cosmo-multidimensionales, etc. Todos son como he dicho anteriormente, elementos necesarios en las religiones pues son la mejor manera para explicar algo que contradice totalmente la existencia de Dios: el mal en el mundo.

He vivido la mitad de mi vida sin internet, no porque mi familia no pudiera pagarla sino porque sencillamente no había internet comercial en mi época de adolescente. Antes del mundo de internet las noticias llegaban por revistas, periódicos, radio y televisión. Haciendo un repaso mental no me parece que hubiesen menos guerras o menos crimen alrededor del mundo en los 80’s. Bien pudiera estar equivocado en esto pero así me parecía en aquel momento, entonces pensaba que el mundo era un lugar mucho más seguro de lo que en realidad fue. Culpo esta falsa percepción en parte a que, al no haber internet ni teléfonos inteligentes, los medios de noticias dependían de unas pocas fuentes informativas, los pocos videos eran filmados por periodistas, no por transeúntes, y rara vez eran transmitidos en tiempo real. La televisión por cable o satélite era un extraño lujo de pocos, además de que el acceso a documentales sobre asesinos en serie o genocidios era limitado a escasas copias en casetes de VHS al respecto. Por tanto -y a diferencia de la actualidad- uno no era constantemente bombardeado con horrendas imágenes de guerras, pleitos de carteles de drogas y pandillas, noticias sobre desastres naturales, y sangrienta violencia humana provenientes de cada rincón del planeta.

Era otra persona en aquel momento, joven y muy espiritual, rodeado de una familia católica y viviendo en uno de los países con menos violencia en la región. Creo que esta combinación de no ser una víctima de violencia o de circunstancias de sufrimiento, la falta de noticias crudas y abundantes, y el provenir de una familia espiritual, me ayudó a lidiar con el problema del sufrimiento en el mundo. Tanto así que en realidad no pensé mucho en ello hasta décadas después, cuando una minuciosa reflexión del tema me hizo reevaluar mi fe. Si no ha sido su caso aún, lo invito a que considere este tema muy seriamente en estos momentos.

Este problema es la razón más común por la cual los creyentes dejan la fe o hace que pierdan la confianza y determinación que tenían.

Conocido formalmente como Teodicea,(nota 31) es un antiguo tema filosófico, moral y religioso que toca nuestra fibra existencial más humana. Además a mi parecer es la principal razón por la cual la existencia de Dios no es posible.

Por complejo que parezca el asunto es en realidad muy sencillo de formular: Si Dios es bueno ¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?

Gente muriendo de hambre, esclavitud, niños y niñas víctimas de explotación laboral y sexual (mucha incluso consentida por sus padres), bebés aplastados bajo las ruinas de sus casas destruidas por terremotos, tornados o tsunamis, millones de personas muertas en campos de concentración, guerras y masacres porque un lado piensa diferente que el otro. Gente sin derecho a servicios de salud o derechos humanos, indigentes congelándose hasta morir, adictos haciendo lo que puedan por conseguir su siguiente dosis, decapitaciones masivas televisadas, radicalistas estrellando aviones contra edificios y detonando bombas en centros comerciales, ancianos a cargo de hijos con retardo mental, familias enteras muertas en accidentes de tránsito… siéntase en libertad de escribir en el siguiente espacio en blanco todo lo que no he mencionado y le viene a la mente: ___________________________. Lo sé, el espacio no es lo suficientemente grande para listar todo el sufrimiento injustificado, la crueldad y violencia que hay en el mundo, una que tarde o temprano nos afecta a todos directa o indirectamente.

¿Por qué lo permite Dios? Este es el problema que enfrenta aquel que cree. Si trata de definir un mundo donde existe un Dios perfecto encuentra que no es el mundo donde vivimos, y si trata de definir lo que sería un mundo sin Dios, tampoco encaja totalmente con el mundo actual.

Ante este dilema llegué a las mismas conclusiones a las que llegan la mayoría de quienes se preguntan seriamente la cuestión. El sufrimiento existe por alguna de estas razones:

Dios no sabe de las cosas malas que suceden y por tanto no interviene (no es omnisciente)
A Dios no le importa (o es malvado)
Dios no lo puede evitar (el mal es más poderoso que él, o no tiene los medios para intervenir)
Dios no existe (o de existir entonces es irrelevante en nuestra vida)

Hay algunas variaciones en la formulación de esta lógica pero todas se fundamentan en la misma pregunta: ¿Por qué un Dios bueno permite que sucedan cosas malas?

Si Dios es omnipresente (todo lo sabe) la opción 1 se descarta. Si Dios es benevolente la opción 2 también se descarta. Si Dios es omnipotente (todo lo puede) entonces la opción 3 tampoco puede ser la correcta. Es la opción 4 la que mejor explicaría el mal en el mundo: si Dios no existe el sufrimiento es algo inevitable en el mundo natural.

Por un tiempo sostuve la opción 1 como una posibilidad, incluso escribí sobre ello en mi libro anterior argumentando que matemáticamente no era viable que Dios controlara todos los aspectos del mundo natural, y que justo como nosotros no estamos al tanto de lo que hacen los átomos que conforman las miles de millones de bacterias y virus que viven en nuestro cuerpo, quizás Dios tampoco estaba al tanto de cada detalle de nuestras vidas aun cuando fuésemos parte esencial de él mismo. Luego de indagar un poco al respecto encontré ideas similares en la Teología Procesal (somos los creadores del universo y Dios no tiene control sobre nosotros), en el Panteísmo (Dios ES el universo), y en el Panenteísmo (Dios es el espíritu que anima el universo) mezclado con algunos aires de Taoísmo. Mi noción al respecto era sin embargo muy diferente a estas posiciones teológicas y cumplía el propósito, pues ciertamente un Dios que no sabe puede ser eximido de la culpa del sufrimiento ajeno.

Eventualmente descarté esta posición al encontrar fallos en ese razonamiento. Había caído en algo similar a aquellas definiciones que exigen un dios “fuera del espacio y del tiempo” que suponen un Dios casi indefinible, y ciertamente no somos una “bacteria de Dios” pues gracias a nuestro raciocinio somos únicos entre las especies vivas de este planeta, nosotros “sabemos que pensamos”. La opción 1, aunque interesante, se descarta eventualmente por su peso lógico y sus contradicciones.

Hay varias propuestas que intentan lidiar con tan escabroso tema sin recurrir a una negación de Dios, siendo las principales:

Dios no hace el mal, lo hacemos los seres humanos producto de nuestro libre albedrío.

Lo cual pudiera ser parcialmente cierto si todo el sufrimiento fuera únicamente causado por personas, pero como no lo es, tal posición no explica por qué vivimos en un mundo lleno de destructivos fenómenos naturales como tsunamis, erupciones de volcanes, tormentas y terremotos, que causan muerte y sufrimiento. ¿Es acaso que Dios es tan perfecto para hacer todo un universo, pero no tan perfecto para no poder hacer un planeta sin placas tectónicas ni tormentas? Y si el mal fuese producto de nuestras decisiones entonces ¿Qué opción tuvo aquella persona que murió al resbalarse en la ducha, contrajo cáncer, tuvo un niño con retardo mental o nació sordomudo? ¿De quién exactamente fue esa decisión?

 

El Diablo causa el mal en el mundo.

Culpar a un ser que no existe por el actuar de otro ser que tampoco existe no tiene sentido. Después de todo si el Diablo -en cualquiera de sus variaciones- es responsable del sufrimiento en el mundo ¿qué acaso su existencia no fue causada, o al menos permitida, por Dios mismo? Tampoco explica por qué el curso normal de eventos no relacionados pueda entrelazarse y encausar uno de malo a bueno y viceversa (algo similar al concepto de Sincronicidad del siquiatra Carl Jung) por ejemplo: ¿qué tal si una persona rescata un niño que se estaba ahogando y este niño resulta ser Adolfo Hitler? O ¿qué tal si producto de una guerra dos personas terminan esclavas en un calabozo de torturas donde se enamoran y luego de la guerra terminan siendo una pareja feliz que cría una familia ejemplar? Un “mal causante del bien causante del mal” es una explicación relativista, circular, llena de paradojas y callejones sin salida.

 

Debemos sufrir para ser reivindicados en el Cielo.

Entre los cristianos una idea fundamental es que Jesús transformará nuestro sufrimiento en alegría en una vida eterna de placeres (por algo predicaba que los pobres y marginados serán los herederos del Cielo). Bajo esta premisa es normal -hasta bueno- que lo malo suceda pues todo será recompensado eventualmente. De verdad ¿está bien que lo malo suceda? Los niños que mueren cruelmente siendo privados de su niñez, pubertad, adultez y en general de una vida plena ¿tendrán esas etapas en el Cielo?

Esto justifica prácticas como las de ciertos musulmanes que azotan a mujeres que caminan solas ya que esto de alguna manera los acercará a Alá y a una vida paradisiaca luego de la muerte. Esta idea reivindicatoria es en principio fundamentalista, además de ser una peligrosa excusa usada por tiranos, opresores y narcisistas para ejercer control sobre sus pueblos. Aparte que no describe en detalle lo que es el sufrimiento, más bien lo fragmenta irreconociblemente. Consideremos por ejemplo que muchas veces no nos molesta que cosas malas les sucedan a personas malas, es cuando cosas malas les suceden a las personas buenas que nos molesta. Un Dios que permita algo así es uno sin sentimiento de compasión, uno de doble personalidad que nos ama siempre y cuando nos dejemos torturar primero.(nota 32)

 

Somos seres limitados en entendimiento, no podemos conocer las razones por las que Dios permite tales cosas.

Esta defensa es un rotundo argumento de fe. La he oído en algunas variaciones; una popular es la que rima “por algo pasan las cosas” o “Dios sabrá porqué”. Nos hace parte de un plan divino donde por extraño que parezca, todo tiene una razón oculta de ser, la cual es ultimadamente justa. Apela a que la última felicidad (vida eterna en el Cielo, reencarnación, iluminación, o lo que se quiera) requiere de un enorme sufrimiento que le preceda, el por qué debe ser así, es simplemente un misterio que se acepta por fe.

Argumentar esto es prácticamente lo mismo que decir que Dios es un ser malvado, déspota, vengativo, cruel, y que está en su derecho de serlo pues sabe más que nosotros. Si vemos alrededor nuestro podemos notar que no aceptamos esta idea tan a la ligera. Nuestra sociedad ha construido un sistema legal y penal con sus cortes de justica, cárceles y cámaras de ejecución para lidiar con el problema de nuestra supuesta “ignorancia divina”. Globalmente nuestra sociedad no se limita a tener fe, como si no confiásemos en el infinito conocimiento de Dios –imposible de entender- hacemos su trabajo al juzgar a quienes no obedezcan las leyes establecidas por humanos para evitar que el sufrimiento suceda, lo mismo hacemos con la prevención médica, la predicción de tormentas y precauciones ante desastres naturales. Aceptar que las cosas suceden “por algo” es lo mismo que aceptar que puede que sucedan por “cualquier cosa”, o “por nada”.

El argumento de la Teodicea desde el punto de vista ateísta (el mismo propuesto inicialmente por el filósofo Epicuro hace 2.000 años) es claro: un Dios benevolente, omnipotente y omnipresente no puede existir, pues no concuerda con nada de lo que vemos en el mundo, ni con las ideas sociales de convivencia, ni con nuestro espíritu de estar cada día mejor y de ser felices con nuestra familia y amigos. Es extremadamente difícil encajar a un dios perfecto en un mundo que no lo es, es por definición mutuamente excluyente, a menos claro, que estemos dispuestos a quitarle algunas de sus cualidades, ante lo cual el asunto es más difícil todavía pues entonces no queda otra opción que aceptar un dios de “menor calidad”, es decir uno no-perfecto. No creo que muchas personas quisieran que un Ser imperfecto sea el que decida sobre sus vida en la Tierra y en el más allá que dura por una eternidad, pues algo imperfecto por definición comete errores.

Opción 4

Si hay algo que es obvio es que la existencia de Dios no es obvia. Si lo fuese no estaría escribiendo este libro, no existirían los ateos ni los agnósticos y quizás alguien ya hubiese ganado un Premio Nobel por probar la existencia de Dios.

Llegar a entender y aceptar la opción 4 del problema de Teodicea (Dios no existe) no es producto de una conversación, ni de leer un libro como este, ni de ser víctima de algo que nos traiga sufrimiento y dolor que nos haga cuestionar nuestra fe. Tampoco es una opción que uno acepte simplemente porque “está enojado con Dios”. La opción 4 no se busca, simplemente se encuentra luego de un poco de todo: de conversaciones, de leer libros como este, de sufrir y ante todo de cuestionarse las cosas, todas las cosas.

Hay más belleza, sencillez y valor en aceptar la opción 4 como cierta que la 1, 2 o 3. Ante todo, tiene sentido pues refleja el mundo en que vivimos y hace lo que ninguna otra opción puede, es decir, explica por qué las cosas malas suceden, y nos ayuda a prever y tomar acciones para que otras no sucedan. Nos hacen a nosotros los humanos -no a dioses ni demonios- responsables unos de los otros y de aprender a convivir con la naturaleza, la cual dicha sea de paso no es mala ni vengativa, sino que simplemente es.

La opción 4 sobrepasa el argumento de que los valores morales tienen procedencia divina. Lo más evidente es que tenemos valores morales intrínsecos como seres humanos que nos ayudan a determinar que está bien y mal, sin ellos no estaríamos aquí luego de evolucionar por millones de años en las selvas y lugares desérticos del planeta.

Aceptar otra opción es desvalorizar nuestra capacidad intelectual. Luego de pasar millones de años en constante evolución, selección natural y adaptación, hoy podemos entender la naturaleza a través de la ciencia, y cada día ponemos más esfuerzo en lidiar con los embates de su actuar. Tomamos precauciones para que terremotos, tsunamis, tormentas y otros fenómenos causen el menor daño posible. Tampoco necesitamos dioses ni demonios para entender estos fenómenos naturales, aun si de momento no los entendemos todos completamente.

Para muchos creyentes aceptar la opción 4 negando que existe Dios, es blasfemia y cede el campo a la mala fides (“mala fe”), pues juzgar a Dios por las cosas que hace -buenas o malas- es creernos superiores a Dios mismo ya que solo un juez superior puede juzgar a un juez inferior. Es blasfemia pues el Juez Supremo por definición no puede ser juzgado. Pero al no aceptar, ni siquiera considerar la no-existencia de Dios, los creyentes caen en la necesidad de enfrentar y tratar de explicar el problema de Teodicea.

Esto no es algo nuevo, es un problema milenario, tanto así que hasta el filósofo Aristóteles en su dictum nos lo recuerda diciendo que “algo que es A, no puede ser no-A”, es decir por ejemplo que un círculo no puede ser un cuadrado (o un no-círculo). En el caso de la Teodicea no aceptar la opción 4 es caer tarde o temprano en el extraño y paradójico argumento de que Dios también es no-Dios. Por ejemplo, supongamos por un momento que un Dios bueno existe y que éste un día se te aparece en todo su esplendor y te dice “debes matar 20 niños”. ¿Lo harías? Si no lo haces desobedeces a Dios, y si lo haces, por definición ese Dios no es uno bueno. En este caso bien se puede argumentar que un Dios bueno nunca ordenaría eso, ante lo cual limitamos las cosas que Dios puede o no puede hacer, es decir no es omnipotente tampoco. Lo cual nos regresa al dictum: ¿es o no es?

La belleza a la que me refiero de la opción 4 es que resuelve ese tipo de paradojas, además de que lejos de desvalorizar nuestra vida más bien la prioriza. Hace que nos demos cuenta que ésta vida, y solo ésta, es la que tenemos.

El verdadero Diablo

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.
El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;
es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;
es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.
El mundo, desgraciadamente, es real;
yo, desgraciadamente, soy Borges.
- Jorge Luis Borges, Nueva refutación del tiempo (1945)

El problema del mal es quizás el mejor argumento de que un dios omnipotente, benevolente y omnipresente no puede existir. En contraste uno de los mejores argumentos que han llevado a los hombres a deducir la existencia de un Ser Creador con tales cualidades es evidente: estamos aquí.

Supongo que uno de los primeros pensamientos que tuvo el primer ser humano tras su rudo despertar inicial en un hombre con auto-consciencia fue algún aforismo como “¡Hey… estoy aquí!”. Darse cuenta de que estamos aquí pareciera algo trivial pues es bastante obvio que aquí estamos y sin embargo la razón de ello es uno de los temas filosofales más antiguos, complejos y discutidos hasta hoy día. La frase conlleva a una serie de otros hechos derivados: “estoy” implica que soy algo y que además sé que soy algo, “aquí” sugiere que existo en algún lugar y en algún momento. Descartes ilustra esta relación en su célebre frase Cogito ergo sum: “Pienso, por tanto existo”.

No pasó mucho tiempo antes que este tipo de pensamiento existencialista llevara a nuestros antepasados a otra pregunta importante: “¿por qué estoy aquí?”. Las primeras deducciones han de haber sido que alguien -o algo- nos hizo junto con todo lo que vemos en el mundo, y que puso todo y a todos los demás aquí juntos por alguna razón. Finalmente esto puede llevar a una sencilla conclusión: al ser creados y al haber una creación debe haber un creador.

Cientos de miles de años han pasado desde que el primer Homo Sapiens -es decir desde el primer humano moderno- se planteó tan trascendentales preguntas. Más de cien mil millones de humanos han desde entonces vivido en este planetaR19; todos preguntándose en algún momento “¿por qué estoy aquí”, la mayoría asumiendo como respuesta que hay un creador, pero notando el extraño hecho de que este no aparece ni se sienta nunca con ellos a conversar. A pesar de esta contradicción, la idea de que al estar aquí debe haber un Creador con un propósito para ello, sigue siendo bastante común.

Llevó miles de años de pensamiento crítico que luego evolucionó en las llamadas filosofías naturales, que dieron paso al método científico y a las diversas ramas actuales de la ciencia, para que muchas de las mentes más dotadas de este planeta se dieran cuenta de quién era el verdadero creador de todo lo que existe. Para sorpresa de ellos -y razón de amplia discordia que les costó a muchos la vida- el Creador no era una persona ni una cosa, sino algo casi efímero como un concepto, uno que se puede definir con precisión en términos científicos, algo que invade las ecuaciones de la física y los principios de biología, algo muy diferente a un dios, más parecido a un demonio si se quiere, pues esto no solo es creador de vida sino el que eventualmente siempre la arrebata indiscriminadamente sin aparente razón alguna: el tiempo.

El tiempo es creador, como dice Borges, es la sustancia de la que estamos hechos.

Según el consenso científico en los inicios del universo solo había una enorme cantidad de energía, nada más. Para crear todo el universo esta energía requería de dos cosas: espacio, es decir un lugar dónde crear las cosas, y tiempo para que las cosas pudieran crearse tras sucesiones de eventos. A este momento cuando la energía se libera creando espacio, tiempo y materia (la cual es solo otra faceta de la energía(nota 33) le llamamos el Big Bang. Un evento que irónicamente fue propuesto por un cura católico llamado Georges Lemaître en 1927 (hace menos de 100 años).

Mucha energía, mucho espacio y mucho tiempo. Es la receta universal para crear todo lo que puede ser creado. Este concepto presenta un desafío intelectual para nosotros los humanos pues somos seres finitos con un concepto del tiempo medido en años, días, horas, etc. que se basan en la rotación de nuestro planeta y en su órbita alrededor del Sol, pero este es solo un concepto arbitrario de cómo percibimos el tiempo, no de lo que es el tiempo.

Como seres humanos nunca vemos el tiempo pero vemos lo que hace, nada más claro como ejemplo que el vernos envejecer, los bebés lentamente se convierten en niños y estos eventualmente en adultos. Una manera sencilla de ilustrar nuestra fragilidad cognitiva al respecto es ver una montaña. Desde que nacemos hasta que morimos esa montaña está en el mismo lugar, oímos conversaciones y leemos en libros antiguos sobre cosas que pasaron en esa misma montaña mucho tiempo atrás. En primera instancia pareciera que esa montaña ha estado ahí por siempre y que seguirá en el mismo lugar cuando muramos. No nos percatamos de en algún momento la montaña estuvo bajo agua, era un desierto, una planicie, o no existía del todo. La montaña actual es producto de miles de millones de años de cambios en la geografía debidos a procesos naturales del planeta como erupciones de volcanes, erosión, movimientos tectónicos o impactos de gigantescos meteoritos, eventos de los cuales podemos encontrar evidencia por medio de la geología. Todos estos cambios han sucedido porque el tiempo ha transcurrido. Como dice un proverbio chino “quien quiera mover una montaña comienza por llevarse una piedra”, lo que el proverbio no menciona es la enorme cantidad de tiempo que tomaría mover una montaña de esa manera.

Dicho diferente, si miras un punto en medio del mar donde no hay nada en la superficie y esperas miles de millones de años, es muy probable que de ahí eventualmente surja un montículo que luego se convierte en una verde montaña llena de árboles y vida animal. Parece un acto de magia pero no lo es, el tiempo es el catalizador del cambio en el universo.

Dale suficiente tiempo a un riachuelo y puede convertirse en un río. Una semilla puede poblar un bosque entero de árboles. Cuando meteoritos que cargan pequeñas cantidades de agua impactan por miles de millones de años un planeta pueden llenar sus océanos (lo cual sucedió con el nuestro). Si un grupo de átomos elementales (como los sencillos Hidrógeno y Helio) pasan miles de millones de años en constante interacción es posible que se transformen eventualmente en otros elementos químicos más complejos, los que a su vez pueden eventualmente fusionarse para crear estrellas, que cuando explotan pueden crear otros elementos, mismos que pueden formar gigantescos cúmulos de polvo que bajo la fuerza de gravedad por millones de años, pueden convertirse en rocas que pueden formar planetas. Con suficiente tiempo los planetas pueden llenarse de agua y permitir que los elementos químicos aprovechen las cientos de miles de millones de condiciones posibles de mezclarse, y en algún momento, luego de mucho tiempo, en alguno de los incontables planetas del universo, estos elementos encontrarán la manera de estabilizarse y de formar compuestos estables, algunos pueden ser orgánicos basados en carbono, que luego de otros miles de millones de años pueden dar paso a sistemas biológicos simples, como el de una sencilla bacteria de una sola célula. Estas células primordiales tienen todo el tiempo para probar todas las combinaciones posibles para sobrevivir, duplicarse y aprender en el proceso, hasta que un día forman algo un poco más complejo, que luego –reitero después de mucho tiempo- puede crear todo un ser vivo. Este ser vivo sólo necesita otros miles de millones de años de prueba y error para cambiar en formas que se adapten a su entorno, y con el tiempo -si es necesario- para sobrevivir, algunos seres vivos desarrollan alas, otros viven en el agua y otros en árboles o cavernas. Algunas especies desaparecen totalmente en medio de este proceso, sea por algún evento natural como el impacto de un meteorito que las destruye, o por no haberse podido adaptar adecuadamente, lo que permite que otras tomen su lugar y sigan el curso que por miles de millones de años han seguido.

En el caso de nuestro planeta, una de esas especies eventualmente dio paso a los primeros seres humanos, sus descendientes de cientos de miles de años después terminan leyendo libros como este y haciendo sondas espaciales para encontrar otros lugares donde puedan observar el mismo proceso.

El factor común de todos estos cambios es el tiempo, no Dios, sino enormes lapsos de tiempo. Algunos de miles de millones de años donde ocurren cambios graduales sencillos y pequeños que pueden generar cosas tan complejas y fascinantes como un cielo cargado de estrellas, un arcoíris, seres humanos y las sinfonías de Beethoven.

Dichosamente el universo tiene todo el tiempo que quiera y nuestro mundo tiene “todo el tiempo del mundo” -valga la redundancia- que necesite para hacer el proceso una y otra vez. Esto nadie lo puede detener. No sabemos de momento si hay vida como la conocemos o criaturas pensantes como nosotros en otros planetas, lo que sí sabemos es que el proceso ha funcionado por lo menos una vez. Como prueba solo necesitamos mirarnos a nosotros mismos.

El tiempo es también destructor, como el fuego que consume.

El compositor musical Hector Berlioz describe la dualidad constructiva/destructiva del tiempo diciendo que “El tiempo es el mejor maestro, pero lamentablemente mata a todos sus estudiantes.” El tiempo eventualmente destruye todo y lo regresa al polvo estelar de átomos básicos de donde una vez provino. Ignoro si Berlioz compartiría mi pensar al respecto, pero el tiempo podría conceptualizarse como un demonio maligno, uno que construye para eventualmente destruirlo todo solo para empezar de nuevo en un círculo eterno de lo que existe y lo que no.

Nuestro tiempo se acaba.

Llegará el día que nuestro planeta no exista, en unos miles de millones de años el Sol estará tan caliente que destruirá todo lo que tenga vida acá. El Sol también dejará de existir pues está destinado a gastar su combustible nuclear para luego colapsar y estallar en una enorme explosión. En unos 4 billones de años nuestra galaxia –la Vía Láctea- chocará con la galaxia Andrómeda en un cataclísmico evento devastador de ambas galaxias, pero constructor de una nueva. A su vez la nueva galaxia formada por esta fusión está destinada a desaparecer junto con las miles de millones más que existen. La cosmología moderna indica que el universo se expande acelerándose cada vez más, al punto que en algún momento las galaxias estarán tan separadas que no será posible ver ninguna otra más que aquella propia donde viva el observador. Esta expansión del universo también implica que hasta el universo tendrá un final.

Resulta muy difícil consolidar la existencia de un dios eterno con lo que observamos en el universo pues todo lo que tiene un principio tiene un final.

El tiempo ha creado nuestro planeta, nuestro Sol, nuestro sistema solar, nuestra galaxia, nuestro universo, y luego lo destruirá todo. El tiempo no ha creado un universo para los seres humanos, tampoco lo ha hecho ningún dios. Cuando observamos el universo con nuestros mejores telescopios, encontramos miles de millones de planetas, existen más mundos que todos los granos de arena de todas las playas del mundo juntas, y de momento en ninguno encontramos vida, todo lo que vemos es desértico, estéril, vacío de seres como nosotros. Es solo en este planeta, en un rincón sin especial importancia de una de las miles de millones de galaxias que existen, donde vemos vida. Si el universo ha sido creado teniéndonos a nosotros en mente ¿por qué prácticamente no hay ningún otro lugar como el nuestro? ¿Por qué tomarse la molestia de hacer un lugar tan gigantesco si no podemos vivir en ningún otro lado? Un Creador que nos tuviese a nosotros en mente hubiese creado solo nuestro planeta y con eso bastaría, pero no es eso lo que vemos, pues el Creador nuestro es realmente el tiempo, y el tiempo crea todo lo que pueda, cosas con vida y sin ella.

La trampa del tiempo

“Nuestra vida es un préstamo que recibimos de la muerte, dormir es el interés diario que le pagamos” - Arthur Schopenhauer (1788-1860), filósofo alemán.

Incluso aquellos que creen en una vida eterna luego de la muerte deben aceptar que todo lo terrenal está destinado a acabar. Aun si el tiempo no destruye todo a nuestro alrededor mientras estamos vivos, nos arrebata el placer de mirar su paso a largo plazo ya que nuestra vida es corta.

En esta vida debemos aprender a dejar ir las cosas más que a aferrarnos a ellas, pues bien sabemos que tarde o temprano todo se acaba, nuestras posesiones son temporales y cada respiro que damos nos acerca más al último.

Con el paso del tiempo un día dejamos el útero materno que fue nuestro hogar por nueve meses, al salir dejamos de recibir el sustento por el cordón umbilical, y debemos de comer con la boca por nuestros propios medios. Nos convertimos en bebés que dependen de sus padres para sobrevivir. Unos cuantos años después dejamos de ser bebés y pasamos a ser niños que requieren menos atención. Al hacerlo hemos de renunciar al minucioso cuidado recibido durante nuestros primeros años de vida. Unos diez años después somos adolescentes buscando nuestra independencia mental, debemos ahora renunciar a nuestros juegos infantiles, a que nuestros padres se encarguen de planear nuestros días y a afrontar la realidad de que pronto tendremos que trabajar para vivir. Luego cuando llegamos a adultos obtenemos responsabilidades de todo tipo. Llega la hora de renunciar al apoyo financiero de nuestros padres, a nuestra energía juvenil, y nuestro tiempo libre se vuelve escaso entre los quehaceres familiares y compromisos adquiridos. En la vejez hay que aceptar -queramos o no- el hecho de que nuestra salud se desgasta fácilmente, nos reímos ante la broma cósmica que permite que una mente fresca, madura y activa deba vivir en un cuerpo que decae rápidamente y no puede mantener el ritmo. Hay que aprender a dejar ir a nuestros hijos que ahora son adultos, también a nuestros amigos y familiares fallecidos, en nuestros últimos años veremos que el mundo donde crecimos ya no existe y que no queda otra opción más que aprender a dejar ir la vida misma.

Si el tiempo fuera un ser, lo imagino como un pequeño demonio con un humor bastante negro, pues ha colocado una trampa cruel al proceso de vivir para morir. En primera instancia el tiempo que nos presta es muy poco, solo un puñado vive más de cien años (el promedio de vida es de unos 70 años a nivel mundial). Como lo presenta el filósofo Schopenhauer en la frase inicial de este apartado, el interés de este préstamo se paga al desperdiciarlo.

Por un tercio de nuestras vidas somos muy jóvenes para tener la madurez de preguntar y respondernos satisfactoriamente las grandes preguntas de la vida. Otra tercera parte somos muy mayores, nuestra mente falla, nuestra energía no es la misma, los conceptos cambian con las generaciones y pocas veces cambiamos nuestro parecer en asuntos trascendentales en la vejez. Es en el tercio de la vida que está en el medio, en nuestra adultez, donde tenemos la energía, madurez, curiosidad, capacidad intelectual y los recursos para planear nuestro futuro y tratar de obtener respuestas ante lo que significa ser un una criatura con vida en este universo. Es aquí donde nos espera la trampa, que consiste en que ahora que podemos, lo que no tenemos es el tiempo para hacerlo. En esta etapa un tercio del día estamos en nuestro trabajo, ejerciendo un oficio que nos provea de lo material que necesitamos. Otro tercio del día lo invertimos en transportarnos, atender asuntos familiares, comer, hacer compras y mandados. El tercio del tiempo que queda del día -8 horas- lo usamos en algo que parece una broma de mal humor: no hacemos nada, solo dormimos.

Dichosamente hemos encontrado una manera de aprovechar el poco tiempo que se nos da: cooperando.

Nuestro conocimiento actual sobre el funcionamiento del mundo y el universo donde se encuentra, no se basa en el punto de vista de una o dos personas, es el resultado la investigación de millones de personas que invierten parte de su tiempo en contribuir con el conocimiento general para provecho de las futuras generaciones: Para ser equitativo admito que una parte de ellos son personas religiosas también.

Esta es nuestra manera de contrarrestar la trampa. Aunque no tenemos mucho tiempo para pensar en cosas trascendentales, sí somos muchos los que lo hacemos. La suma del esfuerzo mutuo crea una sinergia donde el resultado es mucho más grande que lo que somos y pensamos como individuos.

Nosotros los humanos hemos encontrado una manera de desafiar la muerte intelectual batallando contra el tiempo de la única manera que podemos: pensando colectivamente. De lo contrario podríamos caer en otra trampa pensando que nuestra vida es regida por lo que Descartes llama un “demonio maligno”, un ser que nos hace creer en la idea solipsista de que lo único que existe soy yo, mientras nos crea la ilusión de un mundo exterior lleno de gente, que incluso puede hacernos pensar que estamos vivos haciendo lo que queremos libremente, cuando en realidad somos solo sueños en la mente de un demonio que duerme pensando en nosotros.

Hasta que no aceptemos que el mal no proviene de criaturas diabólicas, y que el azar y el tiempo son los catalizadores de los problemas que nos aquejan, muchos caerán en la trampa y seguirán desperdiciando su tiempo pensando –como dice Descartes- en que su vida es regida por demonios invisibles, y no por sus propias decisiones.

 

 

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Capítulo 4
El dragón en el garaje

“Puedes engañar a toda la gente por un tiempo, y a parte de la gente todo el tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo.” – Abraham Lincoln

Carl Sagan en su excelente libro “El mundo atormentado por demonios” describe de manera jocosa el desafío epistemológico de lo sobrenatural suponiendo que un dragón vive en su garaje. Supongamos –cito su ejemplo- que le comento que un dragón vive en mi garaje, ciertamente usted querrá verlo con sus propios ojos ya que aunque durante siglos han habido historias de dragones que escupen fuego, no hay ninguna evidencia de que existan. Así que ante su duda lo llevo hasta mí garaje donde al encontrarlo vacío mantenemos una conversación al respecto:

 -¿Dónde está el dragón?
-Ahí mismo frente a sus ojos… oh se me olvidó mencionar que el dragón es invisible –Digo yo.
Usted propone poner harina en el piso para ver las pisadas del dragón.
-¡Buena idea! Pero el dragón flota en el aire –prosigo.
Ahora propone usar un sensor de calor para detectar el fuego invisible del dragón.
-¡Buena idea también! Pero su fuego invisible no es caliente.
-¿Qué tal si usamos pintura para verlo? –me pregunta.
-¡Me encantaría! Pero el dragón no tiene cuerpo así que la pintura no se le pegará.
Y así continúo sucesivamente con todo tipo de excusas ante cualquier tipo de experimento que se quiera hacer para demostrar si hay un dragón real en mi garaje.

El punto de Sagan es que no hay diferencia entre un dragón invisible, sin cuerpo, flotante, que escupe fuego sin calor, y el que no haya un dragón del todo.

La taza de té espacial

En cierto cuento de hadas (no recuerdo el título) un caballero pide la mano de la princesa y el Rey se la promete si puede matar a un legendario dragón que vive en la montaña, el caballero en su brillante armadura acepta el trato y sube a la montaña espada en mano, pero no encuentra ningún dragón en la montaña, en su camino de regreso encuentra los huesos de un tigre, toma uno de sus largos colmillos y lo lleva al Rey diciéndole que es un diente del dragón muerto, el supuesto dragón no es visto nunca más y nadie puede probar que no lo mató, así que fácilmente ganó el derecho de casarse con la bella princesa.

Muchos creyentes al ser confrontados con la idea de que no hay prueba de que Dios existe revierten el argumento aludiendo “pruébame entonces que no existe”. Es un argumento ingenioso lo admito, la ciencia es mejor probando las cosas que existen, que las que no existen. Sin embargo la falacia del argumento reside en dos refutaciones:

Teodicea (sobre lo cual trató una gran parte del capítulo anterior).
La obligación de presentar prueba reside en quien haga la afirmación, no en quien niega el argumento.

El filósofo Bertrand Russell ilustra este concepto con la analogía de que si alguien dice que hay una taza de té orbitando el Sol en algún lugar entre la Tierra y Marte, no tiene sentido que otros le crean tal cosa únicamente porque no pueden probar lo contrario.

Si digo que los pitufos, dragones o cualquier otra cosa existen, cae sobre mis hombros probar que de hecho existan. Asimismo si afirmo que Dios existe es mi obligación presentar las pruebas al respecto. Uno no puede simplemente inventar cuanta cosa se le ocurra y validarla diciendo que no puede ser des-probado, tal argumento es circular, negligente, ilógico y cierra el diálogo.

En filosofía, la epistemología trata sobre qué es cierto y qué no lo es. Esta rama filosófica existe porque precisamente en muchas ocasiones es difícil distinguir entre ambas cosas. El creer y el saber son dos lados opuestos, por tanto o se cree que algo es cierto o se sabe que algo es cierto, pero no las dos cosas a la vez. Por ejemplo, uno no asume que existen los unicornios y sabe que existen a la vez, o lo cree posible o lo sabe de hecho. El problema con esta distinción es cuando se trata de aplicar a temas abstractos, por ejemplo alguien puede creer que la democracia es buena o que los derechos pro-gay son buenos, pero al ser conceptos no pueden saber por un hecho que así lo sean, así que se termina en un estado intermedio, razón por la cual en algunos lugares la democracia, ciertos derechos civiles y temas políticos siguen siendo una creencia parcializada, variante y por tanto algo no definido.

Hay varios conceptos clave en este apartado, por ejemplo: ¿qué es creer? ¿cuándo es algo cierto? ¿cómo se prueba algo? A esto debe adjuntarse la presentación de los resultados en formas entendibles para otras personas, lo cual representa otro problema semántico, pues exteriorizar pensamientos abstractos en formas legibles y entendibles no es un principio universal. Una idea puede cambiar su significado totalmente con algo tan vano como omitir una coma, o si se presenta en forma de un juegos de palabras como que “la ausencia de evidencia es evidencia de su ausencia” (cuando en realidad la falta de evidencia no es evidencia de nada), o algo como que “todos los hombres son mentirosos” lo cual me convierte a mí en un mentiroso a la vez que hace que la frase no sea cierta.

Por razones prácticas no elaboraré más sobre estos temas ni conceptos particulares de lógica y heurística, con la excepción de un último concepto conocido como el Principio de Parsimonia el cual dice que: en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta. Principio bajo el cual argumentos empíricos, como que una taza de té orbita el Sol, requiere de asumir más cosas que el asumir que no existe. Otro caso es el afirmar que Dios creó el mundo, lo que  requiere suponer una enorme cantidad de cosas, mientras que si se explica el origen del mundo basado en las pruebas que provee la ciencia, hay menos cosas que suponer.

En estos pocos párrafos anteriores se han condensado varias ideas clave que son muy importantes de considerar para el resto de la lectura. Le invito a que tome nota o las repase nuevamente antes de proseguir.

Lo difícil de no creer

No todo es “color rosa” para el escéptico, pues se enfrenta a un desafío intelectual si niega todo lo sobrenatural: debe lidiar con una vida sin misticismo y buscar propósito en ella, lo cual ���por experiencia propia- no es fácil.

Hay que considerar que a diferencia de los otros seres vivos el ser humano trata de saberlo todo (mientras que el resto solo trata de descubrir lo que los mantenga vivos). Movidos por esta motivación nuestra especie ha explorado cada rincón de este planeta, desde los congelados picos de las montañas más altas, hasta los fondos más oscuros y profundos de los mares. Hemos tratado de catalogar cada especie de planta, insecto, bacteria, virus y animal que hemos podido encontrar. Inventamos telescopios para ver las cosas enormes que existen en el universo y microscopios para ver las diminutas que se esconden bajo nuestras narices. Desarrollamos métodos para explicar por qué las cosas son como son, así encontramos que las matemáticas, la química y la física nos ayudan a entender los mecanismos por los cuales se rige todo (a pesar de las grietas en algunas de estas disciplinas). Ningún otro ser vivo hace estas cosas y hasta donde sabemos, ningún otro en el universo tampoco.

Colectivamente hemos generado una enorme cantidad de información sobre todos los aspectos de la naturaleza y el funcionamiento de nosotros mismos. Tanta que se ha tornado en más de la que podemos procesar. Y aunque ciertamente existen cosas que la ciencia no puede explicar todavía (recalco de nuevo que ciertas desviaciones y baches son normales en cualquier disciplina científica metódica en desarrollo), hemos alcanzado un punto, un pico alto, en nuestra escala intelectual donde los mecanismos del universo y el actuar humano son lo suficientemente entendibles como para no adjudicárselos a causas mágicas, o a invisibles seres supremos infinitamente poderosos.

La ciencia es la herramienta con la que el escéptico juzga la realidad. No hay que negar que muchas personas religiosas han colaborado –y lo siguen haciendo- al quehacer científico también, ellos viven tratando de conciliar la ciencia con su espiritualidad y en muchas ocasiones no tienen más remedio que suspender sus creencias, pues como he dicho antes, a la ciencia no le importa lo que la gente crea.

Sin importar quienes hayan colaborado a nuestro conocimiento actual, todo lo que sabemos hoy en día conlleva un problema que va en contra de nuestra naturaleza humana y nuestro estado mental básico, pues nacemos para creer en cosas increíbles, pero la vida explicada en números y fórmulas pareciera no tener nada de misteriosa, difícil de entender quizás, pero ultimadamente comprensible.

Vivir sin creer en dioses es parte de ese desafío intelectual. Ante los ojos del ateo el ser humano no tiene un propósito en particular ni un destino predefinido. Si la incitación a negar lo sobrenatural pide que removamos la idea de que existen fantasmas, el karma, una vida después de la muerte, la justicia divina que castiga a los malos y premia a los buenos, un Dios que nos ama eternamente, la gente que puede ver el futuro, los talismanes que nos dan buena suerte, los milagros y todo lo relacionado… ¿entonces qué queda? Algunos podrían pensar que el asunto es como ver un arcoíris en blanco y negro o comer un postre dulce que no sabe a nada, es en este desligamiento donde nos topamos con lo difícil de no creer.

Conozco muchos jóvenes que desde temprana edad son ateos, unos lo son porque nacieron en un hogar secular sin formación religiosa, son de padres agnósticos, o por alguna otra influencia, mientras que otros lo son por convicción propia. Para los que no han crecido bajo la sombra de creer por fe el desafío es menor, el vacío simplemente es un vacío, no hay berrinches al respecto. Para el creyente fiel a su religión que ha sentido la presencia del Señor en su corazón, que ha orado en iglesias por décadas y ha defendido su credo con honra -como alguna vez lo hice yo- la experiencia es diferente, inicialmente el vacío que acarrea el abandono de la fe es un abismo donde no queda nada espiritual, no hay magia, justicia, ni razón de ser, no existe una “persona perfecta” que oiga nuestros problemas y nos entienda. Una persona se refirió al respecto en uno de mis blogs diciendo que “es como perder el amigo imaginario de la infancia”.

Con todo y lo aterrador que pueda parecer la experiencia, este cambio de mentalidad no da miedo; no dan ganas de tirarse de lo alto de un edificio tampoco únicamente porque se pierde la fe. Como todo cambio drástico en la vida (y aquellos que tienen edad suficiente sabe que la vida está llena de ellos), dejar de creer en lo sobrenatural es un proceso. La primera etapa donde uno pregunta ¿entonces qué queda? y no ve nada más que un abismo, es corta. Luego de un tiempo de seria reflexión se llega a una etapa donde todo lo contrario sucede, y entonces en lugar de no encontrar nada ¡finalmente se encuentra todo!

Comprendo que muchas personas que dudan de sus creencias no renuncien a ellas por miedo. Por el temor a que la vida resulte sumamente sencilla, sin misterios, ni superhéroes, fantasmas, seres de otros planetas, milagros ni suerte. Miedo a que los familiares fallecidos que tanto extrañan no aparezcan nunca más. A que nadie -o nada- les ayude cuando hay problemas de pareja, de familia, de dinero o de salud. Y ante todo miedo a que la muerte sea definitiva y que nuestra alma, nuestro “ser”, se desvanezca como humo en el viento hacia la nada. Entiendo que muchos no quieran vivir en ese mundo en apariencia tan vacío, frío y sencillo. Más allá de esa primera idea, en realidad hay más que ganar en el mundo real que lo que se pierde viviendo en uno de fantasía.

El famoso matemático y filósofo Blaise Pascal se refiere en términos apologéticos a este dilema en un discurso conocido como “la apuesta”. Según Pascal todos tenemos que apostar a si existe o no Dios, no podemos evitarlo ya que la vida misma demanda que apostemos en ello. Continúa diciendo que si apostamos a favor de que Dios existe y resulta que era cierto, ganamos todo con el premio de una vida eterna feliz, y si resulta que no existe, pues no perdemos nada. Opuestamente si apostamos a que Dios no existe y resulta que efectivamente no existe, no ganamos nada, más si en realidad existe y apostamos en su contra habremos perdido todo. Por tanto –según él- lo más prudente es apostar a que Dios existe, pues lo que se puede ganar es infinitamente mayor a lo que se pueda perder.

El argumento de Pascal de alguna manera incita al indeciso a escoger el lado donde es mejor vivir una vida pensando en que lo sobrenatural existe pues esto nos genera la esperanza de una vida eterna y de una vida terrenal mística y espiritual, que vivir con el vacío de que nada sobrenatural existe, ya que aunque bien pudiera ser cierto, es mejor ser precavido solo “por si acaso”.

En mi opinión el creyente que no deja sus creencias de lado por miedo, y quienes apuestan al “por si acaso” de Pascal, están equivocados. En primer lugar no hay nada que temer, y en segundo, negar ver la realidad de los hechos implica vivir una vida falsa, más cómoda y sencilla quizás, pero falsa ante todo.

He dicho que el proceso de renunciación (al que previamente llamé Opción 4) es remplazar un estado mental por otro donde eventualmente se encuentra todo. Con esto me refiero a que en determinado momento todo tiene sentido. Dios es una palabra, no un nombre, el mencionarlo en primera persona y acreditarle facultades humanas (sentimientos, deseos, motivos, etc.) no lo hace real. Si su existencia se descarta de repente todo encaja con los hechos que percibimos: el problema del sufrimiento es porque no existe Dios, los milagros no suceden a todos quienes los pidan porque no hay nadie oyendo las oraciones, no hay pruebas contundentes de extraterrestres visitando la Tierra porque ninguno lo ha hecho, no hay casos probados de fantasmas porque no hay fantasmas, a la gente mala le pasan cosas buenas porque no hay justicia divina, no sabemos de ningún ser humano que pueda volar, sea invisible o lea la mente porque los seres humanos no hacen tales cosas, nadie le ha tomado una foto al Diablo porque no existe el Diablo, la naturaleza hace cosas asombrosas con el paso del tiempo y aunque parezcan obra divina no lo son, pues eso es precisamente lo que hace la naturaleza. El universo es un lugar gigantescamente enorme y en apariencia sin vida justo como uno esperaría si no existe un creador, y ante todo la realización más importante: la vida es solo una.

Si pudiera contestarle a Pascal le recordaría que las personas que ya lo tienen todo no tienen necesidad de hacer ninguna apuesta.

Matando dragones

“Hasta un reloj roto da la hora bien dos veces al día” – Adagio

Niels Bohr fue uno de los pioneros en el campo de la física atómica. Su brillante trabajo le deparó el Premio Nobel de Física en 1922. Una anécdota cuenta que un reportero al visitarlo se asombró (quizás porque Bohr era conocido como escéptico y ateísta) al ver que tenía clavada una herradura de caballo en una pared tras su escritorio. “Realmente no cree que esa herradura le va a traer suerte, ¿o sí profesor?” – preguntó el reportero. Bohr respondió: “No creo en tal cosa, para nada, son tonterías. Sin embargo, me han dicho que la herradura trae buena suerte aunque no creas en ella.”

Una analogía similar sería decir “Espero que Dios me perdone por ser ateo”. Esta frase, junto con la anécdota de Bohr son discretas alusiones a que bien pudiera uno estar equivocado al negar la suerte, o a Dios.

Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII (una época muy distinta a la actual en términos científicos, sicológicos y filosóficos) trató de probar la existencia de Dios mediante sus argumentos de Quinque viae (lit. en latín “Las cinco vías”), en resumen:

Primer motor inmóvil: Algo tuvo que poner todo en marcha.
Primera causa: Todo es causado por otra cosa, de modo que debe existir una primera que no tuvo causa.
Contingencia: Pudiera no existir nada pero el universo existe, así que debe existir un ser para el cual es imposible no-existir, del cual se derivan el resto que existen.
Grados de perfección: Las cosas tienen diversos grados de perfección, algo debe ser lo más perfecto posible y eso debe ser Dios.
Teleológico: Todo en el universo sigue reglas, las reglas fueron dadas por un ser que hizo que el mundo tenga un orden y diseño.

Los postulados de Aquino no son enteramente de su autoría, son ideas filosóficas antiguas pero adaptadas a su época y teología. Inicialmente las críticas más duras a estas vinieron de los famosos filósofos Hume y Kant, luego por los “nuevos ateístas” del siglo XX y los actuales (al respecto destaca entre ellos Richard Dawkins) en su mayoría científicos de gran renombre en sus campos.

Las cinco vías de Aquino son discutidas en diversas secciones de este libro de una manera u otra. A pesar de las críticas de su razonamiento, algunos grupos radicales fundamentalistas cristianos han recurrido a una modalidad de pensamiento similar conocida como “Creacionismo” con la intención de probar científicamente la existencia de Dios. Dicho de otra manera, usan la ciencia para refutar la misma ciencia a la que aluden los ateístas. Sin embargo sus argumentos son por lo general basados en “grietas” científicas, es decir en aspectos que la ciencia actual sigue estudiando pero no tiene una respuesta definitiva. Los principales argumentos entre estos son los que listé al inicio en el capítulo 1 (puede volver a repasarlos si gusta), los cuales se retoman a continuación con sus debidas refutaciones.

1.      Evolución humana

Aunque ciertamente la Teoría de Evolución por Selección Natural conlleva el título de “teoría”, no es porque no existan pruebas que la respalden, sino porque sigue siendo un ámbito científico en constante actualización. La mayoría de las leyes naturales que damos por ciertas hoy en día, en algún momento fueron ideas, hipótesis y teorías. Por ejemplo la gravedad, el magnetismo, los virus y gérmenes, el heliocentrismo, etc., esto es parte normal del quehacer científico. En forma similar otros conceptos son llamados “teorías” aunque son aceptados ampliamente como hechos, por ejemplo las teorías de relatividad de Einstein, la teoría del Big Bang, la teoría de movimientos tectónicos, teoría atómica, etc. De hecho en el caso de la Teoría de la Evolución solo una minoría continúa llamándola así, es más comúnmente llamada Evolución Humana (en el caso específico, pues aplica para todos los seres vivos).

Un aspecto clave es entender que la Evolución Humana es un proceso de millones de años distribuido por sectores muy separados del planeta. Hasta hace relativamente poco tiempo nuestros antepasados no eran una mayoría, su cantidad no era ni remotamente cercana a los miles de millones de personas que vivimos hoy, eran solo otra especie más entre la enorme cantidad de animales que han existido durante esos millones de años. Encontrar restos, es decir fósiles, de esos antepasados humanos no es lo usual, es al contrario una rara excepción, siendo más inusual aún encontrar restos de cuerpos completos y en buen estado. Ciertamente no existen fósiles de todos nuestros antepasados y de algunos de ellos solo hay fragmentos, pero hay que considerar que tenemos suerte de haber encontrado los restos de muchísimos homínidos. Lejos de esperar que el registro fósil sea perfecto, deberíamos sentirnos privilegiados de que hemos podido encontrar los suficientes para observar el cambio fisiológico de nuestros antepasados con el pasar del tiempo.

La Evolución Humana recibió duras críticas en sus inicios cuando únicamente se basaba en el registro fósil, pero gracias al surgimiento de la Biología Evolutiva de la mano con los descubrimientos de los mecanismos genéticos (incluida la biología molecular), aunado con los cambios en la paleo-antropología, es ahora respaldada no solo por registros fósiles, sino por todo un compendio de ramas científicas entrelazadas.

La Evolución nos enseña que no somos seres humanos creados espontáneamente de arcilla, parches de sangre, polvo, agua, rayos mágicos o conjuros celestiales. Somos la versión moderna de un animal muy diferente a nosotros que tuvo su origen en otro animal y este a su vez en otro. Este proceso puede explicarse y probarse en sumo detalle. Quizás la evidencia más latente está siempre con nosotros, tenemos muelas del juicio “cordales” de cuando nuestros antepasados tenían una boca más grande, un apéndice que ayudaba a digerir las plantas que eran parte primordial de su dieta y que actualmente no cumple ninguna función digestiva, un hueso coxis vestigio de lo que fue hace millones de años una cola para balancear entre las ramas de los árboles, pequeños dedos en los pies sin mayor uso, pero que en ellos fueron más grandes y funcionales para moverse entre ramas, y otros atavismos fisiológicos.

Si algún dios nos creó a nosotros sin duda se ha divertido a lo largo de millones de años de cruzar especies, verlas surgir y morir al no poder adaptarse, o al batallar con drásticos cambios en su ambiente. Ha experimentado con muchos tipos de homínidos antes de llegar al ser humano actual, o quizás simplemente puso en marcha el proceso de la vida y se sentó en su trono celestial a observar qué cosa surgía de todo eso. Si ese fue el caso me pregunto qué le molestaba tanto a ese dios de los dinosaurios para que luego de 165 millones de años de verlos caminar sobre la tierra, un día decidiera exterminarlos violentamente lanzándoles una gigantesca piedra desde el espacio. Quizás era que los dinosaurios no tenían interés en ningún dios en particular, o quizás -y esto tiene más sentido- es que no fue obra de ningún dios y que simplemente esta es la manera en que la naturaleza funciona, mala suerte para los dinosaurios, pero demos gracias a ello pues por eso estamos aquí.

2.      Consciencia

El origen y funcionamiento de nuestra consciencia (definida aquí como nuestra mente, el sentirnos que somos seres pensantes individuales, racionales, que sabemos que pensamos, capaces de entender y utilizar los mecanismos de la naturaleza a cabalidad) es uno de los temas menos entendidos por la ciencia, de hecho su estudio ha permanecido durante miles de años en manos de filósofos y religiosos que han tratado de entenderla por medio de la reflexión y ejercicios mentales, lo cual conlleva intrínseco el problema de que ultimadamente somos una mente humana tratando de entender una mente humana, es decir no conocemos otra especie viva más avanzada –si se quiere- que nos pueda decir qué somos desde un punto de vista externo e imparcial. Con los avances en la tecnología esta división es cosa del pasado, ahora la neurología entiende mucho mejor el funcionamiento electro-químico del cerebro ayudada por nuevos aparatos (FMRI/TAC) que permiten estudiar la reacción de diferentes zonas del mismo en tiempo real. Lo que hace un siglo hubiese parecido una enfermedad mental (o una posesión demoniaca) hoy puede entenderse como un problema del funcionamiento del cerebro.

A pesar de que mucho misterio rodea el tema de la consciencia, hay algo que sabemos con certeza: nuestra mente es producto de nuestro cerebro. Cuando una zona del cerebro se daña, la persona puede dejar de ser la misma, por ejemplo un derrame cerebral lleva a la víctima al perder control de una parte de su cuerpo, a tener problemas de habla o a divagar. Un daño cerebral puede llevar a un estado vegetativo o a uno intermedio donde la persona no pueda reconocer ni a su familia. La neurología ha identificado áreas específicas del cerebro encargadas de funciones especializadas, algunas se encargan de coordinar nuestra capacidad de comunicarnos, otras de ayudarnos a movernos, otras a hablar, ver colores, oír, y algunas otras incluso se activan cuando experimentamos sentimientos de amor, odio o felicidad.

Hay otra simple razón por la cual se le atribuye al cerebro nuestra consciencia. Hasta donde sabemos cualquier órgano del cuerpo con excepción del cerebro, puede ser remplazado y la mente, es decir la personalidad particular, seguirá siendo la misma. En fechas de San Valentín y otras ocasiones románticas abundan las figuras de corazones rojos simétricos, un poético recordatorio de que el sentimiento del amor proviene del corazón. Sin embargo bien sabemos que aquellos que han recibido un trasplante de corazón artificial continúan experimentando sentimientos de amor. La grieta en este caso persiste por la creencia popular de que las personas tienen un “alma” que no es parte de un órgano físico, o que el amor proviene del corazón, o que la mente puede abrir un pasaje hacia el mundo espiritual, estas erróneas deducciones no tienen que ver con el origen de la consciencia sino con la raíz del supernaturalismo.

3.      Origen del universo

Una de las preguntas más importantes en filosofía y metafísica es ¿por qué existe todo en lugar de nada?

La ciencia puede proveer una detallada explicación matemática de qué sucedió luego del Big Bang que originó el universo, pero no puede decir de dónde provino eso que hizo “Bang!” ni porqué lo hizo.

El problema –justo como lo dijo Aquino- es que en el mundo que conocemos las cosas siempre provienen de otras cosas y así deducimos que lo que hizo Bang no pudo simplemente aparecer de la nada y explotar creando un universo, siguiendo la lógica el asunto rápidamente cae en un recursivo ad infinitum cuando el otro algo tuvo que venir de otro algo que a su vez tuvo que venir de otro algo, etc., etc. Razón por la cual muchas religiones proclaman que el primer “algo” vino de un dios que siempre ha existido, resolviendo el asunto del recursivo infinito con otro infinito (Dios es eterno) creando otra paradoja pues no explica de dónde vino Dios.

En ciertos mitos hindúes se dice que el mundo está sostenido sobre la espalda de una tortuga. Ante la pregunta de ¿qué sostiene a la tortuga? el mito continúa con “otra tortuga más grande” y así sucesivamente en una infinita progresión de tortugas gigantes, sin nunca explicar qué sostiene a la última tortuga.

La ciencia puede ayudarnos a entender el cómo, aunque quizás no pueda explicar el por qué existe todo en lugar de nada, pero menos aún pueden las religiones. Y es que a lo mejor el inicio de esta encrucijada reside en la pregunta misma, ¿por qué esperamos que exista “nada” en lugar de todo?

En cosmología el Big Bang es considerado el origen del tiempo y el espacio, desde este punto de vista no puede existir algo antes del Big Bang porque no había tiempo para que ese algo pudiera existir. Preguntarse qué había antes de que existiera todo sería como preguntar de qué color es el número 8. El famoso astrofísico Stephen Hawking se refiere a esto diciendo que “…solo sabemos lo que ha pasado desde el Big Bang, no podemos decir nada de lo que haya sucedido antes. Hasta donde nos concierne lo que pudiese suceder antes del Big Bang no tiene consecuencias y por tanto no debe ser parte de un modelo científico del universo”.R20

4.      Origen de la vida

Si rastreamos los orígenes de la vida en algún momento llegamos a la conclusión de que existió un primer ser vivo, un descendiente común del resto. Luego del primero la vida se puede entender como una reacción en cadena que no deja de multiplicarse en formas de vida tan sencillas como una ameba, complejas como hormigas y extremadamente complejas como un ser humano.

Este primer ser vivo -al igual que todos sus sucesores- estaría hecho de átomos (es decir de elementos químicos) que no tienen vida por sí solos, es aquí donde reside el problema pues pasamos de formas energéticas sin vida a seres humanos. Hacer que algo tenga vida no es tan fácil como parece en películas como las del Dr. Frankenstein(nota 34) que toma partes de cadáveres, las une, hace que un rayo caiga sobre ellas y ¡voila! Un ser vivo que camina, habla, busca comida, desea sobrevivir y reproducirse surge de repente.

El cómo un grupo de átomos da el salto a un ser vivo complejo es un misterio, uno al cual los medios religiosos aluden como prueba de que Dios es la chispa dadora del regalo de la vida (nótese que igualmente se puede achacar a cualquier otra cosa improbable como a la interacción de rayos cósmicos desconocidos o a experimentos de extraterrestres).

Dichosamente hay un reciente e importante hallazgo que aunque no resuelve el misterio nos da una mirada de cómo podría funcionar el proceso.

En el 2011 el científico Martin Hanczyc y sus colegas del Instituto de Física, Química y Farmacia del Centro para la Tecnología de Vida Fundamental (FLinT) de la Universidad del Sur de Dinamarca, tomaron una muestra residual del experimento Miller-Urey (un famoso experimento donde se simula el ambiente de la Tierra primitiva para crear aminoácidos) y a partir de esta crearon lo que llaman “protocélulas”. Estas protocélulas son relativamente simples, solo contienen unos 10 tipos diferentes de moléculas (un puñado considerando que una célula humana puede tener hasta un millón) y a pesar de su simplicidad despliegan rasgos similares a los de una célula creada por la naturaleza: se mueven, giran alrededor de otras, buscan alimento y tienen una forma rudimentaria de memoria. Dicho de otra manera Hanczyc y su equipo han tomado elementos químicos sin vida, los han transformado mediante un proceso muy similar al que pudieron estar expuestos en la Tierra de hace millones de años, y los han convertido en células artificiales que simulan células con vida, todo documentado científicamente, sin milagros ni magia de por medio.R21

Este tipo de experimentos junto con otras teorías al respecto (la Panspermia por ejemplo) tratan de ofrecer una respuesta ante el dilema del origen de la vida, el cual de momento sigue siendo un misterio.

Una prueba de que este proceso sucede naturalmente sería el encontrar vida en otro planeta, o que la vida de otro planeta nos encuentre a nosotros. De momento esta grieta sigue abierta, y aunque se utiliza para aludir a un Dios creador, no es lo suficientemente grande para sostener esa hipótesis.

5.      El equilibrio de las leyes físicas

El universo y la vida misma parecen estar calibrados de una manera perfecta. Si algunas constantes y leyes universales variaran apenas ligeramente, no existiríamos los humanos. De este punto de vista pareciera que todo ha sido diseñado cuidadosamente para que existamos, sugiriendo por supuesto que existe por tanto un Diseñador Supremo con un plan supremo para nosotros.

Hay tres aspectos claves que quienes aluden a esta “calibración” por lo general ignoran.

El primero es lo que se conoce como el Principio Antrópico: es evidente que las leyes naturales existen de la manera que existen porque de lo contrario no habrían seres humanos para darse cuenta de que existen. Aunque estas leyes nos han permitido existir por unos cientos de miles de años, por miles de millones de años no lo hicieron. Peor aún es que son estas mismas leyes las que destruirán nuestro planeta junto con lo que quede de nosotros para entonces. Ese día, aunque la raza humana desaparezca, las leyes del universo seguirán igual, y aunque no lo hicieran, esto supondría que un universo nuevo y diferente se pondría en marcha, quizás creando otras formas de vida que eventualmente podrían pensar que las leyes universales se hicieron para existir ellos.

El segundo aspecto es que el planeta Tierra no es una parte significativa del universo. Somos un planeta entre miles de millones de millones de millones de otros planetas, y hasta donde sabemos, en ninguno de ellos hay vida.

Los telescopios nos muestran que el universo tampoco es un lugar en armonía, es al contrario un lugar caótico lleno de violentas explosiones estelares, colapsos de galaxias, destructivos agujeros negros y de planetas que surgen y se destruyen constantemente. Lo que parece calibrado es solo una parte insignificante del universo, la parte en que vivimos. Eso no es prueba de que un Dios Creador existe, si acaso es prueba de que el tiempo y las condiciones correctas pueden eventualmente crear un planeta como el nuestro con seres vivos como nosotros.

El tercer aspecto proviene de un concepto cosmológico relativamente reciente. Varias teorías astrofísicas sugieren que es muy probable que el universo que vemos sea solamente uno entre una infinidad de otros universos. A este compendio se le llama el Multiverso (más sobre esto en el siguiente capítulo).(nota 35) Si la teoría es correcta esto explicaría por qué el universo tiene las constantes y leyes físicas en las proporciones y valores que tienen. Estas resultarían ser las que existen en este universo; en otros puede ser que varíen dando paso a otras formas de vida muy diferentes a los seres humanos. Es decir que en un panorama donde una casi infinita cantidad de universos existen, es muy probable que al menos uno tenga las condiciones necesarias para que surjan seres vivos como nosotros los humanos.

6.      Dios está presente en todos nosotros

El argumento de que sin Dios no existiría la moral y que todo sería una anarquía social es uno de los más conversados y de los más débiles a su vez. Millones de personas alrededor del mundo viven en un mundo secular sin dioses ni códigos morales divinos plasmados en literatura antigua. Ellos no viven en un constante caos social donde los asesinatos, violaciones, robos y otras atrocidades suceden sin parar como si fuese el fin del mundo. Se rigen por un sistema de leyes y justicia creadas por sus sociedades y por los instintos más básicos del ser humano sobre qué está bien y qué está mal.

En secciones anteriores he discutido la “humanidad humana”, es decir que somos seres con sentimientos y con instintos naturales de sobrevivencia los cuales no contradicen nuestra condición como animales sociales. Es gracias al balance de ambas cosas que hemos podido construir la sociedad actual y el mundo interconectado.

Una de las premisas de este libro es que creer en las cosas sobrenaturales es algo inherente a los seres humanos, aunque esto no implique que la sobrenaturalidad sea real.

¿Está Dios presente en todos nosotros? -Depende de la definición de Dios que se ofrezca antes de hacer la pregunta. Si nos referimos a un Dios omnipotente, omnibenevolente y omnipresente, entonces el consenso es que no por el asunto de Teodicea discutido anteriormente, pero si por otro lado nos referimos a sentir algún tipo de contacto espiritual, o sentir el llamado de un Ser Superior –la cual es una posición teísta- entonces probablemente sí. Antes de ser citado fuera de contexto aclaro que de la misma manera esto tampoco implica que tal sentimiento, a pesar de que es real, se deba a que de hecho exista aquello hacia lo cual extendemos ese sentimiento.

Un ejemplo famoso respecto a nuestra corazonada de que existe algo sobrenatural –un dios si se quiere- es el de Helen Keller (1880-1968), autora y activista política. Desde los 19 meses de edad Helen era ciega y sordomuda, hasta los siete años de edad no tuvo prácticamente ninguna forma de lenguaje para comunicarse. En cierta ocasión luego de que se le logró enseñar a comunicarse mediante lenguaje escrito, se le tradujo un sermón que hablaba sobre Dios, quizás su primer encuentro con el tema, a lo que respondió “siempre supe que existía Dios, pero hasta ahora sé Su nombre”.(nota 36)

El caso de Helen debe verse junto con el de las tribus y pueblos que aunque se desarrollaron prácticamente aislados unos de otros, terminaron eventualmente desarrollando un tipo de espiritualidad. Por cuenta propia –o con una intromisión mínima- todo tipo de pueblos en selvas, desiertos, praderas y montañas llegaron a la conclusión de que hay un tipo de magia y de seres divinos que influenciaban sus vidas, luego derivaron leyendas y rituales acorde a sus creencias. Lo curioso del caso -lo cual a su vez cuestiona la certeza de sus creencias- es que estos pueblos no siempre llegaban a las mismas conclusiones. En unos los espíritus buenos eran lobos, y en otros, estos mismos eran malos. Otros veían un eclipse como señal de buena suerte, mientras otros como un presagio de malas cosechas, etc.

El sentimiento de que “hay algo más” no es la única corazonada que parecemos tener las personas, también nacemos con/o desarrollamos otras, como creer que en cierto momento o juego vamos a tener buena suerte, que la oscuridad es presagio de que algo malo nos va a pasar, y sobre todo, los sentimientos que nos motivan hacia todo tipo de formas de arte. Una pintura puede no ser más que trazos de pigmentos de color aplicados por una tosca broca sobre un lienzo, una sinfonía puede entenderse como un derroche de sonidos en diferentes frecuencias, y aun así, algunas son lo suficientemente poderosas dentro de nuestra siquis como para que nos hagan llorar o para hacernos sentir mejor inmediatamente.

Todos los pueblos desarrollan sus formas particulares de espiritualidad porque sienten que existe, al igual que hacen su música, su arte, sus amuletos para la suerte, sus danzas para la lluvia, etc. Esta es la manera en que somos, y por miles de años hemos evitado, o no hemos tenido, los recursos para preguntarnos por qué somos de esta manera. El atajo que ha prevalecido es aludir a lo sobrenatural, pero como hemos visto hasta este punto hay mejores explicaciones al respecto.

7.      La ciencia no lo sabe todo

De hecho estoy parcialmente de acuerdo en este punto. Hasta Carl Sagan lo aseveró también mediante una elegante frase: “La ciencia está lejos de ser un instrumento de aprendizaje perfecto. Pero es el mejor que tenemos.”

La verdadera pregunta aquí es si la ciencia es el mejor instrumento para validar o invalidar lo sobrenatural. Es evidente que el quehacer científico es el motor que impulsa los descubrimientos sobre la biología, la química, la medicina, la tecnología y otras ramas asociadas, pero ¿cuál debería ser el rol de la ciencia en aspectos como la filosofía, la espiritualidad y las cualidades cognitivas del ser humano? Hasta hace unos pocos siglos la ciencia no lidiaba con asuntos de espiritualidad, razón por la cual temas de ese tipo eran tratados casi exclusivamente por grupos religiosos. En sus inicios ambos aspectos se consideraban mutuamente excluyentes.

Con el paso del tiempo, y quizás muchas veces por meras coincidencias, los campos de estudio donde se aplicaba el método científico se fueron ampliando y llegando a conclusiones que contradecían aquellas propuestas por los clérigos. Los primeros científicos clamaban tener la razón respecto al funcionamiento de la naturaleza, mientras que las religiones se escudaban diciendo que era imposible que lo supieran todo pues hay cosas sobrenaturales que son entendibles solamente mediante asuntos de la fe. Algo con lo que estos últimos no contaban era que el quehacer científico es imparable, ya que está motivado por nuestra voraz curiosidad sobre aprender cómo funcionan las cosas, todas las cosas. Es así que hoy vivimos en una cúspide tecnológica, médica, aeroespacial, comunicativa y recreacional como nunca antes. No obstante la objeción prevalece, la ciencia no lo sabe todo… todavía.

Existen problemas matemáticos sin resolver, dilemas astrofísicos, comportamientos químicos erráticos y muchos otros “misterios” científicos que aún se tratan de dilucidar. Es en algunos de estos donde grupos religiosos radicales –cristianos sobre todo- enfocan su mirada tratando de confundir lo incierto con evidencia. Es de aquí que surgen las grietas y portillos para validar la existencia de Dios, la validez de los milagros y otros asuntos relacionados. Tales grietas son ahora apenas unas pocas, las religiones tienen mucho menos lugar en el mundo moderno para hacer afirmaciones fantásticas pidiendo a sus fieles que las crean únicamente por fe, cuando a la vez están disponibles respuestas científicas que tienen mayor sentido y que son comprobables.

Otro punto que se evade es que aunque la ciencia no lo sepa todo, sabe lo suficiente para dialogar sobre asuntos de lo que existe y lo que muy probablemente no existe. Como he dicho anteriormente, a la ciencia no le importan las creencias del hombre, “no hay sectas en geometría” –decía Voltaire. Para la ciencia el Sol es una estrella, una esfera luminosa de plasma gracias a su proceso interno de fusión termonuclear de hidrógeno y helio encapsulado por su propia gravedad. Si los seres humanos deciden creer que el Sol es un dios que merece sacrificios de vírgenes una vez al año en la época de equinoccio, es un asunto meramente humano de atribución irracional, de cualidades que no reflejan la realidad de lo que el Sol verdaderamente es.

La ciencia no es una religión (nótese que el culto llamado cienciología no tiene relación al respecto), es un compendio de diversas ramas de estudio siguiendo un método de hipótesis, teoría, comprobación y replicación de resultados. Una vez que un principio científico se establece, este puede ser documentado para luego poder ser reproducido por cualquier otra persona con acceso a los medios necesarios, sin importar las creencias subjetivas de esa persona. Por ejemplo, una reacción química siempre será la misma no importa si el que realiza el experimento es judío, musulmán o budista. Al no ser una religión, la ciencia está siempre en obligación de exponer todos los detalles de su quehacer, de manera que cualquier persona pueda comprobarlos o refutarlos cuando lo desee. Es decir que sus explicaciones no requieren de actos de fe ni milagros, sino de pruebas.

 

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Cómo entrenar a tu dragón

“Dile a un devoto cristiano que su esposa lo engaña, o que el yogurt puede hacer a alguien invisible, y seguramente pedirá evidencia al respecto como cualquier otro, quedando convencido solamente si se le da. Dile que el libro que mantiene al lado de su cama fue escrito por una deidad invisible que le castigará con fuego por una eternidad si no acepta las increíbles afirmaciones sobre el universo que contiene, y parece no necesitar ninguna evidencia al respecto.” – Sam Harris, autor.

Recuerdo un día en la escuela cuando un compañero tomó un lápiz entre el dedo índice y el pulgar, y empezó a moverlo de arriba abajo rápidamente. Para sorpresa mía y la de otros niños presentes ¡el lápiz parecía doblarse como si fuera de hule! Inmediatamente todos empezamos a hacer el mismo truco y a enseñarlo a quienes pudiéramos como si fuésemos aprendices de magos. A pesar de los años el truco sigue siendo válido y es relativamente popular entre los niños. No podría asegurarlo pero me parece que debe ser un truco muy antiguo considerando lo sencillo que es de hacer, además de que es casi perfecto, pues toma algo que el espectador sabe que no se puede doblar y lo hace frente a sus ojos, incluso se puede utilizar un lápiz del mismo espectador para darle un mejor efecto sorpresa. A pesar de su elegancia, la falla por la cual este truco no es parte de ninguna rutina de mago de Las Vegas, está en que el espectador inmediatamente se percata de cómo hacer él mismo el truco, asimilando que es solo una ilusión óptica.

Hay muchísimas cosas que todos los días tomamos por ciertas sin preguntarnos si en realidad lo son. Por ejemplo sabemos que si encendemos un radio escucharemos música. En apariencia es como si fuera el radio el que produce la música, pues no vemos nunca la música volar hasta la radio. Vemos el viento agitar una bandera pero nunca al viento y a pesar de ello no asumimos que la bandera está viva y se mueve por sí sola, ni que la radio tenga pequeños músicos dentro.

Igualmente damos como ciertas muchas cosas que son contradictorias en sí mismas. Por ejemplo sabemos que la tienda Apple no vende manzanas, que el pan para perros calientes no es para comer perros (animales) calientes, que la Coca Cola no es una cola con cocaína, que no existe Santa Claus aunque en navidad ponemos su retrato por todo lado, que el corazón humano no tiene la forma simétrica que siempre dibujamos (♥), que las montañas son verdes aunque a la distancia se ven azules, etc.

 

 

Ilusión óptica: ambas mesas miden lo mismo

El efecto Thatcher: ambas imágenes son iguales

 

 

Vivimos en una constante dicotomía entre lo que es cierto y lo que no, haciendo la distinción entre ambas cuando tienen algo de valor en el quehacer diario. Constantemente nos vemos forzados a “entrenar dragones”, es decir, a discernir entre lo que parece, lo que realmente es y lo que desearíamos que fuera. Por ejemplo, si vemos un enorme avión estático en la pista de aterrizaje, una primera impresión sería que semejante aparato no debería ni de flotar ni de volar por el aire, pues no mueve las alas como las aves y se ve sumamente pesado, luego de notar sus gigantes motores y recordar que en principio un avión de papel vuela sin mover sus alas, es probable que se llegue a la conclusión que el avión no flota, sino que se propulsa constantemente por el aire evitando caer al suelo: Luego de ambas observaciones uno podría llegar a divagar mentalmente en que realmente le gustaría que fueran más cómodos, más rápidos o hasta máquinas tele-transportadoras que nos movieran instantáneamente de un lugar a otro. Probablemente si uno nunca acepta la idea de que el avión realmente vuela y es un medio de transporte seguro, nunca abordaría uno. Son pocas las personas que no pueden entrenar este “dragón”, es decir discernir esa idea en primera apariencia correcta pero errónea, razón por la cual los aviones son un medio de transporte popular en el mundo entero.

Este tipo de distinciones se da desde nuestra época de infancia, desde pequeños aprendemos a creer lo increíble para luego darnos cuenta qué no lo es.

A los niños se les lleva a ver películas donde gatos, frutas y hormigas hablan, pero contradictoriamente cuando llegan a la adolescencia, si dicen que un gato les habla, se les dice que maduren o se les lleva a un sicólogo. En esas mismas caricaturas ven que las brujas y hechiceros vuelan usando escobas, pero en el momento que tratan de saltar de un balcón montados en una escoba los asustados padres inmediatamente corrigen la idea advirtiendo que las escobas ordinarias no vuelan. De igual manera en el infante no existe un concepto definido de la muerte, para ellos en apariencia todo lo que está vivo seguirá vivo por siempre. Las cosas cambian el día que muere una mascota o un familiar, momento en que los padres deben explicarle el suceso, algunos optan por decirle que la mascota “se fue al Cielo de los perros” o que el abuelo “está dormido” o “que está en un mejor lugar y algún día lo veremos de nuevo”, reforzando así la increíble y contradictoria creencia que la muerte es algo bueno (o al menos no tan malo) pero sin incitarlo a morir lo antes posible para entrar al Cielo, volver a jugar con sus mascotas o abrazar a sus parientes fallecidos.

El avance tecnológico es otro hecho que refuerza nuestra tendencia a creer en lo sobrenatural, sobre todo en aquellos más jóvenes que no vieron la tecnología actual desarrollarse lentamente. Hoy no es misterioso, mágico ni extraño que dos personas al otro lado del mundo puedan hablar por medio de pequeñas cajas que sostienen al oído. Casi cualquier cosa se puede manipular a la distancia con un control remoto y sus rayos invisibles. Las películas tienen ahora efectos especiales tan realistas que a primera vista pareciera que en efecto fueron filmadas en otro planeta. Es posible poner miles de libros, fotos o videos dentro de una llave USB del tamaño de una moneda. Todo esto y más hoy nos parece normal, pero hace 500 años la sola idea de tales cosas pudiese haber sido catalogada de increíble, ridícula, mágica o sobrenatural. La tecnología ha avanzado tanto que cuando oímos de nuevos inventos o de aparatos en desarrollo que prometen hacer cosas extraordinarias ya no suenan a ideas descabelladas, la línea entre lo que la ciencia moderna y la del futuro puede o no puede hacer se ha vuelto muy delgada, lo que nos obliga a hacer un esfuerzo mayor al delinear en nuestra mente si algo puede o no existir, es decir debemos entrenar “al nuevo dragón” una vez que llega a nuestras vidas. Una vez domado sabemos que no es un dragón para nada, sino un aparato con una nueva tecnología en apariencia mágica pero muy real.

Consideremos los extraños círculos dibujados en los campos cultivados de trigo que obtuvieron enorme atención popular en los 70’s y que en menor cantidad siguen apareciendo en cultivos alrededor del mundo mostrando grandes y cautivadoras formas simétricas. Lo que muchos creyeron -o lo siguen haciendo- es que seres de otro planeta viajaron millones de kilómetros por el espacio en una misión espacial que debió tener un costo de vidas, recursos, décadas de planeamiento y años de viaje interestelar para venir a la Tierra con la sola misión de hacer grafiti en remotos campos de trigo y luego esconderse. Es cuando se analiza el fenómeno que se percata que los círculos aparecen cerca de zonas pobladas, son de fácil acceso desde carreteras y se pueden hacer con una simple tabla atada a una cuerda, es decir, el que sean producto de personas anónimas es más posible a que sean extraterrestres (lo cual de paso me lleva a pensar en la cantidad de dinero que los autores de los círculos que aparecen en las portadas de las colecciones de Led Zeppelin hubiesen recibido si hubiesen reclamado su autoría).

Dibujo simétrico en campo de trigo

 

Otro ejemplo relevante es la creencia en platillos voladores y extraterrestres de ojos grandes que secuestran personas y mutilan ganado. Además de existir sin prueba alguna, el fenómeno se convierte en una teoría de conspiración cuando se añade el que supuestamente los gobiernos del mundo tienen pruebas concretas de su existencia y su tecnología, pero lo ocultan a sus ciudadanos (el tema OVNI se analiza en detalle en una sección posterior).

Es obvio que cuando sabemos cómo algo funciona deja de ser in-creíble para convertirse en algo creíble. Como estipulado en el primer capítulo nos gustan los trucos de magia porque precisamente sabemos que no son posibles, si fuese normal cortar a una persona en dos y volverla a unir con un “abracadabra” no nos interesaría ver ese truco, de la misma manera que no nos asombramos al ver a alguien hablando con otra persona al otro lado del mundo por un teléfono celular. No hay nada de increíble ni mágico en eso, pues aunque no sabemos en detalle cómo funcionan las redes celulares ni las microondas que transportan nuestra voz al hablar por teléfono, sabemos el principio bajo el cual operan los teléfonos.

A la ciencia no le importan nuestras creencias como tampoco la naturaleza toma en cuenta nuestra opinión sobre lo que debe hacer. Aun si todas las 7 mil millones de personas que vivimos en este planeta nos pusiéramos de acuerdo en que el cielo debe ser verde de ahora en adelante y no azul, este seguirá siendo azul no importa lo que hagamos; tampoco podemos detener un eclipse o cancelar una explosión supernova por más que queramos. Hay en realidad muy poco que podamos hacer para alterar el curso natural de las cosas, incluso si destruimos este planeta con el tiempo se renovará de nuevo.

A pesar de que Galileo y Newton sentaron los pilares de la física hace siglos, aún hoy en día si se le pregunta a una persona promedio ¿si una bola de boliche y una de ping pong se dejan caer de la misma altura, cuál toca el suelo primero? Un gran porcentaje dirá que la bola de boliche, de la misma manera que la mayoría cree que cuando un avión deja caer una bomba esta cae en línea recta, cuando en realidad cae en un arco parabólico, pues es lanzada desde un avión en rápido movimiento horizontal. Tenemos una predisposición a asumir cómo suceden las cosas en el mundo natural, cuando en realidad al ser analizados en detalle vemos comportamientos diferentes a nuestra idea preconcebida. Conciliar ambas perspectivas es lo que llamo “amaestrar al dragón”.

Consideremos lo dicho anteriormente sobre lo que es, lo que no es, y lo que desearíamos que fuera. Hacemos esta distinción todo el día y aprendemos que el mundo real no puede vivirse como si fuese de fantasía aunque así lo deseáramos. Llegado el momento no podemos ofrecer excusas como que “había una marcha de ángeles protestando porque los aviones invaden su espacio aéreo” y por eso llegamos tarde al trabajo o a clases, tampoco podemos decir en la corte que “un duende secuestró a mi gato y me pidió que robara el banco para pagar el rescate”, ciertamente nadie en la oficina, en la universidad ni el juzgado creería semejante historia y sin embargo mucha gente sigue creyendo en que existen los ángeles y los duendes, para ellos lo ilógico en esos argumentos es que los ángeles no hacen marchas y que los duendes no secuestran gatos, extrañamente esa es la parte que para ellos no tiene sentido y no la parte donde ninguna de las dos cosas existen en primer lugar.

Muchas enseñanzas religiosas y creencias espirituales enseñan cosas que van en total desacuerdo con el mundo real, el creyente al verse en una encrucijada entre lo que es, lo que no es y lo que desearía que fuera, hace algo con poco sentido común pero muy conveniente: crea una mezcla entre las tres cosas. Como dije en un apartado anterior termina haciendo una religión o creencia a la medida. Desde este punto de vista auto-validado al mundo le falta más espiritualidad, la gente ha olvidado los valores religiosos, el contacto con su espíritu y con la Gaia madre naturaleza. Este tipo de creyente parece estar inconforme con la simpleza del mundo asegurando que a este le faltan cosas increíbles para tener una visión completa de la verdad, es decir de las convicciones a la medida que ha inventado según sus creencias fantásticas, para encontrar -como si fuese una búsqueda de tesoro pirata- la X que marca dónde yace escondida la verdad.

En el siguiente capítulo veremos otros aspectos de la psique humana, del comportamiento social y de lo que importantes aspectos sicológicos nos dicen sobre el por qué y el cómo vivimos en este constante dilema entre lo racional y lo fantástico.


Capítulo 5
El mundo ilusorio

“La religión es considerada por la gente común como cierta, por los sabios como falsa, y por los soberanos como útil.” -Lucius Annaeus Seneca. Político Romano, asesor de Nerón.

Oliver Sacks es un famoso neurólogo de la ciudad de Nueva York, E.U., también es el autor del libro Despertares, que luego se convirtió en la película protagonizada por Robin Williams que mencioné anteriormente. Entre las tantas historias asombrosas de pacientes de Sacks sobresale la de un profesor de música en primera apariencia muy normal y agradable. El profesor acompañado de su esposa llegó a su consultorio referido por un oftalmólogo ya que tenía problemas de visión y sin embargo no había nada malo con su vista. Luego de una corta entrevista con el doctor decidió que era hora de marcharse y empezó a buscar su sombrero, entonces tomó la cabeza de su esposa y trató de desprenderla para ponérsela encima. Al parecer el profesor confundía constantemente la cabeza de su esposa por un sombrero!

El profesor de música era una persona relativamente normal, excepto que padecía de una enfermedad llamada agnosia visual causada por un daño del lóbulo temporal del cerebro que le impedía reconocer la forma de objetos cotidianos aun cuando no había nada malo con su vista.

En el mundo de la neurología y la siquiatría hay una serie de trastornos realmente increíbles. Otro ejemplo es la Apotemnofilia, una condición donde el paciente -por lo demás sano en todo sentido- contacta cirujanos solicitando que le amputen un brazo o una pierna sana, o deliberadamente se hieren para que se fuerce la amputación en una emergencia. Asombrosamente muchos se sienten mejor luego de amputar la extremidad sana.

Otra extraña condición es el Síndrome de Cotard; quienes lo sufren creen que su vida ha terminado y que están ahora muertos. Otras variaciones incluyen el sentir que ellos no existen, que se están pudriendo o que ya no tienen órganos internos.

A diferencia de los casos de fobias (incluidas las extravagantes que mencioné en un capítulo anterior) muchas de las condiciones mentales más sorprendentes son producto de un mal funcionamiento del cerebro. Recordemos que es el cerebro el que controla nuestra percepción de la realidad. Considere el caso de que cuando alguien compra una pastilla contra el dolor (como una aspirina, acetaminofén/paracetamol, ibuprofeno, codeína, etc.) no compra una pastilla para el dolor de brazo derecho, de rodilla, de pierna o de un dedo en específico, la pastilla contra el dolor es genérica ya que actúa sobre el cerebro y no directamente sobre el dedo herido o la extremidad adolorida.

Las personas ya sea por enfermedades mentales, situaciones sentimentales, impulsos instintivos, daños cerebrales o coerción social, pueden hacer cosas muy extrañas en contra de lo que la razón les indica.

Aunque ya he mencionado varios de estos comportamientos atípicos, en esta sección se incluyen otros basados en comportamientos sociales, no solo con la idea de entretenernos un poco (no puedo negar que muchos de estos ejemplos son bastante jocosos), sino con la intención de establecer que en gran parte la gente cree en lo sobrenatural porque de igual manera realiza diariamente cosas igualmente extrañas en contra de lo que indica la razón, aun estando plenamente consciente de que lleva a cabo dichas acciones.

Un caso es el de la glosolalia de algunos predicadores y asistentes a cultos cristianos (sobre todo, pero no exclusivo, de grupos Pentecostales), es decir el que en determinado momento de éxtasis casi llegando al trance, mezclan el español con una serie de sílabas y palabras sin sentido como si hablasen otro idioma (quizás recordando la historia de Pablo en Actas 19:6, o la de Jesús en Marcos 16:17), sin embargo lo que dicen no tiene sentido en ningún idioma conocido.

Similar es el caso de los “poseídos por demonios” cuyas contorsiones y gritos claman por exorcismos, o el de los católicos, cristianos y musulmanes Shi’a que se auto-flagelan con cadenas, cuchillos y látigos en fechas litúrgicas. Incluso el papa Juan Pablo II era practicante esporádico de la flagelación con un látigo que cargaba regularmente con él incluso en sus viajes.R22

Al menos en el caso de daños cerebrales o traumas sicológicos, la causa puede incluso calificarse como una enfermedad y un curso de corrección puede ser definido sea por medicinas o terapia, pero en el caso de las extravagantes prácticas religiosas es más extraño de aceptar, al menos para quien no las practica, que no son producto de un mal funcionamiento cerebral sino que se llevan a cabo de manera consciente y voluntaria sin una razón lógica de por medio. Algo similar sucede con algunos comportamientos sociales cotidianos de creyentes y escépticos por igual. Esto es lo que veremos en este capítulo, el cómo somos animales sociales y las contradicciones lógicas que esto significa para nuestras vidas, mismas que se reflejan en la creencia en lo paranormal.

Exposición reiterada

Recuerdo celebrar uno de mis cumpleaños en la famosa torre Eiffel en París. Falto de dinero tuve que usar las escaleras cargando un bulto de veinte kilos en mi espalda y solo pude comprar unas papas fritas y una cerveza para celebrar, no obstante fue sin duda un cumpleaños memorable pues ese día era uno más de las 250 millones de personas que han visitado la torre. Recuerdo que la vista desde lo alto era increíble, pero en sí la torre para mi gusto no tiene nada de espectacular. Es una estructura tosca de metal y enormes tornillos. La historia cuenta que en sus inicios hubo una gran controversia y críticas de los parisinos contra la torre, algunos la llamaban una abominación de la belleza de París, otros la tildaban de monstruosa y las quejas al respecto rebozaban en la política, el círculo artístico y en los diarios de la época. Eventualmente las quejas populares cesaron y hoy es uno de los monumentos más emblemáticos y visitados del mundo.

La torre Eiffel es un buen ejemplo de un fenómeno sicológico llamado el efecto de la mera exposición, o el principio de familiaridad. En resumen: eventualmente nos gusta lo que miramos siempre.

Nuestros nombres son un ejemplo al caso. Desde que nacemos nos llaman por nuestro nombre una y otra vez, lo escribimos y leemos en casi todo documento que tenga relación con nosotros; no es sorprendente que al cabo de los años nos guste tanto que lo andamos en llaveros, placas, tatuajes, compremos bebidas con nuestro nombre en la etiqueta (campaña de Coca Cola 2015) y hasta nombramos a nuestros hijos igual que a nosotros.

Nos gusta pensar que a nuestros amigos los escogemos libremente según nuestros gustos en común, pero en realidad la mayoría de ellos usualmente son/fueron gente con la que pasamos mucho tiempo juntos: compañeros de trabajo, de estudio o vecinos, con el tiempo la proximidad nos lleva a conocerlos bien y a entablar una amistad aunque no tengamos gustos en común con ellos (lo mismo aplica para los amigos de nuestros amigos que terminan siendo también nuestros amigos). El famoso autor de este tipo de temas Malcolm Gladwell, lo resume diciendo que “…en otras palabras no buscamos amigos. Nos asociamos con la gente que ocupa los mismos espacios que nosotros”.R23

Aunque en aspectos religiosos la connotación sicológica no solo depende de esto, la simbología es un aspecto clave para difundir la religión y para demarcar las áreas donde predomina una en particular. El cargar crucifijos, estrellas de David, signos Om, estampas de Vírgenes, rosarios, etc., son constantes recordatorios de que el individuo tiene una creencia definida sobre lo divino y sacro. Sobre todo en el catolicismo donde el símbolo de la cruz está por doquier: en los techos de las iglesias, en el patrón de persignarse, en el altar, en los crucifijos de procesiones y en los que cargan los feligreses en cadenas al cuello o adhesivos en sus autos.

En muchas religiones también se prefiere que sus miembros se casen entre profesantes de la misma, siendo que eventualmente la religión se esparce entre los hijos de estos matrimonios quienes repiten el proceso una y otra vez. Similar al concepto donde los amigos no se escogen, la religión en estos casos evita que sus seguidores y los hijos de ellos tengan una mayor gama de opciones en asuntos de pareja y en considerar siquiera otras religiones. Con esta premisa muchos autores recientes han elaborado la tesis de que la religión es un tipo de virus, uno mental pero que comparte enormes similitudes con los virus que causan enfermedades, entre ellas la manera en que se esparceR24. Otros, entre los que sobresale el renombrado Richard Dawkins, prefieren la connotación de que las ideas religiosas se comportan como “memes culturales” (meme es una palabra acuñada por Dawkins en su famoso libro El Gen Egoísta) es decir que son ideas, comportamientos y estilos que se transmiten de persona a persona dentro de una cultura.R25

Dinámica de grupos

Una vez que una persona se une a un movimiento religioso adquiere un sentimiento de pertenencia a dicho grupo indiferentemente de lo que ese grupo crea o no. En términos de espiritualidad el mundo se divide a partir de ese momento entre lo que cree mi grupo (el que está en lo correcto) y lo que creen los demás grupos (los equivocados).

La mayoría de los líderes religiosos no incitan a sus fieles a quedarse en casa, a orar individualmente de manera regular, ni a que dediquen tiempo a encontrar su fe y felicidad en aislamiento sólo con la ayuda de meditación y estudio de sus escritos sagrados. Ellos quieren formar su grupo para así ver sus parroquias, monasterios, sinagogas, cultos e iglesias llenos de gente clamando con fervor el nombre de Dios, congregados y participando en cánticos, oraciones comunales, prestando atención a sus sermones y dando diezmos de dinero o tributos materiales. Este tipo de líderes son los primeros en enfatizar que el mundo está lleno de grupos equivocados: el grupo de los homosexuales, de los ateos, de los que defienden el aborto, de los idólatras, de los alcohólicos y drogadictos, de las prostitutas… en general de todos aquellos que “andan en pecado” y por supuesto los grupos de las religiones falsas, para ellos todos estos son los grupos externos (los equivocados).

Algo que no parecen notar es que las distinciones entre los grupos externos y los propios no son mutuamente excluyentes y promueven el estereotipamiento, división y el surgimiento de rupturas tildadas de hipocresía o de exaltación según el grupo al que se pertenezca. Por ejemplo, un homosexual puede unirse a la iglesia, un cristiano puede volverse musulmán, un creyente puede volverse ateo, una prostituta puede estar en contra del aborto, un drogadicto puede tener más fe que un creyente (algunos pastores abiertamente se declaran ex adictos como una señal de grandeza), etc.

Esta dinámica de grupos no es exclusiva de las religiones, es un comportamiento social general, es lo que las personas hacemos cuando nos unimos con otras para formar grupos o círculos sociales con un fin específico. Una vez que pertenecemos a un grupo apoyamos su causa para sentirnos parte de “algo más grande” (de un objetivo inalcanzable individualmente) y así no ser excluidos del mismo.

Comparado con el caso del futbol (lo cito de ejemplo dada la popularidad del mismo en América Latina) vemos que una vez que alguien se decide a apoyar un equipo en particular (muchas veces por influencia del lugar donde vive, familia y amigos) ya no se auto-considera un simple espectador del juego, ahora es parte del equipo y de una enorme afición, usa una camiseta que identifica su grupo y vitorea a toda voz los goles de su equipo al lado de otros que se unieron al mismo fanatismo, su equipo es ahora el correcto y los otros los equivocados, aun cuando en muchos de ellos los jugadores y entrenadores hayan pertenecido a equipos rivales por años. El fanático se informa constantemente mediante la prensa deportiva y tiene discusiones sobre los jugadores de su equipo, cuerpo técnico y directiva, tanto que busca la oportunidad de hablar y ufanarse al respecto con otros entusiastas del deporte como si algo del tema tuviese mayor relevancia en sus vidas, la economía del país, la política, la salud, el bien social o si existe el Cielo o no. Es el sentido de pertenencia a un grupo el que le motiva a seguir apoyando a su equipo, no el que este tenga los mejores jugadores ni las mejores estadísticas, pues si ese fuera el caso estaría cambiando de bandos constantemente.

Algo interesante en dinámica de grupos es que se pueden dividir y poner en contra uno del otro, es decir que un grupo se puede dividir en sub-grupos opuestos. Si alguna vez ha participado en eventos corporativos para promover el trabajo en equipo quizá haya sido testigo de cómo funciona esto; en un juego determinado -una partida de fútbol por ejemplo- el departamento de Finanzas juega contra el de Recursos Humanos, son equipos rivales y ponen todo su empeño en probar que un departamento es mejor que otro. Una hora después en la actividad siguiente el moderador decide hacer tres grupos para jugar carreras de relevos y mezcla miembros de Finanzas con Recursos Humanos en un solo grupo, para luego dividirlos en tres grupos mixtos. A los equipos ahora se les da unos minutos para pensar su estrategia de juego, momento que aprovechan para crear una identidad temporal: adoptan un nombre de equipo, un slogan, incluso una mascota. A la hora de la carrera ahora el equipo X vitorea a su equipo y motiva a sus corredores diciendo que ellos son mejores mientras trata de desmotivar a los equipos contrarios con bromas pesadas y comentarios desmotivadores, llegando incluso en ocasiones a insultar a miembros de equipos contrarios, aun cuando hace menos de una hora muchos de esos miembros fueron parte de sus propios equipos en el partido de futbol.

Como ejemplo adicional supongamos que un grupo de homosexuales debate con un grupo de conservadores sobre los derechos constitucionales del matrimonio. Probablemente el asunto se torne candente llegando casi hasta los insultos, pero si ambos grupos se mezclan y luego se dividen entre los que están a favor del aborto y los que no lo están, para luego someterlos a debate de nuevo, esta vez sobre el tema de la legalización del aborto, es muy probable que estos dos nuevos grupos se enfrenten tan acaloradamente como antes apoyando a sus nuevos compañeros sobre la causa nueva (el aborto), sin importar que hasta hace poco fueron rivales sobre una causa diferente.

El fanático de un equipo de futbol raramente cambia de equipo porque la directiva decidió cambiar al Director Técnico, o porque no le agrada la manera en que juega o se expresa un jugador en particular, él debe apegarse a las decisiones del grupo si desea seguir perteneciendo al mismo, incluso cuando esto implique estar en contra de sus propias convicciones individuales.

Una vez que se pertenece a un grupo se supone que cuando la mayoría de sus miembros -sobre todo sus líderes- están de acuerdo en un asunto, es la decisión correcta y todos deben de aceptar la posición al respecto. Este es el Principio de Conformidad en sicología social de grupos.

Un experimento famoso relacionado es el Paradigma de Asch (desarrollado por el sicólogo Solomon Asch), en este, a un grupo de personas se les muestran imágenes con líneas de varios tamaños y se les pregunta uno a uno cuál es la más corta, las imágenes muestran claramente una línea bastante más corta que las demás así que la respuesta es obvia. Previo al experimento todo el grupo se pone de acuerdo en que en determinado momento van a seleccionar la respuesta equivocada deliberadamente aun cuando será obvio que la línea seleccionada no es la respuesta correcta, luego un participante que no sabe nada al respecto se une al grupo, sorprendentemente luego de que uno a uno de los miembros del grupo seleccionan a propósito la respuesta equivocada, cuando llega el turno del participante nuevo este también la selecciona la mayoría de las veces (hasta un 75%)R26 aun cuando sabe que los demás se equivocan. Esto lo hace solamente para seguir perteneciendo al grupo correcto y no pertenecer al equivocado del cual nadie es miembro.

 

 

 

Fichas para el experimento de Asch, a un voluntario se le pide comparar la línea de la izquierda con las de la derecha y señalar la más parecida. Aunque es evidente que la respuesta es C, al ser presionado por el grupo indica que la correcta es la A o la B para encajar.

 

En los últimos años he notado una tendencia menor a congregarse entre católicos y cristianos que lo han hecho por décadas. Sin embargo, no he notado entre estos que haya un aumento en el cambio de religión o en el abandono total de la misma, muchos –como fui yo en mis últimos años religiosos- se decidieron por ser “no practicantes”. Como si de alguna manera hubiesen empezado a cuestionar su fe y su religión al punto de dejar de atender las ceremonias, pero sin atreverse a dar el paso de cambiar de religión o negarla. Supongo, y es solo mi opinión, que detrás de muchos de estos casos hay un aspecto de presión social donde el miedo, la vergüenza, el admitir que se equivocaron por mucho tiempo o el tener que dar explicaciones al respecto, hace que estas personas no dejen su religión totalmente por pensar en la reacción de su pareja, sus hijos, sus compañeros de trabajo, sus amigos, sus vecinos y los compañeros de culto. Ellos también saben que su grupo se equivoca y sin embargo consienten su religión y/o espiritualidad traicionándose a ellos mismos al saber que la respuesta correcta es otra.

 

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La gabardina del asesino

Si este capítulo le resulta particularmente interesante, le recomiendo el libro Supersense de Bruce Hood ya que es una excelente obra en temas de sicología social. Bruce es partidario de que el sentido de creer en lo sobrenatural es natural –valga la redundancia- en los seres humanosR27 Una de las secciones de su libro trata sobre la asignación de valores (no monetarios) a cosas materiales. Por ejemplo el proceso por el cual los infantes convierten en su mejor amigo a una almohada, una frazada o a un peluche, o el cómo adquirimos o no deseamos deshacernos de cosas que no usamos por la sola razón de que “tienen un valor sentimental”.

Con solo ver un niño(a) jugar con un muñeco(a) podemos observar parte de este proceso en acción. Al corto tiempo de jugar, el infante proyecta una voz como si proviniera del juguete el cual ahora “habla”, también cuando alguien pregunta por el nombre de la muñeca si esta no tiene uno el infante lo inventa.

Es un proceso que prosigue toda nuestra vida. Muchos de nosotros tendemos a ponerle un nombre a nuestro auto e incluso le hablamos de vez en cuando, como si este tuviera una personalidad y pudiera entendernos. Por años he dado soporte a sistemas de cómputo y de vez en cuando uno topa con un usuario que tiene problemas erráticos con una computadora o impresora, y cuando se le pregunta cuál es el problema, algunas veces responde algo como: “cayó muerta”, “se volvió loca”, “anda de mal humor” o “no me quiere”, como si el dispositivo tuviese algún tipo de consciencia o intenciones en particular en su contra.

Otro ejemplo relacionado ocurrió en Costa Rica apenas unas semanas antes de escribir estas palabras. Un señor fiel devoto a la Virgen de los Angeles puso una imagen de ella en un bolsillo y un revolver en el otro. Se sentó en una de las bancas de la Basílica de los Angeles y se suicidó de un disparo dentro de la iglesia (al parecer porque estaba muy enfermo y sus oraciones a la Virgen no eran escuchadas pues no notaba mejoría). Unos días después el párroco decidió quemar la banca donde cometió el suicidio para “…evitar temores o ideas erróneas de quienes acuden a la misa”.R28 Con esas palabras es claro que el párroco estaba enviando un mensaje de que la gente iba a pensar que la banca estaba maldita, o que el espíritu del hombre seguía aferrado a la banca, así que prefirió destruirla para no afectar la asistencia a la Iglesia. Quizás sin querer, el párroco transformó una banca de madera ordinaria en un objeto misterioso que puede almacenar energías negativas de espíritus.

Uno de los mejores ejemplos de esta asignación de valores es el que cita Bruce Hood en su libro. A un grupo de personas se les muestra un bolígrafo que perteneció a Albert Einstein, todos en la audiencia entusiasmada quieren verlo y sostenerlo por un instante. Seguido les muestra fotografías de un Sargento Nazi de la Segunda Guerra Mundial cometiendo todo tipo de horrendos crímenes: torturando presos, quemándolos vivos, haciendo dolorosos experimentos en niños, etc. En ese momento toma una chaqueta y les indica que esta perteneció al Sargento y los invita a ponérsela.(nota 37) Esta vez los gestos del público son de disgusto, pocos quieren tocar la chaqueta y menos aún se atreven a ponérsela. Aquí vemos de nuevo como las personas le atribuyen una característica a un objeto que carece de ella, sea de admiración o de miedo, como si el objeto pudiese de alguna manera transferir “energía” o sentimientos residuales de su antiguo dueño. En este experimento ni el bolígrafo era de Einstein ni la chaqueta del Sargento, eran dos objetos ordinarios del mismo Bruce y sin embargo la gente pensaba que parte de Einstein o del Sargento seguía adherida a sus objetos décadas después de sus muertes.

Este tipo de pensamiento irracional pero común, es el mismo que en principio no nos deja comprar ropa interior de segunda mano, no importa cuán bien lavada y esterilizada haya sido. No es sorprendente que la ropa interior no se venda de segunda mano, no porque no haya un proceso para limpiarla sino porque el cliente promedio no la compraría sin importar cuán limpia o certificada de pureza sea la prenda.

En forma similar, pocas personas se deciden a comprar una casa si saben que ahí se cometió un asesinato o un suicidio, no importa si han pasado años luego del evento ni si la casa ha sido limpiada a fondo o ha sido incluso remodelada;, una vez que la idea de que algún tipo de “energía” espiritual residual (no material) puede de alguna manera impregnarse en las paredes o muebles (materiales) de la casa, difícilmente el potencial comprador se decide por ella. Por el lado positivo aquellos pocos que no les interesa el dato, pueden aprovechar la creencia supersticiosa para conseguir un mejor precio en la propiedad.

Una nota curiosa respecto a esto es que constantemente pasamos por lugares donde ha fallecido gente violentamente: tramos de carretera, piscinas, ríos, parques, hospitales, etc. y sin embargo no recuerdo una sola historia donde un hospital se paralizara porque un fantasma en la cocina no dejaba de correr, o que las plazas de parques donde una vez fueron fusilados solados aparecieran llenas de fantasmas a plena luz del día, ni cosas similares.

La asignación de valores a objetos es una de las principales características de las religiones. El creyente le da un enorme valor a las cosas que puedan “transmitir” algo de sus dioses, profetas y santos. Millones de personas peregrinan todos los años a lugares sacros para observar reliquias, piedras sagradas, cubos gigantes sagrados y esculturas religiosas que tienen un enorme valor espiritual para ellos, pero ninguno para los ajenos a sus religiones (es decir para la mayoría del mundo). Aunque prácticamente todas las religiones mayoritarias desacreditan la idolatría y exhortan a no adorar cosas materiales, la mayoría no lo consiguen totalmente, haciendo que las figuras en forma de esculturas, estampas y pinturas de sus divinidades sean comunes y en muchas ocasiones convertidas en objetos de culto directo. La religión que quizás tiene una mayor representación material de sus divinidades es la católica. Esta adoptó la cruz que convirtió en el símbolo universal de la divinidad de Jesús, tanto que aunque hecha por dos simples y ordinarios cabos de madera, le atribuye el poder de repeler demonios, ahuyentar hombres vampiro y atraer salud, además de ser el indicador de las tumbas de sus seguidores como si esto fuese un requisito para entrar en el paraíso o para que el día del juicio los ángeles no se olviden de cuales tumbas revisar.

Otro objeto sumamente venerado –al menos en Latinoamérica- es la imagen de la Virgen María. Entre católicos y protestantes el culto a María es un tema de división, unos le tratan como si fuese la madre de Dios (no de Jesús sino de Dios mismo) y otros prácticamente la ignoran y no le dan más relevancia que el de haber sido una buena madre. No dudo que en este punto muchas personas no concuerden con mi afirmación de que son las imágenes de la Virgen las veneradas y no la persona histórica María la madre de Jesús a través de ellas. A diferencia de Jesús, la Virgen María no posee un símbolo universal, de hecho al parecer ni siquiera tiene un solo nombre pues se le venera bajo varios seudónimos (Virgen de los Angeles, Virgen de Guadalupe, Virgen de Fátima, etc.) y aparece en figuras de variadas apariencias y materiales (piedras, tostadas de pan, tortillas, etc.). Sus estatuas de vez en cuando se reportan llorando lágrimas, aceite o sangre. Insisto en esto de nuevo: hay personas muy religiosas que realmente creen que una estatua de yeso tiene la capacidad física de segregar lágrimas de sangre, y otras que alaban una tostada de pan con queso únicamente porque esta salió del horno con la aparente forma de la Virgen María.(nota 38)

Famoso sándwich de queso con supuesta forma de la Virgen María

Este mecanismo se extiende a muchos otros quehaceres humanos, siendo otro sumamente relevante la superstición y el fetichismo. Hay supersticiosos que creen que romper un espejo o caminar bajo una escalera trae mala suerte, una herradura de caballo buena suerte, o que la naturaleza crea los inusuales tréboles de cuatro hojas con el fin de darle esperanza a una persona en particular.

Influencia social

Visitar cementerios no es usualmente uno de mis destinos turísticos favoritos, sin embargo aprovechando un viaje a Francia brevemente visité dos de sus enormes cementerios emblemáticos: el Père Lachaise, donde se encuentran entre otras tumbas la de Jim Morrison, Chopin, Oscar Wilde y Miguel Angel Asturias, y el Montparnasse, donde están la de Jean-Paul Sartre, Julio Cortázar y Porfirio Díaz, entre muchos otros.

Quedé un poco decepcionado ante la simpleza casi deplorable de la tumba de Jim Morrison, esperaba algo más llamativo, más “digno” de una gran leyenda mundial del rock, dichosamente algo de g.l.o.r.i.a mantiene gracias a las muchas flores que sus fans dejan a diario en el lugar. En contraste, la de Oscar Wilde es un monumento con una gran estatua de una especie de esfinge egipcia con alas, llena de marcas de besos de admiradores que las dejan marcadas en la piedra como si se los estuviesen dando en la frente al fallecido poeta irlandés. De todas la que hallé más curiosa fue la de Sartre, que aunque sencilla, estaba cubierta de tiquetes del Metro sostenidos por pequeñas piedras, al verla supuse que la razón del porqué los visitantes dejaban sus tiquetes de metro ahí debía estar relacionada con alguna de sus obras, sin embargo luego de preguntar a un par de personas que los dejaban y posteriormente de indagar el asunto en internet resulta que al parecer no hay una razón en particular. Asumo que quienes dejaban sus tiquetes sobre la tumba lo hacían simplemente porque imitaban a quienes lo habían hecho horas antes, claro que también ayudaba el hecho de que probablemente la mayoría tenía un tiquete del metro en su bolsillo de todas maneras, pero el factor principal parece ser la influencia del comportamiento de los demás, aun si este no parece tener explicación.

No solo nos vemos afectados enormemente por las acciones sociales, sino que es importante admitir que las personas son muchas veces mejores notando cosas nuestras que nos cuesta ver en nosotros mismos. Michael Shermer -a quien ya me he referido antes- en uno de sus libros presenta un profundo estudio del porqué la gente cree en Dios,R29 en una sección analiza el asunto desde la perspectiva de una tercera persona, al hacer la pregunta, la mayoría de respuestas tienen de alguna manera un enfoque racional como el aparente diseño de la naturaleza o la perfección del universo, aludiendo a cosas como que “alguien tuvo que hacer toda esta belleza”. Pero al preguntarle a la misma persona por qué cree que otra persona X cree en Dios, la mayoría de respuestas se inclinan a aspectos emocionales o pragmáticos diciendo que esa persona X cree en Dios porque eso le da consuelo, esperanza, significado y propósito en su vida. O sea que cuando pensamos en por qué creemos en Dios nuestra respuesta es engañosa, pero cuando nos preguntamos desde el punto de vista de una tercera persona (de otro X) entonces obtenemos la respuesta correcta la cual coincide con las respuestas de otras personas hacia nosotros.

La influencia social es el tema del libro titulado Influencia: La Sicología de la Persuasión, por el sicólogo Robert Cialdini, un Best Seller que ha vendido millones de copias y ha sido traducido a 26 idiomas. En su libro se detalla una teoría de cómo opera la influencia social basada en seis principios clave: Reciprocidad, Compromiso y consistencia, Consenso social, Simpatía, Autoridad, y Escasez.

El libro de Cialdini tiene un trasfondo sicológico y está muy enfocado al mercadeo. En esta sección quisiera tratar de adaptar sus principios a temas espirituales y religiosos, de antemano aclaro que mi interpretación al respecto difiere de las propuestas en su libro.

1.      Reciprocidad

Las personas usualmente devuelven los favores y tratan a los demás de la manera en que ellos los tratan. Por ejemplo los Hare Krishna en lugares públicos ofrecen una flor o algún otro detalle a los transeúntes pero no la aceptan de vuelta. La persona que la recibe al verse imposibilitado de regresarla siente la opción de donar a su causa en el mismo lugar devolviendo así el favor con unas monedas. Cuando en un restaurante el mesero nos trata bien (digamos cuando le trae un dulce a nuestros hijos o alguna cortesía de la casa por pequeña que sea) quedamos más propensos a ordenar más artículos del menú, a dejar una mejor propina y a volver de nuevo al restaurante. Es la regla de oro “haz el bien a quien te lo hace a ti”.

Una de las principales críticas que pesan sobre muchos grupos cristianos es su política de colectar el diezmo, es decir, de presionar a sus miembros a que colaboren con dinero para la iglesia. Una de las maneras de lograrlo es resaltar que la iglesia ha hecho grandes cosas en la vida de esa persona al acercarlo a Dios, que otros miembros y el mismo pastor ora por sus peticiones o que hay que hacer sacrificios de algún tipo para agradecerle a Dios por lo bueno que provee. Convenientemente en casos de fieles pasando por momentos de adversidad, se les dice que hay que hacer los donativos para precisamente revocarla, y encima de todo esto la insistencia se ensalza con algunos versículos que parecen respaldar la práctica. Muchos devotos terminan dando lo poco que tienen a la iglesia considerando que esta ha sido de bendición en sus vidas. Con mucha frecuencia su dinero termina en las cuentas bancarias del predicador que la dirige, quien dispone del mismo como quiera sin dar cuentas claras y no siempre en favor del ministerio.

En situaciones más extremas, pero bajo el mismo principio, fieles religiosos terminan financiando grupos terroristas para que estos hagan la voluntad de Dios a toda costa, ellos también intercambian dinero por un asiento de primera fila en el paraíso y en señal de gratitud por la abundancia que su dios les ha brindado o brindará.

En países con una gran influencia católica, muchas clínicas y hospitales públicos o privados llevan nombres de santos, santas, Vírgenes, la Trinidad o Jesús, algunos –aunque ya son los menos- tienen capillas de oración y aceptan a monjas como voluntarias en el cuido y apoyo moral de pacientes. Es como si de alguna manera se asociara recíprocamente la religiosidad con la salud, haciendo pensar que tener cuidado hospitalario y una pronta recuperación fuese un subproducto del actuar espiritual y no de medicina moderna. No es justo que la religión se lleve el mérito cuando somos nosotros los que nos llevamos la factura de los gastos médicos.

2.      Compromiso y consistencia

Tenemos una fuerte tendencia a ser consistentes con los compromisos adquiridos, es decir a que cuando damos nuestra palabra tratamos de no cambiar de opinión al respecto todo el tiempo. Intentamos mantener el compromiso pues no solo es externo (si es que lo adquirimos con alguien), sino adquirido también por nuestra imagen personal interior.

Un ejemplo es cuando alguien predicando te pregunta “¿tienes un minuto para hablar de Dios?” y a la vez te ofrece un panfleto que tomas sin saber de qué se trata. Quizás porque te agradó la persona o porque no tuviste tiempo de pensarlo con calma dices “Bueno, pero solo un minuto porque voy de prisa” y tomas el panfleto. Veinte minutos después sigues en la conversación, ya tienes más panfletos y una invitación a tu nuevo bautismo. Aun si perdiste el interés luego de los primeros dos minutos de prédica decidiste oír todo el discurso hasta el final porque ya te habías comprometido desde que dijiste “bueno…”.

El compromiso es clave para las religiones organizadas. Ellas quieren que “hagas un pacto con Dios” y que “lo aceptes en tu vida”, preferiblemente en público para reforzar la idea y que te sea más difícil negarlo luego. Otras utilizan como recurso de compromiso e identificación rituales de iniciación (como el bautizo o la circuncisión de bebés), de confirmación (como la primera comunión católica, el Bar/Bat Mitzvah judío, o la extraña tradición de confesar los pecados cometidos a un sacerdote para borrarlos) y ceremonias en la vida adulta (como el matrimonio religioso, peregrinaciones y ayunos). Todo esto con el objetivo de que sus adeptos tengan un recordatorio de que adquirieron un compromiso religioso, claro está que esto hace más difícil que la persona considere cambiar de religión o dejarla del todo, más aún si el recordatorio es permanente de por vida, como en el caso de los hombres circuncidados.

En algunos países no laicos (a la fecha de este texto Costa Rica sigue siendo de los pocos que quedan en América) y en otros confesionales, la influencia católica se permea hasta en derechos civiles pues solamente la Iglesia Católica y los abogados inscritos pueden realizar un matrimonio bajo el amparo de la ley, reforzando la idea de que el compromiso matrimonial amparado por leyes gubernamentales es adquirido mediante el compromiso con Dios mismo en una de sus Iglesias.

En otras ocasiones el asunto llega hasta el poder judicial, obligando a quienes se someten a un juicio a que juren sobre la Biblia el decir la verdad. En muchos de dichos países es tradición que políticos de altos cargos -incluido el mismo presidente de la república- también juren lealtad sobre la Biblia cuando asumen sus funciones. Quizás este último ejemplo sea de los menos relevantes, pues no ser fiel a su palabra es lo usual en criminales en juicio y en políticos por igual, sin importar si juran sobre la Biblia, el Corán o la novela Moby Dick, además de que las parejas casadas por la Iglesia o no, terminan su compromiso legal en la corte, no en el altar.

3.      Consenso social

Decidimos qué es correcto basados en lo que otros creen que es correcto y así la gente hace las mismas cosas que ven hacer a los demás, aun si estas pudieran ir en contra de lo que nosotros pensamos que es lo correcto. Es sicología básica. Es por esto que creo que la gente deja los boletos del Metro sobre la tumba de Sartre, simplemente ven que los demás lo hacen, asumen que debe haber una buena causa para ello así que lo imitan ya que de todas maneras tenían un boleto en su bolsillo.

Similarmente la mayoría de los autos japoneses (sobre todo los que circulan en Japón) son de color blanco, aunque las teorías sobran nadie parece saber exactamente la razón del porqué, a falta de consenso supondría que es así simplemente porque la sociedad japonesa valora el que todos sean equitativos y la mayoría opta por escoger lo que los demás ven correcto, autos blancos en este caso.

Algunos otros ejemplos cotidianos de este principio:

Cuando hay un grupo de personas mirando al cielo es muy probable que otros se detengan a mirar al cielo también.(nota 39)
Las series televisivas de comedias utilizan risas pregrabadas luego de cada frase o situación graciosa porque saben que es más probable que la gente se ría si oyen a otros hacerlo.
Alguien que odia los zapatos de plataforma de la época disco de los 70’s quizás empiece a usarlos a pesar de sus gustos si la mayoría de las personas a su alrededor los compra y se ponen de moda de nuevo.
El primer aplauso luego de un discurso desencadena una cadena de aplausos de todos los asistentes al evento, muchos aplauden aunque no estuviesen de acuerdo con el discurso del expositor.
Preferimos comer en un lugar que esté lleno asumiendo que la mayoría de los que están ahí saben que es un buen lugar, muchas veces nos percatamos del error al encontrar que ni la comida ni los precios eran buenos comparados con otro restaurante cercano donde había menos gente.

Un aspecto negativo de este comportamiento social es el que se conoce como el “efecto del espectador”: cuando en un grupo no está bien definido quien debe hacer algo, el resto asume que no hay que hacer nada. Muchos experimentos lo confirman, por ejemplo cuando una persona simula tener un ataque al corazón en la vía pública en medio de una muchedumbre, es más difícil que alguien le brinde ayuda que cuando le sucede entre un grupo más reducido de unas cuantas personas. Cuando el evento sucede en medio de un grupo grande de personas, estas asumen que alguien más va a hacer algo al respecto, cuando nadie lo hace creen que quizás el problema no es tan serio o que no es un problema del todo.

Imitar lo que otros hacen fue en gran parte la causa de que 39 personas de la secta Heaven’s Gate se suicidaran en 1997 cuando creyeron que de esa manera iban a abordar una nave espacial extraterrestre que seguía al cometa Hale-Boop. Otras 913 personas pertenecientes al culto Jonestown en Guyana también se suicidaron colectivamente en lo que llamaron un “suicidio revolucionario” en 1978. En estos casos no es solo la imitación social sino también la mezcla de esta con el fanatismo religioso.

Las religiones crean sub-grupos sociales que involucran a la familia, la comunidad y en algunos casos -como en los estados islámicos- a un país entero, todos viviendo bajo las normas y creencias relacionadas con un dios en particular (o de alguna normativa espiritual en el caso del budismo y el hinduismo). Cuando alguien nace en una religión, se adoctrina en ella y recibe los rituales de pertenencia respectivos, vive en un estado mental donde su visión del mundo debe adaptarse a lo que se le ha enseñado a creer. Esto lo he mencionado anteriormente.

Tratemos de imaginar a una persona que no solo ha crecido con una creencia en particular, sino que encima de ello vive rodeado de familiares, amigos, compañeros y funcionarios de gobierno que creen lo mismo. Con algo de esfuerzo uno puede asimilar, al menos en parte, lo extremadamente difícil que debe ser para esta persona pensar de manera diferente al resto de quienes conviven con él. En el caso del Islam el solo considerarlo puede causarle la muerte. Esto es algo muy serio considerando que unos dos mil millones de personas son musulmanes. Para aquellos que no pertenecen al Islam parece increíble que esta religión permita los azotes en plena vía pública por supuestos crímenes como el sexo entre personas no casadas, mujeres con la vestimenta inadecuada o caminando solas, y que nadie haga nada al respecto para detener el brutal castigo. Este es a mi parecer un efecto espectador a enorme escala, donde todos miran al cielo solamente porque el resto lo hacen, y donde pocos se atreven a interferir en la ley religiosa porque suponen que si nadie hace nada al respecto y si todos viven de acuerdo a ella, debe ser por alguna buena razón que alguien más sabe y todos aceptan.

Si volvemos a leer despacio esta última oración se puede notar una gran similitud con los regímenes comunista y socialista. Ambos han ido desapareciendo lentamente al no ajustarse a una visión global del mundo, es decir, al como las personas desean vivir sus vidas en sociedad. Una predicción que hago desde el prólogo es que de manera similar el pensamiento fundamentalista religioso irá debilitándose progresivamente hasta desaparecer, quizás para entonces este libro sea únicamente un recuerdo de una extraña época pasada, donde la gente creía cosas increíbles solo porque todos los demás lo hacían.

4.      Simpatía

El principio de influencia por simpatía estipula que la gente es influenciada con mayor facilidad por aquellos que les agradan.

Suena sencillo y bastante lógico, tomar consejos de quienes nos agradan es algo normal en nuestras vidas. A pesar de su sencillez este principio está detrás de uno de los pilares del mercadeo: al consumidor del producto o servicio que se ofrece debe agradarle la empresa, la tienda o persona que se lo ofrece.

Este principio es el que genera dinero al comercio que solamente venden sus productos por medio de catálogos y vendedores independientes, la gente los compra porque se los ofrecen familiares y amigos. También es común ver personalidades de la farándula o de algún deporte en anuncios de cereales, refrescos, desodorantes, etc., no porque ellos sepan más sobre cereales o desodorantes sino porque son figuras que nos agradan y por tanto el verlos consumir un producto nos da confianza en que el producto es bueno.

Hay estudios que indican que estamos más propensos a que nos agrade una persona más que otra solamente porque se llaman igual que nosotros.R30 Otro estudio (del cual no encuentro la referencia aunque tiene sentido por sí solo) menciona que muchos estudiantes fallan en una materia del colegio simplemente porque no les agrada el profesor(a), razón que además puede acarrear a que eventualmente decidan no cursar una carrera universitaria en particular por recuerdo a su mal profesor. Para muchos que como yo estudiamos para ser profesores, esto debe ser un recordatorio perenne de la frase “la gente aprende de la gente que le agrada”.

Quizás pocos recuerden a Jerry Lee Lewis, un pianista pionero del Rock and Roll que es apreciado por unos por su genialidad al piano, y odiado por otros por introducir “la música del Diablo” (una crítica común del rock en los años 50’s). Puede que algunos le recuerden por su famoso tema “Great Balls of Fire”, o por el incidente de 1976 cuando se le arrestó por fuera de la casa de Elvis Presley luego de romper los portones con su auto y entrar con una pistola en la mano para supuestamente dispararle. Jerry Lewis es una leyenda musical, pero ni siquiera su exitosa carrera ni el estar en el Salón de la Fama del Rock and Roll le dieron la popularidad ni fortuna de su primo: Jimmy Lee Swaggart.

Jimmy Swaggart es uno de los predicadores pentecostales más famosos de los tiempos modernos, su carisma y perseverancia le ayudaron a crear un imperio televangelístico que generó millones de dólares al año, inmensas propiedades, iglesias a reventar y programas transmitidos en miles de estaciones de televisión en muchos lugares del mundo, hasta que varios escándalos con prostitutas acabaron con su ministerio a inicios de los años 90. Al igual que Swaggart ha habido muchos predicadores de diversas denominaciones que han ganado enorme popularidad y fortunas, algunos de referencia son Joel Osteen, Benny Hinn, Pat Robertson, Yiye Avila, Edir Macedo, David Oyedepo, etc. Estos sin duda son expertos “vendedores” de la fe, profesionales en agradar a la gente y convencerlos que cuando se trata de asuntos espirituales y de sagrada escritura, ellos saben más que los demás. A la gente le agrada que alguien –ya de por sí agradable- simpatice con sus problemas y les explique las escrituras de manera que puedan entender y se adapten a sus problemas.

De estrellas del rock a estrellas de la predicación, la clave del principio de simpatía radica no solo en hacer las cosas bien (buena música o buen discurso en este caso) sino también en agradarle al público. Después de todo ¿quién quiere oír consejos de una persona grosera y de mal humor? Basta con ver y oír un discurso de alguno de estos famosos predicadores para notar las técnicas de simpatía en su retórica:

Uso de palabras poco conocidas (señal de que –según ellos- saben más que la persona promedio). Ej. Ecuménica, escatología, apostasía, shekina, kairos, oprobio, liviandad, etc.
Cadencia (muestra confianza en lo que se dice). Es decir repetir una y otra vez una frase clave. Ej. “El Señor te hará salvo, oh sí, te hará salvo, ¿cómo te hará? –Salvo, confía y el Señor [pausa] te hará salvo...”.
Rápidamente analizan la audiencia. Incluyen más temas relevantes para mujeres, ancianos o jóvenes dependiendo de la cantidad presente.
Reducen al mínimo el uso de “yo” o “a mí”. Las personas quieren oír sobre sus necesidades, no las del predicador o terceras personas.
Mencionan historias con las que la gente se pueda identificar, reales o inventadas.
Conocen en detalle el reportorio de música disponible. Siempre listos para tocar la adecuada en el momento clave. Lo mismo con las citas bíblicas.
Su apariencia es limpia y formal (ordenada cuando menos).
Se unen a la audiencia. Bajan del púlpito o llaman a miembros a subir. Los abrazan, ríen y lloran con ellos.
Siembran esperanza en que todo irá bien (gracias a su ministerio), para casi seguido pedir una donación o contribución (para el ministerio que hace que todo salga bien).

5.      Autoridad

“Aquellos que pueden hacerte creer lo absurdo pueden hacerte cometer atrocidades” - Voltaire

Las personas sienten la obligación o el deber de hacer lo que diga una figura en una posición de autoridad, aunque lo que se pida sea contrario a su parecer o sea cuestionable. Respecto a esto hay que aclarar que algunas personas son más reacias a ser influenciados por una figura de autoridad y también depende de lo que solicite hacer, pero generalmente hablando tenemos esta tendencia a obedecer las autoridades o los símbolos de autoridad.

Buscando ejemplos recordé los años que trabajé organizando eventos masivos: carreras de autos, conciertos, concursos de audio, exhibiciones y otros. Durante estos años aprendí un poco sobre el poder de los detalles de autoridad; por ejemplo el como una modelo o un corredor profesional de carreras no reaccionan igual si tienen al frente un fotógrafo con una cámara pequeña sostenida con la mano, que cuando este tiene una más grande con lente zoom y está sobre un trípode. Igualmente es más fácil entrar a una zona de periodistas con una cámara en un trípode al hombro, que con una pequeña en el bolsillo, aun si la pequeña es de mejor resolución y más apropiada. La cámara grande es símbolo de profesionalismo y de autoridad (de periodista en este caso). En un evento muchas veces la mejor manera para controlar una fila y evitar que la gente acceda a un lugar restringido o a un objeto delicado, es tan simple como colocar cinta amarilla que diga “precaución”, es una cinta delgada fácil de romper y sin embargo usualmente la gente respeta el espacio que la cinta delimita aun si no hay nadie en guardia.

Hace unos 20 años era poco común ver farmaceutas, mecánicos y vendedores de ferretería con uniformes de trabajo, sin embargo ahora es la norma pues resaltan que quien los usa es un experto en la materia y por tanto –en teoría- confiable, aun si la persona que lo viste en realidad es solo un aprendiz inexperto. Algo similar ha sucedido con los previamente llamados “guardas” o “vigilantes” de edificios y locales comerciales que ahora se llaman “oficiales de seguridad” privados para resaltar su autoridad, incluso muchos vigilantes informales que cuidan autos en la calle ahora compran uniformes con insignias, chalecos, placas y gorras con las palabras “seguridad” y “vigilancia” con el propósito de que su apariencia simule la de policías y agentes judiciales, quienes a diferencia de ellos tienen una enorme posición de autoridad en nuestra sociedad.

Los buenos doctores saben que parte de un tratamiento exitoso no radica únicamente en la medicina que recetan. El vestir una gabacha blanca impecable, corbata, un estetoscopio al cuello y decirle al paciente que la medicina pronto le hará sentirse mejor, o que basados en su experiencia de X cantidad de años todo va a estar bien, son elementos secundarios de influencia que imprimen una imagen mental positiva en el paciente ayudándole a sanar.

Lamentablemente el poder de la autoridad no siempre se puede usar para asuntos beneficiosos, contrario a esto la autoridad puede morfar en abuso de autoridad con consecuencias desastrosas cuando se trata de asuntos de política, ejércitos y líderes religiosos.

Hay muchos ejemplos de militares cumpliendo órdenes injustas en contra de sus principios personales individuales, órdenes que no llevarían a cabo si no estuviesen bajo el comando de una autoridad, en este caso la de un rango militar superior. Uno sucedió en 1987 cuando Estados Unidos alistaba en un puerto de California un tren que llevaba un pedido de armas para los Contras que combatían a los Sandinistas en Nicaragua. Un grupo de manifestantes pacifistas se acostaron sobre las líneas para impedir el paso mientras los conductores del tren fueron ordenados a no detenerse ante ninguna persona que tratara de impedir el paso. Obedeciendo dichas órdenes arremetieron contra los manifestantes amputándoles las piernas a varios.R31

 Otro caso ocurrió en 1968 durante la Guerra de Vietnam cuando un grupo de soldados norteamericanos invadió la aldea Son My (My Lai en mapas de EU) y por ninguna razón aparente otra que la de copiar el actuar de otros soldados y acatar las órdenes de sus superiores, asesinaron a unos 400 civiles desarmados incluyendo mujeres, niños, bebés y ancianos.

Durante la guerra civil en El Salvador algunos Jesuitas fueron acusados de utilizar su influencia religiosa para divulgar la Teología de la Liberación, mediante la cual incitaban a los pobres a pelear contra la reforma agraria. Muchos curas desarmados fueron asesinados por el ejército siguiendo órdenes.

Aunque este tipo de ejemplos lamentablemente abunda, quizás ninguno es más prominente que el genocidio cometido por los saldados nazi contra los civiles judíos europeos en la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde torturaron y mataron a millones de ellos siguiendo las órdenes de la S.S. comandada por Hitler. Durante la Primera Guerra Mundial estos soldados llevaban en los cascos el emblema Gott Mit Uns alemán para “Dios con nosotros”, durante la Segunda Guerra Mundial el mismo emblema pasó a las hebillas de las fajas de los miembros del ejército raso (Wehrmacht), además de esto en una movida ingeniosa, Hitler usó la esvástica (卐) que es un símbolo religioso sagrado en el Hinduismo, Budismo y Jainismo, como su emblema autoritario para el partido Nazi.

Este tipo de comportamiento de influencia por autoridad ha sido famosamente documentado en los llamados “experimentos de Milgram”, también apodados “el efecto lucifer”, donde personas ordinarias terminan torturando a otras solamente porque se los ordena una persona en uniforme.

En el caso religioso la autoridad se convierte en un problema serio cuando miembros de un grupo religioso cometen actos de violencia bajo las órdenes directas o indirectas de una figura envestida de poder. En el Islam -ya de por sí estereotipado como violento desde sus raíces- cuando una autoridad de la ley islámica (Sharia) determina que un crimen ha ocurrido, esta le ordena incluso a civiles a tomar acción contra el imputado, sea que se le apedree, se le azote, o se le ampute una extremidad. Uno de los ejemplos es el caso de los homosexuales musulmanes que son perseguidos y castigados fuertemente, aun cuando la homosexualidad es legalmente aceptada en muchos lugares del mundo.

Otro de estos abusos es el de líderes religiosos que ordenan sutil o directamente a sus fieles a seguir los comandos divinos. Existen casos de Testigos de Jehová que han muerto o han estado muy cerca de morir al ordenárseles no aceptar transfusiones de sangre. La mayoría de estos casos sin embargo no llegan a documentarse ni terminan siendo juzgados por negligencia. Hay también testimonios de fieles a los cuales su Pastor les ordenó quitarle los medicamentos a un familiar enfermo, a otros incluso les han dicho que no lleven a su hijo enfermo a un doctor y solamente recen para sanarlo. También he oído en la radio a predicadores decir que las enfermedades mentales como la depresión, no deben tratarse con ciencia sino con la fe. Solo puedo imaginar la cantidad de casos en el mundo entero en los cuales las instrucciones en forma de órdenes de un líder religioso han causado muertes por negligencia, o mejor dicho, por estúpida arrogancia.

Aunque existe un área gris respecto a si los miembros de comunidades religiosas cerradas permanecen en ellas por voluntad propia, bajo órdenes, u otro tipo de presión autoritaria, es cierto que cuando viven en ellas lo hacen bajo estrictas reglas. La autoridad, después de todo, se basa en seguir reglas y órdenes. Este es el caso de los miles de mormones fundamentalistas que viven en comunidades polígamas, y el de monjes y monjas confinados a conventos bajo votos de autoridad como los Anglicanos (Agustinos, Carmelitas, Franciscanos), Benedictinos y otros más.

Quizás el caso más relevante para observar el principio de autoridad en acción sea el dictado por los altos rangos de la Iglesia Católica (Cardenales y Arzobispos) que culminan con el todopoderoso Papa. Ellos delinean rigurosos documentos en los que pronuncian qué es correcto y qué no entre sus seguidores. Tratan de basarse en la Biblia para tales documentos, pero pronto topan con el problema -ya discutido- de que la Biblia es un libro antiguo que no se adecúa a temas controversiales de la actualidad, por tanto recae en la jerarquía católica el tomar decisiones respecto a temas como el homosexualismo, uso de drogas, aborto, eutanasia, pornografía, masturbación y herejía, entre otros.(nota 40) La Iglesia Católica literalmente da órdenes de cómo deben vivir la vida sus adeptos. Para su mala suerte, el uso y abuso de su autoridad (sobre todo los recientes escándalos de abusos sexuales a menores de edad por parte de curas), junto con la libertad de pensamiento y la falta de adaptación a tiempos modernos, ha hecho que cada vez sean menos los católicos practicantes en el mundo, cada día las iglesias tienen más bancas vacías, y las que se llenan son en su mayoría gente mayor que nacieron en la religión cuando esta era muy fuerte en sus comunidades. Ni siquiera el enorme esfuerzo -que a muchos les costó la vida o el destierro- de laicos latinoamericanos en las épocas de los 70’s y 80’s para instaurar una religiosidad enfocada a los pobres oprimidos por las guerras, en la extraña e irónica mezcla de marxismo con catolicismo llamada eventualmente la Teología de la Liberación (o mejor dicho la Teología de la “Rebelación”), pudo conservar el poderío católico que tuvo en esos momentos, quizás porque la problemática de la pobreza social no se puede solventar solo con religión, sino con fomentar la paz y crear las condiciones y las estructuras adecuadas para la producción y la equidad de la riqueza.

No es sorprendente que el Papa actual sea latinoamericano (este libro ha sido escrito mientras está en el poder el Papa Francisco, de nacionalidad argentina, y el primero de la orden Jesuita en la historia) pues en Europa el catolicismo ha perdido terreno precipitadamente (apenas un 24% se mantiene) y Latinoamérica actualmente contiene la mayoría de sus fieles (41%), los cuales en menos de una generación han pasado de ser del 90% de los habitantes al 69%, cifra que decae rápidamente según una reciente encuesta.R32

6.      Escasez

El último de los principios de Cialdini expone que la gente tiende a comprar algo con más facilidad si se ofrece como un producto de edición limitada, una promoción por solo unos días (como las ventas del Viernes Negro) o un servicio que dejará de prestarse (como los circos que siempre antes de irse anuncian una semana extra de últimas funciones).

Este es el principio que menos se puede adaptar a un contexto espiritual, pues si hay algo que tienen los movimientos religiosos y espirituales en común es que no son escasos. Sin embargo las religiones aprovechan este principio al ofrecer una “oferta” de edición limitada que únicamente puede comprarse por poco tiempo: la salvación.

Las religiones mayoritarias predican que solamente sus adeptos serán salvos, diciendo entre líneas algo como “únete a nosotros porque solo los nuestros tendrán vida eterna”. En el caso de los Testigos de Jehová es una oferta más limitada todavía pues únicamente 144.000 la recibirán, a pesar de que hay millones de ellos actualmente, las posibilidades estadísticas de que un Testigo de Jehová entre al Cielo -de acuerdo a ellos mismos- son realmente desfavorables.

Un caso reciente de exposición religiosa al estilo ultimátum de “última llamada”, fue el generado por uno de los líderes evangelistas del grupo Family Radio llamado Harold Camping, quien en el año 2011 predijo el fin del mundo para el día 21 de Mayo de ese año. Más de $100 millones se gastaron en todo tipo de anuncios para que lograr convertir la mayor cantidad de gente posible a la fe cristiana antes del inminente fin del mundo (ignoro el alcance de esta campaña en Latinoamérica, pero en el caso de Costa Rica personalmente observé vallas y camiones publicitarios rotulados). Hay reportes de personas que perdieron todo lo que tenían anticipando el predicho Armagedón, solamente para encontrarse sin dinero ni casa, ridiculizados y avergonzados el día 22 de Mayo, que para sorpresa de pocos, resultó ser un día normal como todos los demás, sin fuego cayendo del cielo ni muertos saliendo de sus tumbas. Camping tuvo un ataque al corazón un mes después y falleció en el año 2013, al parecer no pudo predecir ni su propia muerte, mucho menos la del mundo entero.

Como hemos visto, estos seis principios sobre influencia social también se pueden aplicar al caso de las religiones y el espiritualismo. Es interesante notar como la manera en que funcionan es un reflejo de la manera en que hemos aprendido a vivir en sociedad. La moraleja de estos aspectos es que muchas veces creer en lo sobrenatural es solo una parte del panorama espiritual. Otra parte importante es el cómo factores externos nos influencian a hacer caso a lo que las religiones dicten, casi de la misma manera como cuando terminamos comprando algo que no necesitamos solo porque el mercadeo nos influencia a hacerlo.

 

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El viaje a Abilene

He aquí una corta anécdota sobre una familia que planea una cena:

Una calurosa tarde de domingo un matrimonio se encuentra visitando familiares con quienes juegan dominó en la sala. El suegro sugiere que hagan un viaje a Abilene (un pueblo a 60 kilómetros de distancia) para la cena. La esposa dice “suena a una buena idea”. El esposo, a pesar de que lo duda porque el viaje es largo, piensa que sus gustos no deben interferir con los del grupo y dice “me parece bien, espero que tu madre quiera ir”. La suegra entonces dice “por supuesto que quiero ir, no he ido a Abilene en mucho tiempo”.

El viaje resulta muy largo y caluroso, cuando llegan al restaurante la comida es casi tan mala como el viaje. Cuatro horas después regresan agotados a la casa.

Uno de ellos dice “¿fue un buen viaje no?”. La suegra dice que de hecho hubiese preferido quedarse en la casa, pero que les siguió la corriente al verlos a los tres tan entusiasmados. El esposo dice “no estaba encantado de ir, solo lo hice para satisfacerlos”. La esposa dice asombrada “solo quería verlos felices, tendría que estar loca para querer ir tan lejos en este calor”. El suegro entonces dice que él sugirió el viaje únicamente porque pensó que los veía aburridos.

Ahora todos se sienten confundidos al darse cuenta de que acordaron unánimemente hacer un viaje que nadie en realidad quería hacer.

La historia del viaje a Abilene viene de un libro de administración de empresas por Jerry Harvey, originalmente está enfocada a cómo un proyecto no solo puede tener problemas lidiando con desacuerdos, sino el cómo los acuerdos también pueden ser un problema en grupos que son disfuncionales.

En el segundo capítulo resalté algunas de las más absurdas, extrañas y violentas creencias e historias en la literatura sagrada de las religiones. No es una lista exhaustiva, estoy seguro que hay muchas más que agregarle, pero con las que listé me parece suficiente para resaltar el punto de que la mayoría de los fieles no leen con detalle sus escritos sagrados, o que si lo hacen se guardan para sí mismos los comentarios sobre dichas historias. Basado en esto, en teoría más de 1.000 millones de personas creen que las hormigas hablan (Islam) y que existen fantasmas de fuego que no echa humo (Islam), otros 800 millones creen que existen diosas de cuatro brazos que andan decapitadas (Hinduismo), 15 millones aseveran que existieron los gigantes y los monstruos marinos como dragones (Judaísmo), otros 1.000 millones aceptan la existencia de burros y serpientes parlantes, mientras aseguran también que el planeta se hizo en unos cuantos días (Catolicismo), 400 millones creen que alguien caminó sobre el agua y pudo alimentar a miles de personas con cinco piezas de pan y dos pescados pequeños (Cristianismo), y otros tantos millones más que creen que el mundo se hizo por el vómito de un dios, salió de una especie de huevo o que fue hecho mediante otras historias fantásticas (religiones aborígenes, otros cultos).

Seamos realistas, y no lo digo con sarcasmo, si nos topamos en un parque a alguien que asegura a toda voz que las hormigas le hablan, que ve monstruos marinos, que piensa ir a darle de comer a los hambrientos en Africa con un puñado de pan y peces, que puede caminar sobre el agua o que piensa sacarse una costilla para hacerse una esposa con ella, ¿qué pensaríamos? Casi seguro que cualquiera que lo oiga pensará que está totalmente loco, no dudo que en determinado momento alguien lo interrumpa y se lo diga a la cara. Entonces ¿cómo es que no hacemos lo mismo en la iglesia? ¿Qué hace que miles de millones de personas alrededor del mundo no levanten la voz en público y digan que esas prédicas en particular (y todas las demás similares de sus escritos sagrados) son tonterías que cualquier niño de escuela sabe que no suceden? Ciertamente en parte puede ser por una cuestión de fe, ellos creen que esas historias o criaturas tan descabelladas realmente existieron porque tienen fe en que todo lo que dice su libro sagrado es cierto. Sin embargo dudo que la única razón de tantos miles de millones sea la de tener fe.

Tener fe es por definición la razón de creer que un dios invisible existe, es la norma cuando se discute el tema. Pero se necesita mucha voluntad y valentía para defender públicamente que el mundo se hizo en unos cuantos días y no en miles de millones de años como la ciencia lo ha determinado, solo porque se tiene fe en que así fue. Quizás hace miles de años creer y defender esas cosas no hubiese sido tan difícil, pero en el siglo XXI es diferente. Mucho religioso confrontado al respecto quizás negaría de plano que esas partes de su escrito sagrado sean ciertas, o que las trate solo de metáforas para evitar la vergüenza de defender ante gente letrada semejantes historias.

La pregunta anterior sigue siendo válida: ¿Qué hace que miles de millones de personas alrededor del mundo no levanten la voz en público -o en medio de un sermón- y digan que esas cosas son tonterías?

Mi hipótesis es que una de cuatro cosas influye:

La gente cree que suceden suponiendo que miles de millones de personas no pueden estar equivocadas. Pan cae del cielo, monstruos que escupen fuego y gigantes abundaban en la Tierra, el mundo se sostiene sobre la espalda de una tortuga, los mares se abren, hay fantasmas de humo en forma de serpiente y culebras que tientan a los humanos con manzanas. Como ninguna de dichas cosas se puede probar, me gustaría agregar a la lista la taza de té espacial que gira alrededor del Sol (lo admito, ahora sí estoy siendo un poco sarcástico).
No lo saben. En un seminario bíblico oí del profesor una frase para enmarcar: “La Biblia es el libro más famoso del mundo, pero que la mayoría de la gente no ha leído completo”. Este fue el punto del segundo capítulo, quizás no levantan la voz porque no saben que tales cosas están ahí.
Lo ignoran a propósito. Saben de esas cosas extrañas pero miran a otro lado y simplemente las ignoran. Prefieren dedicar tiempo a las cosas que sí les son relevantes y no a las que ya de por sí no influencian su vida. Es decir tratan sus libros sagrados como si fuesen libros de auto-ayuda sicológica y selectivamente prefieren leer sobre las historias de amor, apoyo moral y alabanza, que sobre aquellas de burros que hablan y similares. Además de que si no las ignoran corren el riesgo de que alguien les señale que si desacreditan esas secciones extrañas el resto de su libro sagrado puede estar equivocado también.
Todos hacen el viaje a Abilene. Justo como en la historia del viaje que nadie quería hacer pero todos terminaron haciendo, el creyente no reclama porque nadie más reclama y termina haciendo un viaje que no desea, solo para seguir la corriente. Si el cura/pastor/líder no dice nada al respecto durante la ceremonia, si nadie pregunta sobre eso, no se oye el tema en programas de radio y nadie lo habla en la casa, quizás no encuentre ninguna razón para hablar al respecto y sigue la corriente, aunque muy en sus adentros sabe que esas historias sencillamente no pueden ser ciertas.

Pareidolia

Cierta caricatura (que lamentablemente no pude reproducir acá) muestra un niño y una niña acostados en el césped mirando hacia el cielo, la niña apunta hacia una nube y la conversación va:

Niña: -¿Qué forma crees que tiene esa nube?
Niño: - Pues… forma de nube
Niña: -Que falta de imaginación
Niño: -¿La mía o la de la nube?

No existe ninguna razón natural para que una nube deba adquirir una forma que nos parezca familiar, y sin embargo de vez en cuando las miramos y alguna parece tener forma de algo que conocemos: un conejo, una cara, un caballo, una mano, etc. Este es un efecto sicológico pues la nube no es más que una colección al azar de vapor de agua flotando en el cielo.

A este efecto de ver cosas familiares (en especial rostros humanos) en objetos dónde nadie las puso a propósito, es decir donde no existen, se llama Pareidolia.

Desde el inicio de este libro he argumentado desde diversos ángulos, que el ser humano tiene una tendencia natural a creer en lo sobrenatural, la Pareidolia es otra de las razones que justifican esta tesis. (nota 41)

Es momento de contar otra historia relacionada. En 1998 una mezcla de devoción y curiosidad religiosa me llevó hasta Turín en el norte de Italia, específicamente a la Catedral de San Juan el Bautista. Luego de contemplar brevemente el enorme campanario a su lado, entré para ser recibido por una imagen de Jesús que realmente me impactó, tanto que aún la recuerdo en detalle, estaba sobre un lienzo enorme, acordonado pero que igual permitía verlo a menos de un metro de distancia, ahí mismo vi su rostro y un sentimiento de emoción me invadió dejándome casi sin aliento por unos minutos. Se trataba del famoso Sudario de Turín en el que supuestamente Jesús fue envuelto cuando le bajaron de la cruz, una de las reliquias religiosas más controversiales y estudiadas del mundo.

Recuerdo que luego de esos primeros minutos de fervor dos cosas me hicieron cambiar de ánimo. La primera era que rápidamente me di cuenta que el Sudario que veía era una réplica, pues el original se mantiene aislado en una capilla dentro de la Catedral. La segunda era que estaba viendo la espalda de la imagen, ¡no la cabeza! El Sudario es tan grande y tiene tantas manchas y sombras que a primera vista –al menos fue mi caso- no es tan fácil distinguir una figura humana. A pesar de esto muchos años después aún recuerdo la emoción de aquella primera impresión, para mí fue como ver a Jesús mismo frente a mis ojos.

Mi experiencia con el Sudario es similar a la que muchos creyentes tienen respecto a otros objetos que parecen ser obra divina, pero no lo son.

Algunos ejemplos al respecto:

En el 2007 en el tronco de un árbol en Singapur apareció lo que parece ser la figura de un mono. Desde entonces miles de personas ha prestado tributo al árbol creyendo que la imagen se trata de Sun Wukong un dios chino, o la de Hanuman el dios mono hindú.
Cientos de fieles en San Cristóbal de las Casas, Chiapas –México, tomaron como altar una enorme piedra donde apareció grabada una supuesta imagen de Jesucristo.
Villa de María de Río Seco, Córdoba –Argentina, una aparente imagen de la Virgen María en una tela sobre un altar causó el movimiento de fieles en el 2012. Otra apareció en un balde con agua causando visitas de toda la región (Saira), una más apareció como mancha de pintura en una pared atrayendo a miles (Santuario de Lourdes, Alta Gracia).
Más de 8.000 personas en Picaihua -Ecuador, llegaron al altar instalado con velas y fotos de personas pidiendo milagros a una figura que parece la imagen de Jesús crucificado en la raíz de un árbol de eucalipto, ahora conocido como el “Señor de la raíz”.
Clearwater, Florida –E.U., una imagen con forma de la Virgen María aparece desde 1996 en un ventanal atrayendo a miles de visitantes que levantaron un pequeño altar en las cercanías.
A principios de los años 90 en Sarapiquí –Costa Rica, miles de devotos a la Virgen María atestiguan ver su imagen en nubes y en los rayos del sol. Un caso parecido se reporta en Fátima –Portugal, lugar de quizás la aparición mariana más famosa.
Costa de Sri Lanka, 2004. Unas horas antes del devastador tsunami una foto satelital muestra el aparente nombre “Alá” escrito en árabe formado por olas en el mar cerca del lugar del evento. Muchos musulmanes indican que es una señal de Dios tomando venganza contra los infieles en esa zona.
Y mi favorito: una tostada con queso guardada por 10 años que parece tener la imagen de la Virgen María causa sensación, al punto que su dueña la pone en venta y es comprada por un casino de Las Vegas por $28.000.

Ejemplos de ese tipo sobran, algunos son creados deliberadamente por personas (quizás un cura desesperado porque la afluencia a su iglesia cae radicalmente), pero la gran mayoría no son otra cosa más que Pareidolia, personas que ven en sombras y manchas lo que quieren ver, en este caso primordialmente a Jesús, o a su madre.

Este es un proceso sicológico normal, tanto que en pruebas clínicas esta característica se explora mediante el uso de manchas que se generan al poner tinta en un papel y doblarlo a la mitad en el conocido test de Rorschach, ante cada nueva imagen al paciente se le pregunta “¿qué ve en esta?” a lo que responde con alguna figura familiar aunque solo sea una mancha de tinta creada al azar.

Ejemplos de Pareidolia: ver rostros donde no los hay

Mancha de tinta en test de Rorschach

 

Un mundo de gente

“Es curioso como día tras día nada parece cambiar, pero cuando miras atrás todo es diferente.” –C.S. Lewis

Platón, el famoso filósofo griego, describe lo siguiente en su Analogía de la Cueva: Supongamos que un grupo de personas han vivido toda su vida encadenadas en una oscura cueva inmovilizados viendo permanentemente hacia una pared. Detrás de ellos a la distancia hay una fogata y al frente de esta otras personas y objetos pasan de vez en cuando. Los prisioneros no ven otra cosa más que las sombras de esos objetos reflejadas en la pared. Eventualmente –según Platón- llegarán a creer que todo el mundo que existe no es otra cosa más que sombras, no saben que estas son producto de objetos que pasan frente a un fuego y menos aún que existe un mundo y una realidad totalmente distinta fuera de la cueva.

Algo similar a su analogía (fuera del contexto original) sucede con los niños pequeños, para ellos el mundo no es otra cosa que lo que hay y sucede en el reducido espacio donde viven ellos. La vida, la realidad y todo lo que existe está compuesto solamente por su casa, la casa de algún familiar, el parque de juegos y cualquier otro lugar donde lo lleven. Aunque vivan miles de millones de personas para ellos las únicas que existen son aquellas que conoce o que ve en la calle.

A tempranas edades gran parte de la actividad cerebral de infantes se enfoca en aprender qué son las cosas. En ese momento hay un gran vacío entre lo que las cosas parece que hacen (es decir en la imagen mental que crean) y lo que realmente hacen (las acciones que realizan). Todo padre de familia en algún momento ha tenido que correr detrás del bebé para quitarle algo de la mano que lo puede herir o para alejarlo de alguna situación peligrosa, luego se le trata de explicar al infante que ese objeto o acción puede causarle dolor y por tanto debe de evitarlo. Eventualmente con el pasar del tiempo los objetos, personas, lugares y costumbres de su pueblo se incorporan a la vida conforme va creciendo hasta llegar a tener una visión más amplia de qué existe en el mundo. Una realización clave en este proceso de aprendizaje es cuando dejamos nuestro solipsismo infantil al darnos cuenta más adelante en la vida que el mundo no se trata solo sobre uno mismo: somos una persona en un mundo de gente.

Algo difícil de conceptualizar, y con lo cual constantemente tengo mis propias batallas internas, es la idea de que lo que moldea nuestra percepción de la realidad social ha sido creado por otras personas, la mayoría ya fallecidas. De alguna manera siempre vivimos bajo la sombra y el amparo de ideas que fueron creadas por nuestros ancestros y han sobrevivido hasta nuestros días. Cuando nacimos ya existían los televisores, las computadoras, los teléfonos, los aviones, los automóviles, los equipos de futbol, los telescopios, las farmacias, los modelos económicos, el dinero, la política, las religiones, la idea de que existen Dios y los extraterrestres, etc., etc. Con unas pocas excepciones, cada nueva generación crece rodeada por las cosas e ideas legadas de generaciones anteriores. Este proceso sucede porque somos animales sociales, unos muy especiales que han tratado por miles de años de alcanzar modelos funcionales de orden social, un código moral y urbano, un modelo económico, un gobierno con sus instituciones respectivas para mantener el país donde vivimos a flote y a sus ciudadanos seguros. Entre mejor funcionen esas cosas e ideas, y entre más las adaptamos a la vida diaria, es a lo que podríamos referimos como “progreso”.

Lo difícil que enfatizo es el darnos cuenta de que lo que vemos y usamos a diario no ha llegado hasta nosotros de la noche a la mañana. Tomemos por ejemplo un lápiz (prometo retornar al asunto religioso en un momento), primero fue una idea en la cabeza de alguien, luego esta persona usó materiales que otras personas sacaron de una mina y de un bosque, esos materiales alguien los transportó y los llevó a una planta donde se convirtieron en pintura, hules y plásticos, de la planta pasaron a empresas que los vendieron al por mayor usando todo un modelo económico y de mercadeo –inventado por otras personas- a tiendas, en estas el inventor los compró para fabricar los primeros lápices que eventualmente hizo a gran escala en fábricas, con las que fundó su empresa llena de empleados, máquinas y camiones. Miles de personas haciendo pequeñas contribuciones han sido parte del proceso que hizo posible que exista hoy un lápiz en alguna gaveta de su casa.

No estamos conscientes de este proceso, ni de otros similares como toda la infraestructura que permite que tengamos electricidad en los agujeros de nuestros tomacorrientes en la pared, o como cuando ponemos un paquete en el correo simplemente esperamos que llegue a donde lo enviamos en unos días sin que nos importe como se hace, etc. Estas cosas pasan por lo general desapercibidas, para nosotros simplemente existen, nacimos rodeados de ellas, nos dijeron sus nombres y sus funciones, nos incorporamos al mundo que existe como existe pues de todas maneras no hay otro al cual pertenecer.

La mayoría de las personas no viven en una selva, en medio de un desolado desierto o del mar, vivimos en un mundo fabricado por nosotros, rodeados de ideas de otras personas en forma de inventos, materiales, medicina, modelos políticos, económicos, formas de entretenimiento, leyes, etc. Rara vez –por no decir nunca- un pueblo decide prohibir el uso de televisores, o usar piedras en lugar de lápices, o quemar todas sus medicinas y optar por agua con azúcar en su lugar. La mayor parte del mundo se rige por un modelo comercial capitalista, por un gobierno democrático, cuenta con transporte púbico de alguna forma, cree que matar personas es malo y por tanto un delito que se debe castigar. Todo esto lo hacemos en todos los rincones de este planeta por la razón de que son ideas que funcionan, no en beneficio de una sola persona, sino en beneficio de todos los que habitaron, habitan y habitarán ese lugar.

En contraposición, siempre hay ideas que no funcionan, como usar azúcar en lugar de penicilina o tirar mujeres a un volcán porque las cosechas no prosperan. Piense en cualquier otro ejemplo de cosas e ideas que vieron brevemente la luz, se probaron y se determinó que no funcionaban o no eran prácticas. No sabemos casi nada sobre la mayoría de estas ideas e inventos fallidos que ha visto la humanidad en toda su historia, pues las malas ideas no sobreviven por mucho, algunas solo duran unos años, días, minutos o lo que le tome a un papel volar de un escritorio hasta un cesto de basura.

Cientos de productos que alguna vez fueron populares hoy solo habitan en el recuerdo: reproductores y cintas VHS, Betamax, KCT, motores de automóviles, barcos y trenes a vapor, mapas, televisores de tubo, guías telefónicas de papel, toca discos de vinyl, chorreadores de café, cámaras de rollo, telégrafos, lámparas de aceite, aparatos de fax, teléfonos de disco, etc. Todos han sido remplazados por otras cosas que hacen mejor su función.

Muchos servicios populares también se han transformado radicalmente o desaparecido en los últimos cien años: alquiler de películas en tiendas, poner anuncios clasificados en periódicos, comprar enciclopedias y revistas, arreglar zapatos, usar agencias de viaje, las bibliotecas públicas, retirar el salario en ventanillas bancarias, recibir pan y leche en la puerta de la casa, etc.

No somos como los prisioneros de Platón que no pueden percatarse de que su mundo no es real, menos en esta época llena de tecnología para comunicarnos en segundos sin importar la distancia, hoy tenemos el poder de cambiar ideas o de incorporar nuevas a una velocidad sin precedentes.

No hace mucho:

Tener esclavos negros era legal en Estados Unidos, esa idea ya no está entre nosotros.
Los matrimonios entre homosexuales eran prohibidos, y la práctica era sancionada con cárcel en países del primer mundo como el Reino Unido (uno de los casos más famosos es el de Alan Turing). Hoy esa idea lentamente muere y la comunidad LBGT ha ido adquiriendo derechos constitucionales en muchos países.
Las mujeres no podían votar en la mayoría de los países de América, hoy vemos como una vergüenza el que nuestros antepasados hayan pensado por siglos que las mujeres no tenían derechos democráticos y de otros tipos. Esto cambió hace menos de cien años.

Otras ideas se encuentran en este momento balanceándose en un precario equilibrio sobre si deben conservarse, cambiarse o descartarse del todo. Es el papel de la sociedad que vive con ellas y del colectivo humano racional el decidir cuál será su futuro. Entre estas se encuentran la eutanasia, el aborto, la legalización de las drogas, la homeopatía, la pena de muerte, las bombas atómicas, el comunismo, la modificación genética de alimentos y la que es relevante para este apartado: el fanatismo religioso.

Las religiones son otro tipo de ideas. Provienen de la mente de alguien en el pasado, en este caso de uno muy lejano miles de años atrás. He discutido en varias ocasiones el cómo actualmente son formas adaptadas a la vida moderna, no obstante poco a poco pierden terreno ante otras ideas que mejor hacen su función:

La sicología y los métodos actuales de superación personal remplazan los pocos párrafos de esperanza en los libros sagrados y los discursos de predicadores sin experiencia sobre la mente humana.
La medicina es una mejor alternativa que rezar por milagros.
Donar a una fundación reconocida es mejor que donar a una iglesia sin regulaciones.
La física y la biología son mejores explicando el funcionamiento del mundo y el universo que las ideas de un “mesías” iletrado que las sugirió en medio del desierto hace 3.000 años.
Las constituciones políticas democráticas son mejores fuentes de leyes justas que las legadas por revelación divina.
La idea de que la vida es solo una es mejor que la falsa esperanza de vivir para siempre.

Comprendo que muchas personas no estén de acuerdo con mis propias ideas respecto a Dios, las religiones y lo sobrenatural. Yo mismo quizás no hubiese estado de acuerdo con ellas hace unos 10 años atrás. Pero las cosas cambian, nada en el universo se queda quieto. Similarmente los objetos y las ideas creadas por el hombre cambian y solo las que son aceptadas por la mayoría llegan a perdurar con relevancia en generaciones posteriores. La historia está siempre escribiéndose, la tinta del cambio nunca se acaba.

En este capítulo he mostrado algunas de las maneras de influencia social y el cómo el hombre es una persona en un mundo de gente que lo moldea.

No hay -a mi parecer- ninguna razón por la cual la idea de que Dios existe, o la de que las religiones son algo bueno para la sociedad, no puedan cambiar radicalmente o incluso desaparecer en unas cuantas generaciones por venir. Aquellos que nieguen rotundamente la posibilidad de su extinción, caen en el error de no percatarse que este tipo de ideas son sociales y por tanto la sociedad puede cambiarlas cuando deba. Fallan también en desestimar la capacidad intelectual humana, aunque ciertamente la idea de que Dios existe es más individual que colectiva, no la exime de que ese Dios pueda algún día terminar sentado al lado de Zeus, el Kraken, los dragones, Santa Claus, Supermán, o cualquier otra cosa que de igual manera no es más que un producto de nuestra mente.

Quizás exista en algún momento futuro una generación infidelis, es decir una que simplemente no cree en religiones, para ellos quizás nosotros habremos sido en retrospectiva como vikingos hipnotizados por cantos de sirenas.

El hoyo de conejo

Hago una pausa para agradecerle que me haya acompañado en la lectura hasta este punto, indiferentemente de cuál sea su posición sobre lo divino o sobrenatural. A la vez debo mencionar que ciertamente muchos de los temas tratados pertenecen a diversas filosofías, y que dependiendo del punto de vista que se tome pueden analizarse desde perspectivas distintas a las que escogí. Esto es de esperarse de un tema que involucra lo más fundamental de la naturaleza humana, sin embargo considero que los ángulos que expongo son los correctos cuando se trata de dichos temas, no solamente porque ayudan a establecer un caso que refute lo divino, sino porque también son concisos, directos y claros para la persona promedio, sobre todo para aquellas que son religiosas y creyentes en lo divino.

Dicho esto menciono que hay posiciones inusuales sobre el asunto de Dios que se entrecruzan con las más comunes, posiciones donde abundan los tonos grises en lugar del solo blanco o negro. Me refiero a líneas de pensamiento como el Nuevo Darwinismo, Naturalismo Científico, Gnosticismo, Reduccionismo Positivista, Teología de la Liberación, Teología Procesal, el Panteísmo, Panenteísmo, Universalismo Unitario, etc. Todas con enfoques variados, contradictorios, mutuamente excluyentes, radicales, liberales o conservadores... hay de todo. Demasiado para caber en un solo libro.

Estas filosofías lidian con toda una gama de problemas adjuntos a la existencia de Dios y el papel que el ser humano juega en el “plan” universal respectivo. Los temas que he considerado más relevantes ya los he discutido de una manera u otra, no obstante sé que he dejado abiertas algunas interrogantes como:

¿Cuál es el valor intrínseco de una vida humana? ¿Estaría bien matar 500 elefantes si al hacerlo se salva una sola persona?
¿Cuál es el valor intrínseco de una vida humana discapacitada? ¿Tiene mayor valor un chimpancé muy inteligente que un niño con un retardo metal extremo, o que un paciente en estado vegetativo?
¿Cuál es el valor ecológico de los seres humanos? Las plantas y animales pueden surgir y vivir sin problemas sin que nuestra presencia sea requerida en este planeta. Nos hemos desligado de la cadena alimenticia para convertirnos en el Apex Predator (superpredador) que se beneficia de cualquier eslabón de cualquier cadena alimenticia, lo cual ha creado la falsa ilusión de que el planeta es nuestro.
¿Cómo podemos amar a los otros y tratarlos como quisiéramos que nos traten (la llamada “Regla de Oro”) si ni siquiera sabemos cómo amarnos y tratarnos a nosotros mismos?
¿Qué importancia tienen las acciones que realizamos a lo largo de nuestras vidas, si estas quedan en el olvido eventualmente? Peor aun cuando consideramos que nuestra especie y hasta el planeta entero están destinados a destruirse y desaparecer tarde o temprano, pues nuestras acciones ni si quiera vivirán en la memoria colectiva por siempre.
¿Tenemos el derecho de destruir todo tipo de bacteria, hongos y virus? ¿Si les consideramos seres vivos porqué los destruimos todo el tiempo sin el menor cargo de remordimiento?
¿Qué tal si Dios usa tus buenos actos para hacer sus malos actos? Supongamos que regalo una fruta a un niño hambriento y este muere ahogado por ella, o que al dársela tiro la cáscara y esto hace que al día siguiente otro niño se resbale en ella y muera. De muy buena voluntad la mayoría de personas ceden el paso a las ambulancias en emergencias, aunque nunca se sabe quién va dentro de ellas ni porqué motivo, bien pudiera ir dentro un asesino en serie herido de bala en un encuentro con la policía, o el violador de un familiar que se lastimó con su propio cuchillo al cometer el delito, aquí nuestra ignorancia al respecto supera a nuestra voluntad de ser o no solidarios con el necesitado. ¿Por qué Dios deja que tome semejantes decisiones que terminan mal sabiendo que mi interés inicial era ayudar?

Estos son apenas unos ejemplos para ilustrar que si usted busca una filosofía sobre Dios que se acomode a lo que usted cree que debe ser, y que además provea respuestas satisfactorias a esas y otras preguntas más, estoy seguro que encontrará una que lo satisfaga, por más extrañas que sean sus ideas.

 

 

 

 

 

El Sagrado Monstruo Volador de Espagueti, un dios en parodia de los seguidores de la religión Pastafarianismo. Creado en protesta por permitir que se enseñara el “diseño inteligente” como una alternativa a la Teoría de la Evolución en ciertas escuelas de Estados Unidos.

 

Tomemos por ejemplo la Teología Procesal. Aquí Dios no conoce el futuro, pero si todos los posibles futuros, es el líder de la Creación aunque puede ser afectado (cambiado) por la misma. Dios es parte de un universo creado del caos pero no es un sinónimo del universo.

El Panteísmo es la idea de que Dios ES el universo, ¡todo es Dios!, el mundo, los autos, nosotros… todo. Otra idea relacionada es el Panenteísmo, donde Dios es el espíritu que anima el universo. Otra dice que ni siquiera existe el universo sino que nuestra mente es el universo en que vivimos. Y así sucesivamente estas ideas se juntan con todo tipo de teologías minoritarias o hasta personales, así que no es sorprendente que en temas de espiritualidad haya tanta pluralidad de puntos de vista. Pero a como he ido delineando a través de este libro, detrás de todas ellas hay una realidad que explica de mejor manera -y con más lógica- los mecanismos de nuestra creencia en lo sobrenatural.

Si desea que su filosofía personal de vida no se encasille con la palabra “religión” o “Dios” también puede encontrar maneras de respaldarlo, basta con cambiar ligeramente las limitaciones y definiciones de lo que significa ser omnipotente, omnipresente y omnibenevolente para lograrlo, de esta manera puede encontrar una filosofía que se adapte perfectamente a sus ideas.

Al hacerlo debe recordar que en ese momento pertenece a una minoría que se refugia en teologías y filosofías hechas a la medida para defender, casi en el velo del fanatismo, una idea en particular o para reconciliar varias. Así funcionan las sectas, cultos, grupos secretos, logias y todo tipo de movimientos que se decidan a obedecer e impulsar una ideología específica. No se requiere de mucho para ello, solo tener la idea de cuál es la visión de Dios, el universo y la vida humana, y conseguir adeptos que estén de acuerdo con los estatutos de orden y las ideas centrales establecidas.

Si desea ver el mundo hecho a su medida solo puedo darle un consejo: tenga cuidado con los agujeros de conejo imaginarios, una vez que se cae en uno es muy posible que no se pueda regresar a la realidad.

 

 


Capítulo 6
La ciencia de lo imposible

“Algunas veces no quiero saber nada más, no quiero tener conocimiento, solo quiero estar llena de vida y con un poco de bondad. Pero no con conocimiento. Resulta que mis estudios no son tanto una búsqueda por conocimiento sino una búsqueda por lo que hay detrás de las cosas –para ponerlo muy humilde y sencillamente: la búsqueda del acertijo de la vida. Lo cual es probablemente lo que cada ser humano busca a su manera. Sin embargo el acertijo de la vida no existe […] la vida no puede ser capturada en unos cuantos axiomas. Y eso es justo lo que trato de hacer. Pero no funcionará, pues la vida está llena de infinitos detalles y no puede ser capturada en solamente unas cuantas fórmulas.” –Etty Hillesum | Cartas y Diarios 1941-1943. Víctima del Holocausto Nazi, Auschwitz

Albert Einstein fue sin duda el físico teórico más famoso e influyente de los tiempos modernos. Su trabajo sigue siendo aplicado en todo tipo de instrumentos electrónicos, experimentos espaciales, cosmología y en el desarrollo de reactores y armas nucleares. Dentro de los círculos físicos-matemáticos se le considera una persona extraordinaria con un talento muy por encima del de la mayoría de los académicos.

Alejado de los números y las pizarras Einstein era una persona que disfrutaba de la música clásica (Mozart y Beethoven entre sus favoritos), tocaba el violín, era activista en pro de los derechos civiles y como persona no estuvo exento de una cuota de asuntos polémicos como el matrimonio con su prima, opiniones sobre el socialismo y religiosidad, y su influencia sobre el uso de la energía atómica con fines militares.

Horas después de su muerte en 1955 su cerebro y ojos fueron removidos por el patólogo Thomas Stoltz Harvey. Por los siguientes 23 años el paradero de su cerebro fue un misterio, hasta que apareció en posesión de Harvey quien vivía en Kansas, E.U. y lo mantenía en un frasco dentro de una caja de madera. Poco se supo luego de ese incidente hasta que un documental en 1994 remontó la polémica sobre el paradero de su cerebro. Luego de 40 años de estar prácticamente oculto y guardado (solo unas escasas muestras fueron enviadas para su estudio, algunas incluso a periodistas), el cerebro de Einstein finalmente se puso a la disponibilidad científica para hacerle numerosos estudios, que desde entonces han tratado de descifrar si su inteligencia tenía alguna relación con un cerebro fuera de lo normal.

Aunque todos han oído su nombre y reconocen al instante su fotografía de cabello blanco despeinado y frondoso bigote, no todos saben por qué se le considera un genio. La genialidad de Einstein no se debe únicamente a que era un buen matemático, después de todo han existido muchos otros matemáticos extremadamente talentosos y merecedores de todo tipo de premios por sus trabajos y a pesar de ello ninguno tiene la fama de Albert. Su aclamada genialidad se debe a que él supo pensar diferente respecto a cómo funciona el universo en grandes escalas, sobre qué es el tiempo y respecto a la naturaleza atómica de la luz, además de que conceptualizó dichas teorías de una manera realmente inusual. Una vez que sus ideas sobre el comportamiento de las leyes físicas respecto a sus teorías estuvo determinado, su siguiente tarea fue la de aplicar las matemáticas conocidas a ellas (partiendo del trabajo de otros físicos), y es así como llegó a una serie de conclusiones sobre el universo y el comportamiento atómico realmente extrañas, es decir, sus matemáticas simplemente confirmaban lo que sus corazonadas le indicaban. Esta combinación de pensar diferente y de utilizar las matemáticas y el método científico para confirmar sus ideas, es la que le convirtió en una superestrella de la ciencia.

Tratemos de imaginar por un momento al joven Einstein trabajando en sus proyectos, poco a poco debajo de la punta de su lápiz empezaban a aparecer cálculos que indicaban por primera vez en la historia lo siguiente:

Era probable que el tiempo fuese una cuarta dimensión elástica, donde bajo ciertas circunstancias este pasaría más lento. Convirtiendo los viajes en el tiempo hacia el pasado en algo posible, al menos en teoría.
Pueden existir enormes curvaturas gravitacionales del espacio. Pudiendo crear extraños fenómenos cósmicos como los que hoy llamamos agujeros negros o agujeros de gusano.
La luz está hecha de una cosa, pero que tiene dos comportamientos mutuamente excluyentes (la dualidad sub-atómica).
Todas las cosas deben tener un límite de velocidad en el universo, el cuál es la constante C de la velocidad de la luz. Una especie de “seguro” que evita que colapse.
La energía y la masa son “caras de una misma moneda”, una puede convertirse en la otra. (el principio de la bomba atómica).
Hay cosas que parecen estar en dos lugares a la vez y sin importar la distancia estas se comunican como por arte de magia (el Principio de no localidad atómica). En esto último no estaba muy de acuerdo aunque lo confirmaran sus propios cálculos.

No se preocupe por entender a cabalidad lo anterior, el punto es que Einstein estaba descubriendo un universo muy diferente al que se conocía hasta entonces, él nos llevó hasta uno más extraño, lleno de paradojas sobre viajes en el tiempo, de experimentos mentales y rarezas atómicas que hasta hoy nos siguen asombrando.

De esto se trata este nuevo capítulo, de entender lo que existe y lo que no, para lo cual debemos tratar de ser “mini-Einsteins” intentando pensar diferente sobre las cosas. Considero que Etty Hillesum tiene razón en la frase de su diario que puse anteriormente, la vida no puede ser capturada en unos pocos axiomas, ni entendida totalmente en un puñado de fórmulas, el factor subjetivo, es decir nuestra humanidad, no puede ser separada totalmente de la rigurosidad científica (después de todo es gracias a nuestra curiosidad que muchas veces se descubren tales axiomas). Pero podemos intentarlo tomando ambas cosas en consideración, si no lo logramos (dudo que ninguno de nuestros cerebros terminen en un frasco guardados celosamente para ser estudiados 40 años después) al menos podemos inspirarnos en la genialidad de personas como Einstein. Para ello hemos de utilizar la ciencia como la herramienta que nos guíe y enfocarla en particular a las cosas espirituales, paranormales, sobrenaturales y supuestamente divinas que nos rodean, lo cual es el tema principal.

El extraño cuerpo divino

Algo que todo creyente –practicante de una religión o no- da por cierto, es el hecho de que Dios (o digamos “algo” si así lo prefieren aquellos en el lado agnóstico) nos hizo. Sea por una creación instantánea o por un proceso (como el de la Evolución), persiste la idea de que somos un producto diseñado y fabricado por Dios mismo. Algunas creencias llevan esta idea al extremo de decir que el cuerpo de su dios(es) es igual al nuestro, o que somos sus “hijos”, implicando un grado de afinidad sanguínea junto con el compromiso que esta crea entre un padre y su hijo, lo cual obviamente no puede ser cierto pues no tenemos “genes de Dios” que nos den poderes de dioses, ni tampoco pensamos como tales. Nuestro frágil cuerpo sería demasiado imperfecto para los estándares de cualquier divinidad.

Un cuerpo que se enferma ciertamente no puede ser el de un dios, a menos claro que tal dios pueda morir. Un cuerpo que puede enfermarse hasta morir por definición tampoco es un cuerpo perfecto.

Si algún dios se tomó la molestia de planear, diseñar y construir nuestros cuerpos ¿Por qué tuvo la irónica idea de no enseñarnos cómo funciona? Como especie hemos tenido que sufrir todo tipo de enfermedades, poco a poco, gracias a nuestro deseo de sentirnos mejor y a la curiosidad investigativa para evitar el sufrimiento que acarrea una enfermedad, fuimos probando plantas, mezclas químicas y procedimientos, desarrollando en el proceso la medicina que tenemos hoy en día. Todo este sufrimiento y muerte hubiese sido evitado si el dios que hizo el cuerpo hubiese dejado instrucciones claras de cómo mantenerlo saludable y de cómo sanarlo cuando enferme, y digo claras porque hay curas que no parecen provenir de nada divino.

Consideremos la hiponatremia, un trastorno que puede ser causado por beber demasiada agua. A pesar de que valoramos el agua como fuente de vida, irónicamente si consumimos demasiada esta se puede convertir en un veneno mortal. Varias personas han muerto por hiperhidratación (entre ellos el famoso artista Andy Warhol). ¿Qué acaso Dios no pudo advertirnos de no tomar demasiada agua?

Otro ejemplo es la infección intestinal causada por la bacteria Clostridium difficile que puede causar varios tipos de inflamación del colon, diarreas severas, dolores abdominales y fiebre tan severas que pueden llevar a la muerte. Más de medio millón de personas la padecen al año solamente en Norteamérica. Recientemente se ha encontrado una cura con una efectividad mayor al 90% y que actualmente es prometedora en otros casos de infecciones similares, se llama Trasplante Fecal Microbiótico (TFM). El TFM en pocas palabras consiste en tomar heces de una persona sana e introducirlas por el recto del paciente(nota 42). Imagino que cuando Dios nos estaba planeando pensó “voy a hacerlos con un colon irritable que les causará terribles dolores a menos que adivinen que deben introducirse excremento de otros por el mismo ano donde solamente sale, ¡me pregunto cuánto tardarán en darse cuenta de eso!” La respuesta es unos 200.000 años. No hay duda que eso es tener un oscuro sentido del humor celestial.

La medicina moderna es el resultado de incontables experimentos de prueba y error (nuestro cuerpo viene sin instrucciones). Unas plantas nos curan y otras son venenosas, ¿cómo nos dimos cuenta cuáles son cuáles? Pues alguien las tuvo que probar, estos valientes pioneros a veces sobrevivían para documentar la cura y otras morían en el intento (dicho sea de paso es probable que así se hayan descubierto también la mayoría de las drogas que tanto mal hacen a la sociedad). Algunos de los primeros investigadores médicos de mayor reconocimiento lidiaban con otro problema además de este, pues su religión les prohibía diseccionar un cuerpo humano (tal es el caso de Ibn-Sīnā -también llamado Avicena- un gran precursor de la medicina, al que las leyes islámicas le prohibían experimentar con cadáveres), así que lo poco que sabían sobre lo que hay dentro de una persona provenía de ver cuerpos despedazados en batallas o de destripar cerdos y monos(nota 43). En estos casos Dios no solo les encomendó la tarea de encontrar curas por prueba y error, sino que encima de esto les indicó que no podían ver por dentro de su obra para tratar de adivinar como sanarla.

A pesar de sus puntos débiles el cuerpo humano es una máquina biológica maravillosa, admirable, majestuosa, capaz de repararse a sí misma y dotada de un cerebro que nos da una capacidad intelectual como la de ninguna otra criatura conocida. No es sorprendente que muchos creyentes le consideren obra divina cuando solamente se consideran las cualidades positivas de nuestra biología, el fallo en este pensamiento es no darse cuenta que somos seres humanos elogiando a seres humanos, probablemente si otras especies pudieran hablar nos dirían que somos muy imperfectos. Sería interesante conocer la opinión al respecto del Tardígrado, un diminuto organismo (mide apenas 0.5 mm) de 8 patas muy común en estanques y jardines, que a pesar de su tamaño puede vivir 120 años sin agua, sobrevive a temperaturas de entre los -260º y +300º, soporta hasta 10 días en el espacio exterior, es 1.000 veces más resistente a la radiación que la mayoría de todos los animales, y puede soportar presiones 6 veces más fuertes que las del fondo del mar más profundo. Seguramente si pudiese, el Tardígrado nos diría que no somos tan biológicamente especiales después de todo y que nuestra idea de que somos seres diseñados divinamente no es más que un pensamiento egoísta y megalómano.

“Porque hay un reloj, debe haber un relojero” es una frase que comúnmente se usa para argumentar que nuestro cuerpo “perfecto” debe haber sido creado por una criatura diseñadora más perfecta todavía (un argumento popularizado por el apologista cristiano William Paley unos cincuenta años antes de las teorías de Darwin, la frase también es base del famoso libro de Richard Dawkins “El relojero ciego”). Sin embargo hay un descubrimiento reciente que hace cambiar toda la perspectiva de qué es biológicamente un ser humano, la cual es -a mi parecer- una de las revelaciones más profundas sobre nuestra naturaleza y que extrañamente no ha recibido la importancia que merece. Es de alguna manera uno de los secretos mejor guardados, más recientes, más probados y menos entendidos en la historia de la biología humana: la microbiota.

El argumento del “relojero” no considera que quizás éste -suponiendo de nuevo que existe-, no hizo el reloj con el motivo de saber la hora sino con el de ver cómo se mueven las agujas. En primer lugar sabemos que el aparente diseño es ilusorio pues los seres humanos (o cualquier animal en este caso) tiene funciones y partes que no parecen ser de utilidad, a la vez que en apariencia le hacen falta funciones y otras partes que sí le serían útiles, esto lo discutí en mayor detalle anteriormente. Algo que hasta ahora menciono es el hecho de que si se considera al ser humano como una colección de células, entonces en realidad no somos tan humanos y es aquí donde la microbiota toma relevancia. La razón es simple: ¡el 90% de nuestras células no son humanas! 9 de cada 10 células en nuestro cuerpo pertenecen a virus, bacterias y hongos que lo habitan.

Estimaciones recientes apuntan a que hay más de 500 especies diferentes que viven en nuestro cuerpo, unas 90 trillones de ellas viven en nuestro cabello, estómago, lengua, órganos sexuales y la piel.R33 Esta es la microbiota.

Desde un punto de vista microscópico este planeta no fue diseñado pensando en los seres humanos, ni en ningún otro animal, planta o insecto, ni siquiera en todos los humanos, animales, plantas e insectos juntos. Este planeta ha sido en apariencia diseñado para albergar los virus, las bacterias y los hongos, pues estos son la mayoría de entes con vida en la tierra y los mares del planeta, ellos han estado aquí antes que cualquier otro ser vivo complejo y probablemente seguirán si estos se extinguen. Su importancia es tanta que no solo nos ayudan a mantener nuestras funciones vitales en orden, sino que es mediante su trabajo que se produce la mayoría del oxígeno que nos mantiene con vida. Pero no todo su actuar es beneficioso, pues una gran parte de estos virus, bacterias y hongos son también responsables de las más terribles enfermedades que afectan a los seres vivos, después de todo su principal trabajo no consiste en mantener a los seres vivos con vida –valga la redundancia, su trabajo es mantenerse ellos con vida a toda costa, algunas veces esto significa ayudarnos a hacer la digestión, y otras, producir desperfectos graves en nuestra fisiología y metabolismo, tal como ocurre en una enfermedad mortal como el ébola o el SIDA.

Este panorama reduccionista (mas no por tanto absurdo) sobre nuestra composición biológica, es mayormente ignorado por quienes suponen que nuestro cuerpo es creación divina, precisamente porque el nivel de reducción extremo implícito nos empuja a considerar niveles de percepción casi nulos en el quehacer diario. Dicho de otra manera, no podemos ver a estos seres a simple vista, y es incluso muy difícil hacerlo con herramientas ópticas populares como lentes y lupas. Al vernos en un espejo nos vemos a nosotros mismos en un cuerpo integral, no vemos en detalle las partes que lo componen ni los mecanismos que lo hacen funcionar, si lo hiciéramos la percepción de nuestro yo mismo sería muy diferente, y nuestra naturaleza divina parecería inexistente. Esta es una limitación perceptiva a la que nos podemos sobreponer ya que podemos al menos hacer un esfuerzo en conceptualizarla, además contamos con poderosos microscopios para escudriñar al respecto, otras hay sin embargo, presentan un desafío mucho mayor.

 

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Limitaciones naturales

“Dueños de perros habrán notado que si se les provee de comida, agua, refugio y afecto ellos creen que uno es un dios. Mientras que los dueños de gatos llegan a notar que si se les provee de comida, agua, refugio y afecto estos creen que ellos son dioses.” - Christopher Hitchens

Todo lo que vemos, oímos, sentimos, probamos y olemos, nos crea la perspectiva de lo que hay en el mundo fuera de nuestra oscura cabeza (no hay luz dentro del cráneo), esto lo consolidamos con nuestros pensamientos para así definir qué es la realidad, es decir lo que hay alrededor nuestro. Sin embargo toda la información que colectan nuestros sentidos (que luego es procesada por el cerebro) para crear esa perspectiva de la realidad, no es toda la información que existe. Solamente una pequeña parte de lo que nos rodea es accesible y logra incorporarse a nuestra idea de lo que es la realidad, o mejor dicho nuestra realidad.

Somos animales con limitaciones naturales. Igual que todos los otros animales filtramos del conjunto de cosas que existen en la naturaleza, aquellas que nos ayudan a sobrevivir, mientras el resto pasan desapercibidas, tan ignoradas incluso que muchas veces llegamos al punto donde olvidamos que existen del todo. De esta manera –un proceso automático- creamos una realidad humana, la cual es meramente parcial e incompleta. Cuando olvidamos esta premisa caemos en el error de pensar que lo que nosotros creemos es la realidad, debe ser la misma para todos los otros seres vivos del planeta, y peor aún, que esa realidad, la nuestra, debe ser la única y verdadera.

No es tan complejo conceptualizar que la realidad que percibimos está moldeada a nuestra manera y que por tanto no debe ser la misma para todos los demás seres vivos (incluyendo aquellos que pudiesen vivir en otros planetas). Consideremos los siguientes hechos:

Solo oímos sonidos en el rango de frecuencias entre 20Hz (graves) y los 20Khz (agudas). Los perros pueden oír hasta los 60Khz (por esto los silbatos para entrenar perros parecen no sonar). Para poder volar de noche los murciélagos emiten sonidos de hasta los 100Khz para rebotarlos contra los objetos en su paso, creando un sistema de ecolocación como el de un radar.
Vemos los colores de objetos que están dentro de nuestro rango de visión (longitudes de ondas de 390nm a 700nm), pero no vemos otros espectros como el ultravioleta o el infrarrojo (Ej. No solo porque veamos el cielo azul significa que los perros también lo ven azul).
Nuestros músculos de las piernas apenas pueden levantar nuestro propio peso, si tratamos de cargar una persona en hombros nos damos cuenta de lo difícil que es. Las hormigas no parecen tan musculosas o fuertes y sin embargo ellas pueden cargar hasta 50 veces su peso.
Si el clima varía unos cuantos grados por encima o por debajo de lo normal decimos que está frío o caliente, pero para las especies que viven en el Polo Norte nuestro clima frío es más bien caliente. Basta con que nuestra temperatura corporal suba 2 o 3 grados para encontramos en riesgo de morir si no se normaliza en unos días, en contraposición hay animales que cuando invernan bajan su temperatura corporal drásticamente por meses, mientras hay otros que resisten vivir en ambientes extremadamente calientes (como el Tardígrado).
Difícilmente sabemos lo que se está cocinando en un restaurante hasta que entremos y eso si tenemos suerte de sentarnos junto a la cocina, pues tenemos hasta problemas distinguiendo el olor de la comida de quienes se sientan a solo unos cuantos metros de distancia. Un perro por otro lado, puede oler bombas, cadáveres y drogas enterradas bajo toneladas de tierra, también puede seguirle el rastro a un animal en particular por kilómetros con solo olfatearlo.
Contar tampoco es nuestro fuerte. Muy pocas personas han contado sin parar desde el número 1 al número 1 millón. Nos tomaría unos 11 días (sin descanso alguno) contar hasta 1 millón, y para contar hasta 1 billón (mil millones) nos llevaría unos 32 años (suponiendo que nos turnamos con otra persona para descansar y comer). No nacimos para entender cantidades extremadamente grandes o extremadamente pequeñas, y aunque las usamos a diario en todo tipo de operaciones matemáticas, en realidad no podemos conceptualizar cuantos días existen en 45 millones de siglos (la edad de la Tierra), menos aún en 13 mil millones de años (la edad del universo).

Las anteriores son algunas limitaciones naturales nuestras, no hacen falta más ejemplos al respecto ya sabemos que esto es así en incontables escenarios. La idea en resumen es que vivimos en una “burbuja” donde las cosas las percibimos dentro de las abstracciones que tienen sentido para nosotros y no necesariamente para otros animales.

Un argumento (anteriormente discutido) de los más usados para validar la existencia de Dios, es la belleza intrínseca en el mundo natural. Por ejemplo: lo bello de un arco iris, el delicado aroma de una rosa, la elegancia del pavo real macho, la gracia de los coloridos peces nadando sincrónicamente en los bancos de coral, el sublime cielo cargado de estrellas, las majestuosas imágenes de galaxias y nebulosas, los atardeceres con celajes, las coloridas auroras boreales, etc. ¿Cómo puede alguien ver algo tan perfecto y no pensar que fue hecho por un Ser Superior?” es parte del argumento. La belleza sin embargo, está en el ojo del espectador.

Un perro puede oír una sinfonía de Beethoven y encontrarla horrible. Un gato puede ver un cuadro de Da Vinci y pensar que son garabatos. Un mono pudiera pensar que el cielo se vería mejor sin estrellas, etc. Ellos no valoran las cosas como los humanos porque no son humanos (carecen de lo que se conoce en filosofía como “qualia” según la Teoría de Mente). Si un alienígena de otro planeta (digamos un Depredador como el de las películas) tiene la capacidad de ver el espectro de luz infrarroja, probablemente no encontraría un arco iris agradable, tampoco encontraría ningún animal bello pues únicamente vería sombras que revelan la temperatura de un objeto, a menos claro que su concepto de belleza se base en tipos de sombras, lo cual implica nuevamente en que es su realidad la que parece agradable.

Hay una buena razón por la cual nuestra realidad depende de esta abstracción, si pudiésemos oír todos los sonidos de todo lo que sucede a nuestro alrededor (desde los pasos de una hormiga caminando hasta los rebotes de gotas de lluvia caer a cientos de metros de distancia), ver todo lo que existe (los colores que emiten los elementos químicos, todo lo que hay en la oscuridad o ver a través de las paredes), sentir todo con lo que tenemos contacto (el impacto y las frecuencias de todas las ondas y microondas de radio, televisión, celulares, internet, controles remotos, etc.), oler agudamente por kilómetros, o sentir hasta las uñas y el cabello crecer lentamente, no podríamos funcionar. Si fuésemos de esa manera nuestro cerebro estaría constantemente bombardeado por una gigantesca cantidad de información que procesar, necesitaría de una gran capacidad miles o millones de veces superior a la que ya tiene. Para nuestra suerte, la naturaleza es astuta y para solventar este problema nos ha moldeado por millones de años, limitándonos, o mejor dicho adaptándonos, de manera que podamos filtrar lo que es importante para nuestra sobrevivencia y descartando el resto o minimizando su relevancia.

Hemos de suponer que Dios no debería tener este problema, después de todo no es un ser humano y su capacidad de procesamiento es infinita. Sin embargo, parece que dedica primordial atención a seres limitados que encuentran belleza en un pequeño segregado de cosas, cuando la realidad se compone de una gigantesca cantidad de detalles más. Es como quien tiene un acuario en su casa con todo lo necesario para que los peces están a gusto y maravillados, los encuentra agradables sin que le preocupe el que estos no sepan que existe un gigantesco y complejo océano del cual provienen.

El decir que somos la creación de un dios no explica el por qué existen tantas cosas que forman parte del universo y que pasan desapercibidas para nosotros. Por otro lado el encontrar belleza en la naturaleza y atribuir esto a la existencia de un diseñador, es ignorar el hecho de que la belleza es algo relativo y por tanto está lejos de ser evidencia de que existe un “relojero supremo”. Es a lo sumo, evidencia de que nosotros tenemos sentimientos muy diferentes a los de las otras especies vivas, y que por diferentes que sean las realidades entre especies, no lo son tanto como para no poder coexistir. En esto Dios no tiene nada que ver.

El fin de la vida

“Hay un tiempo señalado para todo y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo: tiempo de nacer y tiempo de morir […] Porque la suerte de los hijos de los hombres y la suerte de los animales es la misma: como muere el uno así muere el otro. Todos tienen un mismo aliento de vida; el hombre no tiene ventaja sobre los animales, porque todo es vanidad. Todos van a un mismo lugar. Todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo.”- Eclesiastés 3

En pocas ocasiones concuerdo con pasajes de La Biblia, menos aún con libros completos, pero admito que si me viese forzado a escoger uno sería sin duda Eclesiastés, donde el autor -según mi opinión- tiene una visión de que la vida es corta, solo una, y debe vivirse de la mejor manera posible como individuos. El Cantar de los Cantares sería mi segunda opción debido a su corte erótico por el cual ha sido removido de los libros de ciertos grupos cristianos (incluyendo los mormones), además porque en el Cantares en ninguna ocasión se menciona a Dios en el texto.

Para cuando Eclesiastés fue escrito (hace unos 2.300 años) los conocimientos de astronomía, geología, física y paleontología eran básicos, o mejor dicho, probablemente inexistentes para usos prácticos. A pesar de esto Koheleth, el supuesto autor, da justo en el clavo diciendo que al fin de cuentas todo es vanidad pues tarde o temprano todo se acaba.

Nuestro planeta, la luna, el Sol, el Sistema Solar, nuestra galaxia, todas las demás galaxias y hasta el universo mismo tendrán un final. Algo cierto en la “obra de Dios” es que todo lo que construye lo hace con el fin de destruirlo, pues nada dura para siempre. Para entender mejor el asunto del final de los tiempos es necesario emprender primero un breve repaso sobre cosmología moderna.

Hace unos 100 años Einstein tuvo una idea reveladora respecto a la fuerza de la gravedad, la cual explica cómo esta actúa sobre objetos muy masivos como planetas y estrellas. Newton fue el pionero en desarrollar ideas gravitacionales, y aunque él nos legó leyes físicas que aún aplicamos respecto a la gravedad, realmente no explicaba cómo funcionaba. La idea que Einstein formula en su Teoría de Relatividad General llena ese vacío, explicando que la gravedad es una fuerza que curva el espacio y el tiempo. Partiendo de esta teoría, otros físicos notaron que las mismas ecuaciones sobre la gravedad implicaban que las galaxias deberían de chocar unas con otras destruyéndolo todo. Esto resultaba poco agradable para Einstein, quien no era partidario de la idea de que el universo no fuese un lugar estático, casi eterno, así que en 1917 introdujo en sus fórmulas lo que se conoce como la Constante Cosmológica, la cual determina que un tipo de fuerza (no explica de qué tipo ni de dónde proviene) las mantiene en su lugar. Eventualmente descartó la idea de la Constante Cosmológica llamándola “su mayor error” cuando el astrónomo Edwin Hubble en 1929 notó que las galaxias no estaban fijas, sino que se movían rápidamente alejándose unas de otras, entre más lejos estaban entre ellas, más rápido aceleraban esta separación, probando en resumen que el universo de hecho se expande. Hubble tampoco pudo decir qué tipo de energía mueve a las galaxias y las hace que se separen aceleradamente. A la fecha aún no se sabe de dónde proviene o qué es dicha energía, por lo que los astrónomos se refieren a ella como la “energía oscura” (los fans de La Guerra de las Galaxias pueden regocijarse sabiendo que la fuerza oscura realmente existe en la cosmología actual).

La energía oscura es un misterio. Es una de las cosas que la ciencia no comprende de momento. Aun así, lo que la ciencia sí puede decirnos es el efecto que esta tiene sobre planetas, estrellas y galaxias. Si la expansión del universo no se detiene –y nada parece indicar que lo hará- dentro de mil millones de años el universo será un lugar muy diferente al que vemos hoy con telescopios. En ese momento las galaxias estarán tan separadas unas de las otras, que será imposible para cualquier ser que viva en ellas darse cuenta que existen otras galaxias en el universo, para ellos, indiferentemente de dónde vivan, el panorama será uno donde no existió un Big Bang, no existen otras galaxias y así el universo es un lugar desértico donde únicamente su propia galaxia existe. Considerando esto ellos pudiesen llegar a la conclusión de que todo lo que existe fue hecho por un Ser Superior sólo para ellos pues no hay nada más (la misma conclusión a la que erróneamente llegamos nosotros hasta hace unos 500 años). Sin embargo hoy sabemos que su hipotética conclusión estaría equivocada pues hay un universo lleno de galaxias que se originaron en el Big Bang. En la palabras del autor y astrofísico Lawrence Krauss: “Vivimos en un momento especial: el único momento donde podemos saber que vivimos en un momento especial”.

La energía oscura también toma parte en otro proceso fundamental del universo: su final. Existen varias teorías sobre las consecuencias del comportamiento de la energía oscura dentro de miles de millones de años, algunas indican que el universo se contraerá en un “Big Crunch”, otras que se congelará, se fundirá, se desintegrará o que volverá a formarse desde cero en un sistema cíclico sin fin. Sea cual fuere su destino lo cierto al respecto es que el universo está destinado a dejar de ser como lo es actualmente, llegará el momento cuando todo, absolutamente todo lo que existe dejará de existir.

Dios ha creado todo para que con el tiempo se torne en nada. El mejor ejemplo de Su modalidad creativa somos nosotros mismos, pues nuestra especie está condenada a desaparecer del universo tarde o temprano. Lo más probable es que corramos la misma suerte del 99% de las especies que han pasado por este planeta: todas se han extinguido.R34 Esto es algo totalmente normal para el planeta Tierra, es una máquina cíclica de crear vida, destruirla y crear otras diferentes nuevamente. Incluso si no perecemos en una extinción masiva natural, o por nuestras propias manos con el arsenal de bombas atómicas y armas químicas que inventamos, nuestra suerte sigue estando echada. Cálculos recientes indican que aproximadamente en un billón de años nuestro Sol (que originalmente permitió la vida en el planeta) se calentará tanto que evaporará toda el agua del planeta desencadenando una serie de eventos que harán la vida imposible,R35 aun si algo lograse sobrevivir tal cataclismo, en unos 7.6 billones de años el Sol se convertirá en una estrella tipo “Gigante Roja” tan enorme y caliente que evaporará todo el planeta consumiéndolo bajo la enorme fuerza de gravedad que tendrá entonces.

Nuestro destino como especie está sellado, puede que vivamos por un largo periodo de tiempo, pero inevitablemente el planeta se destruirá y todo lo que parece maravilloso y obra formidable de un Creador será solo una nube de polvo flotando en el espacio. Si para entonces no hemos hecho contacto con ninguna otra civilización extraterrestre ni hemos aprendido a vivir en otros planetas muy lejanos, entonces nada ni nadie que viva en otros lugares del universo sabrán siquiera que existimos alguna vez. Todas nuestras preocupaciones sobre fantasmas, espíritus, demonios, mesías crucificados, sobre si comer cerdos o no, los cantos a las estatuas de vírgenes milagrosas, el miedo a los gatos negros y a los viernes 13, todo lo que creemos sobre todo lo que aprendimos, quedará perdido para siempre, enterrado con nosotros en el frío y vasto espacio de la nada.

El problema de las escalas

Hace poco me referí al asunto de las limitaciones naturales de los seres humanos. Otra de nuestras barreras innatas es entender el concepto de lo infinito.

A todos nos ha pasado que no recordamos un número de teléfono, el PIN de la tarjeta de crédito o alguna contraseña, aunque estos sean de apenas unos cuantos dígitos. Consideremos ahora el problema de conceptualizar una cifra tan grande como 1.4x1010 lo cual en notación tradicional es 14 con 9 ceros por delante (14.000.000.000) o 14 mil millones (abreviado comúnmente como 14 billones), esta es la edad de nuestro universo desde el Big Bang hasta hoy, y es una cantidad enorme. Como indiqué anteriormente, nos tomaría 32 años contar hasta 1 billón, para llegar a 14 billones necesitaríamos contar por casi 500 años sin parar, ningún ser humano puede contar secuencialmente hasta esa cantidad, esto ilustra el desafío intelectual al que nos enfrentamos cuando lidiamos con cantidades tan grandes.

Una cifra como 200.000 años es mucho menor que 14 billones, es apenas una fracción casi insignificante de la edad del universo. Esta es la cantidad de años que el ser humano ha estado en este planeta. Considerando que el planeta tiene unos 4.5 billones de años de haberse formado, esto quiere decir que hemos estado en este planeta por tan solo un 0.004% de su historia. Una analogía nos ayuda a comprender mejor este lapso: si el largo de nuestro brazo representara la edad de la Tierra, nuestro tiempo en esta sería la distancia entre el extremo de la punta del dedo del medio y la punta de su uña, eso es lo que los seres humanos han estado en la Tierra, la cual a su vez ha estado apenas por un tercio de la edad del universo, aplicando la analogía anterior hemos existido en el universo por apenas la distancia que tenga el grueso de un delgado cabello comparado con el largo del brazo. En grandes escalas apenas empezamos a existir.

No olvidemos que los dinosaurios vivieron en este mismo planeta haciendo lo suyo por 165 millones de años, esto no es el doble, ni el triple, ni 10 veces, sino 825 veces más tiempo de lo que nosotros como especie hemos existido. Es mucho más probable que este planeta haya sido “diseñado” para albergar dinosaurios que seres humanos, después de todo ellos lo gobernaron por muchísimo tiempo antes que nosotros.

A mi parecer, quizás ningún otro problema de grandes escalas sea más difícil de conceptualizar que la cantidad de planetas y estrellas que existen, no obstante hagamos nuestro mejor esfuerzo. Nuestro Sol es una estrella promedio y como esta hay aproximadamente entre 100 y 200 mil millones más en nuestra galaxia. Enfatizo que esta enorme cantidad de estrellas no constituye la totalidad de las que existen, sino solamente las que hay en nuestra galaxia -la Vía Láctea. Hay otras 100 mil millones más de galaxias similares a la nuestra en la parte del universo que podemos observar. Es decir que el total de estrellas en el universo conocido es:

100 mil millones x 100 mil millones = 10.000.000.000.000.000.000.000 (1022)

Esta monumental cifra es solamente la cantidad de estrellas, a esta hay que agregar que la estrella promedio tiene al menos un planeta orbitándola, fácilmente se deduce que la cantidad de planetas es incluso mayor a la de estrellas, una cantidad increíblemente gigantesca. Valiéndonos de otra analogía consideremos el ejemplo de que hay más estrellas en el universo que granos de arena en todas las playas del mundo juntas! O puesto de otra manera, nuestro planeta es como un grano de arena entre todos los que existen en todas las playas del mundo. Ahí en ese “grano” es donde vivimos y en la escala de tiempo del universo apenas acabamos de formarnos hace un segundo.

Una vez que consideramos estas gigantescas cantidades, nos percatamos de que la existencia de nuestro planeta puede ser una excepción estadística, es decir algo que puede suceder considerando la escala global. No obstante esto, persiste la idea de que nosotros, a pesar de nuestra casi insignificante presencia en la escala del universo y por una cuestión de fe (o mejor dicho por una corazonada humana), tenemos un lugar privilegiado en el universo y que vamos a vivir por siempre eternamente hasta el infinito (perdonando la redundancia). La humanidad es como una hormiga que no sabe que vive en medio de una gigantesca selva, según ella es la reina soberana y propietaria de todo lo que ve, no sabe de dónde vino ni que tan grande es el lugar donde vive, pero se encuentra totalmente convencida de que está predestinada a vivir para siempre.

El problema del infinito

“Imagina que no hay Paraíso, es sencillo si lo intentas. Ningún infierno bajo nosotros, arriba nuestro solo el cielo. Imagina a toda la gente viviendo para hoy…” –John Lennon. Letra de Imagine (canción)

Hay otra cantidad incluso mayor a las mencionadas hasta el momento, aunque de alguna manera no es realmente una cantidad: el infinito.

El infinito no es un número, no hay ningún número llamado “infinito” y siempre existirá un número X donde X=X+1.

En física matemática cuando una fórmula da como resultado infinito es señal de que hay un problema con la teoría, aunque esto no implica que no se puedan hacer formulaciones con infinitos, el resultado sin embargo debe tener un significado fuera del infinito, esto por cuanto infinito no es un número sino una idea. En este caso la idea implica una cantidad tan grande que el problema de las escalas que mencioné no permite ni siquiera poner un ejemplo o analogía.

Vivir por siempre en un lugar agradable (“el Cielo”) es una de las promesas de la mayoría de religiones, en estas Dios tiene como propósito fundamental preocuparse por la eterna longevidad de un ser en particular, en un planeta en particular, entre los miles de trillones que hay.

Quienes también creen en el Diablo añaden al problema el que exista también otro lugar (“el Infierno”) donde los seres “pecadores” deben pasar la misma eternidad, pero menos placenteramente. Irónicamente si existe este lugar, hace que el único propósito de la existencia del Diablo sea el de colectar almas en un “grano de arena espacial”, es decir en nuestro planeta. Dado que el Diablo no mantiene el orden en el universo, no es creador, no es catalítico y no controla el futuro, su único propósito sería simple y llanamente ese. Uno pudiera hasta llegar a sentir lástima por el Diablo si piensa por un momento en el pequeñísimo -casi insignificante- trabajo que le fue asignado en un universo tan vasto, eso sin añadir que su trabajo sea eventualmente el de ser el monótono administrador de un lugar de torturas por toda la eternidad. Pobre Diablo.

Que exista un lugar donde la gente pueda vivir eternamente feliz es una bella idea, admito que me agrada y hasta quisiera que fuese cierto que nuestra memoria se pudiera perpetuar en lugar de quedar en el olvido (Nietzsche diría que es ser egoísta y arrogante el esperar que las leyes naturales se puedan quebrantar sólo para satisfacer a alguien.R36 Después de todo vivir para siempre es lo que tratamos de hacer cuando pasamos nuestros genes a nuestros hijos, cuando buscamos cómo dejar nuestro legado en cosas materiales o intelectuales antes de morir, o cuando nos aferramos a ideas como la reencarnación. Por atractiva y confortadora que suene la idea, la realidad es que vivir para siempre en el Cielo acarrea una gran cantidad de problemas intelectuales, por ejemplo:

Si mis hijos, esposa(o) o padres quieren estar a mi lado para siempre, pero personalmente prefiero estar alejado de ellos, ¿a favor de quién se inclina la balanza? ¿Vivo para siempre a la par de alguien que no me agrada para que el Cielo sea perfecto para la otra persona y no para mí?
En un lugar donde no hay catástrofes, política, economía, maldad, infidelidad, mentiras, sufrimiento ni perdedores, ¿De qué se habla todo el día por una eternidad entera?
Si las personas con las que uno quisiera pasar una eternidad no llegan al Cielo ¿No es más una tortura que una bendición vivir para siempre sin estar al lado de las personas que uno quiere? Y peor aún, pensando a cada instante en que estas deben estar siendo torturadas horriblemente en el infierno.
Pensemos en todas las cosas que nos gustan, las que compramos, las que nos agradan de la naturaleza y en todas aquellas actividades que disfrutamos haciendo en nuestro tiempo libre. ¿Es realmente posible no cansarse de tener, comer y hacer lo mismo por miles de millones de millones de años? ¿Quién puede ver un precioso atardecer que nunca se acaba por mil millones de años y no desear que por un día hubiese algo diferente para variar? ¿Y qué tal si las cosas que nos encanta hacer o disfrutar en vida no existen en el Cielo? Si es el caso estamos obligados a pasar una eternidad sin hacer ni tener nada de lo que tanto nos gustaba en vida.
¿Dormimos en el Cielo? Si no lo hacemos entonces no hay necesidad de que exista el mañana. Nadie necesita relojes en el Cielo pues nadie tiene prisa para llegar a ningún evento, el tiempo se convierte irrelevante pues nunca se acaba. Vivir sin límites de tiempo más que recompensa parece un castigo. Por otro lado si dormimos en el Cielo al final del día (sea como sea que un día celestial se defina) entonces parte de la vida en el Cielo significa no estar disfrutándolo, pues estaremos dormidos, inconscientes de lo que sucede en ese lugar, y quizás (dado que en este tema cualquier especulación es válida) alguien pudiera dormir y dormir para no regresar a los placeres que abundan. Alguien pudiera incluso declarar en cierto momento que ha tenido demasiada felicidad en el Cielo y que lo único que verdaderamente lo hará feliz es dormir para siempre, o mejor aún, morir plácidamente agradecido por todo y por la experiencia de probar un poco de Cielo.
Todos los días batallamos por no caer en la rutina en nuestra vida terrenal, a mi parecer es difícil entender como alguien puede desear llegar a un lugar donde todo sea lo mismo día tras día, y si suponemos que hay una variedad de actividades y cosas nuevas entonces para no caer en la rutina ¿cómo se controla que tales cosas agraden a todas las personas de ese lugar?
Si lo que vive por siempre es únicamente nuestra alma inmaterial, entonces no tendremos el cuerpo al que estamos acostumbrados, no veremos, oiremos, sentiremos ni oleremos nada como lo hicimos en vida. No disfrutaremos de ninguna actividad sensorial pues las almas no tienen piernas para jugar un deporte, ni ojos para ver una película. Si tal es el caso la vida eterna parece ser una donde no hacemos nada de lo que hicimos en la terrenal. Todo esto nos indica que para que algún tipo de “Cielo para almas” sea funcional nosotros debemos cambiar radicalmente en esencia. Ya no seríamos humanos, no seríamos ni siquiera nosotros, solo un espíritu (como guste en definirse) en algún tipo de estado frenético de felicidad donde su sonrisa no se acaba nunca. ¿Por qué queremos convertirnos en semejante “cosa” que no es ni la sombra de lo que somos o disfrutamos siendo hoy?
En un lugar donde no necesitamos hacer nada ¿Cómo aprendemos cosas nuevas? En un lugar donde todo es gratis ¿Cómo valoramos el esfuerzo? En un lugar donde nadie compite ¿Cuándo nos felicitan porque hicimos algo bien? En un lugar donde no podemos tener más hijos ni otras parejas ni ayudar al prójimo ¿Cómo podremos amar de nuevo?

El problema del infinito no solo corresponde a si existe el Cielo, adjuntamente acarrea el asunto de si existe también un lugar de castigo para los herejes, pecadores e injustos: el infierno popularmente hablando. Lo cual desde un punto de vista lógico y científico presenta en esencia los mismos problemas que el Cielo, pues ambos son lugares hipotéticos que existen fuera del espacio y el tiempo donde sus habitantes viven en medio de situaciones que acontecen sin fin una y otra vez.

Quien cree en lugares infinitos parece no tener en cuenta que tal suposición también puede generar otras bajo la misma premisa. Bien puede existir un Cielo pero no un infierno o viceversa, o puede que exista Dios pero que no sea infinito, o que haya un Cielo y un infierno pero que no exista Dios, o que existan todos estos pero que no estén hechos para lidiar con los seres humanos, o puede que cuando morimos todos nos convertimos en dioses a cargo de nuestra propia civilización y que eso sea nuestro paraíso personal, etc. etc. Todo esto sería válido dentro del marco del infinito (justo como en las matemáticas todo lo infinito significa un problema).

En muchas ocasiones he oído a predicadores lidiar con estos problemas y sus respuesta a estas preguntas es usualmente algo como “no sabemos, pero Dios sí y confiamos en él”. Lo cual para mí significa que aquel que cree en una vida imaginaria eterna en el Cielo tiene como único propósito en la vida real el pasar haciendo lo que un Dios invisible le dice, para ganarse el derecho de ir a un lugar que no tiene idea de cómo será.

El fin del final

Descartar la idea de que podemos vivir eternamente, que no existe el Cielo, el infierno o cualquier variación de estos que implique el infinito, afecta enormemente a quienes creen en ello de las maneras más trascendentales y personales, pues conduce a unas drásticas conclusiones:

Si no hay Cielo para los buenos e infierno para los malos, entonces no hay justicia divina. El que haga el mal a otros en la Tierra no recibirá más castigo que aquel que reciba aquí, de la misma manera quien haga el bien hacia otros deberá conformarse sólo con los halagos y compensaciones que reciba al respecto en vida.
A menos que exista la reencarnación no hay una vida después de la muerte. Y aun si la reencarnación sucede, las vidas posteriores a la presente son totalmente desasociadas pues no tenemos recuerdo de nuestras vidas pasadas. Si reencarnamos lo hacemos en otro ser que no tiene nada que ver con nosotros o es irrelevante. En principio la reencarnación, sea por acto divino o por algún tipo de anomalía en la naturaleza, puede suceder solamente mientras exista la raza humana, esta sin embargo está destinada a desaparecer tarde o temprano. Existe por tanto una última forma y una última vida que le convertiría en un evento temporal, no en algo eterno.
La vida en principio no tiene un propósito más que permitirle a un ser permanecer vivo de la manera más cómoda posible por tanto tiempo como pueda. Una visión nihilista mejor descrita en palabras del autor Alex Rosenberg: “Cuando uno muere todo sigue igual… menos usted”.
Si no existe la vida después de la muerte, la vida que tenemos es solamente una.

A mi parecer la mayor parte de la gente prefiere evitar la discusión del problema del infinito, muchos apuestan igual que Pascal: mejor creer, de todas maneras no hay nada más que perder creyendo. Otros quizás evaden el tema pues consideran que remover la justicia divina de la vida cotidiana podría dar paso a una des-moralización de la sociedad, donde al no haber temor a Dios lleve a una anarquía social donde reine la barbarie, la violencia y la injusticia. Estas son conclusiones absurdas, o en términos filosóficos, es llegar a un redoctio at absurdum.

 

Aunque eviten la conversación al respecto, lo cierto es que la mayoría de las personas piensan a menudo en qué les sucederá luego de la muerte, sobre todo en los momentos que se sienten en peligro de morir, y aunque se recurran a las alternativas presentadas por las religiones, usualmente no queda más que conformarse con la idea de que es un “misterio” que nadie sabe, pues si hay algo claro es que quien muere no vuelve nunca a la vida terrenal para contar qué sucede.

El asunto, aunque escabroso, puede ser entendido menos misterioso y drástico, de hecho es bastante sencillo de entender, cuando uno se pregunta dónde va cuando muere, debe preguntarse también dónde estaba antes de nacer, a ese lugar es al que se va.

Multi-vidas

 A pesar de tanto hablar de nuestra destrucción y de la carencia de una vida después de la muerte, pudiera ser que no todo esté perdido, hay una noticia más esperanzadora proveniente de una nueva teoría astrofísica que aunque suene fantástica y hasta surreal, tiene -por el momento- un buen fundamento científico, me refiero al Multiverso, la teoría de que existen múltiples universos (tema que brevemente mencioné en el capítulo 4).

En repetidas discusiones informales sobre el tema de la sobrenaturalidad he apelado a que mucha gente sabe en sus adentros que tales cosas no pueden ser ciertas, pero que se niegan a rechazarlas por el hecho de que si las remueve la vida pierde un poco del “realismo mágico” -por así decirlo- que la hace más interesante. Un mundo sencillo sin fantasmas, zombis, comics, amuletos de buena suerte, dioses, demonios, extraterrestres que secuestran, Santa Claus o calendarios Maya que pronostican el fin del mundo, es de alguna manera menos interesante y colorido que uno con todo eso y muchas más cosas similares que le agreguen a la vida una pizca de sabor a desconocido y místico. Esto lo entiendo pues un poco de imaginación es lo necesario para poder apreciar una buena obra de arte, e incluso para disfrutar algo tan sencillo como jugar Monopoly/Turista/Gran Banco (sabemos que no estamos comprando propiedades de verdad y que el dinero que usamos jugando no tiene valor, pero si pensamos en esto seriamente no disfrutaríamos del juego), en estos casos sin embargo no aplica una cuestión de creencia en lo sobrenatural sino un principio sicológico conocido como la Suspensión de Incredulidad, es decir que por un momento dejamos de lado nuestro sentido crítico para aceptar las cosas ficticias como plausibles, aun sabiendo que no lo son.

El caso del Multiverso es muy diferente pues es una mezcla de sobrenaturalidad con ciencia, y como dije anteriormente, es una noticia esperanzadora para quienes desean vivir para siempre, aunque quizás no de la manera que les gustaría.

Existen varios modelos teóricos del Multiverso, pero por razones prácticas únicamente incluyo el llamado modelo Inflacionario. Es importante que se considere que el Multiverso no es una teoría derivada de una sola rama específica de la astrofísica, pues otros campos de la física sugieren su existencia también. Dicho esto, veamos esta increíble y relativamente nueva teoría.

En 1979 el profesor de Física Alan Guth de M.I.T, E.U., contribuyó a la teoría del Big Bang agregándole una etapa de rápida expansión del espacio en un periodo de tiempo muy corto, que sucedió instantes luego de la explosión inicial. Esta etapa puede considerarse como el “Bang” que creó los primeros átomos que eventualmente se convertirían en todo lo que existe hoy en día, incluyéndonos nosotros. A esta teoría se le conoce como Teoría Inflacionaria, o solamente Inflación, y ha sobrevivido rigurosas pruebas teóricas luego de décadas de revisión, incluso recientemente (año 2010) añade a su favor pruebas experimentales gracias a los resultados de la sonda espacial WMAP de la NASA que mide la Radiación de Microondas del Fondo Espacial (CMBR en inglés). No es necesario preocuparse por estos detalles,(nota 44) en resumen la teoría de que existió una etapa de Inflación al origen del universo sigue siendo aceptada.

Eventualmente los cálculos usados para validar la etapa de Inflación también parecían indicar que esta etapa no era necesariamente un evento único sino al contrario, es una etapa que sucedería constantemente en un tipo de “inflación eterna”. Esto significa –de acuerdo a la teoría- que nuestro universo es el resultado de una etapa inflacionaria en particular que sucedió hace unos 14 billones de años, y aun cuando esta puede dejar de crear materia en ciertas regiones del universo, es posible que pueda volver a hacer un “Bang” que cree otro universo y que el proceso se repita sin cesar creando múltiples universos o mejor dicho un Multiverso. Desde esta perspectiva la Inflación no es parte de la teoría del Big Bang sino que este sería parte del modelo Inflacionario.

Para entender mejor la “inflación eterna” consideremos la siguiente analogía: Imagine un pequeño avión de esos que escriben mensajes en el cielo con humo. El avión se mueve rápidamente y de vez en cuando deja salir humo de un recipiente para escribir una letra en el cielo, luego deja de tirar humo y se mueve rápidamente sin escribir nada dejando un espacio vacío entre letras, así continúa repitiendo el proceso hasta crear una a una todas las letras del mensaje. Cada letra representa en este ejemplo un universo creado por partículas atómicas (humo), si el avión volara sumamente rápido la distancia entre letra y letra sería muy amplia y se ensancharía cada vez más por el viento al punto que una letra no “sabría” que existe la otra, desde su punto de vista el avión solo escribió una letra. Cada letra (universo) es diferente aunque todas están hechas de lo mismo. Eventualmente si el mensaje es lo suficientemente largo, algunas letras tienen que repetirse pues la cantidad de letras en un alfabeto es limitada, no infinita. Eventualmente algunos universos serían como el nuestro, con una configuración de arreglos e historias (un término que se refiere a la evolución de un sistema atómico) de todas sus partículas atómicas igual o muy similar a la que tenemos, es decir a todas luces sería un universo igual -o casi idéntico- al nuestro, con copias de todo lo que existe aquí, pero en otro lugar y en otro momento.

Estos serían universos paralelos donde en teoría en alguno existe una copia suya que vive una vida diferente. Dejando volar la imaginación uno de ellos puede ser el universo donde Elvis sigue vivo, o donde las torres gemelas nunca cayeron, otro universo donde Hitler era judío o quizás exista el universo donde tuvimos la suerte de no casarnos con la persona equivocada con la que nos casamos en este universo.

He aquí un escenario en teoría científicamente posible de cómo podemos de alguna manera vivir eternamente, similar a la reencarnación si se quiere. De ser cierto nuestras vidas no son únicas sino parte de un sinfín de capítulos de nuestras existencias esparcidas a través del Multiverso, dicho sea de paso sin que nada Divino tenga que ver en el asunto(nota 45).

De existir el Multiverso (de paso la teoría Inflacionaria no es la única que predice que existan universos paralelos) explicaría una serie de interrogantes asociadas a la idea de que el universo parece estar hecho para que existan los seres humanos (aunque ya he ofrecido respuestas alternas sin tener que recurrir a estos extremos). La principal sería ¿Por qué el universo tiene las leyes y constantes físicas que tiene y no otras? La respuesta inminente se basa en algo conocido como el Principio Antrópico, en resumen: Porque solamente en un universo con las leyes y constantes físicas como el nuestro, pueden vivir seres humanos para darse cuenta que tiene las leyes y constantes físicas que tiene.

El Multiverso aporta el toque final al razonamiento antrópico: en un escenario donde hay una casi infinita cantidad de universos que se generan con configuraciones iniciales ligeramente diferentes, es de esperar que uno de ellos tenga las leyes y constantes físicas iguales al nuestro, uno de estos sería nuestro universo, mientras otros pudieran tener valores diferentes, por ejemplo una fuerza de gravedad, de electromagnetismo, o de propiedades atómicas diferentes a las que hay en el nuestro. Incluso podemos especular que uno de estos universos sea un universo vacío donde no hay nada, lo cual también respondería la paradoja que planteó el filósofo Leibniz en su “¿Por qué hay algo en lugar de nada?”, siendo que de hecho ambas cosas no son mutuamente excluyentes, existe un lugar de algo y otro de nada, invalidando la pregunta, por paradójico que suene.

Admito que el Multiverso es una teoría que se asemeja a un tipo de explicación ambigua y fantástica. Varios campos científicos sugieren que debe existir, pero sin embargo ninguno puede comprobar su existencia, al menos no de momento. Aclaro que esto no debe equipararse con la noción de que Dios puede existir de una manera similar. Uno se acepta usualmente por fe mientras el otro por el quehacer científico, la distinción más notable entre ambas cosas es que nadie dedica su vida a pensar en seguir las “ordenanzas del Multiverso” ni a pedirle cosas o favores (aunque hay películas seudocientíficas como El Secreto que sugieren que el universo concede deseos), ambas son diferentes y solo el Multiverso ofrece un tipo de vida eterna posible en teoría.

 

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El mundo cuántico

“Cuando la luna esté en la séptima casa y Júpiter esté alineado con Marte, la paz guiará los planetas y el amor moverá las estrellas. Es el amanecer de la Era de Acuario...revelaciones de cristales místicos y la verdadera liberación de la mente, ¡Acuario!” –5th Dimension, letra de Era de Acuario / Age of Aquarius (canción).

Por miles de años diversas religiones, místicos emblemáticos, sectas y líderes espirituales de todo tipo, han concordado en algo: la idea de que la fuente de todo proviene de una fuerza superior no-material, que el mundo material es una ilusión temporal y que en el fondo todos somos uno.

Los hinduistas tienen un concepto similar donde el campo divino es el Brahman y nuestro ser el Atman, la meta de nuestra existencia es que ambas se fusionen haciendo que el Atman sea Brahman: todos somos uno y todos somos divinos.
Para los budistas no se trata de un gran campo compartido de consciencia elevada en particular, sino en alcanzar la iluminación y permanecer “despiertos”.
El Taoísmo asiático tiene sus fuerzas naturales del Ying-Yang en perfecto balance de conexión y separación, su Tao denota algo que es la fuente y la energía que mueve todo lo que existe.
El Judaísmo, Cristianismo, e Islam rezan a un solo Dios invisible pero no obstante todo poderoso y omnipresente que es inmutablemente el mismo para todos.

Más recientemente un nuevo movimiento “New Age” (“nueva era” en español), se suma a esta tendencia surgiendo lentamente desde que sus primeros confesos clamaran el inicio de una nueva era para todos, iniciando en la “era de Acuario” (es de notar que en la famosa canción de 5th Dimension no es correcta pues Júpiter se alinea con Marte varias veces al año y la luna está en la sétima casa por dos horas todos los días).R37

Originalmente asociado con el movimiento hippie, las drogas sicodélicas que abren la mente a nuevos estados de consciencia, la visión holística del universo, la vida como un todo, la idea de que la Tierra es más que un planeta autónomo pues tiene consciencia propia (personificado como la Madre Gaia) y la predica de un amor incondicional entre todos, este movimiento ha ido ramificándose lentamente y adoptando un sincretismo (una mezcla) prestado de creencias religiosas y espirituales de pueblos antiguos. Ahora este tipo de movimientos incluyen además prácticas como la meditación trascendental, la aromaterapia, el uso de cristales y piedras místicas, el vegetarianismo, el yoga, y en algunas modalidades algo totalmente inusual: la física del comportamiento de los átomos, también referida como la Mecánica Cuántica.

El movimiento New Age (al que me refiero aquí de manera general agrupando sus diversas variaciones) tiene toda una navaja suiza de creencias para darle sentido a la vida y encontrar como hacernos “despertar” a la realidad de nuestra existencia no-dualística, es decir una donde lo espiritual y lo material no deben ni pueden separarse.

En mi caso, habiendo nacido en los años 70 en un pueblo caribeño junto al mar, conservo en mi memoria las imágenes del clamor de la época, su música, su colorido “look retro” y la cotidianidad de vivir sin muchos lujos tecnológicos en lugares donde el campo verde lograba disimular las pequeñas ciudades que se levantaban en concreto. Quizás de alguna manera soy un hippie moderno, o mejor dicho adecuándome con rebeldía a los tiempos 40 años después, a diferencia de los originales no practico yoga, aunque si encuentro de vez en cuando en la meditación una manera de despejar mi mente y reacomodar mis pensamientos cuando las cosas salen fuera de lugar en mi cabeza. No creo que haya nada de increíble en el asunto de meditar, nuestra mente se encuentra en distintos niveles de percepción, para llegar a algunos a veces es necesario tener mucha paz y concentración. Algo que si encuentro increíble es la práctica yoga del Khechari Mudra, esta promete un estado de “consciencia elevado” (lo que sea que eso signifique) que conecta cuerpo y espíritu mediante una extraña posición de la lengua. La pose es tan drástica que se le recomienda al experimentado yogui cortar el freno de la lengua para que pueda moverla más atrás en la boca, todo para alcanzar el objetivo final de la pose: comer mocos hasta que pasen de salados a un sabor dulce.

Posición yoga Khechari Mudra

 

Pero volvamos a algo menos desagradable, al cómo le han dado un papel clave a la Mecánica Cuántica en esta nueva espiritualidad.

Aquellos con edad suficiente seguro recordarán un show de TV llamado “El Hombre Cuántico” (el nombre original en inglés es Quantum Leap, o Salto Cuántico) que se transmitió a inicios de los 90. Trataba sobre un personaje que luego de entrar en un acelerador de partículas (los aparatos usados para estudiar la composición de los átomos) por error iba saltando de cuerpo en cuerpo para arreglar errores en la historia. La serie se basaba en un evento que realmente sucede a nivel sub-atómico y que fue descrito por los pioneros en teoría atómica: Max Plank y Neils Bohr (Einstein recibió el premio Nobel en Física por su trabajo sobre el Efecto Fotoeléctrico basado en el trabajo de estos colegas). En su modelo atómico los electrones que rodeaban el núcleo de un átomo solamente podían ocupar una serie de órbitas definidas (mejor dicho estados energéticos), podían moverse a otras órbitas “saltando” hacia ellas instantáneamente sin nunca pasar por estados –localidades- intermedios. Dicho de otra manera, los electrones desaparecían de una órbita para aparecer en otra. Este es el llamado salto cuántico que desde sus inicios ha generado controversia, pues ningún otro objeto tiene un comportamiento similar (por ejemplo un gato no desaparece de un lado para reaparecer en otro, etc.).

Para entender mejor el asunto hagamos por un momento un corto, pero necesario repaso sobre el átomo. Prometo que este repaso será breve y que volveremos al tema de la espiritualidad lo antes posible.

El estudio del comportamiento atómico es a lo que usualmente se refiere como Física Cuántica, o Mecánica Cuántica (la palabra proviene de la idea de Bohr de que la energía de las partículas atómicas viene en paquetes energéticos discretos llamados “cuanta”). Actualmente la palabra “cuántico” está muy asociada con lo que tenga que ver con ciencia ficción y con asuntos misteriosos, sin embargo lo que realmente significa en términos académicos es el estudio del átomo.

Todas las cosas están hechas de átomos (o sus partículas): el aire, la luz, las sillas, las uñas, los aviones, los ojos, etc. etc. Existen más de 100 tipos diferentes de átomos, algunos de sus nombres seguramente le sonarán familiares: oxígeno, nitrógeno, hierro, calcio, oro, sodio, zinc…y todo el resto de los elementos químicos, es decir los átomos fundamentales son los elementos químicos de la Tabla Periódica de Elementos. Lo que hace a un átomo diferente a otro es la cantidad de protones y electrones que tiene, por ejemplo el Carbón tiene 6 electrones y por eso ocupa el puesto #6 en la Tabla Periódica, el Nitrógeno tiene 7 y así es el elemento #7 de la Tabla, etc.

Los átomos están hechos de varios tipos de partículas, ya mencioné los electrones y protones pero hay muchas otras más: quarks, leptones, fotones, neutrones, neutrinos, etc. Estas partículas hacen los átomos. Un grupo de átomos variados puede llegar a formar un compuesto químico (como el agua que es H2O: 2 átomos de hidrógeno con 1 de oxígeno), estos compuestos pueden aglomerarse para formar objetos complejos como las células. Estas a la vez se pueden organizar para crear un órgano complejo (como un pulmón), estos pueden hacer todo un sistema (como el digestivo o respiratorio), cuando todos los sistemas se integran el resultado puede ser un ser vivo con una inmensa magnitud de complejidad, como un gato o un humano. Este es el juego de la química que nos enseñaron desde el colegio, pasar de la energía del universo a las partículas atómicas que conforman todas las cosas vivas y las inertes, además de crear las fuerzas y efectos relacionados como el electromagnetismo y la radioactividad. Todo se basa, en su nivel más elemental, en el comportamiento de los átomos.

El origen de los átomos no es tan difícil de explicar, ni requiere de dioses creadores tampoco. La teoría actual nos dice que luego del Big Bang parte de la energía liberada se transformó en materia creando los átomos más sencillos (como los de Hidrógeno que únicamente tienen 1 electrón), por ello actualmente el Hidrógeno es el elemento más común en el universo. Estos primeros átomos eventualmente crearon otros átomos diferentes (como el Helio que tiene 2 electrones) mediante un proceso llamado Hot Big Bang Nucleosynthesis.

La fuerza de gravedad compactó sectores de Hidrógeno y Helio distribuidos en el espacio hasta el punto de hacerlos fusionar sus núcleos liberando energía, y así el espacio se empezó a llenar de brillantes estrellas (la palabra Helio viene del griego para “Sol”). Las estrellas no solo tienen un papel crucial para la vida por su luz y calor, su muerte es muy importante también. Cuando las estrellas se quedan sin combustible colapsan en una colosal explosión llamada Supernova, es tal la fuerza de esta explosión que las partículas de sus átomos se recombinan mediante un proceso llamado Nucleosíntesis Estelar Triple Alfa, convirtiéndolos en otros elementos químicos como Oxígeno y Carbón.

Nuestro cuerpo está hecho de alrededor de un 65% de Oxígeno y un 18% de Carbón, elementos que provinieron de la explosión de estrellas hace miles de millones de años. Todo este proceso nos lleva a la conclusión de que somos literalmente “polvo de estrellas” (el físico y autor Lawrence Krauss elocuentemente cita el proceso diciendo que es gracias a la muerte de las estrellas que estamos aquí y no a la muerte de Jesús), y aunque el asunto suene a slogan New Age, no es debido a esto que hay una controversia espiritual, sino a cómo se comportan las partículas atómicas.

El ingenio de Einstein reveló que la luz está hecha de fotones (otra partícula atómica), lo cual es un problema lógico pues las ondas (la luz es una onda electromagnética) no se comportan como partículas ni viceversa por ser muy diferentes (una onda tiene amplitud, frecuencia, etc. mientras que una partícula tiene propiedades diferentes). Para sorpresa de los físicos de la época, su descubrimiento mostraba que la naturaleza de las partículas atómicas es dual: pueden comportarse como ondas o como partículas. He aquí otro de los misterios “raros” del átomo: sus partículas tienen un carácter dual, pueden ser tipo onda o tipo partícula aunque son intrínsecamente ambas cosas a la vez. No olvidemos que nosotros estamos hechos de tales partículas, o sea que al nivel más básico puede decirse que nuestra materia tiene un carácter ondulatorio también.

Aunque esto puede sonar a una maraña de formulaciones matemáticas –y ciertamente de alguna manera lo es- puede comprobarse mediante un sencillo experimento llamado experimento de Thomas Young, mejor conocido como el experimento de la doble ranura.

En este experimento fotones son disparados uno a uno hacia una pantalla que registra dónde impactaron. Entre el disparador y la pantalla hay una placa con una delgada ranura por donde pueden pasar los fotones, no todos pasan por la ranura pero los que lo hacen terminan impactando la pantalla en los lugares esperados (imagine algo similar a cuando alguien pinta la letra “i” mayúscula en una pared usando un spray de pintura y un molde de cartón con la letra i mayúscula cortada, la tinta que pasa por el corte vertical de la letra i queda impresa en la pared, mientras que la tinta que no pasa queda impresa en el molde de cartón).

 

El problema se da cuando se abre otra ranura al lado de la que ya existe, ahora los fotones pueden pasar por cualquiera de las dos, entonces sorprendentemente algunos de ellos empiezan a pasar ¡por ambas ranuras a la vez! Prueba de esto es que la pantalla empieza a registrar un patrón de impactos que solo es posible formar si hay fotones pasando por ambas ranuras simultáneamente. ¿Cómo es posible que un fotón esté en dos lugares al mismo tiempo? La respuesta según la mecánica cuántica en lugar de aclarar el asunto lo complica: pasa por ambas ranuras porque el fotón deja de comportarse como una partícula (figura A) y empieza a comportarse como una onda (figura B), así las ondas pueden pasar por varias ranuras a la vez si son lo suficientemente dispersas.

 

La parte más extraña del experimento es lo que sucede cuando se trata de probar si realmente las partículas están en dos lugares a la vez, tratando de determinar experimentalmente por cuál de las ranuras pasa el fotón. Para esto se hace otro experimento tratando de observar si realmente la partícula cambia a onda, cómo es que pasa por ambas ranuras o si algo pasa por ambas del todo. En esta nueva versión del experimento se instalan cámaras, sensores, o cualquier otro tipo de dispositivo posible para seguirle los pasos de cerca al fotón en su ruta hacia a la pantalla. Sorprendentemente, al encenderse los detectores los fotones dejan de comportarse como ondas (pierden su carácter dual), el patrón de registro de onda en la pantalla cesa y los fotones vuelven a pasar uno a uno por una ranura o por otra pero nunca por ambas a la vez. Cuando los equipos de detección se apagan los fotones vuelven a comportarse como ondas, y si se encienden de nuevo vuelven a tener el comportamiento de partículas, como si de alguna manera “supieran” que están siendo observados detalladamente, imposibilitando ver su carácter dual.

El resultado del experimento de la doble ranura no es producto de un problema técnico con el equipo utilizado (se puede incluso reproducir con cualquier otra partícula atómica, como electrones), se han hecho todo tipo de variaciones y de trucos ingeniosos para tratar de captar por cuál ranura pasa un fotón y siempre se obtiene el mismo resultado. La conclusión inescapable es que al nivel más fundamental y reduccionista, todas las cosas tienen un carácter dual: onda y partícula a la vez. Este comportamiento está en toda la naturaleza, pues todo está hecho de partículas atómicas.

No se necesitan de equipos caros y sofisticados laboratorios para probar esto, hay una manera de reproducir el patrón de interferencia onda/partículas usando un par de vidrios polarizados y la luz del sol, o experimentos simples usando un láser ajustable y un par de ranuras hechas en una hoja de papel aluminio. Comprobar la “rareza” de la naturaleza atómica está al alcance de cualquier entusiasta de la ciencia que se lo proponga.

Este experimento es quizás el más famoso en mecánica cuántica, pero muestra solo una de las rarezas subatómicas. Hay otros comportamientos muy extraños de las partículas atómicas que dividen la física “clásica” de la física cuántica (es decir que suceden en escalas subatómicas pero no concilian en escalas de objetos de tamaño mucho mayores), lo cual es un problema para el quehacer científico actual que trata de unificar ambos campos de estudio.

Einstein fue un pionero de la física cuántica e incluso para él el asunto era “fantasmal”, así se refirió literalmente al mismo diciendo que existe una “acción fantasmal a distancia” (refiriéndose a la, en apariencia, imposible interacción instantánea entre ciertas partículas distanciadas enormemente). Otra de sus famosas frases era “Dios no juega a los dados” (consultado sobre cómo algo puede estar en varios lugares a la vez), a la cual Bohr le respondió en una ocasión “deja de decirle a Dios qué hacer”. Como ninguno de los dos profesores eran personas religiosas, lo que trataban de decir a su manera es que el universo tiene un carácter probabilístico nos guste o no, estas características atómicas existen y esa es la manera que el universo es.

Por fascinante que sea el tema cuántico omito una gran cantidad de detalles, una vez más le invito a que si le apasiona busque mi libro anterior, el cual dedica casi la mitad de su contenido al respecto.

De vuelta al espiritualismo New Age encontramos que sus adeptos han sacado sus propias conclusiones sobre el raro (y digo “raro” porque “inusual” no explica adecuadamente) comportamiento atómico. Reconozco que lo han hecho de una manera muy astuta, pues las han basado sobre principios sólidos de mecánica cuántica teórica y práctica. Aprovechan la grieta incompleta donde la ciencia no puede explicar a cabalidad el “cómo” para especular un “porqué”. Su conclusión es que nosotros somos los que moldeamos el comportamiento de la naturaleza pues la dualidad de las partículas atómicas tiene una estrecha relación con los seres humanos.

Arriban a tal conclusión basados en lo siguiente: en el experimento de la doble ranura la onda cambia a partícula cuando tratamos de detectar su posición, es decir cuando una persona interfiere, la partícula tiene una ubicación específica, pero cuando no lo hace su propiedad de onda la mantiene en un estado donde se encuentra en varios lugares a la vez, distribuida en el espacio estando de hecho en todos los posibles lugares que pueda estar (más específicamente, teniendo una probabilidad estadística de estar en alguno de ellos).

Su discurso continúa diciendo que todo lo que existe tiene su origen en un gran campo energético ondulante compartido. Todos –y todo- emergemos de raíz de un campo común donde gracias al carácter probabilístico de la mecánica cuántica, todo lo que puede suceder…sucede. Es nuestra consciencia humana la que hace que las cosas se transformen en objetos definidos en un mundo material. Este interactuar entre nuestra consciencia y la materia en su estado puro es lo que moldea la realidad, y prueba de esto es resultado del experimento de la doble ranura. Si no observamos por cuál ranura pasa una partícula, esta pasa por todas las ranuras posibles, pero si tratamos de quitar lo “raro” para determinar por cuál ranura pasa, entonces nuestra consciencia (este es el punto clave) hace que la onda tenga una posición, velocidad y trayectoria (momentum) definida, lo cual la transforma en una partícula, por tanto debe ser nuestra consciencia el catalizador del cambio pues es la única cosa que hace la diferencia en el resultado del experimento: vemos la onda y se transforma en partícula, no la vemos y sigue siendo onda.

Lo anterior es una de las suposiciones de la nueva “espiritualidad cuántica”, del cual quizás uno de sus partidarios más reconocidos es el autor Deepak Chopra. Para sus adeptos la dualidad subatómica es muestra de que todo es una misma cosa. La mente –nuestra consciencia- es una parte inmaterial de la realidad que interactúa y moldea la parte material de la vida, nosotros tenemos ese increíble poder de cambiar energía pura a lo que definimos como nuestra realidad.

Hay variaciones en el discurso pero básicamente la conclusión es la misma, se eleva al ser humano al nivel de un ser divino que al darse cuenta de su lugar especial en el universo puede “despertar” iluminado para disfrutarlo y acogerlo. En algunas de estas variaciones la fuente de toda energía es Dios mismo personificado en una especie de mar de consciencia común de donde emergen las almas de las personas, mismas que retornarán a la fuente para ser renovadas una y otra vez.

No niego que las frases anteriores suenen elocuentes, de hecho quien lea un libro al respecto o escuche algún expositor del tema notará un gran derroche de todo tipo de términos seudocientíficos mezclados con onomatopeyas y adjetivos superlativos pensados en exaltar la perfección de la naturaleza, enfocados en convencer al público de que la ciencia finalmente ha confirmado la divinidad humana (con o sin Dios).

Quienes trabajan seriamente a diario con la mecánica cuántica de manera teórica y práctica ven un serio problema con esta línea de razonamiento que el portillo cuántico ha dejado entreabierto. Por un lado la rareza atómica no se puede negar, hoy incluso se explota parte de la misma para crear dispositivos de seguridad y está en diseño una nueva generación de computadoras con procesadores cuánticos en estados superpuestos (bits en varios estados y no en uno u otro como en las computadoras binarias –de 2 bits- actuales), pero por otro lado tampoco pueden apoyar la noción de que haya algo sobrenatural, espiritual o relacionado con la consciencia humana en el comportamiento atómico. Algunos ven el problema en la misma teoría cuántica, la cual de momento es aceptada como incompleta pues sus formulaciones actuales no se complementan totalmente con las de la física clásica (la usada para objetos más grandes como bolas de billar, trenes o planetas), esta es una de las razones por las cuales se invierten miles de millones de dólares en equipos como el gigantesco Acelerador de Partículas de Ginebra (el LHC por sus siglas en inglés, la máquina más cara y compleja construida por el hombre).

Otros no consideran que este tipo de comportamientos raros representen un problema, pues es simplemente la manera en que opera el universo, pero tampoco respaldan que solamente porque sea un comportamiento inusual tenga relación directa alguna con los seres humanos.

En resumen las partículas atómicas tienen un comportamiento muy extraño, aparecen, desaparecen, se comunican entre ellas a enormes distancias de manera instantánea, son ondas y partículas a la vez, tienen estados donde se encuentran en varios lugares simultáneamente y su ubicación no puede ser definida con exactitud sin destruir el estado cuántico (por el llamado Principio de Incertidumbre de Heisenberg). Este comportamiento es entendido lo suficiente como para poder desarrollar tecnología que lo aproveche y es además posible de estudiar teóricamente mediante las formulaciones de la Mecánica Cuántica. Es decir que estos comportamientos son reales, la ciencia los entiende teóricamente y los explota tecnológicamente. El problema no proviene del comportamiento atómico sino de lo que significa que lo tengan. La respuesta a esto no recae en la Mecánica Cuántica, sino en el pensar humano y por ello hay varias interpretaciones sobre lo que significan estos comportamientos, unas son matemáticas, otras conceptuales, y hasta espirituales que son las que utilizan los grupos New Age como una señal de que se ha encontrado el portal hacia una dimensión superior de entendimiento de la realidad.

Mi opinión al respecto es que esto es como salido de la caja de Pandora, justo como en la leyenda, una vez abierta no se puede cerrar ni devolver los demonios a la caja, solo queda lidiar con ellos. El asunto de las interpretaciones cuánticas no es aislado; una vez que se le agregan otros aspectos que la ciencia no conoce a cabalidad (como el Multiverso, la energía y masa oscura, el problema de la constante cosmológica, la diferencia de fuerzas entre gravedad y electromagnetismo, el comportamiento de hoyos negros, las multi-dimensiones sugeridas por la Teoría de Cuerdas, y si el tiempo es también cuantizado, entre otros) y aquellos que conoce de mejor manera pero que son realmente difíciles de conceptualizar (como que el tiempo y el espacio se puedan curvar o que la mayoría de las células en nuestro cuerpo no son humanas), lo que queda es un panorama donde la realidad deja de parecerse a la que estamos acostumbrados, más si recordamos que nuestra percepción de este panorama no es neutral pues nuestras limitaciones naturales nos restringen de poder ver la realidad como es en su totalidad, todo junto bajo un riguroso análisis muestra –a mi parecer- que la realidad es más extraña que la fantasía, muy diferente a lo que pudiésemos imaginar.

¿Hay espacio entre toda esta “rareza” para lo divino, lo místico y sobrenatural? Puede ser, hay mucho espacio gris donde cosas misteriosas pueden surgir, pero esto supone que nuestro concepto de lo natural es sumamente incompleto y que falta incorporar tales cosas, lo cual haría que dejen de ser sobre-naturales para pasar a ser simplemente naturales, extrañas ciertamente, pero naturales no obstante. De momento no tenemos prueba alguna de que nada divino o fantasmal, al menos como lo entendemos, sea parte de este panorama cuántico, y mucho menos que si lo fuese, tenga alguna relación en particular con los seres humanos del planeta Tierra, lo cual es una decepción para los grupos New Age que desean entendernos como algunas otras religiones lo hacen: amos del universo y divinos por naturaleza.

El fantasma en la máquina

En el año 1981 salió a la venta uno de mis discos favoritos: Ghost in the Machine (Fantasma en la Máquina) por el grupo de rock The Police. Era apenas un niño cuando salió pero recuerdo haber visto varias veces la curiosa portada del disco de acetato LP. Para aquellos no tan fans de The Police, la portada muestra tres extraños símbolos dibujados con luces LED rojas como las usadas en las primeras calculadoras de bolsillo (ver la ilustración siguiente). El disco incluye canciones con nombres peculiares como “El sol invisible”, “Espíritus en un mundo material”, “El Hombre Omega”, “Re humanízate” y “El viaje secreto”, entre otros. Eventualmente la simple pero inusual portada, las letras profundas de los temas y lo extraño que alguna de su música me parecía me hicieron pensar si realmente había algo fantasmal sobre el disco.

Caracteres en la portada del disco Ghost in the Machine

 

Eventualmente alguien me dijo que los tres símbolos en la portada del disco eran analogías de las caras de los tres integrantes de la banda, lo cual no es tan sencillo de descifrar a primera vista, de hecho supongo que si nadie me lo hubiese dicho y si no existiera internet para buscarlo, probablemente todavía seguiría intrigado sobre lo que los símbolos significaban. Algo que mucho tiempo después aprendí –esta vez por cuenta propia- es que el título del disco está inspirado en una frase del filósofo Gilbert Ryle (circa 1949) usada para describir el problema mente-cuerpo famosamente postulado por Descartes (del cual por cierto Ryle era detractor). Un título interesante para un disco de rock, aunque bien pudo llamarse Deus ex Machina que significa “Dios en la máquina”, haciendo alegoría a la manera en que las tragedias Griegas usaban una máquina para ilustrar la entrada en escena de un dios que arregla todo.

Hasta donde se ha podido registrar (dudo que Descartes haya sido el primero en notarlo), siempre se ha creído popularmente que existe dentro de nosotros un alma, un espíritu, la fuerza vital o como quiera llamársele. La existencia de esta es un asunto clave en todo lo espiritual ya que se concibe como algo que:

Nos anima –valga la redundancia- y nos diferencia de otras especies.
Puede comunicarse con los dioses (así ellos oyen nuestros pensamientos).
Los demonios buscan colectar y poseer (pues a diferencia de cuerpo físico esta puede torturarse indefinidamente).
Puede vivir eternamente desligada al cuerpo material al que vivimos atados terrenalmente (es nuestro vehículo para la vida eterna)
Canaliza la conexión invisible que sentimos con el mundo espiritual, misma con la que experimentamos el verdadero ágape (amor de y por Dios).
Hace que valuamos la vida humana como sagrada.

Desde las épocas de los primeros filósofos griegos, por miles de años el asunto del alma ha sido discutido hasta el cansancio. Básicamente la discusión se ha centrado en que el alma existe si eso puede explicar algo sobre nosotros de mejor manera que otras cosas.

Mi propuesta aquí no es retomar lo que ya se ha dicho al respecto, sino darle al tema un enfoque científico de manera que la discusión gire alrededor de la pregunta ¿Si existe un alma, cómo funciona?

Antes de proseguir hay que aclarar un punto de partida clave: ¿Debe el alma apegarse a las leyes físicas? Si la respuesta es no, entonces debemos entenderla como algo inmaterial, no-energético, no-biológico, invisible e indetectable. Lo cual ruega la pregunta ¿cómo algo que es de origen espiritual puede residir dentro de un cuerpo físico e interactuar con el mismo sin acatar leyes mutuas? Esto es parte del afamado y milenario problema mente-cuerpo y su visión dual de que el alma y el cuerpo son cosas separadas pero misteriosamente juntas, sin que otorgue explicación de cómo esta unión sucede. Esta suposición sin pruebas hace que el alma sea otra de las cosas que se aceptan de facto -por un acto de fe. Si la respuesta es sí, entonces podemos asumir una posición materialista y reduccionista sobre el funcionamiento del alma pues por misteriosa que sea debe funcionar de alguna manera. Partiendo de aquí hay tres tipos de problemas serios con el alma: de comunicación, de interacción, y de composición.

De comunicación:

La física establece que cualquier comunicación entre dos partes requiere de un intercambio energético de algún tipo de manera, este debe adherirse al Principio de Conservación de Energía estipulado en la Primera Ley de Termodinámica (la energía no puede ser creada ni destruida, solo transformada), misma ley que indica que las máquinas de movimiento perpetuo del primer tipo no pueden existir (no puede haber energía “gratis”). Para que el alma pueda comunicarse con el cuerpo debe existir un intercambio de energía que pueda transformarse en algún tipo de información que siga un protocolo que ambas partes entiendan, solamente así puede existir comunicación entre el alma y el cuerpo. Estamos familiarizados con todos los tipos de energía relacionados con un cuerpo ya que este está compuesto de átomos, pero no sabemos de ningún tipo de energía relacionada con un alma (ni con fantasmas o espíritus de ninguna clase).

De interacción:

Localidad significa –vagamente hablando- que las cosas solamente pueden ser afectadas por otras cosas con las que hagan algún tipo de conexión o contacto. Por ejemplo, no hay manera de que yo pueda mover una roca que se encuentra en la superficie de Marte ya que no está dentro de mi alcance (la roca y yo no compartimos localidad), pudiera sin embargo crear algún tipo de evento local para mover la roca, como lanzar una bala de cañón que cruza el espacio hasta golpear la roca en Marte, en cuyo caso primero hice contacto local con un poderoso cañón que entró en contacto con la bala la cual hizo contacto con el espacio, eventualmente haciendo contacto localmente con la roca en Marte. Todos estos son eventos locales y secuenciales que siguen las leyes de la física. Newton se enfrentó a este problema cuando formuló su teoría de gravedad, aunque pudo determinar la relación matemática y el efecto que las lunas, planetas y soles tenían entre sí, no pudo decir qué producía la gravedad o de qué estaba hecha, lo cual dejó abierto el problema de que la gravedad debía entenderse como un evento de “acción a distancia” sin localidad (Einstein eventualmente ayudó a resolver gran parte de este misterio gravitacional).

El alma no se apega a un principio de localidad pues no hace contacto directo sobre nuestro cuerpo, visto de otra manera, no hay un lugar donde resida el alma ni tiene un mecanismo de acción energético alma-cuerpo, tanto así que mi alma no interactúa con el cuerpo de mi vecino o de la persona con la que duermo al lado. El alma en apariencia solo tiene efecto sobre la persona que la posee aunque no existe un mecanismo definido sobre cómo hace tal cosa.

A pesar de este problema de interacción, quienes sienten que tienen un alma creen que esta puede abandonar su cuerpo y convertirse en un objeto que otra persona o ente pueda poseer. Es por esta razón que la mayoría de quienes sienten tener un alma se sienten incómodos ante la idea de “vender” su alma o de “perder” el alma.

De composición:

Esto tiene relación con los dos puntos anteriores pues ambos suponen que el alma tiene propiedades físicas, por lo cual debe estar compuesta de algún tipo de energía o materia, lo que a su vez infiere que ultimadamente debería estar hecha de átomos.

En 1901 un doctor llegó a esta misma conclusión, Duncan MacDougall tuvo la idea de probar el asunto pesando a sus pacientes que se encontraban al borde de la muerte. Los pesaba unas horas antes de morir y de nuevo ya fallecidos y luego comparaba las mediciones. El resultado de este simple pero ingenioso método fue que los pacientes perdían aproximadamente 21 gramos de peso luego de morir. Repitió el experimento con perros pero estos no perdían peso, y así que llegó a dos conclusiones: los perros no tienen alma y el alma humana pesa 21 gramos(nota 46). Eventualmente se descubrieron fallas en su método y actualmente esta teoría no tiene acreditación científica.

Así como el doctor MacDougall intentó probar la existencia del alma mediante experimentos científicos (suponiendo por tanto que tiene una composición material) han habido muchos intentos de medir, ver, pesar, oler, fotografiar o de alguna u otra manera revelar científicamente la presencia de nuestro valuado espíritu (lo mismo ha ocurrido con la supuesta aura que rodea a toda persona), miles de intentos fallidos pues hasta el momento no hay resultados contundentes al respecto. Esto es desconcertante porque si el alma estuviese hecha de átomos debería ser posible detectarla de alguna manera directa o indirecta.

 Si el alma existe evade todas las maneras tecnológicas posibles de detección modernos, lo cual no es de extrañar, pues es lo mismo que sucede con el resto de asuntos paranormales y sobrenaturales.

 

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Fantasmas y espíritus

Otro asunto relevante es el caso de los fantasmas. A diferencia del alma, los fantasmas sí parecen tener un sistema de comunicación, interacción y composición. Ellos se comunican con las personas, las tocan o atacan y hasta se aparecen a todo color. He aquí una especie de espíritu animado que parece estar en concordancia con las leyes naturales y que por tanto debería de estar hecho de algún tipo de partícula atómica.

Analicemos tres escenarios relativamente comunes relacionados con fantasmas. Para hacer del asunto algo entretenido nombremos nuestro fantasma de prueba “Casper”.

Escenario 1: Casper camina. Los reportes de casas embrujadas frecuentemente incluyen todo tipo de sonidos y rechinidos (un clásico son las bisagras de puertas que suenan al entreabrirse), las tablas del piso crujen y se oyen pisadas como si alguien caminara en lugares totalmente vacíos.

Analizando estos efectos se puede asumir que Casper tiene peso, solo así puede doblar las tablas y hacer que sus pasos suenen, lo cual también supone que tiene piernas o alguna extremidad para caminar. Si Casper tiene peso por consecuencia debe tener una masa que obedece la fuerza de gravedad, no debería ser difícil detectar el cuerpo de Casper pues su masa lo revelaría si le arrojamos algo o si tratamos de tocarlo.

Escenario 2: Casper habla. Por alguna razón desconocida se dice que los fantasmas usualmente murmuran la frase “bú” o “buuuuu”. Otros testigos aseguran que ellos hablan, dicen nombres, gritan, lloran o se ríen.

Casper debe poseer un dispositivo que haga vibrar el aire a su alrededor de manera que las ondas de sonido puedan llegar hasta los oídos de las personas con las que desea comunicarse. En el caso de los humanos esto sería el compendio de pulmones, tráquea, cuerdas vocales, lengua y boca, en el de Casper es difícil imaginarlo con sistemas biológicos tan complejos así que podríamos asumir que utiliza algún otro método material, sin embargo no hay como identificar que posea nada similar.

Otro problema con esto es que si habla debe de tener una forma de lenguaje, es decir debe hablar un idioma de lo contrario nadie entendería lo que dice (aunque quizás por esto usualmente solo dicen “bú”), al tener un idioma debe poseer todo un sistema cognitivo preexistente que le permita transmitir sus pensamientos en forma de sonidos.

Escenario 3: Casper se muestra. La industria cinematográfica actual nos ha presentado una enorme gama de tipos de fantasmas: grandes, diminutos, verdes y pegajosos, bellos, demacrados, con forma humana, con forma de humo, etc. Antes de la popularidad de las películas la figura fantasmal era usualmente reportada como una especie de sábana blanca flotante.

Ahora el asunto recae sobre lo que implica que podamos ver a Casper. Constantemente los reportes de fantasmas los describen como un tipo de humanoide, es decir con forma similar a la de los humanos con brazos, piernas y una cabeza encima del tórax. Esta forma resulta muy conveniente cuando estamos vivos pues millones de años de evolución nos dieron el mejor diseño posible para sobrevivir en nuestro ambiente, sin embargo es difícil entender por qué un fantasma debe tener la misma forma humanoide si no presenta ninguna ventaja para moverse en su entorno. Más increíbles son muchos reportes que aseguran que ellos conservan la misma forma que tenían al morir, es decir, si murieron ancianos son fantasmas ancianos y si murieron niños son fantasmas con forma de niño. Al poder verlos significa que pueden reflejar los fotones de luz en un tipo de onda visible para nosotros (longitudes de onda entre los 390 y los 700 nanómetros), lo cual también implica que tienen temperatura corporal que en teoría se podría medir con facilidad.

 

Estos tres escenarios deberían de ser concordantes y verificables si los fantasmas tuviesen propiedades materiales, obedecieran las leyes de la física y estuviesen hechos de algún tipo de partícula atómica. El enorme problema es que los fantasmas no parecen responder a ninguna de esas propiedades, son virtualmente indetectables a pesar de toda la tecnología que se ha usado para probar su existencia. Son como el dragón en el garaje de Carl Sagan que mencioné en un capítulo anterior, se dice que existen pero su existencia no tiene sentido desde un punto de vista científico ni lógico.

Todos sentimos tener un alma y muchos han tenido experiencias con fantasmas, es curioso que también todos hemos tenido sueños donde todo parece real y al despertar descartamos que los eventos en los sueños hayan sucedido en realidad. De hecho tenemos evidencia de que los sueños son un fenómeno normal, sabemos que los sueños existen cuando dormimos, pero no tenemos ninguna de esta evidencia sobre el alma o fantasmas y a pesar de ello la mayoría de las personas no dudan en decir que existen, pero son cautelosas afirmando que algo que vieron en un sueño es real.

Bien podríamos tratar de validar la existencia del alma y de los fantasmas abriendo una serie de portillos. Pudieran están hechos de la misma energía y materia oscura que la ciencia no sabe actualmente qué es, o quizás su comportamiento está ligado a la rareza de la mecánica cuántica, o pueden estar hechos de algún tipo de partícula atómica no conocida, bien pudieran estar fuera del espacio-tiempo y ser por ello un misterio para la ciencia, o son algo en lo que se cree porque uno lo siente o porque ha visto y oído historias de fantasmas y eso es suficiente prueba de su existencia.

Quizás a estas alturas del libro, a tan solo un capítulo de terminar, no le parezca sorprendente que el alma y los fantasmas tengan el mismo problema que otros fenómenos paranormales como los demonios, ángeles, el Espíritu Santo, los Jinn, telequinesis, telepatía, vudú, etc. No es tampoco de extrañar que los portillos que se pueden usar para validarlos son los mismos que se usan para validar todo tipo de cosas que evaden explicación científica (incluida la existencia de Dios). Esta es la manera en que funciona en las personas la creación de mitos y la aceptación de hechos sobrenaturales. A través de la lectura he expuesto el caso del porqué creemos lo increíble a pesar de que va en contra de lo que dicta la lógica y la razón, espero que el lector pueda ahora reconocer fácilmente en el caso del alma y los fantasmas los mismos mecanismos de acción asociados con otros tipos de fenómenos similares, y que tome la decisión si debemos aceptarlos como ciertos por medio de la fe o algún portillo pseudocientífico, o si deben negarse basados en que la explicación que mejor resuelve la interrogante, es simplemente que estos fenómenos existen solo dentro de nuestra mente.

Extraterrestres

No estaba seguro si el tema OVNI/extraterrestre debería ser parte de este libro, dudaba porque no es del todo un tema religioso, paranormal, espiritual o sobrenatural, sino más un fenómeno de sicología social mezclado con desinformación científica. Por otro lado ¡me encantan los extraterrestres! Las películas de naves espaciales y seres de otros planetas son mis favoritas -junto con las de robots y zombis- quizás porque de niño vi muchos capítulos de la serie Perdidos en el Espacio o porque recuerdo el frenesí luego del estreno de La Guerra de las Galaxias. Así que aunque condensado trataré de ofrecer un divertido repaso por el tema extraterrestre para terminar con este capítulo.

Probablemente no hay mejor persona para hablar del espacio exterior que un astronauta, y entre ellos uno que sobresale es el canadiense Chris Hadfield que ha estado 166 días en órbita, ha hecho caminatas espaciales y hasta tocado canciones rock con su guitarra en el espacio exterior. Hadfield es toda una institución, es autor de libros Best Sellers y un respetado piloto e ingeniero con 35 años de experiencia en temas de aeronáutica y del espacio. En una entrevista reciente cuando se le consultó sobre el tema de los extraterrestres dijo que “Es arrogante y egoísta pensar que somos tan fascinantes y especiales como para que de alguna manera monstruos raros con ojos grandes nos miren fijamente a escondidas porque somos especiales. Es divertido como  un asunto de ciencia ficción, y crea buen entretenimiento, pero no son reales… la gente quiere creer esas cosas porque no quieren gastar su tiempo pensando o investigando al respecto.”R38 Su explicación resume mi posición al respecto.

Conversando sobre el tema un buen amigo me recordó el caso de Edgar Mitchell, otro astronauta muy calificado que incluso caminó sobre la superficie de la luna durante la misión Apolo 14. A diferencia de Hadfield, Mitchell siempre ha sido un partidario de que existe un complot para ocultar la verdad de que extraterrestres visitan la Tierra. Lo que mi amigo no menciona es que Mitchell ha dicho que nunca ha visto un OVNI, además de que es el co-fundador de un instituto para estudiar cosas como prácticas alternativas de medicina remota, remisión médica instantánea, sobrevivencia de la consciencia luego de la muerte, psicoquinesia y asuntos relacionados. En mi opinión este tipo de comentarios, aunque provengan de personas respetables dentro de los círculos espaciales, reflejan la posición de que cuando alguien cree en algo sobrenatural en particular, probablemente cree en todo lo demás asociado.

El problema OVNI/extraterrestre es complejo y amplio, sin embargo la razón por la que se puede desestimar es sencilla y se puede resumir en una sola palabra: distancia.

Para entenderlo mejor imaginemos tres modelos de naves espaciales hipotéticas:

Cronos: Construida de un raro mineral casi indestructible. Tiene la capacidad de impulsar el espacio detrás de ella acelerándolo con motores de hiperespacio usando una fuente inagotable de energía. Es la nave más rápida que se pueda construir en el universo ya que alcanza la increíble velocidad de mil millones de kilómetros por hora (1.000.000.000 km/h), es decir acelera hasta casi la velocidad de la luz y nada –según la física actual- puede ir más rápido que la velocidad de la luz. Cronos es una súper nave hecha para conquistar el espacio sin fronteras, es el sueño de cualquier civilización del universo que desafía al espacio y al tiempo a su paso como un rayo de luz.

Arcadia: Este es el mejor esfuerzo de las mejores civilizaciones del universo, luego de cientos de miles de años de pruebas algunas de estas civilizaciones avanzadas finalmente construyen una nave Delta que viaja a la enorme velocidad de un millón de kilómetros por hora (con esta nave podríamos llegar a la Luna en tan solo 15 minutos).

Delta: Producto de civilizaciones menos avanzadas pero que eventualmente dominan el poder de la energía nuclear. Es nuestra mejor esperanza de poder crear una nave hacia otros planetas en un futuro no muy lejano utilizando motores de plasma (como el que se encuentra desarrollando el ex astronauta costarricense Franklin Chang). Delta es una pequeña pero poderosa nave que alcanza los cien mil kilómetros por hora (casi 1.000 veces más rápida que un avión comercial y el doble que la nave Apolo 11 que fue a la Luna, más rápida incluso que la sonda Voyager 1 que lleva 40 años acelerándose en el espacio y es la sonda más rápida construida hasta el momento por la NASA).

Tres poderosas naves espaciales, envidiables para cualquier civilización extraterrestre, y aun así no tan eficientes como uno esperaría si consideramos que:

A Cronos le tomaría casi 5 años de viaje ir desde la Tierra hasta la estrella más cercana al Sol (Alpha Centauri). Arcadia haría el mismo viaje en 5.000 años. Delta en 50.000.
A Delta le tomarían unos 75 días llegar a Marte y 20 años más para salir de nuestro Sistema Solar.
A la fecha de esta publicación el planeta conocido más cercano que podría tener vida es Kapteyn b (nota 47). En Cronos duraríamos 13 años llegando, en Arcadia 13.000 y en Delta 130.000 años. Este es solo el planeta habitable más cercano, la mayoría están hasta varias veces, incluso cientos de veces más lejos.
El planeta más parecido a la Tierra es Kepler-186f. Para visitarlo necesitaríamos viajar 500 años en Cronos; 500.000 años en Arcadia y 5.000.000 de años en Delta.
Estas distancias solamente incluyen planetas relativamente cercanos dentro de la vecindad de nuestro Sistema Solar, no hemos ni siquiera salido de nuestra galaxia. Si quisiéramos ir a otra galaxia la más cercana es Andrómeda, para llegar a ella podemos hacer el viaje en Cronos y durar 2.500.000 años, dejo en su cabeza la tarea de calcular cuánto duraríamos en llegar a nuestra vecina galaxia en una nave como Arcadia o Delta.

Y es así como el viaje de extraterrestres se vuelve un evento muy poco probable sin importar la nave espacial que usen, ya que:

Hay miles de millones de galaxias, todas con posibles planetas habitados, pero se encuentran millones de veces más lejos que Andrómeda, por tanto mucho, pero mucho más lejos de la nuestra.
Los posibles planetas habitados se encuentran a muchos años de distancia, algunos incluso a miles o a millones de años de distancia sin importar la nave espacial que se use. Hay que considerar que estos planetas solamente tienen la posibilidad de albergar vida, bien pudieran ser planetas desiertos, o estar habitados por seres que no tengan tecnología o que simplemente no les interese viajar por el espacio.
A menos que los extraterrestres tengan promedios de vida de miles de años, cada viaje implica que cientos de generaciones deben nacer, aprender a pilotear la nave y morir sin ver el destino final.
La nave debe ser capaz de proveer alimentos indefinidamente (no hay otros planetas para reabastecerse).
Para cuando salgan de su planeta de origen y lleguen a la Tierra ambas civilizaciones habrán cambiado radicalmente. Dependiendo de la distancia puede ser que ninguna de las dos exista para entonces, o que sea un viaje sin retorno.
A todo esto debe añadírseles los problemas de Relatividad Especial (el tiempo transcurre más lentamente cuando se viaja a grandes velocidades), energéticos (las naves demandarían enormes cantidades de energía por largos periodos de tiempo), de adecuación a nuevos planetas (los destinos pudieran no ser compatibles con sus formas de vida), los sociales (la inminente muerte de sus ocupantes durante el viaje y en la estabilidad mental de sus tripulantes) y el del objetivo de la misión (estarían demasiado lejos para transmitir los resultados a sus planetas).

Siendo un poco extremistas, o fantasiosos mejor dicho, podríamos asumir que algunos extraterrestres pueden construir una nave más rápida que Cronos (es decir más rápida que la velocidad de la luz), aprovechando algún tipo de curvatura extrema del espacio-tiempo como los llamados Agujeros de Gusano, o algún otro portal inter-dimensional que acorte las distancias. Lo cual lejos de arreglar el problema lo complica aún más pues los requisitos energéticos para ese tipo de viaje son más grandes que toda la energía de una galaxia y la exactitud de sus destinos no podría precisarse, pero aun si ignoramos esto hechos, tal nave empeora el panorama pues hace que la misión sea mucho más importante y delicada.

La pregunta entonces es: ¿Cuál es la posible misión de los tripulantes de una nave de otro planeta?

Opción A: Comparar y compartir ciencia y tecnología con los seres que encuentren.
Opción B: Destruirlos o esclavizarlos y apoderarse de su planeta.
Opción C: Predicar sobre su dios supremo que reina en otro planeta o galaxia.
Opción D: Esconderse a toda costa (en el fondo del mar o detrás de la luna), evitar ser detectados, no hacer contacto directo con poblaciones, ni interferir en ningún asunto. Simplemente observar a los seres del nuevo planeta sin que ellos los vean.

La opción D es la que comúnmente se oye sobre el fenómeno OVNI y la que tiene menos sentido. Contrariamente, alguna de las otras opciones es lo que uno esperaría si algún día llegasen seres de otro planeta a la Tierra, pero ninguna ha sucedido (ningún complot podría encubrir algo de esa magnitud tampoco).

Aunque este no es un tema sobrenatural, tiene algunas similitudes, pues al parecer realmente creemos que una civilización extraterrestre luego de miles de millones de años de progreso finalmente construye una nave espacial, emprende un viaje espacial monumental sin retorno ni posibilidad de rescate, donde se pierden vidas, se gastan recursos de todo tipo por miles de años cruzando millones y millones de kilómetros por el frío, peligroso y oscuro espacio, para finalmente -si tienen suerte- poder llegar al planeta Tierra, todo esto…¿para esconderse? ¿para raptar vacas? ¿hacer experimentos sexuales con humanos? ¿dibujar grafitis en campos de trigo? ¿para ver una civilización miles de años menos avanzada que la de ellos y no decirles nada?

La mejor explicación es que los OVNIs y los aliens verdes de otros planetas son solo producto del mercadeo, de la histeria colectiva, de nuestro deseo de no sentirnos solos en el universo, y de personas que desean llamar la atención con historias fantásticas llenas de misterios y complots como cuentos de hadas.

Ciertamente hay una enorme posibilidad de que haya vida inteligente en el universo en otros planetas, la estadística lo confirma, yo mismo lo creo posible. Pero las posibilidades de que nos viv vvvsiten son casi nulas, esto también lo confirman los cálculos de distancias y de requerimientos tecnológicos considerando lo que sabemos hoy en día sobre astrofísica.

Realmente me hubiese gustado haber conocido seres de otros planetas y su ciencia, pero más aún me hubiera encantado ver la cara asombrada del primer extraterrestre entrevistado por televisión diciendo “-No tengo idea de quién es Jesús y ese Dios del que tanto hablan…” Mientras nos da la verdadera respuesta sobre el origen de los seres con vida en el universo, aunque por otro lado, quizás no necesitemos de extraterrestres para descifrar eso.


 

Capítulo 7
Un rudo despertar

“La mayoría cree que el gran Dios vendrá desde el cielo tomándolo todo y hará que todos se sientan bien, pero si sabes cuánto vale la vida buscarás la tuya en la Tierra. Y ahora ves la luz…” –Bob Marley, letra de Get up, Stand up (canción).

El escultor y pintor italiano Miguel Angel tenía apenas veintidós años cuando se le encargó la famosa escultura “La Piedad” que muestra a Jesús fallecido en brazos de María (a pesar de que tal escena no está en la Biblia). No tenía ni siquiera treinta años cuando terminó el David, su escultura más famosa. Dado su talento, a la edad de 33 años se le encargó la monumental tarea de pintar casi en su totalidad la Capilla Sixtina que se encuentra dentro del Vaticano, la cual es considerada como un conjunto de obras de arte que son patrimonio de la humanidad. La clásica escena de Dios dándole vida a Adán al tocarlo con su dedo índice domina el centro del techo y es casi tan famosa como la Mona Lisa de Da Vinci.

Sin duda Miguel Angel es uno de los grandes pintores y escultores de la historia (una de mis favoritas es su escultura de Moisés con cachos en la frente como si fuese un demonio), aunque no todos parecen apreciar su arte sacro. Uno de estos era Laszlo Toth, quien creía ser Cristo encarnado y solicitó varias audiencias con el Papa para reclamar su trono. En 1972 (a los 33 años) Laszlo entró a la Basílica de San Pedro en el Vaticano donde se encuentra la escultura La Piedad y la atacó con un martillo, arrancándole un brazo y la nariz a María mientras gritaba “Soy Jesucristo resucitado de entre los muertos”. La estatua fue posteriormente reparada y Laszlo terminó en un hospital siquiátrico.

Tuve el privilegio de visitar el Vaticano durante mis años como fiel católico y reconozco que me gustaría visitarlo de nuevo aunque ya no lo sea, pues las obras de arte que se encuentran allí son espectaculares. Recuerdo bien la escultura de La Piedad y la Capilla Sixtina, la cual es un lugar pequeño –tiene apenas 13 metros de ancho- y sin embargo ocupa un sitio privilegiado dentro del catolicismo por las misas especiales que se celebran allí desde hace quinientos años, también por ser el lugar donde se reúnen los cardenales para escoger un nuevo Papa. Su techo y paredes están cubiertos por las pinturas maestras de Miguel Angel que muestran historias del libro de Génesis y del Juicio Final (mural que luego de su muerte fue censurado por la misma Iglesia pintándole toallas sobre los genitales desnudos de los sujetos, un acto tan infame como el de pintarle un bigote a la mona lisa).

Creación de Adán en la Capilla Sixtina, por Miguel Angel

 

Ciertos cantos e himnos pronunciados durante algunas misas especiales en la Capilla Sixtina eran considerados tan sagrados que estaba prohibido copiarlos o usarlos en cualquier otra misa, pertenecían exclusivamente a la Capilla Sixtina y aquellos que rompieran la regla podrían ser excomulgados. Uno de esos himnos prohibidos es el Miserere mei, Deus (latín para “Ten piedad de mí, oh Dios”) un tema coral del compositor Gregorio Allegri. Este himno se mantuvo aislado en secreto dentro del Vaticano por cientos de años, sin embargo en 1770 las autoridades católicas no tomaron en cuenta el increíble talento de un joven de catorce años que acudió a la famosa capilla a una de las misas en la que se cantaba el tema, al día siguiente el joven transcribió de memoria las partituras con admirable exactitud haciéndolas públicas. El Papa sorprendido averiguó que el muchacho se llamaba Wolfgang Amadeus Mozart y lo mandó a llamar con urgencia, aunque no para excomulgarlo sino para felicitarlo por su talento musical. Esta resultó ser una excelente decisión papal pues de lo contrario habría excomulgado a quien eventualmente llegaría a ser uno de los mejores compositores de música clásica de la historia.

La buena religión

Hay ciertos aspectos de las religiones que se pueden considerar beneficiosos para la sociedad. No sería justo ignorar las cosas positivas producto de algunas religiones (ni las negativas de ciertos ateos), tampoco creo que sea posible negarlos sin correr el riesgo de ser etiquetado de fundamentalista o extremista, aunque ciertamente estos pocos aspectos no balancean la gran cantidad de consecuencias negativas que acarrean las religiones.

Producto de la creencia en la vida eterna y lo sobrenatural es que se construyeron el Partenón, las pirámides de Egipto y las de los pueblos nativos de América, solo por nombrar un par de edificaciones admirables que no hubiesen existido sino fuese por nuestra espiritualidad.

A lo largo de la historia pintores, músicos, novelistas, escultores y artistas en general han encontrado inspiración en lo religioso para producir incontables obras de arte. Es difícil imaginar el mundo sin música como el Mesías de Handel, la Misa en B menor de Bach, la novena sinfonía de Beethoven, Requiem de Mozart, My Sweet Lord de George Harrison, Kyrie de Mr.Mister, la música góspel y mucha otra compuesta bajo influencia sacra. Ni que decir de las obras de Miguel Angel (como las de la Capilla Sixtina), Boticelli, Bosch (el Jardín de las Delicias Terrenales siendo mi favorita) o Da Vinci y su famosa pintura La Ultima Cena, ellos fueron algunos artistas destacables entre los miles que se han inspirado en temas religiosos. (nota 48)

La ayuda humanitaria proveniente de movimientos religiosos en casos de desastres naturales y en servicios de ayuda social es considerable. Voluntarios religiosos -sobre todo monjas de variadas denominaciones- ayudan constantemente en hospitales, asilos de adultos mayores, sitios de recuperación de adictos y guarderías infantiles. Las contribuciones materiales de iglesias de todo tipo de denominaciones ayudan a construir centros de estudio para niños y a fomentar programas de ayuda a indigentes y familias en pobreza extrema.

Todo lo anterior es bueno y merecedor de méritos a quien corresponde, es un accionar tangible del cual pueden estar orgullosos los feligreses del mundo que han colaborado al bienestar y el desarrollo artístico humano.

Menos tangible es el efecto sicológico beneficioso que la espiritualidad entrega a sus fieles. El apoyo (o el uso de “muletas sicológicas” como algunos lo llaman) en valores espirituales religiosos ha logrado en repetidas ocasiones que personas al borde del suicidio reconsideren su decisión, otros cambian su tendencia criminal hacia una vida moral decorosa de ayuda al prójimo por razones similares, muestra de que el apego a los códigos básicos de una religión –sea por miedo o por respeto- puede hacer bajo ciertas circunstancias que una persona cambie para bien.

Muchos de estos efectos positivos se deben quizás a que las religiones organizadas fueron el primer intento humano de lograr alcanzar paz mental enfocada hacia una vida con propósito, de que los pueblos se organizaran para el bien común de sus miembros, de que el arte fuera un puente para exaltar lo divino, y de ofrecer guías morales sobre lo que estaba bien y lo que era un comportamiento inaceptable. Un mundo sin religiones pudiera ser de alguna manera más difícil –mas no imposible- de mantener en orden únicamente por medio de instituciones gubernamentales seculares.

Justo como los creyentes reconocen y se benefician del trabajo científico realizado por no-creyentes, igualmente estos últimos reciben ciertos beneficios indirectos de las religiones organizadas. Muy pocas personas rechazarían o criticarían la ayuda o las contribuciones de personas ordenadas religiosas en caso de sufrir una enfermedad, ser víctima de un desastre natural o necesitar de cuidado paliativo. Otro beneficio que disfrutan son los días libres y con goce de salario en honor a santos, Vírgenes, mártires religiosos y otros que otorga el Estado para honrar una persona o evento relacionado con una creencia religiosa (siendo la navidad quizás el día feriado de origen religioso más famoso del mundo).

El problema con lo anterior es que las religiones son utopías sociales donde no todo lo que se supone que deben lograr es alcanzado, y aunque se rescatan algunas cosas beneficiosas, dan paso a muchas otras terriblemente dañinas. Ya he mencionado algunas de las obras sangrientas, despiadadas y barbáricas que han hecho algunas religiones en nombre de Dios. Incluso aquellas que profesan mensajes de paz y armonía espiritual como el Hinduismo y el Budismo no están exentas de su cuota de malas acciones.

He aquí una pregunta clave: ¿Qué hay de malo con que alguien haga el bien motivado por una religión? Después de todo si es el fin el que importa ¿justifica los medios en este caso? Si un indigente recibe una comida caliente ¿qué importa si se la sirve una monja? La comida alimenta igual no importa quien se la dé y la ayuda es bien recibida. Si un grupo de personas motivadas por el ejemplo de Jesús decide hacer una campaña para construir hogares para quienes los perdieron en un incendio ¿qué no es esto mucho mejor que si nadie hace nada al respecto? Estos son muy buenos argumentos para darle un valor positivo intrínseco a las religiones, pero es solamente una abstracción del panorama completo pues esto no es lo único que hacen las religiones ni es tampoco lo que hacen mayoritariamente; este argumento no considera que las personas tienen un código moral, un sentimiento de empatía y son animales sociales que colaboran con sus semejantes aun cuando no existan motivaciones espirituales.

Bien hubiésemos podido hacer todas las cosas buenas que han hecho las religiones sin necesidad de estas mismas, prueba de esto son todas las fundaciones y movimientos de ayuda actuales que no tienen una base, patrimonio, ni orientación religiosa. Podríamos derrumbar todas las iglesias, quemar todos los libros religiosos y dejar de orar por completo y esto no cambiaría el hecho de que el ser humano siga preocupándose por ayudar a quienes más lo necesitan. No se requiere de Dios, santos, Vírgenes, profetas ni iglesias para crear obras de arte maestras, ni para construir edificios imponentes o para fomentar grupos de ayuda social.

Si las religiones solamente hicieran cosas buenas para humanidad, o si el creer en Dios solamente nos hiciera buenas personas y no afectara negativamente a ninguna población, entonces el asunto no estaría sobre la mesa de discusión y no existirían libros como este.

El derecho a creer

“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.” –Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 18.

Considerando el hecho de que todos creemos en cierto grado en muchas cosas que no son ciertas, bien podríamos asumir que por tanto tenemos el derecho a creer tales cosas. La distinción es que la ley no nos da el derecho de creer en algo –aunque tampoco lo niega- sino que solo nos permite ejercer ciertas conductas que bien pudieran estar basadas en lo creemos o no. Por ejemplo, no es un crimen creer en fantasmas pero sí es un crimen comprar drogas que nos induzcan alucinaciones para ver fantasmas. Tampoco es un crimen creer en amuletos pero sí es un crimen el vender uno por un precio exorbitante diciéndole al comprador que con solo usarlo va a ganar la lotería. La ley es clara en los aspectos que se tratan de acciones y comportamientos, pero no tanto sobre lo que los habitantes de un país tengan derecho a creer o no.

El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos indica que toda persona tiene derecho a escoger, cambiar y manifestar una religión, no indica que esto signifique que toda persona tenga derecho a creer en Dios (pues hay religiones y movimientos donde tal personaje es abstracto o son varios), ni tampoco dice que las personas tienen derecho a no creer en Dios.

El asunto de la libertad sobre la práctica espiritual/religiosa tiene ramificaciones en asuntos de jurisprudencia, morales, humanísticos y sociales de manera general. Por cuestiones prácticas planteo el asunto mediante tres preguntas claves:

¿Tiene una persona el derecho de creer en Dios?
¿Tiene una persona el derecho de creer en una religión?
¿Tiene una persona el derecho de creer en lo sobrenatural?

La respuesta a las tres preguntas es sí. Toda persona tiene el derecho a creer en ello, pero esto no le convierte tal derecho en un deber. La ley es clara en que un derecho no puede existir junto a otro mutuamente excluyente dentro de un mismo marco jurídico, dicho de otra manera nuestros derechos terminan donde comienzan los derechos de otros. Por ejemplo, un grupo de monjes tiene el derecho de profesar su religión pero no tiene el derecho de obstaculizar una autopista para hacer un peregrinaje hacia alguna capilla. A la fecha de este libro, en San José, Costa Rica, está prohibida la predicación religiosa en parques públicos a menos que se obtenga un permiso, a pesar de que la religión Católica es la oficial del Estado y que existe la libertad de expresión constitucional se aduce que tal práctica interfiere con otros derechos fundamentales. En el caso del Islam donde las creencias religiosas se mezclan directamente con la ley, el asunto es complicado y la fuente de muchos conflictos entre organizaciones humanitarias -como Amnistía Internacional entre otras- y los poderes judiciales de países donde la ley islámica contradice los derechos fundamentales establecidos por países no-musulmanes.

Aclaro que no he mencionado ni insinuado que las personas no tengan derecho a creer en Dios, en una religión o en lo supernatural, tampoco he indicado que las tres cosas no provean algunos beneficios directos e indirectos para la sociedad, a esto me referí en la sección anterior. Este libro no tiene una tendencia xenofóbica, racista ni discriminatoria ante aquellas personas que profesen una creencia en particular. Con esta idea en mente he desarrollado los temas de la manera más equitativa posible sin tratar una creencia o religión superior a otra, sino a todas juntas como un asunto en general. Este respeto sin embargo, tiene un límite cuando se trata de grupos fundamentalistas, ideas extremistas y leyes arcaicas de hace miles de años dictadas por revelación divina que atentan contra los derechos humanos de nuestra sociedad actual, en esto hay que ser enfático.

Por encima de todo lo anterior debemos tener en mente que existe un derecho implícito en el modelo social que hemos creado para vivir en sociedad: el derecho a saber la verdad, o al menos a acceder a las varias versiones de las partes involucradas para así decidir cuál es la verídica.

Cuando se trata del derecho a creer dos interrogantes surgen de inmediato: ¿Por qué no dejar que la gente crea lo que quiera? ¿Si creer le brinda confort a una persona, no es mejor dejarla de esa manera que remplazarlo con nada? Ambas son buenas preguntas, aunque parezca extraño para contestarlas hay primero que re-contestar las tres preguntas que listé anteriormente, pues no es solo un asunto de derecho sino de las consecuencias que tal derecho acarrea.

El problema de creer en Dios

Dios es la piedra angular que sostiene todo el sistema de creencias. Si Dios no existe por efecto dominó se invalidan los demonios, santos, Vírgenes milagrosas, iglesias, milagros, religiones, paraísos e infiernos de un solo golpe, sin embargo no voy a ofrecer una gama de razones sobre porqué la existencia de Dios no es posible, ya que ese fue el tema de los capítulos anteriores cargados de razones ontológicas (por pura razón), científicas y de sentido común.

El problema con aceptar su existencia es lo que ha propiciado por miles de años:

La idea de que un Ser Superior puede sanar una persona enferma y que por tanto se puede abstener de consulta y tratamiento médico. Por descabellado que parezca, aún hoy en día muchas personas gravemente enfermas no acuden (o no envían a sus familiares) a un médico, o se rehúsan a un tratamiento aferrados a la idea de que Dios los va a sanar.
La resistencia a entender el universo, el mundo y a nosotros, como producto de fenómenos naturales regidos por leyes biológicas y físicas específicas. Si Dios existe ya “sabemos” quién hizo todo. Asumir esto nos hace buscar sólo el porqué de la vida sin el cómo esta apareció en primer lugar.
La idea de que nuestras vidas tienen un propósito en particular y que Dios nos mira constantemente para constatar si somos merecedores de vivir por siempre. Esto ha llevado a que no veamos nuestras vidas como un evento único y finito, mermando nuestra capacidad de aceptar la muerte como algo normal y de poder vivir una mejor vida si la considerásemos una sola. La misma idea nos inculca un terror hacia la furia de Dios y un miedo innecesario que le legamos a los niños -a manera de trauma- acerca de quemarnos vivos por el resto de la eternidad en un infierno si no nos portamos bien.
Limita nuestra capacidad para actuar y ser retribuidos cuando algo malo sucede, pues remplazamos la acción adecuada con el dicho de que “Dios hace las cosas por algo”, o se evita obtener justicia terrenal cumplida ante una ofensa o crimen con la excusa de que “Dios lo juzgará”.
Sentirnos dueños de algo o creernos superiores a otros porque tenemos a Dios de nuestro lado. Esta es la base de incontables conflictos territoriales, incluido el famoso duelo entre palestinos y judíos donde ambos creen que el mismo Dios les cedió exclusivamente un mismo territorio.
El que en algún momento y lugar surja un profeta que asegurando ser un mensajero directo de Dios y que puede comunicarse con él, establezca peligrosas sectas y religiones con todo tipo de leyes e historias creadas por él para dirigir a millones de personas que crean su relato.

El problema de creer en religiones

“La religión viene ahora a nosotros con una cara sonriente y siendo condescendiente porque ha perdido mucho terreno y porque nosotros sabemos ahora mucho más. Pero eso no te da derecho a olvidar cómo se comportó cuando era fuerte, en esos momentos en que realmente creyó que ciertamente tenía a Dios de su lado”. -Christopher Hitchens

El Taoísmo, Budismo, Hinduismo, Zoroastrismo, Judaísmo, Cristianismo, Islam, Jainismo y todas las demás religiones del mundo, siempre han impuesto normas y extendido opiniones concernientes a aspectos de la vida personal y social de todas las personas. Aun si alguna de todas fuese la correcta y verdadera (lo cual semánticamente es además un oxímoron: “religión verdadera”), esto implicaría que las demás han estado equivocadas respecto a todas las opiniones contradictorias, sus leyes, y las muertes que han causado afectando a miles de millones de personas durante la historia de la humanidad. Tan solo con esta simple distinción es sencillo notar el problema de creer en religiones (Hitchens decía que es precisamente porque hay tantas que ninguna es cierta).

Solamente podemos imaginar la enorme cantidad de personas que han muerto en las guerras causadas por disputas religiosas. Millones de hombres, mujeres, ancianos y niños han muerto horrendamente en nombre del dios local en algún tipo de conflicto. Por ejemplo, todas las guerras descritas en la Biblia (como la conquista de Canaán), las batallas por la expansión musulmana (siglo VII y VIII), las Cruzadas (siglos del XI al XIII), todas las guerras europeas por la reforma protestante entre 1524-1648 (donde solamente las francesas dejaron 4.000.000 de muertos), y un sinfín de eventos de menor magnitud alrededor del mundo que han sembrado muerte y destrucción por la simple idea de que Dios existe y que una religión es mejor que otra.

Muchos líderes religiosos actuales no tienen problema aceptando las muertes que su religión ha causado en el pasado, reconocen el hecho como un error y algo que no se debe repetir, a la vez que achacan –según ellos- que muchas guerras no-religiosas han sido peores. Justo como dice Hitchens, es ahora cuando vienen con una sonrisa pretendiendo que el pasado se debe olvidar.

Pero no es solo el pasado lejano el que está lleno de muertes por motivos religiosos, hasta hace poco se derramaba sangre en la guerra civil de Líbano y en el conflicto entre Pakistán e India, y actualmente se libran batallas a diario entre Palestina e Israel, en Iraq, Nigeria, Camerún, Sudán, Afganistán, Somalia, Yemen, Siria, Pakistán y otros países más, y aunque estos conflictos se deben parcialmente a motivos políticos y territoriales, su principal causa es de origen religioso.

Nuestro continente americano es privilegiado por tener muy pocos de estos conflictos religiosos en la actualidad, en gran parte porque hasta hace unos 500 años sus habitantes no tenían contacto con aquellos de otros continentes, aunque no está exento de su cuota sangrienta, pues hay que recordar las constantes guerras entre las decenas de culturas indígenas precolombinas que también tenían orígenes religiosos, estas terminaron abruptamente con la llegada de los europeos, quienes en el nombre de su propio dios y con la misión de convertir a los “infieles” al cristianismo, cometieron uno de los más grandes genocidios de los que se tiene registro histórico, aniquilando al cabo de tan solo dos siglos al 80% de la población autóctona del continente americano.

Todavía hay personas que mueren todos los días por disputas religiosas. Esto no es una gran sorpresa para nadie, pero sí un hecho que muchas veces se pasa por alto, ya que al estar lejos de tales disputas bien pudiéramos deducir que no tienen relación ni secuelas para con nosotros los latinoamericanos, pero estos conflictos pueden incluso golpear las economías locales causando fluctuaciones en los precios del petróleo y en la demanda de exportaciones, lo que a la larga también afecta los bolsillos y trabajos, y aunque esto ya de por sí es un problema hay un escenario peor.

Imagine por un momento, y realmente le sugiero que tome un minuto de su tiempo para hacerlo, que uno de los tantos grupos terroristas islámicos del mundo un día se apodera de un arma nuclear y la detona en el corazón de Europa, China, Japón o en Estados Unidos, ese es el día en que la economía global podría colapsar, se intensificarán las guerras y llegaremos a un punto sin retorno donde nada volverá a ser lo mismo para nadie, no importa en cual país se viva. Ahora imagine el mismo panorama pero esta vez suponga que la bomba atómica estalla en el país donde usted y su familia viven. ¿Estaría dispuesto a tolerar esto por lo que una religión diga? Consideremos todas las escenas de decapitaciones llevadas a cabo por extremistas islámicos, sus ataques a escuelas, las bombas detonadas en mercados, los castigos de miles de latigazos, los aviones que estrellaron contra las torres gemelas el 11 de Setiembre, las niñas que secuestran en Nigeria, los multimillonarios fondos que estos grupos reciben para financiar sus guerrillas y la cantidad de armas nucleares de todo tipo y tamaño que existen en el mundo. Ahora tomando en cuenta lo anterior, claramente no suena imposible que alguno de estos grupos radicales puedan obtener y usar una bomba atómica en determinado momento, por aterrador que parezca, pudiera ser solo cuestión de tiempo. Si algún día esto sucede, aunque el dedo que active la bomba sea el de un humano, la mente de esta persona estará gobernada por la idea de que es su religión la que lo ordena -porque Dios se lo pide-, para él será ese comando y no su voluntad, la que en primera instancia hará mover su mano para detonar la bomba atómica.

Además de muerte y destrucción, otro subproducto de las religiones es su influencia en asuntos económicos, sociales y políticos. Tratan de imponer su punto de vista en asuntos como el aborto, la eutanasia, el uso de anticonceptivos, los matrimonios entre homosexuales, la experimentación con células madre, la educación sexual, la fertilización in-vitro, los juegos de azar y hasta hace poco, sobre música heavy metal. Si estuviese a su alcance prohibirían y castigarían todo lo anterior de un solo golpe. Ya lo hicieron una vez y de hecho en algunos países lo siguen haciendo, aun cuando muchos de estos temas no se mencionan ni siquiera en sus libros sagrados.

El actuar religioso nos afecta a todos, ateos, agnósticos, indecisos, no practicantes, personas en busca de la iluminación y aquellos indiferentes ante el tema.

Las mujeres deberían sentirse particularmente ofendidas por todo lo que las religiones han hecho a su género durante tanto tiempo, tratándolas como ciudadanos de segunda clase, sin derechos, susceptibles a posesiones demoniacas, obligadas a ser sumisas a sus maridos (muchas veces compartidos con otras esposas en poligamia), obligadas a casarse con su violador, y donde los abusos sexuales son no solo permitidos, sino fomentados (como en el caso de violar a una virgen para así tener el permiso religioso de poder apedrearla).

Todos los días en algún rincón del mundo hay un niño que no recibe educación por no pertenecer a una religión en particular, una familia debe abandonar su hogar para convertirse en refugiados en tierra ajena, alguien es torturado por expresar su fe (o su falta de), soldados alistan sus rifles para poder ganarse el Cielo, y alguien sufre humillaciones, abusos o torturas porque cree que Dios lo permite por alguna razón y que luego será recompensado con una vida eterna de placeres.

Quizás comparado con todo lo anterior, el que líderes religiosos se hagan millonarios a costas de sus feligreses pudiera sonar como el menor de los problemas, pero es uno de los más graves (sobre todo en América) porque sucede bajo nuestras narices todo el tiempo y el no hacer nada al respecto nos hace cómplices de tales canalladas. A diario hay maratónicas de colectas del diezmo en las iglesias, televangelistas pidiendo dinero a cambio de milagros (experiencia que viví muy de cerca cuando trabajé por un tiempo en la cadena cristiana de televisión más popular de América), estaciones de radio cristianas insistiendo a los más pobres sin parar a que donen en sus cuentas de banco, pastores de iglesias rurales traspasando a sus nombres terrenos de personas de buena voluntad pero ingenuas, todos son víctimas de una vil estafa cuando esos dineros y propiedades terminan no en sus iglesias ni invertidos en bien social, sino en los bolsillos de sus líderes religiosos y familiares para uso personal.

Al inicio de este capítulo hice un breve listado de las cosas buenas que aportan las religiones. ¿Cómo cree que se comparan contra todas estas cosas malas que son producto de lo mismo? ¿Valen la pena los pocos beneficios de creer en Dios comparados con toda esta muerte, violencia, engaños, abusos de poder e intromisión en las leyes y la vida social de todas las personas del mundo?

Si algo nos ha enseñado la historia es que mientras hayan religiones siempre van a existir conflictos y problemas. No llegaremos nunca a un estado donde todas coexistan pacíficamente.

Dichosamente una nueva generación de pensadores y una población expuesta a la verdad y los hechos científicos han empezado a cambiar el panorama religioso, o mejor dicho a tratar de desaparecerlo eventualmente. Esto está sucediendo con mayor fuerza en Europa, donde el secularismo gana terreno todos los días y una gran población no profesa ya ninguna religión. En Estados Unidos cada vez hay más libros y documentales abogando por un humanismo sin dioses, además de constantes reformas legislativas para impulsar la libertad de pensamiento sin intromisiones religiosas.

Poco a poco esta ola de cambio empieza a surgir en Latinoamérica y el Caribe, una región con problemas militares, de prolíferas pandillas violentas, de gobiernos tratando de luchar constantemente contra el narcotráfico y donde la pobreza sigue flagelando fuertemente. No obstante es una región privilegiada por su belleza natural, la creatividad de su gente, y un semillero de grandes pensadores y profesionales en todos los campos científicos. Sin duda hay mucho trabajo por hacer para sembrar la duda y el pensamiento racional crítico entre los 500 millones de católicos/cristianos de nuestra región latina, sin embargo es inevitable que gradualmente prevalezca la razón y hayan menos problemas asociados con creer en Dios y religiones, y más proyectos beneficiosos provenientes de grupos seculares que solo buscan el bienestar de sus pueblos. El cambio toca a la puerta de quienes hablamos español en este continente, es solo cuestión de voluntad y tiempo.

 

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El problema de creer en lo sobrenatural

“1. Hoy, más que en el pasado, las noticias de estas apariciones son esparcidas rápidamente entre los fieles gracias a los medios de información (masiva). Además, la facilidad de ir de un lugar a otro permite peregrinajes frecuentes, de manera que la Autoridad Eclesiástica debería discernir rápidamente sobre los méritos de tales asuntos. 2. Por otro lado, la mentalidad moderna y los requerimientos de investigación científica crítica hacen más difícil -si es que no casi imposible- el alcanzar con la velocidad requerida los juzgamientos que en el pasado concluían la investigación de estos hechos (constat de supernaturalitate, non constat de supernaturalitate) y que ofrecían a los Ordinarios la posibilidad de autorizar o prohibir el culto público y otras maneras de devoción entre los fieles.” -Normae Congregationis, 1978. Congregatio pro Doctrina Fidei.

El texto anterior se mantenía bajo secreto entre los obispos católicos, sin embargo empezó a filtrarse por internet al punto que en el 2012 fue oficial y abiertamente publicado por el Vaticano. Es un extracto del texto creado por la Congregación de la Doctrina por la Fe (un ente de la Iglesia Católica) para atender casos aclamados como sobrenaturales (como las supuestas apariciones de la Virgen). Durante siglos esta Congregación (la cual fue liderada hasta el año 2005 por el Papa Benedicto XVI) ha lidiado y condenado todo tipo de asuntos de herejía, falsas doctrinas, la integridad de la fe, acusaciones de pedofilia de los curas y otros como el famoso juicio contra Galileo.

Básicamente -al menos para la Iglesia Católica- un acontecimiento de ese tipo debe ser investigado para llegar a una de tres posibles conclusiones (en latín como es común en documentos eclesiásticos):

Constat de supernaturalitate ("Queda confirmado ser de origen sobrenatural")
Non constat de supernaturalitate ("No queda confirmado ser de origen sobrenatural")
Constat de non supernaturalitate ("Queda confirmado ser de origen no-sobrenatural")

La primera opción es la que declara un hecho como sobrenatural y aprobado por la Iglesia (como en el caso de algunas apariciones de la Virgen). La segunda no confirma el hecho, la Iglesia no lo aprueba pero tampoco lo desacredita así que los fieles son libres de seguir creyendo en ello. La tercera opción es prohibitoria (el hecho no es aprobado), no se puede peregrinar, exaltar ni oficiar liturgias a tales eventos.

A pesar de que el documento tiene menos de 40 años, deja entrever el dilema católico de lidiar con lo sobrenatural ante una serie de problemas recientes para la Iglesia en ese entonces, los cuales hoy en día le son mucho mayores cuando se trata de probar la veracidad de dichos asuntos, leamos detenidamente: […]noticias esparcidas rápidamente (hoy tenemos internet en todo celular, tableta electrónica y computadora portátil) […] facilidad de ir de un lugar a otro (hay aviones, trenes, motocicletas, transporte público y carreteras donde hace 40 años antes no habían) […] la mentalidad moderna (sugiriendo que la gente ya no cree en lo fantástico con tanta facilidad) […] investigación científica crítica (la ciencia empezaba a ofrecer respuestas concretas en asuntos de biología, astronomía y física contradictorios con los asuntos de la fe).

A lo largo de la lectura he sostenido que la creencia en lo sobrenatural está grabada en los seres humanos desde su nacimiento indiferentemente de sus creencias religiosas posteriores, esto representa un reto intelectual, pues no solo porque nuestro “instinto” afirme que algo es cierto ya por eso debe serlo.

También hay que considerar que algunas creencias fantásticas no pueden -ni deberían aun si fuese posible- ser removidas pues han sido creadas por un proceso evolutivo de miles de años con un propósito importante en particular, por lo cual el catalogarlas de malas o dañinas podría hacer parecer que tenemos un “error de diseño” o peor aún, que inevitablemente siempre haremos mal ciertas cosas, lo cual contradice el hecho de que hemos sobrevivido de esa manera por milenios, a la vez que esconde su función original. Por ejemplo, tener un poco de miedo nos puede hacer evitar el peligro, creer un poco en la suerte nos ayuda a tomar decisiones arriesgadas, tener algunos amuletos y rituales personales nos hace sentirnos confiados, jugar con muñecos junto a nuestros hijos crea lazos paternos, y en ocasiones es bueno visitar la tumba de un familiar para sentirnos desahogados o consolados en su ausencia.

Tampoco debemos elevar la creencia en lo sobrenatural a la altura de otras “individualidades” que la naturaleza y el paso del tiempo también han dejado en nosotros, como el sentimiento del amor, la ira, la amistad, la desconfianza y la manera en que rápidamente juzgamos las intenciones de una persona. Estas características son también naturales y normales en el ser humano, y tienen su lado bueno y ventajoso a como tienen su lado malo que puede causar mucho daño y traer consecuencias negativas. Es la manera en que actualmente somos, aunque bien pudiésemos haber sido una especie sin el sentimiento de la amistad, o ser una que no crea que tenemos un alma, pero ambas cosas están muy caladas en nosotros por diversas razones, algunas ya se han mencionado. Indiferentemente de cuales sean estas, su función principal es que podamos sobrevivir (no el que busquemos un propósito espiritual en la vida), lo cual ha sido lo suficientemente eficiente pues todavía seguimos aquí.

Este preámbulo es para considerar que antes de escudriñar el problema de creer en lo sobrenatural hay que lidiar con una difícil delineación que la “mentalidad moderna” ha creado respecto a estos asuntos (la guía católica mencionada anteriormente trata de hacer algo similar pero omite este detalle clave): ¿Cómo discernimos actualmente qué es sobrenatural, qué es mal entendido y qué es imposible?

El famoso autor Arthur C. Clarke en una de sus predicciones sobre el futuro (hecha hace 40 años) dice que “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, visto de otra manera, muchas de las cosas que la tecnología ha creado se hubiesen considerado como mágicas hace unos siglos atrás. Hace 500 años si alguien hubiese escuchado música salir de un sencillo radio, lo habría considerado como producto de la magia, tal vez incluso como hasta magia negra o tonadas demoniacas. Lo mismo podríamos pensar nosotros respecto a algo que invente la tecnología dentro de 500 años si de alguna manera pudiésemos dar una mirada a sus futuros inventos, aunque dudo que el asunto nos pareciera tan mágico como antes, pues la generación actual vive rodeada de tanta tecnología y ciencia que la línea entre lo que es posible y lo que es imposible en desarrollo tecnológico es muy delgada. Hoy es más difícil que algún invento nos maraville con facilidad.

¿Podría alguien que viva actualmente en una ciudad moderna dudar que en el futuro cercano alguien invente una patineta que vuela? ¿O que se cultive una variedad de rosas que nunca se marchitan, o que hayan ratones modificados genéticamente para que puedan respirar bajo el agua, o que se invente una pastilla que cure cierto tipo de ceguera? Nada de eso suena tan descabellado en el presente, quizás si alguien lee este libro dentro de 5 o 10 años luego de su publicación puede tomar ejemplos de las cosas extraordinarias que se han inventado desde entonces.

Es en el campo de las cosas que parecen mágicas donde encontramos el primer problema de creer en lo sobrenatural: los charlatanes. En mi país los periódicos y algunos programas de radio publican a diario una gran variedad de anuncios de todo tipo de servicios de brujería que prometen literalmente a sus usuarios, entre otras cosas: ganar la lotería, atraer a los seres amados que no les corresponden, protección contra los malos espíritus, generar clientes a un negocio, el amparo de santos, curar enfermedades de todo tipo, romper adicciones a drogas, hacer limpiezas espirituales para remover hechizos y mal de ojo, sanación del alma, y una multitud de conjuros usando magia negra, blanca, roja, vudú, santería, tarot, brujería gitana, poderes de vidente, amuletos, hojas de té, etc. Algunos de estos supuestos brujos han ido a juicio por estafar a sus clientes de grandes sumas de dinero a cambio de favores espirituales que nunca se concretan, la mayoría sin embargo operan sin problemas ya que nadie los denuncia. Estos charlatanes hacen suficiente dinero como para que el ejercicio de las artes ocultas sea un trabajo de tiempo completo, a costas de personas desesperadas que creen que ellos pueden abrir un portal hacia lo desconocido e invocar fuerzas sobrenaturales para obtener un beneficio personal en sus vidas. Esto no es más que una estafa apoyada en la creencia popular de que tales cosas realmente existen.

Los casinos, loterías y juegos de azar generan enormes ganancias a sus administradores apoyados en el hecho de que que los jugadores se creen así mismos ser poseedores de buena suerte. No es inusual ver a una persona ganar una gran suma de dinero en una noche de juego, y en lugar de retirarse considera que tiene una buena “racha”, así que sigue jugando hasta perderlo todo cuando la “racha” se va.

Muchas personas viven constantemente aterrorizadas ante la idea de que un fantasma los va a asustar, tanto que evitan estar a solas en una casa, salir de noche, dormir solos o tener las luces del cuarto apagadas. Algunos padres atemorizan a sus hijos con historias del “coco”, de monstruos o de espíritus que les harán daño si no se portan bien, reforzándoles la idea de que lo paranormal existe, a la vez que abren el camino para que los infantes desarrollen traumas y miedos infundados.

Otro problema de creer en lo sobrenatural es que le resta méritos al potencial del ser humano. Muchas veces se dice que cosas como las líneas grabadas en Nazca (Perú), las esculturas Moai (Isla de Pascua), los monumentos de Stonehenge (Inglaterra), los diseños circulares en campos de cultivo (en particular en el Reino Unido) y las pirámides de Giza (Egipto) entre otras tantas, no pueden ser obra de seres humanos, sino que fueron hechas por extraterrestres o espíritus de algún tipo, o que al menos estos seres ayudaron de alguna manera a crearlos. Aún hay quienes creen que aparatos como los láser o las módulos espaciales que fueron a la luna se crearon con tecnología de otro planeta, otros exageran diciendo incluso que las matemáticas nos fueron enseñadas por seres de otras dimensiones. Todo esto no es más que desestimar y menospreciar la capacidad intelectual de nuestra especie sugiriendo que no es capaz de hacer tales cosas, cuando es precisamente gracias a nuestro ingenio que no solo estas existen, sino también todos los demás aparatos y construcciones de la historia.

Todo esto es derivado de la creencia en lo sobrenatural, aunque quizás el mayor problema de creer en estas cosas es lo que me lleva al punto final de este libro: no vemos la vida como realmente es.

El tope

“Tengo entendido que los primeros en subir a los topes fueron los antiguos egipcios, por cuanto en todos mis estudios no encuentro nadie anterior a ellos. Pues aunque sus progenitores, los constructores de Babel, sin duda debieron intentar construir con su torre el tope más elevado de toda Asia […] se fue por la borda en la temible tormenta de la ira de Dios […] En San Estilita, el famoso ermitaño cristiano de los tiempos antiguos, que se construyó un elevado pilar de piedra en el desierto y pasó toda la última parte de su vida en su cima, subiendo su comida desde el suelo mediante un aparejo, en él tenemos un notable ejemplo del indomable ocupante de tope, que no se dejó apartar de su lugar ni por las nieblas, ni por heladas, ni por lluvia, ni por pedrisco ni por granizo, sino que, afrontándolo todo con valentía hasta el final, murió literalmente en su puesto.” –Ismael. Personaje de Moby-Dick, Novela. Capítulo 35.

El tope, también llamada la cofa, es el pequeño puesto de vigía en la parte alta de los mástiles de un barco. Es desde ahí que el personaje Ismael (llamado así en alegoría a la figura bíblica del mismo nombre exiliada al desierto y luego rescatada por un milagro) de la novela Moby-Dick narra lo anterior en su primer turno de vigilancia. La historia de San Estilita (Simeón/Simón el Estilita) que cuenta es cierta por increíble que parezca. Este era un monje cristiano (estilita) dedicado a vivir su vida en un constante estado ascético de oración, penitencia y renunciación a los placeres mundanos, un día decidió subir a un alto pilar de piedra que tenía una pequeña plataforma en el tope y ahí se quedó por 37 años hasta su muerte. Su hazaña inspiró a muchos otros imitadores que siguieron su ejemplo de vivir en pilares.

Justo como Ismael en su épico viaje de cacería de ballenas, hemos tenido en este libro una travesía cargada de todo tipo de anécdotas y hechos acerca de la creencia en Dios y lo sobrenatural. Hemos estado cazando la verdad. He tratado de ofrecer en el tema una vista panorámica, muy por arriba de lo que la mayoría de los creyentes suelen tener, la vista del tope en lo alto, la del vigía, esa que el escéptico riguroso siempre tiene respecto a temas espirituales, pues es únicamente desde ahí arriba que se pueden valorar todos los factores y ver si realmente las cosas existen como nos las han contado por miles de años.

A pesar de dicho esfuerzo está el caso de aquellos que son como San Estilita, que aun cuando suben a lo alto para tener una mejor vista que aquellos que permanecen sentados en el suelo, creen que el propósito de haberse dispuesto a averiguar más sobre su fe es el de morir con ella en solitario creyendo lo que les parece mejor, aunque vivir en el tope de una columna de piedra de por vida no tenga sentido para la mayoría de la gente que se los repite constantemente.

Moby-Dick es una admirable novela sobre la cacería de ballenas, un libro producto de la gran imaginación de un buen autor. Otro libro que también habla sobre ballenas es la Biblia en el episodio donde Jonás es tragado por una dentro de la cual vive por tres días. Esta es otra historia fantástica de otro autor con una gran imaginación y que debe recordarnos que justo como Moby-Dick, la Biblia no es más que un libro escrito por personas, aunque lamentablemente uno que ha causado muerte, sufrimiento y dado falsas esperanzas a quienes por miles de años la han tomado como la palabra literal de un dios megalomaniaco decidido a gobernar sus vidas, aun cuando más parece que éste se dedica a hacérselas miserables.

Hoy el tope sigue elevándose permitiéndonos ver el panorama con mayor claridad, las historias de mitos, leyendas, profetas milagrosos, monstruos y milagros han empezado a ser rigurosamente cuestionadas en nuestros tiempos, pero no porque hayamos de repente empezado a dudar de ellas por iniciativa propia, sino porque el mundo ha cambiado tanto que nos ha llevado a enfrentar el hecho de que esas historias no son compatibles con todo lo que hemos descubierto gracias a la ciencia de cómo funcionan las cosas en nuestro planeta, nuestro cuerpo y en el universo en general.

Vivimos en un nuevo mundo, cambiante, inquisitivo, interconectado, con cámaras grabando en cada rincón del planeta, donde todo debe suceder en instantes y en el cual muy pocas cosas que afecten negativamente a la sociedad quedan ocultas.

Capítulos atrás hice una predicción que repito aquí: las ideas fundamentalistas religiosas irán debilitándose poco a poco hasta desaparecer o ser irrelevantes. No puedo decir cuánto tiempo tomará un cambio de tal magnitud, pero sí estoy seguro que es inevitable. Aclaro que con esto no estoy diciendo que llegará el día en que todas las personas se declaren ateas, o que nadie crea en extraterrestres ni fantasmas, lo que predigo es que las versiones extremistas de temas espirituales, religiosos o sobrenaturales, no tendrán lugar en un mundo futuro que ofrezca mejores y más lógicas respuestas sobre esos temas. Este cambio no es decisión propia, ni es de aquellos que como yo sostienen que la creencia en lo sobrenatural es instintiva pero irracional. El paulatino abandono de tales creencias será producto de la búsqueda de las nuevas generaciones que quieren vivir en un mundo interconectado, con más tecnología, más naturaleza limpia, menos guerras, mayor calidad de vida y ante todo con menos misterios e historias fantásticas de muertos que resucitan, de paraísos celestiales llenos de placeres en donde vivir una vida por toda la eternidad, y menos aún de un contrastante infierno hecho para atormentar a los pecadores con ardientes llamas al mando de un temible Diablo.

Las religiones ya no deben entenderse como tradicionalmente se ha hecho, ya no se deben ver como algo que tenga un trasfondo verdadero, tangible e históricamente correcto (de lo cual carecen de todas maneras), sino como una de las tantas construcciones sociales que hacemos a lo largo de nuestra travesía por comprender el mundo mientras elaboramos abstracciones de la realidad que tengan sentido para nosotros y nos permitan vivir mejor. Si esto suena familiar es porque ya hemos hecho cosas similares, consideremos por ejemplo la economía, la cual es un producto humano ficticio donde usamos dinero que inventamos para poner un precio a las cosas (como un lápiz o un pedazo de tierra) y por el cual debemos trabajar para conseguirlo, para de esta manera poder crear productos y generar servicios que otras personas necesitan y pagan con el mismo dinero.

Fuimos nosotros quienes inventamos el dinero, es solo papel y tinta, monedas, una tarjeta de plástico o eventualmente nada más números en una pantalla. Siempre podemos imprimir más dinero o agregarle ceros a una cantidad, pero hemos basado todo en un sistema económico mundial donde nuestro invento no puede ser manipulado tan fácilmente, debemos trabajar para ganarlo y aunque pudiera ser que trabajar para vivir no nos guste tanto, al menos por ahora la idea parece funcionar. Lo hace porque a diferencia de las religiones en el sistema económico todos creen en lo mismo (en que dinero ficticio compra cosas reales). Sin embargo quizás algún día tampoco necesitemos de dinero, así como lo inventamos podemos cambiar de opinión y modelo si una idea mejor aparece.

Como sociedad globalizada siempre estamos cambiando de opinión sobre muchas cosas, prueba de esto es el debate actual en temas como la eutanasia, el aborto, el matrimonio gay, la fertilización artificial, el comunismo, los alimentos genéticamente modificados, el uso de drogas con fines recreativos y muchas otras cosas que están cambiando, no porque alguna ética religiosa lo pida, sino porque la tecnología y una nueva mentalidad de la gente joven lo demandan. Dicho de otra manera, hoy son los avances científicos y tecnológicos los que desatan discusiones sobre asuntos de moral y ética, no las creencias religiosas, pues estas tratan de ser inmutables en un mundo que es constantemente cambiante.

La persona religiosa de hoy día se encuentra en una incómoda encrucijada entre lo que cree, los hechos que la ciencia ofrece, y lo que es mejor para todos. Por un lado trata de servir a Dios siguiendo su mandato a como está escrito y le ha sido enseñado, pero por el otro critica a los fanáticos de otras religiones, como los musulmanes que lanzan a los homosexuales desde lo alto de edificios hacia una muerte segura, decapitan a quienes se declaren ateos y apedrean a las mujeres hasta la muerte sin derecho a un juicio previo; sin considerar que sus conceptos fanáticos también están basados en la misma idea de agradar a Dios siguiendo su mandato a como está escrito para ellos. Igualmente el creyente actual trata de reconciliar las historias fantásticas de milagros en sus creencias y la idea de una vida eterna en el Cielo, con lo que la ciencia moderna indica al respecto, descubriendo –con poca sorpresa- la gran imposibilidad de que tales cosas puedan suceder.

He tratado de ofrecer los mejores argumentos a favor y en contra de la existencia de Dios, la suma de todas las partes indica que el resultado final es que la evidencia, o mejor dicho, la falta de la misma indica que tal ser no existe y es solo un concepto humano creado por las diversas razones que ya he mencionado en varios apartados. Las pocas grietas científicas que aprovechan los “creacionistas” y religiosos conservadores no son lo suficientemente amplias y sólidas para sustentar lo contrario.

Ante esto si Dios no existe, y más allá del choque emocional que tal descubrimiento personal pueda tener en cada quien (en mi experiencia es algo que describo como un rudo despertar), queda la interrogante de si debemos remplazarlo con/por algo más. Después de todo, si he tratado de demostrar que no existe, hay quien pueda asumir que debe ser con un propósito en particular, anticipando que en mi agenda personal relucirá en este punto de la lectura la idea de “venderle” algo mejor para remplazarlo, un algo con lo que yo sí esté de acuerdo. Esta sospecha es parcialmente correcta pues sí espero que llegado el momento la sociedad encuentre mejores maneras de entender la vida que aquellas regidas por motivos religiosos, pero digo parcialmente pues con lo que me gustaría remplazar a Dios es con algo que en mi opinión es más grande que él: usted mismo.

No hace falta mucho sentido común para entender que la fe juega un papel importante en momentos donde la ayuda emocional y material más se necesita. Pero aferrarse a un poder divino y sentarse a esperar que la solución caiga mágicamente como maná del cielo no es la mejor solución para ninguno de esos problemas, por el contrario, es más probable que la falta de acción agrave la situación en lugar de alterar su curso para bien. Si realmente se quiere aspirar a tener una situación financiera estable, una salud normal, una familia ejemplar, una pareja que nos respete, y un empleo que nos agrade y genere lo suficiente para pagar las facturas, hay que levantarse de la banca de la iglesia, desdoblar las rodillas, y hacer nuestro mejor esfuerzo para lograr esas cosas motivados en que nosotros mismos, con la fuerza de voluntad suficiente, lo podemos hacer sin necesidad de un milagro, un profeta, ni de oraciones propias o de terceros. La mayoría de la gente ejemplar y exitosa que conozco lo ha logrado porque antes de creer en otros, o en dioses, la suerte o en el karma, creen primero que todo en sí mismos, esto los hace pensar diferente y esta distinción es la que la gente destaca como admirable.

Si existen problemas en nuestras vidas debemos tomar cartas en el asunto sin recurrir a la brujería o los pastores y curas, aquellos que no lo hacen deberían de tratar que sus familiares y amigos busquen personas más calificadas para lidiar con problemas de la cotidianidad.

En lugar de consultar la Biblia o el Corán buscando la respuesta sobre si aceptamos o no a los homosexuales y se les conceden los mismos derechos de la mayoría, debemos hablar con ellos primero, conocer su situación y tomar en consideración lo indicado en nuestras constituciones políticas sobre el asunto. Si oímos un ruido en el techo, en lugar de pensar en fantasmas quizás sea mejor pensar en los gatos del barrio que caminan por los techos. Si creemos ver un platillo volador es más realista pensar que debe ser un aparato hecho por el hombre. En resumen, una vida donde el pensamiento escéptico sea la guía fundamental, es una donde tendremos mejor control al descartar de primera mano las cosas que son mucho menos probables de suceder considerando la evidencia que se nos presenta.

En Latinoamérica el cristianismo, aunque debilitado, sigue teniendo popularidad. Cualquier persona que acuda a un culto o sintonice una emisora de radio cristiana notará que el discurso por lo general sigue siendo el mismo de siempre: ofrecer esperanza ante los problemas de dinero, familia, trabajo y salud. La desesperación de quienes sufren de graves enfermedades, el clamor de aquellos que no pueden alimentar a su familia ni pagar las facturas, o el dolor de los desafortunados que viven diariamente en estados depresivos por problemas de pareja o de adicciones, es real. Las lágrimas que ruedan por sus rostros y el fervor de sus oraciones clamando por un milagro para detener la calamidad tocan la fibra más humana y nos muestra que somos seres sentimentales. Estos rostros afligidos son los que nos motivan a ayudar a otros, nos impulsan a la solidaridad, con Dios o sin él.

Este libro está dedicado a la memoria de Joel Antonio. Para quienes no conocieron su historia, él fue un niño que a los dos años fue asesinado por su padrastro en el pueblo llamado –irónicamente- La Virgen de los Chiles, no sin antes pasar por meses de agonizante tortura ya que como castigo por llorar (algo normal en un bebé) le incrustaban agujas oxidadas en el cuerpo, también fue violado y se le golpeó brutalmente hasta que se le reventó el páncreas, llevándolo a un eventual paro cardiorrespiratorio que le causó la muerte. La noticia consternó a toda Costa Rica en su momento, pero si la historia se repite -como sucede con frecuencia- pronto su nombre quedará en el olvido pues todos los días hay más noticias trágicas que reportar, al punto de que uno no puede recordarlas todas. Es mi respetuosa intención que su memoria perdure en este libro a través de la dedicatoria, porque ahora su historia la utilizo para preguntar ¿Dónde estaba Dios cuando todo esto pasaba? La repuesta es que no había ningún Dios que oyera las terribles golpizas. Pero si lo hicieron muchos vecinos que no hicieron nada al respecto hasta que fue muy tarde,(nota 49) esto debe hacernos reflexionar en ¿Por qué somos los seres humanos así de extraños? La respuesta yace de alguna manera en los hechos que nos muestran que somos criaturas racionales pero instintivas, personas en un mundo de gente, que hacen todo tipo de cosas irracionales.

Creer en lo sobrenatural es una de las tantas cosas que hacemos, aunque muchas veces eso no tenga sentido y seamos conscientes de ello. Los ejemplos al respecto han sido abundantes en capítulos anteriores. Dichosamente ahora tenemos las herramientas para atacar tres problemas claves de nuestra existencia: el problema de creer en Dios, de creer en religiones, y de creer en lo sobrenatural.

Nuestro viaje inició con la historia del hombre -o mujer- anónimo de la caverna Blombos hace 75.000 años y su piedra especial. En esa época nuestra especie no tenía ningún impacto significativo sobre ninguna otra especie animal ni vegetal, éramos ecológicamente irrelevantes. La poca cantidad de seres humanos del momento estaba esparcida por remotas esquinas de Africa tratando de sobrevivir al lado de otras especies animales, incluidas otros primates que eran parientes lejanos suyos.

Hace 10.000 años, y a pesar de que nuestra población ya había crecido enormemente, la cantidad de humanos junto con su ganado de consumo y sus mascotas representaban apenas el 0.1% de toda la biomasa vertebrada del planeta. Hoy constituye más del 90%.R39 Lentamente nos convertimos en el Apex Predator por excelencia y dominamos este planeta, sin consultarle a ninguna otra especie nos auto-concedimos el derecho de llamarlo La Tierra y le pusimos precio a partes del mismo.

Nuestro crecimiento demográfico exponencial de los últimos miles de años finalmente ha puesto personas en cada rincón del planeta y nos ha hecho responsables de la ecología del mismo para asegurar nuestro propio bienestar. Este se debe en gran parte a una característica única en nosotros: la imaginación. Nuestra manera de pensar utilizando abstracciones mentales nos ha traído hasta aquí y ha creado la sociedad y el mundo moderno donde vivimos actualmente.

Lo que hizo aquél cavernícola con una simple piedra sigue dentro de nosotros, después de todo cargamos parte de sus genes en nuestros cuerpos. Creo que él, o mejor dicho alguien como él, puso en marcha un proceso que llenó la piedra donde vivimos, es decir el planeta Tierra, de dioses, monstruos, demonios y espíritus de todo tipo. Ha sido sin duda una larga travesía desde entonces, y hasta donde sabemos ningún ser en ningún otro planeta del universo sabe que existe ese Dios que inventamos colectivamente dentro de una oscura caverna en un momento crítico de nuestra constante evolución natural.

Nosotros en este pequeño planeta, perdido en la inmensidad del universo, uno más entre miles de millones de millones de otros planetas, inventamos un Dios que es creador, dueño, y soberano de todos los demás planetas del universo. ¡Cuánta soberbia y egocentrismo! Dichosamente los nuevos tiempos han empezado a cambiar nuestra manera de pensar al respecto, y poco a poco la idea de ese Dios perfecto va diluyéndose y borrándose como una acuarela bajo el agua.

Apenas estamos en las primeras etapas de un proceso irreversible que culminará cuando mayoritariamente aceptemos que tal ser no existe. Será entonces cuando nuestra pequeña piedra flotando en el espacio se convertirá en el lugar donde nació Dios y el mismo donde eventualmente miles de años después lo matamos, esta vez no en una oscura caverna en un sitio remoto, sino por doquier y bajo la luz brillante de la ciencia y el conocimiento.

Lo invito a tomar su piedra, no para lanzarla contra el prójimo, sino para que la convierta en su grano de arena que colabore en el proceso humanista de pensamiento racional, tome su roca intelectual para así construir juntos un mundo donde podamos sufrir menos y vivir mejor la única vida que tenemos.

 

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NOTAS

Nota 1: Sincretismo, en este libro, se refiere a la combinación de creencias espirituales o religiosas diferentes (incluso contradictorias) consolidadas en una sola corriente. Por ejemplo la mezcla de elementos bíblicos, hinduismo, espiritualidad africana y cultura caribeña en el Rastafarismo y en algunas formas de brujería.

Nota 2: El diccionario de la Real Academia Española define el proselitismo como “Celo de ganar prosélitos”, siendo un prosélito según el mismo diccionario: “1.Persona incorporada a una religión. | 2. Partidario que se gana para una facción, parcialidad o doctrina.” Por tanto aquí se define el proselitismo religioso como las actividades de individuos o grupos religiosos dedicadas a que las personas se conviertan a su doctrina. Un ejemplo al caso son los esfuerzos de evangelización de la Iglesia Católica.

Nota 3: El 8 de Marzo del 2014 el Boeing 777-200ER del vuelo 370 de Malaysia Airlines se perdió en el mar del sur de China. A pesar del avanzado estado tecnológico actual, y de la que ha sido catalogada como la mayor y la más costosa búsqueda en la historia de la aviación, a la fecha (Julio 2015) no hay rastros de su paradero.

Nota 4: El libro de Copérnico terminó eventualmente en la lista de libros prohibidos por la Iglesia Católica, estuvo listado por más de 140 años. Irónicamente el libro está dedicado al Papa del momento Pablo III. Parte de su dedicación dice: “Me doy perfecta cuenta, Santísimo Padre, de que ciertas personas, desde el momento en que conozcan que en estos libros sobre las revoluciones de las esferas del mundo atribuyo ciertos movimientos a la tierra, clamarán pidiendo una rápida condena, tanto de mi persona como de mis opiniones. Ahora bien, no estoy tan satisfecho con mi propio trabajo como para dejar de lado los juicios de los demás, y si bien no ignoro que los pensamientos del filósofo están lejos de hallarse bajo el control del juicio del vulgo, pues la tarea de aquél es buscar la verdad en todas las cosas en la medida en que Dios se lo permite, a la razón humana, no por ello dejo de considerar que debe huirse de las opiniones abiertamente contrarias a la recta razón [...] Si, a pesar de todo, existieran charlatanes desocupados que, aun ignorando todo sobre matemáticas, se creyeran con derecho a juzgar mis opiniones y osaran censurar y atacar mi obra en base a algún pasaje de las Escrituras cuyo sentido hubieran distorsionado con malignas intenciones, desprecio e ignoro sus juicios como temerarios.[…]. Las matemáticas son para los matemáticos quienes, si no yerro, considerarán que mis trabajos contribuyen a la mayor gloria de la República Eclesiástica de la que vuestra Santidad es Príncipe. […]Una vez perfilados y acabados estos estudios, someto sus resultados al juicio de Vuestra Santidad, así como al de todos los demás sabios matemáticos. Y ahora, para que no parezca a Vuestra Santidad que prometo sobre la utilidad de mi obra más de cuanto puedo en realidad ofrecer, paso de inmediato a exponer los resultados de mis investigaciones.”

Nota 5: Las referencias a pasajes bíblicos que cito no son de una sola edición de la Biblia. Esto pues considero que algunas traducciones enfatizan de mejor manera el tema que se trata o son más claras al explicar un punto. En la medida de lo posible trataré de citar únicamente de La Biblia de las Américas, Biblia de Jerusalén y Reina Valera, aunque insisto que algunas citas pudieran ser de otras traducciones por cuestiones prácticas.

Nota 6: El que siempre veamos la misma cara de la Luna es de hecho una confirmación de que esta gira, si no lo hiciera tarde o temprano veríamos su otro lado. Lo que sucede es que el periodo rotacional de la Luna coincide con su orbital, de manera que siempre vemos la misma cara desde la Tierra, cuando en realidad ambos lados reciben luz del sol en determinado momento.

Nota 7: A continuación presento un extracto de los últimos cinco párrafos de la sentencia leía a Galileo, nótese el particular tono de enojo con el que los cardenales se dirigen a Galileo sin siquiera mencionar nada de un trasfondo científico al respecto (omito la referencia del texto pues es fácilmente verificable en archivos históricos): “Decimos, sentenciamos, pronunciamos y declaramos que tú, Galileo, por las cosas deducidas en el proceso y por confesadas por ti, te has hecho ante este Santo Oficio vehementemente sospechoso de herejía, es decir, de haber sostenido y creído doctrinas falsas y contrarias a las Sacras y divinas Escrituras, que el Sol es el centro de la tierra y que no se mueve de oriente a occidente y que la tierra se mueve y no es el centro del mundo, y que se puede tener y defender como probable una opinión después de que ha sido declarada y definida como contraria a la Sagrada Escritura; y, en consecuencia, has incurrido en todas las censuras y penas de los sacros cánones y otras constituciones generales y particulares impuestos y promulgados contra tales delincuentes. Por lo cual estamos contentos porque antes, con corazón sincero y fe no fingida, ante nos, abjuras, maldices y detestas los mencionados errores y herejías y cualquier otro error o herejía contraría a la Iglesia Católica y Apostólica de la forma y manera que por nosotros te será dada. y para que éste tu grave y pernicioso error y transgresión no quede del todo sin castigo y seas más cauto en el futuro y ejemplo para otros que se abstengan de delitos semejantes, ordenamos que por público edicto se prohíba el libro de los Diálogos de Galileo Galilei.”

Nota 8: Esta es parte de la trama de la película Belga “The Broken Circle Breakdown”, en español con el título “Los Tatuajes de Alabama” o “Alabama Monroe”, del año 2012. Una recomendación cinematográfica respecto al tema.

Nota 9: La plegaria en Islam es “Bendito sea Alá quien me ha liberado de la suciedad y me da desahogo” [Shu'aib, Tajuddin B., "Qadaahul Haajah]. Su homóloga para judíos ortodoxos es la de Asher Yatzar: “Bendito seas tú Eterno, Dios nuestro, Rey del mundo, que creaste hombre con la ciencia y formaste en él orificios y Le dotaste de órganos, revelado y sabido está frente a Ti que estas sentado en Tu glorioso trono, Señor que todos esos órganos y las funciones que les has asignado son necesarios para nuestra existencia pues si se cierra uno de ellos o se abre no es posible sobrevivir ni siquiera una hora, bendito seas tú oh Eterno que sanas a toda criatura y otras maravillas.”

Nota 10: Ciertamente las fobias no tienen una estrecha relación con la creencia en lo sobrenatural. La mayoría son respuestas instintivas para evitar el peligro, función que también está presente en diversos grados en el resto de los animales. La relevancia respecto a este apartado es que algunas de ellas (como las mencionadas de miedo a la gravedad, el pelo, o los viernes 13) parecen tener más un trasfondo sicológico que instintivo, y que éste afecta a creyentes y no creyentes por igual.

Nota 11: En el año 2005 en una aldea pobre y remota de India nació la niña Lakshmi Tatma. Debido a un problema de malformación nació con cuatro brazos y cuatro piernas. Los aldeanos la veneraban como una reencarnación de la diosa Lakshmi (la niña fue nombrada de igual manera por haber coincidentemente nacido en el periodo del festival de la diosa), dado que ésta típicamente se muestra con cuatro brazos. A pesar de su grado de “divinidad” la malformación atentaba contra la vida de la niña así que eventualmente los miembros extra fueron removidos quirúrgicamente, no sin quejas de los aldeanos de su villa y otros adoradores de la diosa Lakshmi quienes se oponían a la cirugía.

Nota 12: Un caso popular y reciente de un auto-proclamado “Jesús hecho hombre” es el de José Luis de Jesús Miranda, un puertorriqueño fundador de la secta religiosa Creciendo en Gracia, que se refería así mismo con ese término y con el del anticristo a la vez. Miranda recibió atención popular por tener un tatuaje del número 666 en su antebrazo, ejemplo que luego siguieron algunos de sus discípulos que se tatuaron el 666 para mostrar su apoyo (el más joven aparentemente fue un niño cubano de 3 años que tatuaron sus padres). A pesar de su supuesta divinidad (él se declaraba ser Dios abiertamente) murió de cirrosis hepática en Agosto del 2013.

Nota 13: El Evangelio de Juan es mayoritariamente considerado por los eruditos bíblicos como de autoría anónima. Juan 21:24 señala que es el testimonio del “discípulo” refiriéndose al que en otros lugares es el “discípulo a quien Jesús amaba” (Juan 20:2), eventualmente se consideró que Juan era ese y por tanto el autor del Evangelio, sin embargo en la actualidad el consenso catedrático es que no fue Juan el discípulo y se desconoce quien fue. Sobre si el autor fue testigo de los eventos hay una marcada división entre los académicos, en este libro se asume la posición del profesor Bart D. Ehrman de que no fue escrito por testigos presenciales.

Nota 14: En adelante se usará la palabra Cielo con mayúscula para referirse al paraíso o lugar placentero de vida eterna estipulado en escritos religiosos, cielo con minúscula mantiene su uso común (capa atmosférica del planeta). Otra connotación es el uso de Dios con mayúscula para referirse al ser divino omnipotente/omnipresente, en la mayoría de los casos en referencia al Dios del Cristianismo/Judaísmo/Islam; dios con minúscula es en referencia a una deidad en general sobre todo cuando el contexto se refiere a religiones politeístas. Otros grados de respeto hacia Dios/Jesús/Alá como usar El, Señor, Padre, Ser o Su en mayúsculas son generalmente obviados aquí, dado que estos personifican en primera instancia sin considerar si tal ser existe en primer lugar. En el caso de Iglesia con mayúscula se refiere a la Iglesia Católica, mientras que en minúscula hace referencia a un movimiento o edificación de alabanza no necesariamente católico/cristiano. Virgen(es) en mayúscula es primordialmente usado para referirse a la persona glorificada de María, la madre de Jesús exaltada como ser divino en cualquiera de sus nombres atribuidos; virgen en minúscula tiene el significado usual de una mujer que no ha tenido relaciones sexuales.

Nota 15: El caso de los milagros atribuidos a un Santo o Virgen son más complejos de analizar que aquellos atribuidos solamente a Dios. Esto por cuanto entonces hay que considerar que el Santo o Virgen tienen poderes milagrosos -concedidos temporal o permanentemente por Dios- para interceder ante las personas que les veneren, creando un tipo de relación simbiótica temporal que encuentro sumamente difícil de plantear de manera lógica aceptable, a menos claro que se considere el catolicismo una religión politeísta. Por ello omito este discurso, además de que el caso de milagros atribuidos a un Santo o Virgen son más sencillos de desestimar que los atribuidos a Dios, por la simple razón de que suceden incluso cuando el Santo o Virgen deja de ser reconocido por la Iglesia por considerarle falto de veracidad, de valores acordes, o porque duda incluso de que existieran. Hay muchos ejemplos al respecto, pero para no ahondar en el tema menciono solamente el caso de San Simón de Trento, quien en 1588 fue canonizado como el “Santo de los torturados” (dado que era un niño que supuestamente fue torturado y muerto en un ritual judío). Cientos de milagros se le atribuyeron a este Santo por cientos de años a pesar de que en 1965 la Iglesia lo des-canonizara y prohibiera su culto. La atribución de milagros no solo queda en manos de Santos y Vírgenes, hay milagros atribuidos incluso a “San Guinefort” (Siglo XIII) a quien se le rindió culto local por cientos de años (a pesar de que la Iglesia lo prohibiera), con la interesante particularidad de que este Santo era un perro.

Nota 16: La Virgen de los Angeles ha sido declarada la Patrona de Costa Rica por el gobierno y Patrona de las Américas por el Papa Juan Pablo II. La historia cuenta que el 2 de Agosto de 1635 una niña encontró una estatuilla de piedra de unos 20cms. de alto con la imagen de la Virgen María sobre una roca, y a pesar de que siempre se retiraba la estatuilla del lugar está constantemente aparecía de nuevo sobre la misma roca. Eventualmente se creó una ermita en el lugar y luego una enorme Basílica donde se encuentra la estatuilla (la cuál es muy parecida a la de la Virgen del Cobre de Cuba) actualmente. Por cientos de años a la estatuilla, o mejor dicho a la Virgen de los Angeles (nombrada así pues los franciscanos celebraban el 2 de Agosto el día de Nuestras Señora de los Angeles), se le han atribuido todo tipo de milagros. En la actualidad se realiza una peregrinación en su honor anualmente en un día festivo nacional, donde los fieles muestran su fervor y agradecimiento por favores concedidos mediante una caminata de 20 kilómetros (aunque algunos caminan mucho más) desde la capital San José hasta la Basílica en Cartago.

Nota 17: La apologética (del Griego Clásico “apología” [απολογία] significando “hablar en defensa de”) se refiere a la disciplina de defender una posición sistemáticamente (tal como en un juicio). Aunque la palabra se puede usar en contextos literarios, políticos o jurídicos, es usualmente preferida para asuntos teológicos. A manera general se puede decir que un apologista es aquel que defiende su fe (o religión) de los ataques de otras, o de posiciones seculares, mediante el uso de información relevante. Algunos ejemplos bíblicos (en su versión original del Griego Koine) son su uso en Actas 19:33, Actas 26:2, Pedro 3:15 y Lucas 21:14 entre otros.

Nota 18: A pesar de que la normativa en textos modernos (incluyendo no seculares) es preferir usar la anotación neutra A.E.C. (“Antes de la Era Común”) y E.C. (“Era Común”) para referirse a fechas anteriores y posteriores al nacimiento de Jesús, creo que aún persiste lo suficiente –al menos en Latinoamérica- el uso generalizado de la abreviación A.C. (“Antes de Cristo”) y D.C. (“Después de Cristo”). Menos comunes son el A.D. (“Anno Domini”) y e.v. (“era vulgaris”). El problema con A.C. es la referencia implícita a Cristo, es decir a la persona de Jesús elevada a un grado de divinidad, el uso de la nomenclatura no solo afirma esto, sino que también utiliza el nacimiento de Jesús como un marco de referencia universal. A pesar de esto, por considerar que A.C./D.C. es quizás más popular entre la audiencia a la que va dirigida este libro, decido utilizarla aclarando en esta nota el porqué.

Nota 19: Con la excepción de aquellos que se convierten al judaísmo. Estos son una minoría y por tanto no los menciono explícitamente. La conversión es un proceso que varía depende de la denominación judía que se quiera adoptar, por lo que puede que un converso de una denominación no sea reconocido como judío en otra. Además en el contexto que se menciona se resalta que los judíos no tratan de convertir a otros a su religión, más bien el proceso de conversión es difícil para quienes deseen pertenecer oficialmente a la religión.

Nota 20: La palabra ojalá (del árabe law sha'a Allah) significa “quiera Alá”, o, “si Dios quisiera” (según el Diccionario de la lengua española 22.ª edición de la Real Academia Española) y es usada como un adverbio para expresar que se desea que algo suceda, aunque originalmente la frase solicitaba la realización del evento por el deseo de Dios (Alá). Quizás por la falta de conocimiento de este dato, o por costumbre, muchos ateos utilizan la frase regularmente.

Nota 21: Dependiendo de la versión de la Biblia que se use la palabra “matar” puede provenir de una de diez palabras en Hebreo, las más usuales son: muth significando “morir/matar/asesinar”, nakah significando “asesinar/matar/herir”, haraq significando “matar/sacrificar/asesinar/destruir”, zabach significando “matar/sacrificar”, y ratsach significando “homicidio/asesinato/matar”. Estas palabras se usan por doquier en el texto bíblico y en muchas ocasiones su significado es impreciso, razón por la cual muchos predicadores prefieren versiones bíblicas donde la palabra asesinar se usa más ligeramente o se cambia por otras similares.

Nota 22: Relatos similares se encuentran en historias de la mitología Griega, Babilonia (Enuma Elish) y Egipcia, a pesar de que ninguno es exacto al bíblico se nota la influencia de estas corrientes más antiguas.

Nota 23: El asunto sobre el Cielo y el infierno en el Antiguo Testamento se torna polémico por una cuestión de semántica (misma de la cual departe la base teológica). La palabra para infierno puede ser sheol en Hebreo o hades o gehena en Griego. Sheol en el Antiguo Testamento no tiene el significado que actualmente denota la palabra infierno, de hecho no hay palabra en español que traduzca adecuadamente sheol. En su contexto original sheol no es un lugar de tortura sino el lugar donde van los muertos (buenos y malos), posteriormente en el Nuevo Testamento sheol se traduce como hades el cual tiene la connotación del inframundo Griego donde la maldad tiene su lugar determinado. El Cielo proviene de la palabra shamayim en Hebreo que denota la morada de Dios (como dicho anteriormente los muertos iban a sheol). En resumen el concepto folklórico y popular del Cielo (un lugar paradisiaco en recompensa de las buenas acciones) y del infierno (un lugar de tortura y de olvido para las almas pecadoras) que tenemos actualmente, son producto en parte de traducciones vagas, pero en su mayoría conceptos fabricados por las figuras del Nuevo Testamento, siendo Jesús un principal exponentes de ambos conceptos.

Nota 24: Son llamados sinópticos pues la palabra proviene del Griego syn (“junto”) y opsomai/optikos (“ver”) es decir textos que son similares y se pueden “ver juntos”. Marcos, Mateo y Lucas son evangelios que incluyen muchas de las mismas historias, en un orden similar y con un texto parecido (a pesar de que como menciono posteriormente hay historias que son diferentes casi al punto de ser incongruentes). Juan por el contrario es un evangelio muy diferente, omite muchas historias de los sinópticos e incluye nuevas (por ejemplo Juan 2-4), aunque más notable es la intención del autor de resaltar la divinidad de Jesús y no su humanidad.

Nota 25: Algunas historias contemporáneas o precedentes (a los evangelios que las citan) de deidades que mueren y resucitan son las de Apolonio de Tyana, Osiris, Adonis, Attis, Dionisio y Asclepio.

Nota 26: Lo cual se une al problema exegético bíblico de que no existe una sola traducción de la Biblia, razón por lo cual es muy probable que la Biblia que use un predicador protestante tenga una traducción diferente a la de un clérigo católico, y que estas sean diferentes a la de los miembros de sus iglesias (cuando alguien va a comprar una Biblia, debe decidir cuál de las tantas versiones de “la palabra de Dios” va a adquirir y rara vez conoce la diferencia entre ellas).

Nota 27: Aunque el término escatología es relativamente moderno y su enfoque puede variar ligeramente entre las religiones, básicamente se refiere a un tema teológico muy antiguo y sencillo de postular: el fin de los tiempos según una religión en particular. Algunos temas incluidos en este marco son el juicio final, destrucción, advenimiento, el apocalipsis, el Cielo e Infierno, paraíso terrenal, regreso de un mesías profético y la nueva era del mundo luego de ese punto.

Nota 28: Algunos predicadores cuando se les pregunta sobre esta cita aseguran que se entiende fuera de contexto y que es una tontería manipular serpientes en nombre de Jesús, sin embargo es claro en Marcos 16 que Jesús está realmente diciéndolo dentro de un contexto literal, junto con otras cosas como echar fuera demonios y curar enfermos por imposición de manos, estas últimas sí las toman literalmente pero convenientemente niegan la parte de las serpientes, aunque es parte del mismo versículo.

Nota 29: omito las historias de los Nefilim en Génesis 6 y de los demonios en Enoch y otros libros apócrifos como el Testamento de Salomón. El concepto de estos demonios va más allá de las intenciones de este capítulo.

Nota 30: El título completo de la obra en latín es Malleus Maleficarum, Maleficas, & earum hæresim, ut phramea potentissima conterens, que vagamente traducido es “El Martillo de las Brujas, el que destruye las brujas y su herejía como una espada de doble filo”. Es un manual sobre la cacería de brujas escrito por el cura católico Hienrich Kramer en 1486 y uno de los tratados más famosos usados en la cacería de brujas durante el Renacimiento.

Nota 31: El término teodicea proviene del Griego theos (“Dios”) y dikē (“juicio/justicia”) para literalmente “justificar a Dios”. Fue introducido en 1710 por el filósofo/matemático alemán Gottfried von Liebniz en una de sus obras: “Ensayo de Teodicea. Acerca de la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal”. De manera general también se le considera sinónimo del “Evidente problema del mal”, o simplemente “El problema del mal”.

Nota 32: La Biblia parece concordar con esta posición en el libro de Job. Allí se cuenta la historia de Job, una persona bendecida con bienes y numerosa familia, además uno de los favoritos de Dios por sus buenas acciones. Luego de lo que parece una apuesta entre Dios y Satán (“el acusador”), Dios le concede permiso para torturar a Job quitándole todos sus bienes y matando a su familia, ante lo cual Job permanece fiel a Dios y acepta la desgracia sin maldecirlo. Eventualmente luego de más torturas sicológicas, Dios le devuelve a Job con creces lo que perdió. Por poética que sea la historia, cuando se trata del problema de Teodicea hay que considerar que pocas personas fieles a Dios recuperan lo que pierden luego de desgracias económicas, y ninguna de estas ha recuperado su familia luego de que todos mueren por un asesinato, accidente o catástrofe natural. La historia de Job es en realidad oscura y muestra del carácter del Dios de la Biblia.

Nota 33: Aunque no adentraré mucho en esto cabe mencionar la famosa fórmula de Einstein E=MC2 (si este libro ha de incluir una sola ecuación matemática es bien merecido que sea esta). En esta fórmula E es energía, M es masa y C es la velocidad de la luz al cuadrado (elevada al cuadrado por cuestiones de equivalencias en las unidades de medición). Muy generalmente hablando esta fórmula indica que masa y energía son lo mismo, es decir son términos intercambiables en una ecuación, pero la cantidad de masa o energía de un objeto se relacionan con la velocidad de la luz también, y al ser esta tan cuantitativa (~300.000 km/s) implica que una pequeña cantidad de masa puede generar una enorme cantidad de energía (este es el principio detrás de la bomba atómica, por ejemplo la que detonó en Hiroshima convirtió menos de 1 gramo de masa en energía, algo así como un clip de papel), pero también implica que entre más velocidad gana un objeto más masa adquiere y por tanto más energía se necesita para acelerarlo, llevar un objeto a la velocidad de la luz implicaría una infinita cantidad de energía según E=MC2.

 Nota 34: El personaje ficticio del Dr. Victor Frankenstein es obra de la autora Mary Shelley, quien vivía en una época donde los experimentos con electricidad empezaban a ganar el interés de la comunidad científica. Es muy probable que la idea de los monstruos de Frankenstein (nótese que el monstruo no se llama Frankenstein sino su creador) se haya basado parcialmente en experimentos de la vida real que fueron llevados a cabo por Giovanni Aldini y Luigi Galvani (su tío) a principios del siglo XIV.

Nota 35: El término Multiverso se refiere a “múltiples universos”, es decir al concepto de que nuestro universo pueda ser solamente uno entre una infinidad de otros universos que existen sin que estos interactúen directamente. Aún con lo ficticio que parezca, la existencia de universos paralelos tiene una buena fundamentación teórica, algunas de las teorías del Multiverso (“múltiples universos”) son consecuencia de otras teorías bien fundadas sobre física o cosmología, y lo digo en plural porque no solo existe una teoría de universos paralelos sino varias.

Nota 36: Esta frase es de vez en cuando utilizada por ciertos creyentes en Dios para validar su existencia, aunque se puede notar fácilmente que la frase es irrelevante para una discusión seria sobre la existencia de Dios (sin mencionar que probablemente si Dios existiese ella no habría nacido sordomuda). No he podido encontrar una referencia directa a esta frase proveniente de Keller o alguno de sus escritos, el escaso material al respecto parece indicar que la frase no fue popularizada por Keller, sino por el famoso predicador del momento Phillips Brooks, quien introdujo a Keller al cristianismo. Me queda la duda si en realidad ella dijo la frase y bajo qué circunstancias (si es que lo hizo). A pesar de no probar la autenticidad de la frase la incluyo aquí por ser relevante de todas maneras. Una referencia que si es posible rastrear hasta ella (incluida en su biografía), es la de sus varias opiniones sobre que la Biblia es un libro lleno de historias violentas y barbáricas con las que no comparte ninguna simpatía, estas sin embargo omito en el texto principal a propósito.

Nota 37: El ejemplo que utiliza Bruce Hood en su libro es sobre Fred West, un conocido asesino en serie de Inglaterra. Las personas involucradas en el experimento conocen de los crímenes de Fred West por lo cual los encuentran espeluznantes. Considerando que la gran mayoría de los lectores no son de Inglaterra -y por tanto no conocen de Fred West-, me he tomado la libertad de cambiar el personaje original del experimento por un Sargento Nazi de la Segunda Guerra Mundial, esperando que aún con este cambio el experimento tenga la relevancia original pero adaptada a lectores latinoamericanos.

Nota 38: La historia de la tostada de pan con queso con la aparente imagen de la Virgen María es real. En 1994 una señora de apellido Duyser aseguró que la tostada apareció con esa imagen, eventualmente la noticia tuvo tanta popularidad que la puso a la venta en una subasta, donde fue comprada en Noviembre del 2004 por el casino en internet GoldenPalace.com por la suma de $28.000.

Nota 39: O en cualquier otra dirección, que para los efectos es lo mismo. Tal vez se deba al reflejo instintivo que preservamos desde nuestros ancestros pre-humanoides, de estar atentos a la presencia de depredadores, y a la actitud de los demás para ver si ellos detectaron alguna amenaza, tal como hacen aún los animales en la sabana Africana.

Nota 40: Nótese de que a pesar de que la Biblia es el libro fundamental del catolicismo, sus lineamientos y ordenanzas no siempre coinciden con el texto bíblico. En la actualidad la Iglesia Católica (ni la mayoría de las denominaciones judías) no se ciñe en reforzar las leyes sobre menstruación, sacrificios de animales, esclavitud, códigos de guerra ni muchos otros temas sobre los que la Biblia emite una opinión. Contrapuestamente sí emite criterio sobre otros temas que no se mencionan en la Biblia, como la conservación de la naturaleza, el aborto, el uso de drogas con fines recreativos y muchos otros más.

Nota 41: Ver cosas donde no las hay (como figuras en las nubes) es algo muy humano, algunos biólogos argumentan que esto puede deberse a un desarrollo evolutivo para distinguir rostros familiares rápidamente, otros que esto pudo haber sido ventajoso para distinguir amenazas rápidamente y otros mantienen posiciones diferentes. Para los efectos de este apartado no discutiré ninguno de estos puntos pues basta con que la característica haya perdurado hasta el humano actual.

Nota 42: En Medford (ciudad del condado de Middlesex County), Massachusetts, se encuentra el banco de heces de la empresa OpenBiome (Microbiome Health Research Institute Inc.). Allí por cada donación se otorgan $40, si la misma persona dona sus heces cinco días a la semana reciben un bono de $50 adicionales. Una deposición de 150 gramos puede servir para hasta tres trasplantes fecales (información de acuerdo a www.openbiome.org/stool-donation  como visto el 3 de Febrero del 2015 a las 15:07).

Nota 43: Aquellos interesados en este tema en particular seguramente disfrutarán de la novela de Noah Gordon “El Médico” (The Physician, 1986 ), o la película del mismo nombre que es adaptación de la novela (2013). En ambas se cuenta la historia de un joven aprendiz de medicina británico que lidia con estas calamidades en el Oriente Medio del año 1020.

Nota 44: Pido al lector menos entusiasta del tecnicismo científico me excuse por introducir aquí mucha terminología sin aclararla previa y debidamente. Al más entusiasta pido por igual me excuse por ignorar una gran cantidad de detalles importantes cuando menciono temas científicos sofisticados. He tratado en lo posible de enfocar los contenidos directamente a la temática del libro, lo cual implica hacer un sacrificio en la manera y cantidad de detalles con los que se mencionan los temas científicos. Quisiera recordarle que sin importar el grado de pasión que tenga por la ciencia, si su curiosidad o deseo de aprender más sobre estos temas le seduce, puede buscar y descargar mi otro libro “El Universo que somos”, donde estos son tratados con mucho mayor detalle.

Nota 45: Recomiendo las películas Mr.Nobody, Predestination, El Efecto Mariposa y Source Code para aquellos que les apasione el tema (desconozco el nombre de algunas dobladas al español).

Nota 46: El trabajo de Duncan MacDougall es la inspiración detrás de la película “21 Gramos” (2003), dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu, quien es el mismo director de “Amores perros” (2000), “Babel” (2006), “Biutiful” (2010) y “Birdman” (2014). Sin embargo la película no tiene un corte tipo documental sobre el trabajo de MacDougall, el cuál de hecho omite, y se concentra en una aventura novelesca respecto a la relación del alma con las personas.

Nota 47: Al cierre del libro una nota empezaba a circular de que el nuevo candidato podría ser Kepler-452, ubicado a 1.400 años luz en la constelación Cygnus. Este es un dato que podría cambiar en poco tiempo así que le invito a que busque cuál es en la actualidad el posible planeta habitable más cercano al nuestro.

Nota 48: Es debatible si tales obras de arte nos parecen admirables por su estilo y composición, o si es porque son inspiradas en motivos religiosos. Sobre todo porque los mismos artistas son capaces de producir obras sin motivos religiosos que son igualmente apetecibles o superiores. Indiferentemente de esto, lo que es cierto es que muchas con motivos sacros son parte de un legado artístico que no hubiese existido sin la influencia religiosa.

Nota 49: Los vecinos aseguran que constantemente oían las golpizas (la casa donde vivía era un precario de latas) y que el niño gritaba entre llantos “no más, no más” cuando lo golpeaban por orinarse o vomitar de lo enfermo que estaba,R40 muchos lo oyeron sufrir y sin embargo nadie hizo nada. Luego de su muerte fueron los mismos vecinos los que organizaron misas en su nombre, cuando ya era muy tarde (aunque de todas maneras ninguna misa regresa a nadie a la vida ni enjuicia a su asesino). Aun muerto su tragedia continuó pues por días nadie reclamó el cuerpo en la morgue, corriendo el riesgo de terminar sus restos mortales en una tumba común.

 

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REFERENCIAS

R1: C.S. Henshilwood et al. / Journal of Human Evolution 57 (2009) 2 : Engraved ochres from the Middle Stone Age levels at Blombos Cave, South Africa, Christopher S. Henshilwooda,b,*, Francesco d’Erricoc,a., Ian Watts d

R2: The Believing Brain: From Ghosts and Gods to Politics and Conspiracies---How We Construct Beliefs and Reinforce Them as Truths. Por Michael Shermer. Página 135

R3: Un ejemplo de tales libros es: Galileo Was Wrong: The Church Was Right. September 1, 2007 por Robert A. Sungenis & Robert J. Bennett

R4: Dean, Cornelia (2005-08-30). "Scientific savvy? In U.S., not much". New York Times. Visto 2015-07-19. | 'СОЛНЦЕ – СПУТНИК ЗЕМЛИ', ИЛИ РЕЙТИНГ НАУЧНЫХ ЗАБЛУЖДЕНИЙ РОССИЯН ['Sun-earth', or rating scientific fallacies of Russians] wciom.ru (in Russian) (Пресс-выпуск №1684 [Press release no. 1684]), ВЦИОМ [All-Russian Center for the Study of Public Opinion], 2011-02-08.

R5: El excelente libro del profesor en estudios religiosos Bart D. Ehrman: How Jesus Became God: The Exaltation of a Jewish Preacher from Galilee presenta todo un estudio minucioso sobre cómo Jesús terminó siendo considerado Dios aunque él mismo no lo dijera, explicando a la vez porqué las citas al respecto en Juan pueden ser consideradas como alteradas o fuera de contexto.

R6: Dato del boletín "La depresión" Nota descriptiva N°369. Octubre de 2012 de la OMS. 350 millones de personas afectadas, cito "La depresión es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial de morbilidad."

R7: Parte de un artículo de 1957. La frase es común en varias colecciones de ensayos de Russell incluido el más famoso “Por qué no soy Cristiano”.

R8: Transcripción de: The Afterlife Debate with Christopher Hitchens, Sam Harris, David Wolpe, Bradley Shavit Artson Paperback – March 29, 2015. Por Catherine O'brien

R9: Johnson, Todd M.; Grim, Brian J. (2013). The World's Religions in Figures: An Introduction to International Religious Demography. Hoboken, NJ: Wiley-Blackwell. p. 10. Visto el 2 de Setiembre 2013.

R10: Imam Qurtubi's su libro Tazkirah : Ibn Jurayj menciona que Ibn al-Zubayr describe a la bestia con esa descripción.

R11: Reportado por al-Tahhaawi in Mushkil al-Athaar, 4/95, y por al-Tabaraani in al-Kabeer, 22/214. | Shaykh al-Albaani dicho en al-Mishkaat ( 2/1206, no. 4148 ): al-Tahhaawi y Abu’l-Shaykh reportado junto a saheeh isnaad.

R12: Tirmidhee, Abwaab al-Tafseer: Surat al-Kahf (Hadith 5160), 8/597-99 | Ibn Maajah, Kitaab al-Fitan, (Hadith 4080), 2/1364, Ahmad, Musnad, 2/510, 511.) | Sonn (2004) p. 209

R13: La cantidad exacta de ordenanzas en el Antiguo Testamento es difícil de precisar. Aquí me refiero a la tradición rabínica judía de los “613 mandamientos” ó mitzvot en la Torá mencionados en el Talmud.

R14: “The Case for Christ” por Strobel, Lee. 1998. Capítulo 3 en cita del erudito bíblico Bruce Metzger.

R15: Tan solo en estas dos páginas se listan casi 600 personas asesinadas por motivos religiosos durante la reforma Inglesa:

en.wikipedia.org/wiki/List_of_Protestant_martyrs_of_the_English_Reformation  en.wikipedia.org/wiki/List_of_Catholic_martyrs_of_the_English_Reformation

R16: en.wikipedia.org/wiki/Taiping_Rebellion | concise.britannica.com/ebc/article-9380148/Taiping

R17: Early Mormonism and the Magic World View. Salt Lake City: Signature Books, 1998. pp. 43–44

R18: Compton, Todd (1997), In Sacred Loneliness: The Plural Wives of Joseph Smith, Salt Lake City: Signature Books, ISBN 1-56085-085-X.

R19: Según datos del Population Reference Bureau | www.prb.org

R20: Stephen Hawking, A briefer history of time, Capítulo 8, p.p 52

R21: Martin Hanczyc -TED Salon, London. Spring 2011 | New Scientist Magazine, 5 Marzo 2011

R22: Según testimonio del Obispo Barron, Fr. Robert. En: youtube.com/watch?v=VCts0fjsmug |Subido el 16 Febrero 2010. Visto 11 Setiembre 2015. Subtítulo: Another part of a video series from Wordonfire.org.

R23: Malcolm Gladwell: The Tipping Point, How Little Things Can Make a Big Difference.

R24: God Virus, The: How Religion Infects Our Lives and Culture. 2009 por Darrel W. Ray

R25: Según el Diccionario de Oxford la palabra meme significa: Elemento cultural o de comportamiento que se transmite de persona a persona o de generación a generación: según el científico Richard Dawkins, los memes son unidades culturales aprendidas o asimiladas que no se transfieren genéticamente.

R26: Asch, S. E. (1956). Studies of independence and conformity: A minority of one against a unanimous majority. Psychological Monographs, 70.

R27: Bruce Hood (2009). SuperSense: Why We Believe in the Unbelievable. Constable. ISBN 978-1849010306

R28: Periódico La Nación de Costa Rica: Suicida de basílica de los Ángeles compró la pistola hace 20 años. Sucesos. Actualizado el 16 de enero de 2015 a: 12:00 a.m.

R29: How We Believe: Science, Skepticism, and the Search for God- By Michael Shermer | Capítulo: Why people believe in God

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R31: Léase la historia en: en.wikipedia.org/wiki/Brian_Willson

R32: Report: Catholic Church losing ground in Latin America. Alan Gomez, USA TODAY 12:51 p.m. EST November 13.

R33: Wired Magazine, People Are Human-Bacteria Hybrid –Rowan Hooper, 10.11.04 | Discover Magazine: Your Body Is a Planet by Josie Glausiusz, Junio 2007

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R35: Lunine, J. I. (2009), “Titan as an analog of Earth’s past and future”, European Physical Journal Conferences 1: 267–274, Bibcode 2009 EPJWC...1..267L, DOI:10.1140/epjconf/e2009-00926-7

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R40: Periódico La Nación de Costa Rica: Niño asesinado recibía palizas de su padrastro por orinarse. Sucesos. 4 de Febrero 2015. Por Hulda Miranda P.